
La semana pasada estuve en la presentación de
Tic-Tac, cuentos y poemas contra el tiempo (Ediciones Atlantis), en el que se estrena mi amigo
Enrique Fernández con
"Woman Twenty"; en diciembre verá la luz su primera novela. Tic-tac "es un complot, una maquinación entre autores que se han reunido bajo las agujas de un reloj para mover sus oscuros engranajes
eliminando el tiempo (...)".
Eliminar el tiempo, detenerlo, siquiera ralentizarlo. ¿Quién pudiera? El tiempo, que en la niñéz pasa lenta y parsimoniosamente, acelera su ritmo en la juventud y se torna espídico en la madurez. A medida que avanzamos en edad, madurez, experiencia y disfrute de la vida, cuando más podríamos disfrutar de nuestro tiempo, más fugaz comienza a parecernos.
El tiempo. La perspectiva. La situación. El ánimo. Su trascurrir depende de tantas cosas. Viajando parece quedar en suspenso, es la sensación más parecida a la atemporalidad que conozco. Te vas y todo parece quedar en suspenso; vuelves, y los granos del reloj de arena comienzan a caer de nuevo amenazadoramente.
El tiempo se esconde en sensaciones, lugares, impresiones, personas, olores. Cuántas cosas hay ahora que, como la famosa magdalena de Proust, me retrotraen a un pasado luminoso y feliz, en el que el tiempo parecía estar detenido. Querría volver a sentir esa lentitud de las horas, ese futuro tan lejano que te hace pensar que nunca envejecerás.
No tener tiempo es un mal extraordinariamente curioso, una sensación que tal vez sólo existe en una parte del mundo, en un tipo de sociedades, para ciertos colectivos de personas. En África la percepción del tiempo es muy diferente a la de Europa; en un pequeño pueblo de Europa sus habitantes sienten el devenir del tiempo de forma muy diferente a como lo viven los habitantes de la gran ciudad más cercana.
No tener tiempo es un mal que padecemos millones de personas en todo el mundo, un problema que en la mayoría de los casos nos hemos creado nosotros mismos. Soñamos con tener tiempo para hacer todo aquello que hemos dejado para después de trabajo, las obligaciones, la familia... Anhelamos tener tiempo para ser, en definitiva, felices. Cuando lo tenemos, irónicamenbte, no sabemos qué hacer con él. Tal vez uno de los mayores logros del hombres sea convivir felizmente con el tiempo.
Para mí el tiempo, ahora, transcurre rápido. No tanto que quiera detenerlo o sienta no estar viviendo la vida. Pero su acelerado paso me hace ya volver la vista al pasado y desear que el tempo presente se parezca más a aquél amable de mi niñez. Para mí el tiempo, ahora, resulta escaso, desearía tener más, me faltan horas en el día.
¿Cuál es vuestra relación con el tiempo?