"Hay relaciones que te abren puertas a cosas nuevas y exóticas. Otras viejas y familiares. Relaciones que te hacen preguntarte muchas cosas. Relaciones que te llevan a cosas inesperadas. Unas te llevan lejos del punto del que saliste. Y otras te devuelven a él. Pero la relación más emocionante, difícil y significativa de todas, es la que tienes contigo misma. Y si encuentras a alguien que te quiera por ti misma, bueno, eso es fabuloso".
Me encanta el último episodio de Sexo en Nueva York, es divertido, estéticamente impecable, tierno y hasta emocionante. Pero creo que lo que más me gusta de todo, además de que Mr. Big vaya a buscar a Carry a París, es la reflexión que ella hace al final mientras se reencuentra con sus amigas, se suceden escenas de sus respectivas relaciones, y pasea por Nueva York. Me acabo de poner de nuevo el final del capítulo para poder transcribiros literalmente lo que dice.
La serie te puede parecer genial o estúpida, divertida o superficial a partes iguales, pero se dicen cosas sobre las relaciones con las que muchas personas pueden identificarse. Sobre todo en el último capítulo, sobre todo en la reflexión final de Carry, que no podía ser más acertada: "la relación más emocionante, difícil y significativa de todas, es la que tienes contigo misma". Como ella misma diría, y esta vez no me importa parafrasearla, "una frase realmente fabulosa".
Cuando era una adolescente y pensaba en el amor, siempre imaginaba que alguien perfecto llegaría y haría realidad todos mis sueños, llenaría todos mis vacíos y me haría feliz para siempre. Pobre de mí, cuántas veces después la vida me llevaría la contraria -afortunadamente- para hacerme comprender que en nadie pueden ponerse tantas expectativas como en uno mismo. Por eso me gustó tanto la frase final de Carry, quien por fin, y más que con Mr. Big, se reencuentra consigo misma.
Cuando uno es joven piensa en el amor y en la pareja como una perfecta fusión, pone todo su empeño en querer y entregarse al otro, en cumplir sus deseos, en dejar todo de lado para vivir esa relación. Cuando debería ser todo lo contrario: el amor, la comprensión y la entrega deberíamos proyectarla hacia nosotros mismos antes que a cualquier otra persona. Porque sólo sintiéndonos completos y felices como individuos, manteniendo una feliz relación con nosotros mismos, podemos hacer que funcione una relación con otra persona. Si tu te das libertad, no te juzgas y te quieres bien, podrás querer bien a otra persona y darle todas esas cosas.
Cuando era jovencita, mis ideas sobre el amor eran terriblemente infantiles e ilusorias, pero siempre tuve algo que me impidió convertirme en la típica adolescente enamoradiza que no puede vivir sin un novio: mi fortísimo sentido de la independencia y la libertad. No era nada enamoradiza ni tenía especial interés en tener novio; lo que no quiere decir que no tuviera mis estrambóticas fantasías sonbre el hombre perfecto para mí, tan libre e independiente como yo, pero con un firme convencimiento sobre la fidelidad (jajaja).
Como dice Sara Jessica Parker en la serie, hasta llegar a apreciarme realmente a mí misma y potenciar incluso mi individualidad como un importante medio para conseguir mi felicidad, tuve relaciones de todos los colores. Yo, la independiente, tuve un novio a los 20 que me adoraba hasta el empalago y me puso incluso fecha de boda. Tuve affaires con chicos malos... que fueron muy divertidos y emocionantes. Conocí al que creí el hombre de mi vida, hasta que me di cuenta de que yo era mucho más intersante que él y dejó de importartme por completo (¡con lo que me hizo sufrir el maldito!). Tuve un noviete argentino del que aún me acuerdo por su extraordinaria madurez (sus padres eran psicoanalistas). Y así otras tantas.
Me divertí mucho y también sufrí mucho. Me "movieron el piso" y yo levanté mis pasiones; jugué el juego de la seducción; dominé muchas veces y me dominaron otras; y, algo que ahora me hace mucha gracia y me da infinita pereza, me hice la dura durísima en todas mis relaciones, nunca fui del todo natural. Hasta que empecé a tener "buen rollo" conmigo misma, a pensar que era alguien con quien merecía mucho la pena estar, alguien con unos valores y principios de los que me podía sentir orgullosa; con diferencias que me hacían especial, jamás rara o fea. Alguien que no se olvida de sus amigas porque se cruce por delante suyo un hombre; alguien que disfruta inmensamente de su propia compañía. Alguien que comienza a tener una magnífica relación consigo misma. Fue entonces, cuando conocí, o más bien dejé que me conociera, mi actual pareja.
¿Mantenéis con vosotr@s mismos la mejor relación de vuestra vida?