"Se estima que en España, 7,6 millones de personas sufren algún trastorno psíquico derivado de su trabajo, ya sea en forma de depresión, estrés, mobbing o burnout", según un artículo publicado en El País Semanal. Basta darle un repaso a tu grupo de amigos o familiares para encontrarte con alguien que encaje en esta estadística. Una de mis mejores amigas incluso enfermó gravemente tras un durísimo año de trabajo, ingrato, estresante y con un gran desgaste físico.
Aunque en un principio pensé, "qué suerte, no es mi caso", he de reconocer que sí me encuentro entre los afectados por el estrés; al menos una o dos veces al mes sufro un pico de estrés que me deja hecha un asco mental y físicamente.
Sin embargo, no sé lo que es el mobbing, el síndrome de burnout (trabajdor quemado) o la depresión causada por el trabajo. Mi actividad laboral es excesiva, a veces se come parte de mi vida personal, pero todo lo que hago me gusta, el ambiente de trabajo en el que me desenvuelvo es inmejorable, tengo flexibilidad horaria, alicientes y novedades cada día. Hombre, tampoco me vendría mal cobrar un poco más, como a todo el mundo, pero estoy bastante contenta. Podría inlcuso decir que mi trabajo es una fuente de alegría, satisfacción, diversión e incluso momentos de felicidad.
Sé que soy afortunada. Mucha gente que al trabajo va a sufrir, que cada viernes respira aliviada y cada domino empieza a sentir ansiedad ante la perspectiva de volver al trabajo. Mcha gente sufre cada día situaciones humillantes, discriminatorias o desagradables por parte de sus jefes o sus propios compañeros. Porque hay personas que soportan unos niveles tan elevados de estrés que acaban poniendo en peligro su salud, su bienestar emocional y hasta sus relaciones personales.
El estudio "Los jóvenes españoles ante la empresa y el trabajo" revela que el 21% de los más de 1.800 encuestados dejaría su trabajo por un mal ambiente laboral. Yo también lo haría; es más, ya lo he hecho en dos ocasiones porque no podía ni dormir por las noches y me ponía malísima en cuanto sonaba el despertador. Pero no tenía hijos que mantener ni montones de facturas por pagar. Conozco de cerca unos cuantos casos que claman al cielo, como el de mi prima, que trabaja en una empresa de capital árabe en la que su jefe es hindú y trata a la gente que está por debajo de él como si fueran de una casta inferior; si llegan literalmente dos minutos tarde al trabajo les monta casi un consejo de guerra; a las mujeres las trata como a seres inferiores. Por suerte, mi prima no depende de ese trabajo para mantener una familia y se irá en cuanto encuentre otra cosa.
Lo normal es que la presión en el trabajo se ejerza por parte de los jefes hacia los subordinados. Pero también es muy potente la llamada "presión laboral horizontal", entre empleados de la misma categoría. Presión que afecta a la productividad laboral de los afectados y, por su puesto, a su estabilidad emocional. Si hablamos del mobbing, la situación puede ser realmente dramática, ya que el trabajdor se siente marginado, aislado e ignorado por la empresa; incluso se da la situación de que se le retiren todas las funciones y la persona acuda al trabajo para no hacer nada durante ocho larguísimas horas.
A veces uno no es consciente de cuánto afecta el trabajo negativamente a su vida hasta que su familia o sus amigos dan el toque de alarma. Estar siempre cansado, de mal humor, irascible, ansioso, estresado, agresivo o enfermo durante o después de la jornada laboral no es normal, y mucho menos debemos aceptarlo como tal. Sé que muchas personas no pueden permitirser el lujo de dejar un trabajo, pero creo que, si se busca, si no te conformas, siempre se puede encontrar algo mejor, no hay por qué aguantar eternamente una situación que nos hace infelices. Como me dicen muchas veces mis hermanos "¿a quién le gusta su trabajo?". Vale, pero al menos, que no te machaque la vida.
¿Os mata vuestro trabajo?