Espacio publicitario
terra.es Blogs Oficiales

Artículos - enero 2008

# miércoles, 30 de enero de 2008 15:03

No me separo por el dinero

Archivado en:

Hace muy poco escribí un post sobre el divorcio exprés en el que señalaba la cantidad de parejas que se divorcian cada año, cada mes, casi cada día. La cara opuesta de esta moneda es la de otras muchas personas que, aun siendo tan barato el divorcio exprés (unos 500 por Internet) no pueden separarse porque después no podrían pagar solos una casa, mantener a sus hijos o hacer frente a hipotecas, facturas, gastos, etc. ¿Qué triste verdad?

Nunca me había planteado que mucha gente no se separa, simplemente, porque no puede permitírselo, hasta que una amiga me contó que ésa era la situación de un familiar suyo, que no soporta a su pareja desde hace años pero la necesita para pagar la hipoteca y mantener a sus hijos, con su sueldo no le da. ¿Su esperanza? Que sus hijos se independicen, que le suban el sueldo (cosa improbable porque ya ha tocado techo laboral), que encuentre otro trabajo mejor pagado (algo difícil dada su edad) o que le toque la lotería. Así lleva muchos años. Igual que a mí, a vosotros se os ocurrirán muchas cosas que podría hacer para ganar más dinero, pero os aseguro que no es tan fácil.

Estoy convencida de que los motivos económicos están también entre las razones por las que muchos hombres tampoco se separan de sus mujeres aunque ya no las quieran. Me refiero a la pensión que tendrían que pagarle a su ex mujer por los hijos en común. Hay hombres que no cumplen o que encima le escatiman el dinero a sus hijos. Pero sé que también hay muchos otros que casi no llegan a final de mes, que se ven casi en la ruina por el dinero que tienen que pasarle a sus ex, sumado al que tienen que pagar por vivir en otra casa que no es la suya (esa se la suele quedar ella).

Si la moneda del dicorcio tuviera una tercera cara, creo que sería la de aquellas personas que no se separan porque no quieren perder el estatus económico que les proporciona su pareja. Es más, ¿cómo se van a separar si se casaron o unieron a esa persona precisamente por sus atractivos económicos? El famoso interés de toda la vida, que no sólo se da por parte dela típica mujer joven y guapa hacia el madurito forrado. Una amiga mía muy querida está intentando separarse de su pareja pero él no quiere ni a tiros porque perdería todos los lujos con los que vive y que ha conseguido ella sola con su esfuerzo y su trabajo. La casa en la que viven la ha pagado ella, el negocio que compartían lo montó y lo pagó ella, la casa, los gastos... ella corría con todo a la espera de que él, extranjero, se aclimatara a la vida en Madrid y se decidiera a trabajar.

Ay, el dinero, que féo es tan sólo mentarlo. Pero no es el único motivo por el que mucha gente no se separa de alguien a quien no quiere, no soporta o que incluso le hace la vida imposible. De esto saben mucho quienes sufren maltrato y temen que, si dejan a su pareja, ésta tome represalias fatales. También quienes tienen miedo a quedarse solos, quienes confuden cariño con amor, quienes tienen dependencia emocional, quienes, incluso, sienten pena por sus parejas y preferien sacrificar su propia felicidad.

¿Estáis vosotr@s en alguna de estas situaciones?

 

# lunes, 28 de enero de 2008 17:09

Desintoxicación

La muerte del actor Heath Ledger, protagonista de Brokeback Mountain, me ha hecho recordar un artículo que leí hace poco en una revista femenina sobre las clínicas de desintoxicación de lujo. Pero no lujosas porque atiendan a sus huéspedes, entre los que hay muchas celebrities, con toda suerte de comodidades y facilidades, sino por el desorbitante precio que los pacientes tienen que pagar para poder acceder a estos centros. Arizona, en EE UU, es el irónicamente llamado "paraíso de la desintoxicación".

The Medows, por donde pasaron famosas como Donatella Versace, es la clínica de desintoxicación más famosa del mundo y la más reclamada por las celebrities por su eficacia y discrección. También fue el lugar elegido por Kate Moss para rehabilitarse tras el escándalo que provocaron unas fotos suyas esnifando cocaína. Por allí también pasaron Marc Jacobs o Elton John. Aunque sus pacientes suelen ser ricos y famosos, se les trata como a cualquier otra persona, sin ningún tipo de favoritismo o excepción. Tras su ingreso, lo único que tienen a su disposición es un equipo de médicos, psiquiatras, nutricionistas y psicólogos que les examinan y deciden su tratamiento.

En Meadows el día comienza a las siete en punto de la mañana con el desyuno. Luego comienzan la terapia individual y la de grupo. Luego un chequeo médico, clases de yoga, tai chi, un paseo a caballo y acupuntura. El día termina con una sesión de un programa similar al de Alcohólicos Anónimos. A las diez de la noche se apagan las luces y todo el mundo se va a dormir. Aunque el trato es el mismo para todos los pacientes, como en todo, el dinero sigue marcando la diferencia; no creo que quienes tratan de rehabilitarse con menos recursos cuenten con todas estas actividades. Por suerte, en España contamos con una asociación tan ejemplar y eficaz como Proyecto Hombre, por la que han pasado muchas más personas de las que podemos imaginar, conocidas o no.

The Cottonwood, a la que acudió Robbie Williams por su adicción a los antidepresivos y la cafeína, también es otro conocido centro de desintoxicación para gente vip, ya que el precio por día es de 1.430 dólares al incio del tratamiento y 988 al término. The Gatehouse Academy es un conocido centro de internamiento para jóvenes con problemas de drogas y alcohol. Rosewood Ranch está especializada en trastornos alimenticios de mujeres, adolescentes o niños. A este tipo de centros llegan pacientes desde todos los puntos del mundo. El precio medio de una rehabilitación es de 45.000 dólares.

El artículo sobre estos centros de desintoxicación me pareció muy interesante, además de por los datos que proporcionaba, por el enfoque. Según la periodista que lo firmaba, el hecho de que un famoso ingrese en un centro de rehabilitación muchas veces se frivoliza en exceso desde los medios de comunicación, que a veces confunden la estancia en este tipo de lugares con una especie de retiro chic sólo al alcance de unos pocos. Sin embargo, la redactora también resalta la parte positiva de la mediatización de la rehabilitación en centros de este tipo, ya que el ejemplo de los famosos puede hacer que la adicción se vea como una enfermedad más y debe tratarse como tal.

En mi opinión es positivo que existan este tipo de centros y que se haga público el ingreso de los famosos en ellos, para que nadie confunda drogas, medicamentos y adicciones con un tipo de vida de lujos, diversión sin fin y disfrute máximo. Es mentira, las adicciones son un infierno miserable del que pocos consiguen escapar. Abogo entonces por atajar el problema de raíz, como viene haciendo el Ministerio de Sanidad en España con sus magníficas campañas contra la drogadicción. Porque no se pueden curar sólo los síntomas, hay que tratar el origen del problema.

Pero no quiero tirar piedras y esconder la mano. Adicciones tenemos todos; no sólo es adicto el consume drogas duras (e incluyo el tabaco entre ellas). Se puede ser adicto a muchas cosas y en muchos grados; hay adicciones nefastas y otras estupendas Por ejemplo, se puede ser adicto a la comida, al chocolate, a la cocacola; a los programas del corazón, a la prensa rosa, a las series; al cine, a la lectura (los menos, me temo); a la cirugía, a las cremas, al gloss (una amiga mía lo es, lo juro); a internet, a la consola, al móvil; al amor, al sexo, a las relaciones complicadas...

¿Tenéis alguna adicción de la que os gustaría libraros?

 

# sábado, 26 de enero de 2008 15:52

Pichiruchi mi amol

Las cosas que le dice un enamorado a otro no deberían salir del ámbito de la intimidad más estricta. Porque algunas son de verguenza ajena. No me había dado cuenta de lo tontorrones que podemos ser todos cuando estamos enamorados hasta que escuché a una pareja en el metro decirse los apelativos cariñosos más ridículos que he oído en mi vida: "montañita de crema rica", "pastelito de chocolate", "caramelito", "nubecita de azúcar" y otras chorradas más de las que no me quiero acordar y que, en este caso, ni en la intimidad me parecen justificables.

"Si mi novio me llamará 'nubecita de azúcar' creo que el pobre no volvería a sonreír con todos los dientes propios", pensaba yo tras bajarme empalagada del vagón. Pero no despotriqué por mucho tiempo. Pensar en las cosas que mi novio y yo nos decimos en la intimidad y hasta en público me hizo reírme unas veces y sonrojarme otras. Aunque, por suerte, creo que nuestros apelativos cariñosos son más graciosos e incluso curiosos que empalagosos: hormiga, hormigo, ratón, gitana, gitano antón, zamorano (por mi flequillo) o amalio son algunos de los apelativos que tiene él para conmigo; gusano, modorro, santiaga, bombón, pequeño o churrilei son algunas de las "prendas" que le digo yo a él.

Me encantan las formas que los hombres latinos, sobre todo los andaluces, tienen de llamar a las mujeres: "reina", "gitana", "prenda", "bella", "princesa", "tesoro". Los sudamericanos son expertos en el arte de los apelativos cariñosos; de hecho, me parecen insuperables, sobre todo por el tono y el sentimiento con el que lo dicen. No me gusta nada una costumbre muy española, sobre todo de las generaciones más mayores, de, una vez convertidos en progenitores, empezar a llamarse "papá" y "mamá"; me parece lo menos sensual que se le puede decir a una pareja, antimorbo total. Ahora que lo pienso, mis padres son un caso bastante excepcional en este sentido: nunca les he oído decirse cosas melosas, siempre se llaman por su nombre.

Una amiga amiga mía muy graciosa llama a su novio "punchito"; él a ella "punchita". No me preguntéis por qué. Otras parejas que conozco se llaman mutua y cariñosamente "gordo" y "gorda" y, en su versión más melosa, "gordito" y "gordita". Nunca he podido con este apelativo; nunca se lo he llamado a mis amigas y mucho menos a mis parejas; algún novio que me lo llamó, poco duró el pobre. 

Yo creo que lo peor de los sobrenormbres que se ponen las parejas para llamarse cariñosamente -discutiendo uno no suele decirle a su pareja "caramelito vete a tomar por saco"- no son las propias palabras reales o inventadas, que cada uno tiene sus motivos y "porqués". Lo peor es que, si se salen un poco de lo normal, la gente no tenga la delicadeza de reservar sus "motecitos" para la intimidad y tenga que hacerle pasar a la ente la verguenza ajena de oírlos.

Yo creo que la mejor forma de llamar a tu pareja en público es, aparte de por su nombre (siempre impacta oírlo de la boca de la persona que amas), "cariño" o "amor" si la situación lo pide.

Confesadme, ¿cómo os llamáis cariñosamente en pareja? 

# jueves, 24 de enero de 2008 15:28

Soledades

Qué bien me suena tu nombre y qué pena me causa tu presencia. Soledad. Hay quien, afortunado, la busca; los más, la temen tanto como a la misma muerte. Soledad. Capaz de colarse en el alma aun estando redeados de una multitud; compañia incansable de éste, nuestro viaje por la vida. Ha sabido ser feliz quien de ella ha hecho su refugio; triste, taciturno y temeroso quien largo tiempo la padece sin querer su compañía.

Soledades hay muchas; no hay quien no sepa de ellas. No hay quien no la tema aunque consiga engañarla o confundirla con amores, amigos, tareas, ocupaciones y toda suerte de conjuras más o menos venturosas. Un niño puede sentirse solo ante la distancia entre sus padres. Un adolescente es, por definición, presa fácil de la soledad si no consigue sentirse aceptado por el grupo. A un joven, agraciado por un momento vital irrepetible, poco ha de pesarle la soledad. Un adulto sabe que en cualquier momento puede abrirle la puerta a tan temible visita. Del anciano se convierte en inseparable compañía.

Qué extraña, desapacible y fría es la soledad que se siente cuando un amor te abandona. Nadie ni nada consigue llenar ese hiriente vacío. Cuánto miedo a quedarse solo tiene alguien que se ha quedado sin pareja; a no volver a encontrar a quien le haga sentir tan acompañados como con la persona que se fue. Qué sentimiento tan universal, tan espontáneo, inevitable y hasta previsible éste. Yo lo he sentido y ahora lo sufre, a veces, con desesperanza, una de mis amigas, quien, a pesar de tener a su alrededor gente que la quiere, la compaña, la entretiene e incluso la desea, dice sentir sola

Dijeron, en el siglo XX, que la soledad era la peste de la sociedad occidental. Me temo que continúa siéndolo en el siglo XXI, en el que se trata incluso como un problema psicológico que cursa con síntomas como ansiedad, tristeza o depresión. Hay quienes son más propensos a padecerla porque, de alguna manera, son menos diestros en las relaciones familiares, sociales o de pareja. En cada caso, las causas son íntimas y personales.

Hay soledades crónicas y soledades temporales, como las de quien se pasa la semana rodeado de gente, sin un momento libre para sí mismos, y el fin de semana se sienten completamente solos. Creo que todos padecemos de forma intermitente a lo largo de nuestra vida este tipo de soledad. Recuerdo especialmente varios amargos momentos de soledad en mi vida. Algunos de ellos se dieron cuando era adolescentes y, tras esperar cientos de planes para el fin de semana, el temido domingo se abalanzaba sobre mí sin nadie con quien compartirlo. Profundos y desoladores, aun siendo pasajeros, los he sentido tras la ruptura de una relación, cuando el teléfono me castigaba sin sonar, mis amigas no podían hacer planes o ningún chico se interesaba por mí.

Internet se ha convertido en la gran caja de pandora de las soledades. Miles, millones de personas me atrevería a decir, han sustituido la compañía de la TV por la de una pantalla con la que sí se puede interactuar, hablar (escribirse), conocer a gente y mantener "pseudo" relaciones personales que, en muchos felices casos,se materializan en el plano real. Las agencias de contactos triunfan y proliferan en la Red reuniendo almas solitarias.

Como todo el mundo, temo a la soledad, aunque las más veces, la busco, la necesito.

¿Queréis hablarme de vuestras soledades? 

 

 

# lunes, 21 de enero de 2008 22:05

Comer con normalidad

Entre la obsesión por adelgazar, el miedo al colesterol, la moda de la comida biológica, la fast food y los nuevos alimentos inteligentes, parece que nos hemos olvidado de comer con normalidad, es decir, lo que nos apetece y cada vez que tenemos hambre, ni más, ni menos.

Los bebés y los animales son capaces de comer con normalidad. Los adultos occidentales, salvo excepciones, no. ¿En qué momento perdimos la "inocencia" alimentaria? ¿Ese estado de calma en el que la comida ocupaba un papel de sumimistro y disfrute, en el que era una cosa más entre todas las que nos importaban, ocupaban y entretenían diariamente?

¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué nos extrañamos de que alguien coma lo que le apetezca, que no se preocupe por su línea o sus niveles de colesterol? ¿Por qué algunas personas comen mucho más de lo que desean y maltratan su cuerpo con aquello sin lo que, irónicamente, no pueden vivir?

Alimentarse con normalidad es la necesidad humana más elemental. Pero nos hemos complicado tanto la vida que comer se ha convertido en algo demasiado importante o demasiado estresante. Un niño come cuando tiene hambre y deja de hacerlo cuando se siente saciado. Muchos adultos han perdido esa sensación, esa capacidad de sentirse llenos cuando su cuerpo ha ingerido el alimento suficiente. Otros se sienten saciados sin ni tan siquiera probar bocado, la simple idea de comer les hace profundamente desdichados.

Tantos consejos médicos, científicos y dietéticos parecen habernos vuelto majaretas. En nuestra sociedad actual alimentarse parece haberse convertido en un problema, hacer la compra en una carrera de obstáculos en la que hay que saltar grasas trans, azúcares encubiertos, colorantes y conservantes, para llegar victoriosos y con el carrito vacío a la zona de los lácteos desnatados, los productos bio, las ensaladas preparadas, la soja o los panes integrales.

Demasiada información, demasiada presión y demasiadas expectaivas sobre un acto tan sencillo como debería ser el de comer. El problema está, sin duda, en nuestras mentes. Como en todo en la vida, no se puede perseguir un ideal, y menos en una necesidad vital como es la de alimentarse.

Ocupando nuestra mente, creo yo, nos olvidaremos de nuestras obsesiones con la comida. No hay nada como estar ocupado para quitarle importancia a los actos que deberían llevarse a cabo de forma natural, como comer.

¿Habéis dejado de comer con normalidad, como cuando érais niños?

 

# domingo, 20 de enero de 2008 10:04

Amor loco

Todo el mundo debería vivir un amor loco al menos una vez en la vida. Porque te hace sentir vivo como ninguna otra cosa en el mundo. Porque te hace superar cualquier obstáculo que antes te parecía infranqueable. Porque llena tu cuerpo de energía, te devuelve la salud y te hace olvidar penas y cansancios. Porque te ilumina y te embellece de forma natural. Porque te lleva a hacer cosas que jamás hubieras imaginado, de las que incluso renegabas. Porque te hace amar la vida, pensar haber encontrado su sentido y olvidarte de ti mismo.

También merece la pena ser vivido, pese a todo, por su inevitablemente cara negativa. Por hacernos perder el control sobre nuestros actos y nuestras emociones. Por hacernos sentir tontos, expuestos e infantiles. Por hacernos vivir una auténtico calvario cuando no tenemos cerca al ser amado. Por hacernos idealizar hasta la estupidez al objeto de nuestros anhelos. Por hacernos aceptar cualquier situación, trato o relación injusta, mala o absurda con tal de estar juntos. Por hacernos caer en un abismo en el que la vida deja de tener sentido.

Ese amor que hace que la tierra se mueva bajo nuestros pies siempre tiene dos caras. Primero nos eleva al cielo y, habiéndonos hecho sentir dioses, nos hace caer hasta los infiernos. Un amor que roza la obsesión y se declara abiertamente irracional no suele durar, se escapa como el agua entre los dedos. ¿Por qué entonces merece tanto la pena ser vivido?

En primer lugar por la propia intensidad de la experiencia, por su valor intrínseco, por el inmenso goce y felicidad que proporciona; si pudiéramos, pagaríamos por ello. Pero, sobre todo, por la experiencia y sabiduría con la que contarás en tus futuras relaciones.

Es posible que, después de haber perdido la razón por alguien y de haberte expuesto "a tumba abierta" en una relación que ha fracasado, no quieras volver a sentirte así nunca más. Es posible que, después de vivir un amor loco, estés más preparado para apreciar y valorar un amor sereno, estable y racional. Es posible también que comiences a fijarte y a valorar a otro tipo de parejas, no tan explosivas, no tan seductoras, no tan irresistibles pero sí mucho más eficaces, honestas y saludables en el amor. Es posible, además, que, gracias a la experiencia vivida, si ese amor loco vuelve a llamar a tu puerta, no se la abras.

Yo he vivido tres amores locos y uno "medio enajenado" que, por suerte, se ha convertido en mi pareja. Los primeros me hicieron cometer actos que ahora me parecen "de verguenza ajena" pero de los que, pasados los años, no me arrepiento. Si me pongo a recordar, ahora me río de las estratagemas que hacía para resultar interesante, de las locuras que hice a espaldas de mis padres, de lo increíblemente tonta que me sentí las más de las veces. Me acuerdo también de una costalada que me di en el metro en la que se me saltaron hasta los zapatos por tener la cabeza en las mismísimas nubes. Reniego de ese amor loco tanto como lo echo de menos.

¿Habéis vivido algún amor loco? ¿Mereció la pena?

# jueves, 17 de enero de 2008 16:56

Predicar con el ejemplo

Más de 1.000 millones de personas en todo el mundo viven en la absoluta pobreza. La falta de alimentos, el sida y los conflictos armados están poniendo en peligro la vida y el futuro de millones de niños en todo el mundo. ¿Podemos hacer algo como individuos, desde nuestra posición particular, nuestras posibilidades y circunstancias vitales? No hay otra respuesta que . ¿Lo hacemos? POCO.

La semana pasada vi una película que me llamó mucho la atención tanto por su reparto como por la situación que muestra: Clive Owen y Angelina Jolie, que arriesgaban sus vidas como cooperantes en África para intentar salvar las de otros. En el caso de Angelina, creo que su propia trayectoria personal se asemeja en cierto modo a la que refleja la película. En "Amar peligrosamente" ella, casada con un hombre adinerado de alta sociedad, queda totalmente impresionada con la inesperada aparición de Clive Owen en una fiesta junto a un niño africano desnutrido. Owen recurre a un acto tan extremo para pedir ayuda para su organización en Etiopía. Angelina parece ser la única realmente conmovida ante tal realidad, tanto, que decide dejar su cómoda vida para ir ella misma a África a llevar esa ayuda.

Creo que Angelina Jolie es una de las pocas personas, igual que miles de cooperantes en todo el mundo, que predica con el ejemplo. Como embajadora de buena voluntad de ACNUR, Angelina ha viajado a los lugares más desfavorecidos de África y del mundo para dar a conocer si situación, y ha formado una familia numerosa con Brad Pitt que incluye tres niños adoptados y uno propio. Todos conocéis su historia.

Como ella hay muchísima gente anónima que, además de impactarse, conmoverse o llorar con las desgracias ajenas, hace algo para remediarlas. También hay empresas y marcas conocidas o desconocidas que destinan parte de sus ingresos a organizaciones humanitarias. Un ejemplo, en mi opinión, que deberíamos ejercer, sobre todo, los adultos con los niños. Son sólo gotas, pero sin ellas, el océano se secaría.

A muchos nos dan ganas de irnos de voluntarios a una ONG cuando vemos imágenes desagarradoras en televisión o prensa; pocos dejan realmente sus vidas para hacerlo una vez olvidado el impacto. En mi opinión, no hace falta irse a África o a América Latina para ser solidarios o ayudar a los demás. Hay un montón de cosas que podemos hacer, desde nuestras cómodas vidas y de forma anónima, para conseguirlo: no tirar comida en buen estado y pensar en quién puede necesitarla en nuestro entorno; llevar la ropa usada a los lugares donde puedan reutilizarla otras personas; hacer aportaciones económicas a ONGs fiables; regalar algo de nuestro tiempo a ayudar en instituciones benéficas o proyectos sociales; ser hospitalarios con quienes vienen a nuestro país huyendo de la miseria dejando hijos y familias atrás; ahorrar agua para que haya para todos… Durante todo el año, no sólo en Navidad.

Esta vez no quiero preguntaros qué hacéis vosotros a título personal para ayudar a los demás, eso es algo que debe ser anónimo, sino qué podríamos hacer todos para predicar con el ejemplo. ¿No creéis que no hacer nada es incluso amoral?

 

# lunes, 14 de enero de 2008 22:40

Clive Owen: vuelve el hombre

Y no precisamente con colonias para machos como Brummel o Varón Dandy, sino con este inquietante y atractivo actor inglés. Me impresionó en "Closer", me sorprendió en Elisabeth: la edad de oro" y, aunque no es muy buena, me ha hecho escribir este post ver recientemente "Amar peligrosamente", la película que protagonizó junto a Angelina Jolie.

Clive Owen es uno de los actores que más me gustan del panorama actual. Su fuerza en escena me parece brutal -en Closer, junto con Julia Roberts, se comía la pantalla- y su atractivo físico impresionante. Como decía de él Antoine Fuqua, su director en "El rey Arturo", "tiene ese aire Steve MacQueen con un toque europeo que le hace atractivo sin resultar vanidoso". Fuqua también dice de él que es fuerte y vulnerable como Richard Burton.  Ésa es precisamente la sensación que Owen me produce cuando le veo en la gran pantalla, me recuerda a esos actores americanos varoniles, elegantes y con carácter, esos que sabían cómo impresionar a una mujer.

El éxito no le llegó a Owen hasta los 40, tras ganar un Globo de Oro al mejor actor de comedia por "Closer". La crítica ya había resaltado su talento en "Croupier", una de esas películas que merece la pena ver. Su larga filmografía incluye títulos, además de los mencionados, como "Sin City", "El caso Bourne" o "Gosford Park"; también incluye películas poco exitosas como la reciente "Shoot em Up", donde hace pareja con la también temperamental Mónica Bellucci.

Su imagen de hombre masculino, fuerte y sexy hizo que Lancôme le fichara como imagen de su línea de productos Lancome Homme y de su perfume Hypnôse, con el astuto objetivo de convencer al potencial mercado heterosexual reacio a utilizar productos de belleza.

A mí Clive Owen me parece uno de esos hombres magnéticos, con una personalidad arrolladora y una seguridad en sí mismos que impacta, de esos que te pueden volver loca; en la pantalla trasluce todas estas cualidades. Además, en las entrevistas que he leído sobre él me ha dado la impresión de ser una persona humilde y amante del cine sobre todas las cosas. "Uno sólo es tan bueno como el equipo con el que trabaja", decía tras ser alabado por su trabajo. También me cae bien y me parece un hombre no sólo atractivo sino inteligente por su desinterés por la fama: "me gusta mi vida como está, junto a mi esposa (la también actriz Sarah-Jane Fenton, a la que conoció cuando ambos interpretaban Romeo y Julieta) y mis dos hijos.

¿Os resulta Clive Owen tan interesante como a mí? 

# domingo, 13 de enero de 2008 18:15

Gente con ángel

Para mí la gente con ángel no es solamente aquella que tiene una personalidad, un aura o una belleza especial, también lo es la gente que, con su sola presencia, es capaz de alegrar a los demás. Esa gente "ligera", como decía Javier Marías en un artículo, es la que nos hace más agradable la existencia. Así eran, según Marías, Federico García Lorca o la mujer de Miguel Delibes, siempre prestos a la sonrisa, a dar cariño, a hacerle más llevaderas las penas a los demás, dejando siempre las suyas a un lado.

Para mí este tipo de personas tienen ángel porque desprenden un estado de ánimo luminoso. Cuando están presentes, todo se torna más fácil, alegre, divertido y especial. Esta gente con ángel suele serlo de forma innata; pero su don también es algo que puede cultivarse.

Ser una persona "ligera" o ser alguien victimista es algo que, a mi parecer, puede elegirse. Cierto es que el ambiente en el que has crecido, la educación que hayas recibido y el ejemplo de tus progenitores puede inclinarte, sin ser consciente de ello, hacia una u otra forma de ser; el niño no hace sino imitar conductas. Al llegar a la edad adulta, por suerte, la elección es nuestra; ser una persona alegre y gustosa para los demás no está exento de esfuerzo personal. Para mí, la elección está clara: no hay nada peor que una víctima, ese tipo de personas que constantmente se quejan de todo, contagian a los demás con su parmanente energía neativa, te abruman con sus sobrevalorados problemas y, en el fondo, utilizan su victimismo para eludir la responsabilidad sobre su propia vida e incluso para obtener cosas de los demás. No hay actitud más cómoda y egoísta.

Mi novio es el prototipo de persona con ángel, lo cual ha supuesto un regalo para corregir mi heredada tendencia hacia el victimismo. Mi madre es el prototipo de persona victimista sin causa justificada -eso es justamente el victimismo-, una actitud que no empezó a desaparecer hasta la llegada de sus nietas, que han conseguido hacerla olvidarse de sí misma. Mi amiga Angélica (buen nombre ¿verdad?) también es una persona "ligera", con ángel, sana de mente y de espíritu, que desprende una serena y cálida energía neutral que te hace sentir cómodo y transmite confianza. Ella dice que su madre es y ha sido siempre la persona más positiva del mundo, de esas que en medio de una terrible tormenta ven un rayo de luz y se ponen, inmensamente felices, a tomar el sol.

Una persona victimista es, y perdonad la vulgaridad, "un coñazo". Es, además, alguien tremendamente astuto, ya que suele utilizar sus males o problemas para manipular, chantajear emocionalmente y condicionar a los demás, en quien muchas veces proyectan sus propios errores y frustraciones. Quejarse es mucho más fácil que tomar las riendas de la propia vida; poner los problemas como excusa es un recurso muy ruín para justificar los propios errores o eludir responsabilidades.

Ser una víctima es, además, una pérdida de tiempo, de energía y de felicidad, ya que te priva de vivir la vida, con sus alegrías y sus penas, sus virtudes y sus defectos. Una persona victimista acaba por producir rechazo, mientras que una persona "ligera", con ángel, aún llena de problemas, es siempre bien recibida porque siempre acabará superándolos sin lanzárselos a los demás como un arma arrojadiza.

¿Cuántos ángeles y cuántas víctimas conocéis?  

 

# miércoles, 09 de enero de 2008 22:24

Usos y abusos del divorcio exprés

En Madrid, cada media hora se separa una pareja. Esto lo oí en un telediario y es la consecuencia, en primer lugar, del llamado "divorcio exprés", que ha hecho que montones de parejas aburridas de estar casadas salieran por fin del armario, y que otras, casadas por equivocación, pudieran subsanar su error sin que la cosa fuera a mayores. Pero también creo que este increíble aumento de los divorcios se debe a la conquista de la independencia económica por parte de las mujeres, a la apertura mental de la sociedad y a la magnificación del hedonismo que experimenta nuestra actual sociedad.

Por mi parte, estoy totalmente a favor de divorcio exprés, que permite divorciarte de tu pareja en sólo dos meses si ambos estáis de acuerdo y en menos de medio año si la petición es por parte de un sólo cónyuge. Vamos, que te puedes divorciar de tu pareja lo quiera o no, la decisión se puede tomar de forma totalmente unilateral y sin aludir ninguna causa o razón. Basta con no querer seguir con la historia. Tampoco es necesario pasar por un período previo de separación ni esperar un año después de casamiento; a los tres meses ya le puedes decir "ciao" a tu maridito o mujercita.

Entre las causas que los expertos señalan para solicitar un divorcio están, por orden de importancia: la infidelidad, pasar poco tiempo juntos, los problemas familiares y las decisiones en las que no hay acuerdo (por ejemplo, ser padres). Los hijos son también una fuente importante de conflictos. Las crisis suelen llegar al año, cuando uno se da cuenta de que no se tenía que haber casado, o a los 10 años, cuando el aburrimiento y la rutina se han adueñado de la relación.

Es raro que un domingo, cuando me reúno con mi familia para comer, mis hermanos casados no cuenten que se han separado alguna pareja de amigos. De hecho, de un grupo grande, uno de mis hermanos y su mujer son los únicos que siguen juntos. Entre los motivos que ellos cuentan como causa de estas separaciones está muchas veces que él o ella se vuelven locos de repente, se hacen alguna operación de estética o se compran un coche nuevo, empiezan a salir por las noches y a intentar recuperar el tiempo perdido ligándose a todo lo que se pone por delante. Normalmente la infidelidad está detrás de las separaciones de las que tengo noticia. Parece ser que no haber vivido lo suficiente antes de casarse a medio plazo pasa factura.

También conozco casos de parejas que se han separado a los pocos meses de haberse casado, lo cual resulta muy dolororos tanto para ellos como para sus familias. Cuando se dan este tipo de separaciones tan tempranas, normalmente es porque la relación ya no iba bien antes de la boda.

Visto lo visto, yo me reafirmo en mi idea de no casarme, aunque ahora, con el divorcio exprés online (desde 400 €), no sería un gran problema separarme. Aún así no me tienta la idea la boda, siempre he pensado que casarse ejerce un perjudicial efecto psicológico sobre una pareja; una dosis de incertidumbre y la ausencia de compromisos legales te hacen relajarte menos en tu relación, por lo menos en mi caso.

¿Qué os parece el divorcio exprés? ¿Pensáis, como mi madre, que ahora la gente no aguanta nada y que no es normal tanta separación?

# lunes, 07 de enero de 2008 15:55

Plusmarquistas

El día de Reyes me ha hecho pensar en un artículo de Almudena Grandes que leí hace poco. En él contaba que su hijo le pedía insistententemente unas zapatillas de marca que no le compraron. En el artículo, Almudena eflexiona sobre su propia adolescencia, cuando no eras nadie si no llevabas unos Levis etiqueta roja. Yo también viví y sufrí esa obsesión por las marcas, más aún cuando iba a uno de los colegios más pijos de Madrid y mis padres no podían, ni querían, comprarme ropa cara de marca. Ahora agradezco que no lo hayan hecho, aunque reconozco que me hubiera gustado que mi madre, inflexible en estas cuestiones, hubiera cedido en alguna ocasión, ya que resulta muy difícil ser una adolescente que lleva ropa anónima en un mundo lleno de "plusmarquistas".

Yo misma he acuñado este término, que me encanta, y ahora está más que nunca de actualidad. Desde que ese  gigante textil llamado China inunda occidente con sus imitaciones, las marcas están al alcance de cualquiera; tan perfectas llegan a ser las imitaciones. Para mí llevar un bolso de Gucci o de Carolina Herrera lleno de logotipos, una camiseta con un "Dior" enorme, un polo con un macrocaballo de Ralph Lauren o unos pantalones estudiadamente bajos para que se vea la ropa de interior de Calvin Klein, no sólo es algo hortera sino carente de elegancia. Me da igual que las citadas prendas sean verdaderas o falsas, me parece igual de ostentoso y pretencioso. Si encima la imitación es mala, la cosa puede rozar el mal gusto.

Para mí la gente es plusmarquista por diferentes motivos: porque asocia ser elegante e incluso ser alguien con llevar marcas y tener cosas caras, porque no tiene estilo y sólo se siente segura llevando ropa de firmas conocidas con logotipos bien visibles, porque les gusta que los demás les presupongan un cierto estatus o porque creen que, sólo por salir en las revistas, Paris Hilton o Britney Spears son modelos a imitar.

No quiero ser ilusa o demagoga, hoy en día es muy difícil no ir vestido de marca, aunque sea de Zara. Todos preferimos ciertas firmas por su calidad, su diseño, su precio, su originalidad o su comodidad. Para mí la diferencia es que esas marcas estén o no a la vista de forma intencionada. Por eso me gustan las tiendas Muji, que venden cosas sin marca para la casa; o la ropa de diseñadores no conocidos que hacen piezas únicas. Respecto a las zapatillas de deporte, es difícil encontrarlas sin marca, además de que mucha gente persigue precisamente firmas poco conocidas que ya no querrá ponerse cuando todo el mundo las conozca.

A mi prima, que se va de viaje a China, mucha gente le ha encargado imitaciones de bolsos caros u otras cosas de firmas conocidas. Mi encargo ha sido que me traiga algo que no sea de marca; además, odio las imitaciones. Más aún desde que me robaron un bolso de imitación de Dior, también de China, que le compré a una amiga por 20 euros porque no tenía logotipos y el modelo era muy bonito. Estoy convencida de que me lo robaron, sobre todo, porque era de una marca conocida, mejor dicho, una imitación de una marca conocida.

Mi opinión es que la invasión de las imitaciones y el nuevo concepto de lujo -cada vez más ligado a exclusividad, experiencias e incluso sentimientos- nos llevará hacia un rechazo del plusmarquismo. Que te gusten las cosas buenas no quiere necesariamente decir que te gusten las cosas caras o de marca; quien tiene estilo y elegancia no necesita enseñar logotipos, su propio estilo es su marca.

¿No os saturan las cosas de marca, sobre todo las imitaciones?

 

# jueves, 03 de enero de 2008 20:05

Yosoydelosreyesmagos.com

¿Quién no ha visto estas Navidades el vídeo rapero de los Reyes Magos? Sin duda, ha sido la felicitación navideña más enviada y más divertida, y encima, con lema: "Si eres de los Reyes Magos, no puedes ser de Papá Noel". Este mensaje lo lanzaban desde la página web yosoydelosreyesmagos.com mis amigos de la productora La Despensa. Había visto el vídeo y me había parecido genial, así que cuando me enteré de que además lo habían hecho "colegas", me gustó aún más.

Tan poco aficionada a la Navidad como soy, estoy encantada con esta campaña, porque Papá Noel es un flagrante invento de los americanos; como dicen desde La Despensa, "ese pijama lo diseñó Coca Cola". El rap de los Reyes Magos pone a caer de un burro Papá Noel, al que se le lleva el trineo la guardia civil y va al mismo sastre que Don Pimpón.

Confieso que de pequeña hubo una época en que, influida por las películas americanas, me imagino, me gustaba más Papá Noel que los Reyes Magos. También me gustaba porque si te daban los juguetes el 25 de diciembre en lugar del 6 de enero, tenías más tiempo para jugar. Pero la cosa cambió pronto, y en cuanto me empezó a dar pereza el consumismo navideño, me empezó a dar mucha más pereza ese tipo vestido de rojo que queda muy bien en los balcones pero que no tiene nada que ver con nuestra cultura ni con nuestras tradiciones.

Lo que no entiendo y me parece un exceso es lo de la gente que hace a todo, es decir, Papá Noel y los Reyes Magos. Como dicen bien clarito en el rap, si eres de los Reyes Magos, no puedes ser de Papá Noel. Porque por mucho que nos guste la historia de los renos, los elfos o el trineo volador, no es compatible con las tradiciones cristianas y la historia de los reyes que venían del lejano Oriente. Y lo dice alguien que no cree en Dios.

Yosoydelosreyesmagos.com se ha convertido en toda una campaña de boicot contra Papá Noel. Se han hecho camisetas, pegatinas y chapas; han aparecido pintadas por todo Madrid atacando al tipo del pijama rojo; el famoso rap se vende entre los top manta; se ha hecho hasta un amago de manifestación frente a la embajada de Finlandia para protestar por la contaminación que produce la fábrica de juguetes de Papá Noel... Pero, sobre todo, cientos de amigos de los Reyes Magos han felicitados estas Navidades con el rap, siendo ellos mismos uno de los propios reyes: Golden Melchor, M.C. Gaspar o Magic Baltasar.

Si no habéis escuchado todavía el rap, entrad en la web, la letra es buenísima. Además, todavía estáis a tiempo de felicitar a alguien. Y si le tenéis mucha manía a Papá Noel, incluso podéis martirizarle en plan budú desde la propia web. También podéis escuchar testimonios de elfos maltratados y ver las pintadas y stencils.

Vosotros ¿sois de los Reyes Magos?

# miércoles, 02 de enero de 2008 20:48

Vaginas de diseño: la última locura

The Laser Vaginal Rejuvenation Institute of Los Angeles se ha puesto de moda por realizar rejuvenecimientos vaginales y otro tipo de operaciones estéticas de los órganos genitales femeninos. Antes, este tipo de intervenciones eran demandadas sólo por actrices porno o personas con problemas de salud; ahora, mujeres de cualquier edad y hasta adolescentes solicitan este tipo de operaciones solamente por motivos estéticos. Es España también comienzan a practicarse.

Entre la oferta de esta famosa clínica de Los Ángeles hay reducciones o aumento de labios vaginales, estrechamientos de vagina, reducción del clítoris, reinjertos de vello púbico, reconstrucción del himen o los controvertidos G-shots o inyecciones a base de colágeno en el punto G para, supuestamente, aumentar el placer sexual.

La sociedad médica americana no está del todo conforme con este tipo de intervenciones e incluso advierte de la inutilidad y el riesgo de las mismas, sobre todo porque la demanda está creciendo entre las adolescentes. Los cirujanos españoles son menos conservadores respecto a este tipo de operaciones e incluso acusan a los norteamericanos de ser algo puritanos al respecto. Lo que sí afirman es que una cirugía vaginal puede solucionar complejos, mejorar la autoestima o las relaciones sexuales, pero en ningún caso soluciona fracasos sentimentales.

Por supuesto, hay mujeres que se someten a este tipo de operaciones, molestas y de resultados no siempre asegurados, por problemas reales que afectan a sus relaciones sexuales o a su autoestima: tamaño exagerado de los labios mayores o menores, descolgamiento muscular o tamaño excesivo de la vagina debido a los partos, dolor o falta de placer al practicar sexo.

Los expertos cuestionan, sobre todo, las inyecciones de colágeno en el punto G, primero porque sus efectos no están realmente demostrados y segundo, porque encontrar el punto G no es nada fácil ni seguro. Las reconstrucciones del himen se solicitan, en la mayoría de los casos, por mujeres que, debido a su cultura, necesitan llegar vírgenes al matrimonio.

Pero no son las dificultades en las relaciones sexuales, los complejos o los problemas de salud los que llevan a la mayoría de las mujeres que acuden a clínicas como la de Los Ángeles a hacerse una operación de estética en los genitales, sino que la obsesión por mantenerse jóvenes a llegado ya a esta parte tan íntima de la anatomía femenina.

Sólo con pensarlo me da grima, aunque en ciertos casos, como los citados por problemas reales, las entiendo. Hacerse una operación vaginal por pura estética me resulta casi tan castrante, agresivo y absurdo como las mutilaciones que sufren millones de mujeres en el mundo por motivos culturales o religiosos.

¿Os haríais un rejuvenecimiento vaginal?

Publicidad


Recomendaciones

Síguenos

Buscar