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Artículos - febrero 2008

# viernes, 29 de febrero de 2008 18:45

Especímenes de gimnasio

"Haga usted un poco de ejercicio". Ésta es una recomendación que los médicos y los psicólogos suelen hacerle a muchos de sus pacientes para ayudarles a mejorar sus relaciones sociales, su tono vital y sus posibles problemas físicos y psicológico. Así, los gimnasios son una especie de caja de Pandora donde puede uno encontrarse a la gente más curiosa y variopinta. Yo, que llevo doce años yendo al mismo, puedo hablaros, desde el respeto y la convicción de ser yo mismo un buen especimen, de algunos personajes dignos de conocer.

Una "especie" que abunda mucho en los gimnasios es la de aquellos que parecen no tener casa, ni familia ni obligaciones. Van todos los días, llueva o truene, a entrenar. Siempre a la misma hora y los mismos días, hacen la misma rutina de ejercicios desde hace años, pasan hasta cuatro horas diarias en el gimnasio y además suelen hacer buenas migas entre ellos. Forman un grupillo al que yo llamo "los fieles al gimnasio". Este tipo de clientes suele ser muy exigente; como llevan tantos años en el gimnasio se quejan acaloradamente ante el mínimo cambio que altere sus costumbres y además se cree con una especie de exagerados derechos adquiridos por el tiempo que llevan allí. Siempre me he preguntado por qué tienen unas costumbres tan estrictas respecto al gimnasio; ¿tal vez sea porque en su vida no hay demasiado espacio para la improvisación o es, simplemente, su mejor plan?

Otro tipo de clientes peculiares de los gimnasios son los psicóticos, maniáticos o aquellos con algún problemilla psicológico. Siempre hay dos o tres, por recomendación médica normalmente, que traen de cabeza a los monitores y al personal del gimnasio. En el mío hay varios que se las traen. Una de ellos es una chica que trae locos a los profesores: en medio de la clase se acerca a la tarima a comentarles lo que se le ocurre, o les hace todo tipo de aspabientos y gestos para decirles que hace mucho calor o que la música es "guay", o se  pone a hablarle a los que tiene alrededor mientras hacen step o aeróbic.

Entre la fauna de los gimnasios, me encantan los recién llegados, les tengo un cariño especial. Primero porque yo también tuve un primer día y recuerdo lo perdido que se siente uno entre tanto cachas, tanta máquina y tanto modelito deportivo. Y no digamos cómo es la primera vez en una clase de aeróbic, step o cualquier invento de esos. No sabe uno dónde esconderse para que no vean a un tipo/a dando saltos descontrolados en sentido contrario al de toda la clase. Os juro que no es maldad, pero me lo paso en grande cada vez que entra un alumno nuevo en una de estas clases, sobre todo si es chico, porque suelen tener la coordinación fatal y te puedes echar unas buenas risas viéndoles interactuar. Recuerdo una vez apoteósica en la que la profesora era incapaz de dar la clase porque se caía al suelo de risa con sólo mirar a un señor, ataviado él con sus mallas y todo, que se movía como con una especie de calambres y espasmos intentando seguir la clase; no daba ni una el pobre, aquello era horroroso.

Entre los alumnos complicados, a mi gimnasio estuvo viniendo muchos años una chica muy peculiar. No estaba muy centrada que dijéramos, y de vez en cuando le salía una vena algo esquizoide que te helaba la sangre. Recuerdo la primera vez que la vi en clase. Era una sesión de step. Ella llegó, cogió un step y se subió tranquilamente a la tarima con la profesora, sonriéndole de oreja a oreja. Superada esta confusión respecto a su lugar en las clases, te podías esperar cualquier cosa de ella: que se acercara a subir o bajar la música a su antojo, que se pusiera a guiñarle el ojo al de atrás, que saludará efusivamente a la profesora; normalmente no hacía nada de nada en la clase, iba como de oyente. En los vestuarios era tremenda. Se metía en cualquier conversación y le hacía unas preguntas de órdago a la gente, como aquella vez que le preguntó a una señora si era lesbiana. Sus reacciones podían ser un pelín agresivas, como aquella vez que, al preguntar una chica si alguien se había dejado unas braguitas en las duchas, ella se puso a gritar que por qué tenían que ser suyas, que ella no se iba dejando las bragas por ahí.

Hay otra especie de gimnasio que a mí me llama mucho la atención y a los que he bautizado como los "emocionados" del fitness. Son auqellos que se disfrazan de Rambo para ir a las clases de body combat, de ciclista para el spinning o se ponen modelitos "casual style" para hacer clases de street dance. Normalmente se pasan la clase dando gritos jubilosos y de ánimo (también hay muchos profesores así), aplaudiendo, y haciendo todo tipo de performances para dar a entender lo mucho que les gusta la actividad en cuestión. Los chicos que hay entre este grupo son los únicos que se atreven a ponerse mallas de licra, camisetas pegadas, cintas en el pelo y cosas así. Además, suelen pedirle a los monitores que les hagan copias de la música que ponen en clase (bacalao, dance y otras "maravillas") para poder disfrutarla más tranquilamente en casa o en el coche, o ensayar coreografías en casa.

También están los que van al gimnasio a buscar pareja y socializar. Porque se acaban de cambiar de ciudad y no conocen a nadie, porque piensan que en un club deportivo pueden encontrar a alguien sano y más normal, porque ya no tienen edadd de ir a ligar a discotecas... Siempre hay un buen número de mirones que se entretienen mirando cómo hacen ejercicio las chicas, o los chicos, que de todo hay. Si te has fijado en alguien en tu gym, te daré un consejo: espérale a la salida para ver cómo es vestido de calle, te puedes llevar una gran sorpresa.

Entre las especies que pululan por los gimnasios están también la de las/los liposuccionados, operados y estirados. Mujeres con pechos de silicona y caras moldeadas por el botox que lucen orgullosas sus atributos; muchachos hipermusculados, depilados y divinamente cuidados que buscan atrer las miradas del público femenino, o masculino.

En los clubes deportivos hay muchísimas más especies de clientes; yo también pertenezco a alguna de ellas. Los que váis habitualmente a un gimnasio sabés muy bien a qué me refiero. ¿Podrías contarme qué especies hay en vuestro gym?

 

# miércoles, 27 de febrero de 2008 21:55

¿Libertad o libertinaje?

Alguien escribió en uno de mis post que "la soledad es el precio de la libertad". Lo es las más veces. Otras, y hablo del amor, la libertad consigue convivir con sentimientos tan complejos como el amor, los celos, la necesidad de posesión o la pura necesidad del otro. A mi entender, éstas son las relaciones más completas, sanas, adultas, enriquecedoras y felices. Pero dar libertad a quien amas tal vez sea una de las cosas más difíciles para una persona.

Si quieres bien a alguien, serás capaz, no de darle (me gustaría matizar esto), sino de respetar su libertad; aquella libertad intrínseca a todo ser humano y que por amor suele entregarse. Pero una cosa es que uno no quiera ejercer su libertad cuando está enamorado de alguien, y otra que se la denieguen, normalmente más en nombre de inseguridades, miedos o celos, que del propio amor. Cuando no se prohíbe, cuando no se ponen límites, cuando no se reprocha, cuando no se controla, no existe necesidad de emplear esa libertad, no existe la necesidad de ejercerla.

Cuando mis amigas, angustiadas por retener a alguien, me preguntaban qué podían hacer para conseguirlo, siempre les decía y les sigo diciendo lo mismo: dale libertad y disfruta tú de la tuya. No hay nada más agobiante que una pareja posesiva, celosa y que se siente ofendido por cualquier acto de libertad del otro. Y no hablo de traiciones o faltas de respeto, sino de querer pasar tiempo a solas o de querer disfrutar de la compañía de los amigos sin la pareja. Más que una posibilidad, para mí, en pareja, esto es una necesidad.

No coartar la libertad de la pareja es harto difícil y duro; requiere generosidad y un proceso de reflexión en el que uno se convenza a sí mismo de lo justo, lo necesario y lo positivo que es para una relación respetar el espacio del otro. Inteligente es también esta postura, ya que, como he dicho varias veces, cuando a alguien no se le quita, tienes ganas de dar; cuando a alguien no se le ata, busca él mismo el cordón para enlazarse.

Dar libertad al ser amado supone un importante grado de madurez; normalmente da libertad de forma espontánea quien quiere que a él se la respeten. Pero se puede aprender a ser libre en pareja. Siempre y cuando libertad no signifique libertinaje. Yo misma he estado en situaciones de libertad y libertinaje (desgraciadamente, por parte de una pareja equivocada), y creo firmemente que libertad, amor, respeto, confianza e incluso fidelidad pueden perfectamente convivir. Pero también sé que muchas veces, a quien le dan libertad en pareja, hace un mal uso de ella.

Mis relaciones siempre han estado caracterizadas por la libertad para ambos miembros de la pareja. Las que no cumplían este derecho básico, no funcionaron. Reconozco que entre mis amigas, mi familia y mi entorno, esta libertad que mis parejas y yo nos otorgábamos, no siempre era bien entendida. Hay quien piensa que no es normal salir a echarse unos bailes o hacerse un viaje sin el novio; hay quien no concibe hacer ningún tipo de plan si no es en pareja; hay quien no soporta que su "amad@" tenga ni tan siquiera amigos del sexo contrario, y mucho menos que los vea a solas.

Darle libertad a tu pareja es arriesgado, sin duda. Pero aun cuando esa libertad se acabe convirtiendo en libertinaje, apuesto por ella con firme convicción. No concibo tener una pareja a la que obligue a quedarse conmigo en casa cuando le apetece salir con sus amigos; no va conmigo sospechar de las amigas de mi pareja sólo por ser mujeres; no tolero la idea de prohibirle a alguien a quien quiero que haga realidad aficiones, ilusiones o deseos personales sólo por estar en pareja. Siempre tendría la sensación de estar forzándole a estar conmigo.

¿Creéis que, en pareja, la libertad es sinónimo de libertinaje?

 

# lunes, 25 de febrero de 2008 15:15

El ¿guapo? de Bardem

El Oscar es suyo. Todo apuntaba a que iba a conseguirlo: los premios, las buenas críticas, las alabanzas por parte de medio Hollywood y su trabajo, le hicieron llegar a la ceremonia de los Oscar con muchas papeletas de ganador. Oscar también a la mejor película. Un triunfo para Bardem y una gradísima alegría para muchísimo españoles.

No para todos. Me consta que la ideología política de Bardem le ha valido la antipatía de un sector de la sociedad española. Me refiero a muchos votantes del PP que se han sentido ofendidos por algunas declaraciones de Bardem; me refiero también a cierta gente para quien el cine y los actores españoles tienen poca calidad.

Mi postura respecto a Bardem es diametralmente opuesta a la que acabo de citar. No puedo juzgarle personalmente, no le conozco, pero siempre he admirado su trabajo. Me hubiera llevado una inmensa decepción si noi le hubieran dado el Oscar; siempre he pensado que, sin haber llegado siquera a los 40, Bardem ya estaba entre los grandes de la historia del cine. Su fuerza en escena, su versatilidad, sus infinitos registros, su osadía, su valentía y su entrega como actor son excepcionales. Bardem hace verosímil cualquier papel al que se enfrenta, ya sea haciendo de yonki (Días contados), de poeta homosexual (Antes que anochezca) o de asesino despiadado (No es país para viejos).

Su físico, a mi parecer, es una de sus grandes bazas como actor y el punto en el que quería hacer hincapié en este post. Sé que no es guapo pero a mí Bardem siempre me ha resultado atractivo. Sus facciones fuertes y su aspecto varonil, la seguridad en sí mismo que transmite y el morbo que desprende, potencian este atractivo. O todo lo contrario, porque sobre el atractivo de Bardem siempre he escuchado opiniones radicalmente opuestas. O te encanta o te parece horroroso.

Desde que aterrizó en Hollywood, Bardem ha experimentado un importante cambio físico. Está mucho más guapo, mejor vestido, más estilizado, más refinado y cuidado. Evidentemente, a medida que ha ido creciendo su popularidad, han ido aumentando los cuidados recibidos por parte de peluqueros, estilistas o profesionales de la imagen. Pero también es cierto que, a medida que la fama de alguien crece, se produce un curioso efecto en la gente, que comienza a percibir a esta persona más guapa o deseable. Es lo que tienen la fama, el dinero, el poder y hasta el talento.

¿Os parece atractivo Bardem? ¿Está más guapo ahora que cuando empezó?

# sábado, 23 de febrero de 2008 10:23

Maldita polución

Este año, Madrid ha superado muchas veces los niveles máximos de polución permitidos. Esto se ha traducido en una plaga de virus que tiene permanentemente resfriada, con gripe o con gastroenteritis a media población. Los médicos de cabecera y las urgencias hospitalarias no dan abasto; el enfriamiento más tonto se complica y deriva en una enfermedad respiratoria debido a las perjudiciales partículas en suspensión; las gripes se convierten en crónicas y las alergias se adelantan alarmantemente.

No llueve. Ésta es la razón de tanta contaminación. Contaminación producida y recrudecida, sobre todo, por el excesivo número de coches que hay en las grandes ciudades. Coches que, la mayoría de las veces, transportan a una sola persona. Coches, la gran mayoría, muy contaminantes; los automóviles ecológicos son aún una utopía.

Los ecologistas han denunciado repetidas veces la pasividad de las autoridades ante esta situación. Los políticos no pueden hacer que llueva, pero sí pueden promover un trasporte público ecológico y tomar medidas tan necesarias, aun siendo impopulares, como limitar el tráfico de los vehículos privados, como se hace ya en otras ciudades del mundo con índices de contaminación similares e incluso inferiores a los de Madrid.

¿Exagero? Si la UE limita a 35 los días en los que cada año se puede superar el límite de 50 microgramos de partículas en suspensión por metro cúbico, los datos de las estaciones de medición de la Comunidad de Madrid reflejan que en municipios como Leganés, Torrejón, Alcorcón o la propia capital, ese tope se supera sobradamente e incluso se multiplica.

Yo vivo en el centro de Madrid y nunca había sufrido tanto la contaminación como este año. Llevo ya cuatro gripes y una sinusitis, de las que aún no me he recuperado totalmente, y tengo la piel y el pelo más tristes que nunca. Si no uso mascarilla para salira la calle es por verguenza; cada día paso caminando por calles como Gran Vía, Fuencarral o San Bernardo, donde el humo de los coches no sólo se respira, puede cortarse con un cuchillo.

Los ciudadanos de las grandes ciudades no sólo padecemos la contaminación ambiental. La contaminación acústica también supera en mucho los niveles permitidos. Algo de lo que yo no era consciente hasta que no vino a verme una amiga de Salamanca; lo primero que hizo fue preguntarme cómo podíamos soportar tanto ruido.

La situación, agravada por el cambio climático, está volviendo locos a nuestros ecosistemas. Los médicos advertían ya en enero de que las alergías no esperarían a la primavera para hacer su aparición, ya que las plantas, confundidas por las altas temperaturas, están acelerando su floración.

¿Está afectando la polución a vuestra salud? ¿Estaríais dispuestos a cambiar el coche por el transporte público?

 

# jueves, 21 de febrero de 2008 14:43

Mascotas consentidas

Algunas mascotas se han hecho casi tan famosas como sus dueños, como el cerdo de George Clooney o los perros de Mariah Carey, a los que baña con agua mineral. Los tres chihuahuas de Britney Spears tienen su propia habitación en su casa y los dos perritos pug de Jessica Alba tienen collares joya. Gloria Stefan siente tanto amor por su bulldog ingles, que lo ha hecho protagonista de dos libros infantiles. 

Algunos famosos pierden un poco la perspectiva y tratan a sus animales casi mejor que a las personas que les rodean. Pero eso, creo no sólo le pasa a las celebrities, sino a muchas personas que tienen animales. Conozco gente que le da de comer a sus perros jamón ibérico, lubina, entrecotes, langostinos... cosas deliciosas que algunas personas no pueden ni permitirse comprar. O que los trata como si fueran personas, dándoles libertad para hacer lo que quieran en su casa, sentándolos incluso a la mesa cuando ellos comen. O les compran todo tipo de juguetes, accesorios y hasta modelitos.

También es cierto que hay quien tiene animales por puro capricho y, una vez que se da cuenta de las obligaciones y límites que suponen, se olvida de ellos y, desgraciadamente, los trata como a personas, pero no por los privilegios, sino por obligarles a llevar una vida tan sedentaria o insana como la suya. A una amiga mía y a sus hermanos sus padres les regalaron un precioso cachorro de galgo del que se habían encaprichado. Todos querían jugar con él pero a todos les daba pereza sacarlo a la calle. Como los padres, que muchas veces acaban cargando con las mascotas de sus hijos, trabajaban todo el día, el perro acabó por no salir y hacer sus cosas en unos periódicos en el cuarto de baño. Pronto empezó a engordar (bebía cocacola, comía pasteles y otras cosas poco recomendables) y las uñas, de no gastarlas en la calle, le habían crecido de forma alarmante (se le oía chirriar cada vez que andaba por la casa). El perro llegó a hacerse tan sedentario que hasta se tumbaba en el sofá con la abuela a ver la tele. Como imaginaréis, el pobre  no tuvo un final feliz: murió por una enfermedad cardiovascular, algo impropio en un animal.

Pese a que la historia del pobre galgo os pueda parecer horrible, ni mi amiga ni su familia eran unos desalmados; adoraban a su perro. Lo que ocurre es que a veces no somos conscientes de que nuestras mascotas son animales, y eso significa que no deben ser tratados como personas. Tan negativo es no sacar a un perro a pasear a la calle como dejarle que duerma en una cama o coma merluza a la vizcaína. No es necesario tratar con tantos privilegios a un animal, ni lo aprecia ni es bueno para él.

Por supuesto, hay muchísima gente que tiene mascotas a las que adora, a las que mima en el mejor sentido de la palabra, con las que comparte su tiempo y a las que trata de una forma perfecta y adecuada. Me encanta el programa de "El encantador de perros". ¿Lo habéis visto? Es increíble el don que tiene con los animales, cómo consigue hacerles cambiar los malos hábitos que sus dueños no consiguen corregir. Estas son personas que de verdad quieren a sus animales.

Cuando era pequeña me encantaban los animales, pero no podía tener perros porque me daban alergia. Así que tenía que conformarme con tener pollitos, cobayas o tortugas, a las que incluso sacaba a pasear con una cuerda. Me siguen gustando, pero no los tengo porque vivo en un apartamento y no tengo ni tiempo ni espacio para cuidarlos. Pero reconozco que me da envidia sana cuando veo a mis amigos disfrutar con sus mascotas.

¿Consentís mucho a vuestras mascotas? ¿Cómo son vuestros animales de compañía y qué relación mantenéis con ellos? 

# lunes, 18 de febrero de 2008 9:42

¿Os van los juguetes eróticos?

Mi concepto sobre los juguetes y artilugios eróticos ha cambiado mucho. Entre los rancios sex-shops que nos producían tanta curiosidad cuando éramos pequeños y las actuales boutiques del sexo, hay una gran diferencia. Ahora en una tienda de productos eróticos entra todo el mundo sin ningún tipo de vergüenza; porque, por fin, parece que empezamos a desmitificar el sexo y a descubrir lo saludable, divertido y necesario que puedellegar a ser.

He estado varias veces con mis amigas en Amantis y La Juguetería, dos de las boutiques eróticas más conocidas de la ciudad. Lo bueno es que entramos en ellas con la misma naturalidad con la que pódríamos entrar en Zara o H&M, aunque he de reconocer que yo soy de las que miro pero no compro. Y eso que hay cosas que me parecen divinas, como la línea de cosmética erótica Shunga, con chocolate líquido para pintar sobre tu pareja y luego comértelo (al chocolate y a él, por supuesto), o como los geles, aceites de masaje o esponjas gigantes en forma de fresa. La línea de juguetes eróticos Bijoux Indiscrets me parece absolutamente glamourosa, perfecta para quienes tenemos ciertos reparos ante los juguetes sexuales por sus formas y usos demasiado explícitos. Los bijoux indiscrets son bonitas cajas con juguetes de estética preciosista, hechos con buen gusto y un elegante concepto del erotismo: antifaces para jugar a los espías, galletas chinas de la suerte con mensajes que tienes que hacer realidad, atrezzo, boas de plumas, polvos de geisha, velas...

Reconozco que ni he comprado ni apenas he probado juguetes o accesorios eróticos más allá de un anillo vibrador para él con el que mi novio y yo nos partimos de risa porque lo único que nos hacía era cosquillas. Admiro a algunas de mis amigas, súper liberadas e informadas, que tienen auténticos maletines llenos de juguetes para disfrutar solas o en pareja; incluso disfraces de esos que tanto morbo les dan a los hombres.

Los juguetes sexuales están genial para las parejas pero también para los solteros. Las chicas de Sexo en Nueva York pusieron incluso de moda un modelo de vibrador rosa que se vendió como rosquillas después de que Charlotte se volviera completamente adicta a él. De hecho, muchos ginecólogos recomiendan comprarse un vibrador (y practicar con él solas )a mujeres con problemas de anorgasmia.

Reconozo también que tengo aún ciertos prejuicios respecto a los juguetes eróticos. Una antigua compañera de piso mía, muy natural ella con el sexo, tenía su dildo en la bañera y a mí me daba corte verlo. Tan pocos prejuicios tenía que incluso lo ponía de adorno en su habitación por lo bonito que le parecía. Sin llegar a tanto, me parece genial que tanto hombres como mujeres tengan sus complementos sexuales para pasárselo mejor tanto solos como acompañados.

Entre los juguetes sexuales los hay de menor y mayor voltaje, según las sensibilidades, gustos, prejuicios y preferencias de cada uno. Lo único que yo tengo en casa es un plumero para hacerse cosquillas en pareja, pero creo que debería animarme con unas bolas chinas (algo que siempre he querido probar), alguna caja de Bijoux Indiscrets o un vibrador. Una opción muy divertida para ir "abriendo boca" son los juegos de mesa eróticos, como el Karmasheetra, una versión picante del clásico "Enredos".

Las sesiones de "tupper sex" también se están poniendo de moda entre las chicas, ya que ni siquiera hace falta ir a una tienda erótica. Una experta en juguetes eróticos, como las de La maleta roja, va a tu casa cargada de artilugios para explicar al grupo que haya organizado la sesión para qué sirve cada juguete, como se utilizan y hasta cómo se cuidan. Se puede comprar en ese mismo momento. Estas sesiones se hacen mucho en despedidas de soltera, cumpleaños o, simplemente, por pura curiosidad o necesidad.

¿Utilizáis jueguetes sexuales o tenéis prejuicios al respecto? ¿Cuál me recomendaríais?

 

# sábado, 16 de febrero de 2008 16:44

Comedores selectivos

Entre los trastornos alimenticios, me llama especialmente la atención el de los comedores selectivos, es decir, aquellas personas que se alimentan exclusivamente de un reducido número de alimentos. Normalmente, no más de diez, y se considera que una persona padece el síndrome del comedor selectivo cuando se alimenta de esta forma durante al menos cinco años. Este trastorno suele estar relacionado con otros más graves como la anorexia o la bulimia; puede que incluso hayan derivado en comedores selectivos después de haber padecido alguna de estas enfermedades.

La selectividad alimentaria suele estar relacionada con trastornos obsesivos de la personalidad, como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Este tipo de comedores suele alimentarse a base de un reducido número de alimentos a los que tienen cierta adicción o a los que consideran bajos en calorías o sanos; jamás prueban aquellos que piensan pueden hacerles engordar o enfermar. Este tipo de comedores tiene un punto de sibaritismo y de ortorexia, es decir, de obsesión por los alimentos sanos. Los comedores selectivos suelen padecer importantes carencias nutricionales, sobre todo por la falta de vitaminas y minerales.

No penséis que este trastorno es tan raro, mi antigua compañera de piso era una clara comedora selectiva (también por su perfil psicológico, totalmente obsesivo). Su dieta se componía de pan, pasta, arroz, atún, lechuga, canónigos, yogures, leche y alguna que otra fruta. Hacer que probase algo nuevo era desesperante. Además, se comía las cosas sin apenas cocinarlas ni aliñarlas, y podía almorzar, merendar y cenar, un día tras otro, exactamente lo mismo.

Pero no quiero profundizar en este trastorno sino más bien desdramatizarlo un poco y, si es posible, contemplarlo con un poco de sentido del humor. Porque, ¿no nos gustaría a todos alimentarnos selectivamente a base de los alimentos que más nos gustan? Yo, incluso, sería selectiva por días. Creo que podría alimentarme exclusivamente a base de chocolate y sus derivados, pan, pasta, quesos, jamón ibérico, cocidos extremeños, salmorejo, helados, milhojas de crema y bocadillos de tortilla de papata con pimientos. De hecho, cuando viví en mi primer piso compartido me alimentaba casi exclusivamente a base de pasta y arroz, lo más barato y fácil de preparar. 

¿De qué alimentos seríais capaces de alimentaros exclusivamente si no fuera perjudicial para vuestra salud?

 

# martes, 12 de febrero de 2008 15:44

Pesadilla en San Valentín

Si el 14 de febrero mi novio me despertase con una música suave, lenta y melodiosa. Si me llevase a la cama un desayuno lleno de cosas comestibles en forma de corazón. Si me esperase en el cuarto de baño con todo lleno de velas. Si me fuera a buscar al trabajo y me regalase un conjunto de lencería sexy y una caja de bombones roja. Si me llevara a cenar a un restaurante romántico donde tuvieses un menú especial de San Valentín. Si me diera un masaje con aceites aromáticos, me hiciera el amor lentamente y me dijera infinitas veces "te quiero". Si todo eso me ocurriese el Día de San Valentín creo que, primero, vomitaría, y después le daría una paliza.

Pocas fechas hay en el calendario, aparte de la Navidad, tan comerciales y tontas como el Día de San Valentín. A mí me da hasta vergueza salir a cenar esa noche con mi novio; procuro quedarme en casa tranquilamente y no hago, ni quiero que me hagan, la más mínima referencia a tan denostadísima celebración. Ese día, lo más que tolero, es ver a mi padre regalarle a mi madre, como cada año desde que tengo uso de razón, un ramo de flores.

¿De verdad os gustan todas las parafernalias típicas de este día? ¿Os sale ser cariñosos, románticos y especiales justo este día? A mí me resulta absolutamente forzado. A no ser que tengas quince años y te acabes de enrollar con alguien, hayas encontrado al amor de tu vida y estés cegado por el amor, o lleves meses sin ver a tu pareja, me parece tremendamente artificial todo lo que se hace en San Valentín. ´

El rechazo a este día me viene desde siempre. Igual que un amigo mío, que dice que al que no le guste el jamón ibérico no es de fiar, a mí me pasa algo parecido con los hombres que celebran San Valentín. Sé que no me van a gustar. Y nunca me he equivocado. El caso más extremo de novio "creyente" en San Valentín fue el primero formal que tuve, a los veinte años. El día de los enamorados se volvía completamente loco, con llamadas melosas desde primera hora de la mañana, regalos empalagosos, rosas plastificadas por todas partes, cenas románticas y poesías incluidas. Yo no sabía cómo corresponderle, no pudiendo de ninguna manera imbuirme de ese romanticismo tan atroz. Viví dos San Valentines con él y no sé cuál fue peor. Por supuesto, no llegamos al tercero.

¿Os parece San Valentín un día de pesadilla?

 

 

# lunes, 11 de febrero de 2008 19:50

Volverse loco

"Son más bellos los sueños de los locos que los del hombre cuerdo". Ésta es una frase que encontré en mis cuadernos de notas parisinos, como me gusta llamarlos; viejos cuadernos que llené de historias, poemas, pensamientos y hasta alucinaciones durante la época en que viví en París. Ya no recuerdo si era una frase mía o sacada de alguna de mis lecturas existencialistas y decadentes tipo Boudelaire, Rimbaud o Ghoete. Volver a leer esta frase me ha hecho pensar, doce años después, en la locura.

No es tan difícil volverse loco; a veces, creo, es una elección. Cuando la realidad es tan dura, tan absurda, tan difícil o insalvable que vivir duele, perder la cabeza es una forma de evasión a la que muchas personas, consciente o inconscientemente, recurren. El caso de Britney Spears me parece un claro ejemplo. Si la presión mediática a la que se ve sometida no le concede una tregua, acabará por perder la cabeza, puesto que ya le cuesta mantenerse serena y totalmente cuerda. La espiral sin sentido en la fama ha convertido su vida, sumado, sin duda, a un carácter de por sí inestable, han hecho que esta chica comience a despegar con demasiada frecuencia los pies del suelo.

¿Existente una tendencia, una herencia genética o una predisposición a la locura? Según los especialistas, sí. Pero a todos nos puede pasar. Todo depende de las circunstancias a las que sometamos nuestra vida. Por ejemplo, ante los horrores vividos en los campos de concentración, algunos presos enloquecían, lo que, en cierto modo, les salvaba de tanto sufrimiento. Ante una gran tragedia familiar no es difícil perder la cabeza, al menos temporalmente.

Porque, ¿quién no ha sufrido alguna vez, hasta el más cuerdo, de locura transitoria? Basta una situación desestablizante pero repetida para hacer que una persona deje de actuar de forma totalmente racional. Una ruptura amorosa puede hacer caer a una persona en una depresión que le lleve a perder la cabeza. Todas las drogas, aún en pequeñas dosis, pueden inducir a la locura.

Hay también quien padece un tipo de locura feliz o creativa, como aquellas personas imbuidas de un talento fuera de lo común, ya sea para la música, la escritura, la interpretación u otras manifestaciones artísticas. Hay quien actúa conscientemente de forma loca porque no consigue, o no quiere, tomarse en serio la vida.

Las personas que padecen una depresión fuerte o algún problema psicológico temen, muchas veces más que a su propia dolencia, la idea de volverse locos. Esto le ocurre a una amiga mía que sufre fuertes episodios de ansiedad y miedo; su mayor temor es no poder controlarlos y volver loca. Creo que, en mayor, o menor medida, todos hemos sentido este temor alguna vez en la vida. De hecho, es un miedo tan recóndito, que el simple hecho de que nos llamen locos suele ser un insulto de los más ofensivos, sobre todo cuando este calificativo se recibe por parte de la pareja.

Aunque no suelo discutir, cuando lo hago con mi pareja, con mis amigos o con cualquier otra persona, no me gusta llamar loco a nadie, aunque lo que haya hecho ponga en duda su racionalidad. Todos, aunque sea por un instante, cometemos actos de locura, ya sea por amor, envidia, mezquindad, miedo, avaricia u otros motivos. Pero no por ello merecemos un calificativo tan fuerte. Por eso me dan tanta pena Britney Spears y otros famosos que viven las 24 horas del día acosados por la prensa. Creo que si yo estuviera en esa situación también perdería los nervios, las formas y la cabeza de vez en cuando, si no permanentemente.

¿Alguna vez os habéis sentido enloquecer?

# domingo, 10 de febrero de 2008 10:51

Parejas de cine

¿Incluso en la vida real? Por qué no, la realidad siempre supera a la ficción... Después de tanto hablar de divorcios, separaciones e imposibles amores eternos, necesitaba un poco de magia para volver a reconciliarmer con esa visión idílica del amor en la que todos queremos creer. Y qué mejor escenario que el cine para encontrar parejas de rompe y rasga, apasionadas, carismáticas y cuyo amor consiguió trascender la pantalla para vivir eternamente en nuestra memoria.

Como no estoy segura de que las parejas míticas del cine que a mí me gustan sean las mismas que a vosotros, os propongo que elijamos juntos a las tres mejores parejas del cine de todos los tiempos. Algunas, incluso, han trascendido a la vida real.

En la pantalla

Katharine Hepburn y Cary Grant. Me encantan en "La fiera de mi niña", aunque de quien realmente estuvo enamorada ella fue de Spencer Tracy, con quien rodaría ocho películas: "La mujer del año" (en la que se conocieron), "La costilla de Adán" o "Su otra esposa". Este último título reflejaba bien la situación de Katharine, ya que Spencer, católico convencido, nunca se divorció de su mujer, aunque tampoco ocultó nunca su relación con Hepburn. Sin embargo, me quedo, aunque sea en el cine, con el espléndido Cary Grant.

Humprey Bogart e Ingrid Bergman. "Casablanca" inmortalizó para siempre a esta pareja, que será siempre recordada en la historia del cine como una de las más apasionadas junto con la frase "siempre nos quedará París". En la vida real su relación no trascendió, ya que Boart formó pareja con la estupenda Lauren Bacall y Bergman con el conocido Roberto Rosellini.

Elisabeth Taylor y Paul Newman. En "La gata sobre el tejado de zinc" ambos son, para mí, la encarnación de la belleza, es una de las parejas más potentes que he visto en pantalla. Sin embargo, ambos tenían otros gustos fuera del plató: ella su adorado Richard Burton y él su querida Joanne Woodward.

Daniel Day-Lewis y Madeleine Stowe. Ésta es otra de mis parejas cinematoráficas preferidas. Aunque sólo aparecieron jutnos en "El último Mohicano", me encanta la química entre ambos y la historia de amor, una de las pocas que no tiene final feliz. Guapísimos ambos. Una hermosa película y una hermosa pareja en la ficción.

Michelle Pfeiffer y Rutger Hauer. ¿Quién es él? ¿Os acordáis de "Lady Halcón"? Él es el caballero atormentado que vaga con un halcón en el hombro que no es sino su amada, que, hechizada, sólo recobra su aspecto humano al anochecer; por la noche, él se convierte en un feroz lobo. Esta es una de las parejas que más me han gustado en el cine, de pequeña vi la película un montón de veces e incluso leí el libro.

Jeremy Irons y Juliette Binoche. Hacen una espectacular y trágica pareja en "Herida", donde viven un amor dramático e imposible de esos que tantas veces ha interpretado Irons, uno de los hombres más atractivos del cine de todos los tiempos. En general, Irons, tan atractivo y magnéticos, consigue hacer buena pareja con casi cualquier actriz.

En la vida real

Paul Newman y Joanne Woodward. Son mi pareja preferida, Se conocieron ensayando en la obra de teatro Picnic y él, "el hombre más guapo del mundo", se quedó totalmente prendado de ella. Tanto, que se separó de su mujer y a la semana se casó con Joanne en Las Vegas. Y hasta ahora. Dicen de ellos que son el matrimonio más estable de Hollywood, y creo que harán historia porque no creo que tengan intención de separarse en los que les queda de vida. No sólo han sido pareja en la vida real sino también cinematográfica: "El largo y cálido verano", "Raquel, Raquel", "El zoo de cristal", entre otras. Sin embargo, en la pantalla no parecen tenber tanta química como en la vida real. Son mi pareja preferida.

Elisabeth Taylor y Richard Burton. Se conocieron durante el rodaje de la espectacular "Cleopatra", donde comenzaron a quererse y odiarse a partes iguales: se casaron dos veces pero se pelearon y se quisieron durante toda la vida. Aunque Liz se casaría otras muchas veces (es la celebritie que más ha pasado por el altar), siempre dijo que su gran amor había sido Richard Burton, ya fallecido. Es otra pareja que me encanta por su pasionalidad y por demostrar que el amor puede durar toda la vida, aunque sea separados.

Angelina Jolie y Brad Pitt. No puedo dejar de incluirlos porque su relación va acamino de acabar convirtiéndose en legendaria. Estoy segura de que en futuro se hará una película de ellos. Por su belleza, su carisma y su química, me parece que están a la altura de los mismísimos Elisabeth Taylor y Paul Newman, sólo que ellos encima son pareja real. Su vida, su relación, sus hijos, todo en ellos es real pero parece de película.

Susan Sarandon y Tim Robbins. Es otra de las pocas parejas de Hollywood que me gusta, precisamente, porque no encajan con el prototipo de celebritie. Ella no se ha hecho la cirugía estética, no han protagonizado escándalos, llevan veinte años juntos, son personas comprometidas socialmente y militan políticamente en contra del Gobierno der Bush. Además, ambos son dos magníficos actores.

¿Cuál es vuestra pareja de actores preferida en la ficción y en la realidad?

 

 

# miércoles, 06 de febrero de 2008 20:03

¿Para siempre?

Si nuestros padres fueran hubieran sido más sinceros con nosotros respecto al amor, creo que mi generación (los que ahora tenemos trentaytantos) no hubiera sufrido tanto con los desengaños amorosos. Muchos de los que vinieron después fueron hijos de divorciados, lo que, aun siendo una tragedia para un niño, les ofrecía otro punto de vista acerca de las relaciones: que éstas pueden romperse, que no tienen por qué ser para siempre y el mundo no se acaba por ello.

Cuánto hubiera agradecido que, ante mi primer fracaso sentimental, mis padres me hubieran dicho "no pasa nada", "ya te enamorarás de otro chico". Porque lo que me dijeron es que no entendían por qué había salido con ese chico -que me quería con locura y era el novio perfecto para ellos- si luego iba a dejarle. No les culpo, su intención era buena; ellos venían de una generación en la que uno se casaba y se conformaba. En las siguientes rupturas que sufrí tampoco tuve de ellos las palabras que me hubiera gustado oír; simplemente un "hay muchos más hombres en el mundo". Para ellos pasar de una relación a otra no era normal, no estaba bien, no lo entendían.

Esta falta de apoyo de mis padres -entendía yo-, sumada a una falta de educación sentimental realista y a las fantasías que todas las niñas tenemos desde pequeñas respecto al amor, me hicieron sufrir mucho. Y no porque yo quisiera imperiosamente tener novio, todo lo contrario, era muy independiente y nada noviera, sino por todo lo contrario, porque no quería sufrir por no tenerlo y porque no quería que me pesase el no haber convertido en "amor para siempre" las dos o tres relaciones que había tenido.

Madurar te convierte en alguien realista. Eso le quita inocencia, espontaneidad y locura a tu comportamiento y a la vida en general, pero también aporta mucha serenidad. Creo que empecé a relajarme con las relaciones -no me gustaba atarme ni comprometerme por si acaso no era "el bueno"- cuando comprendí que el amor para siempre es sólo una posibilidad, y además remota, en las relaciones. Cuando acepté que, aunque se sufre muchísimo, no pasa nada por romper con una pareja. Cuando entendí que no tiene por qué haber un solo hombre de tu vida, aunque eso sea lo que todos deseamos.

No quiero con esto abogar por abandonar a tu pareja ante la mínima señal de desgaste, rutina o aburrimiento. En absoluto. Una relación debe cultivarse y trabajarse con ganas y ahora tal vez se abandonan demasiado a la ligera. Pero sí creo que si el amor se ha acabado, lo mejor para ambos es separarse para volver a encontrar otro, para poder vivir de nuevo esa maravillosa sensación que es enamorarse, empezar a sentir algo inesperado por alguien. Sin sentirse fracasados, derrotados o acabados por no haber podido convertir nuestro amor en eterno.

Para que las separaciones no resulten traumáticas, sobre todo si hay niños por medio, por supuesto son necesarios algunos ingredientes de los que muchas veces adolecemos: inteligencia emocional, empatía, tolerancia, civismo y cariño. Para dejar que el otro vuele si ya no nos quiere, para no manipular a nuestros hijos en contra de nuestra ex pareja, para saber mantener una relación cordial con él/ella y su nueva pareja si es que llega. Pero, sobre todo, para poder asumir sin tanto dolor que el amor se acaba en una relación, pero que no se agota para nosotros en el mundo.

Me encantaría llegar al final de mis días con mi actual pareja, pero también contemplo la posibilidad de que no sea así. Y si un día tengo hijos, quiero decirles que no tengan miedo de un fracaso sentimental, que se pueden tener varias parejas a lo largo de la vida y ser normales y felices. Aceptar que el amor se puede acabar, tal vez sea la clave para conseguir que dure.

¿Creéis en el amor eterno?

# lunes, 04 de febrero de 2008 22:39

Gags cotidianos

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Qué sería de nosotros sin la risa. Todos deberíamos trabajar nuestro sentido del humor para encarar, cuando no encajar, la tragicomedia en que consiste la vida. Tomarse las cosas con humor nos ayuda a sobrevivir, diluye la angustia y hasta conjura el miedo. Quien no sabe reírse de si mismo tiene que soportar una carga muy pesada, ya que que no hay día en que no estemos, parafraseando a Borges, por un instante en el paraíso. Yo añadiría que no hay día tampoco en que no pongamos un pie en el infierno.

A todos nos pasan cosas risibles, absurdas, divertidas, surrealistas o cómicas cada día, estoy segura. No hace falta ir al teatro, al cine o quedar con alguien gracioso para reírnos; hay mil situaciones que pueden sugerir comicidad; la tragedia puede, y debe, desdramatizarse y hasta ser reída a la vez qie llorada. El sentido del humor comienza por saber reírse de uno mismo; también hay que saber arrimarse a la gente alegre y divertida, para tristezas nos bastamos con las propias.

Mi sentido del humor es bastante peculiar, lo reconozco; tiene un punto de humor snegro azonado con una pizca de humor extremeño, lo que da como resultado una extraña interpretación de lo que es o no divertido. Me río mucho con Faemino y Cansado; me partí hasta las piernas con Chiquito y me hacen reír películas como "La fiera de mi niña", "La cena de los idiotas", "Algo pasa con Mary", "La extraña pareja""Los Tennenbaums" e incluso ciertas escenas de "Ojos negros". No me hacen ninuna gracia las típicas películas americanas como "Aterriza como puedas", "Yo, yo mismo e Irene" o la serie "American Pie". Me reí mucho con comics como Mafalda y libros como "Sin noticias de Gurp", "El laberinto de las aceitunas" o "La conjura de los necios".

Pero la realidad siempre supera a la ficción; cada día ocurren mil situaciones divertidas, auténticos gags cotidianos a que te gustaría que presenciasen los demás porque cuando los cuentas suenan increíbles y no hacen la misma gracia que en momento. Para empezar a practicar eso de reírse de uno mismo, os contaré una cosa muy surrealista que me pasó en una peluquería de Las Palmas, ni más ni menos.

Hace un par de años, andaba yo en plena crisis sentimental tras dejarlo con mi pareja. Una de esas épocas en las que las mujeres nos sentimos espcialmente feas y en las que siempre decidimos ir a la peluquería para hacerte un cambio radical. Fui. A LLongueras para más señas. Creo que en alguna ocasión os he dicho que odio las peluquerías, me producen estrés, nerviosismo y hasta miedo. El caso es que confié mi maltercha imagen a una peluquera que se habíaa granjeado mi confianza. "Corta y cambia de color", le dije en un alarde de seguridad en mí misma. El resultado fue un avance del famosísimo e imitadísimo "bob" que pondría de moda la pobre Victoria Beckam (no decir otra cosa más piadosa de ella). "Le voy a realizar el champú", me dijo el "moderno" de turno que me lavó la cabeza; y en qué momento dejaría que me tocasen ni un pelo. Salí de la peluquería con un color de pelo y un corte rarísimo que nunca fui capaz de peinarme; me miraba en el espejo y veía como una imagen rejuvenecida de mi madre, cuando mi intención era resultar atractiva, seductora e irresistible al máximo. Aquel nefasto cambio de imagen me supuso una bajada inmediata de la autoestima y un crecimiento casi insoportable de mis cuitas. Así que decidí un cambio de aires y me fui a Canarias a ver a una amiga.

Incapaz como era ya al segundo día de estar allí de peinarme, decidí acercarme a una peluquería del barrio de mi amiga. Allí sufrí lo más parecido a una lobotomización que pueda imaginarse. Me explico. Según entré ya me dio la impresión de ser una peluquería demasiado de barrio: mobiliario de mimbre de los 70, papel psicodélico en las paredes, unas peluqueras con muy pocos visos de modernidad y ELLA, la "madama" del local. No me malinterpretéis, nada que ver con un negocio sexual, pero ELLA era indiscutiblemente el alma del local, el leit motiv para ir a una peluquería de tal pelaje: pelucón morado a lo drag queen, varios kilos de escandaloso maquillaje, labios como morcillas, uñas rojas y larguísimas, pechos a lo Amarcor. Nada más entrar me agarró por los hombros mientras me decía palabrasa melosas tipo "ven para acá mi niña o ven mi amol", nada tranquilizadoras. El lavado de pelo que me hizo esa mujer fue una de las experiencias más aterradoras de mi vida. "Yo las cabezas las lavo como antes, frotando bien el cuero cabelludo para que bien limpito mi niña", me decía mientras me desgarraba el cerebro con esas uñas de gavilán y me meneaba la cabeza rítmicamente entre sus manos como una coctelera. Dejé de ver, dejé de oír, perdí el habla y creo que hasta la noción tiempoespacial durante un rato. Para terminar, agua congelada "para darle brillo al cabello m'hijita". Cuando me pasó con la peluquera para que me peinase, tenía unas ganas de llorar y de salir corriendo que me aguanté porque ya tenía una edad. La fase siguiente no fue mucho mejo; tirones de pelo para dejármelo bien liso (en el suelo, pensaba yo, porque en mi cabeza no iba a quedar ni un sólo pelo). Cuando terminó creo que alguna lagrimilla se me escapó, parecía un híbrido entre un beatle y una señora de mediana edad: pelo totalmente lacio y el flequillo, que debía ser recto, puesto a un lado con un quintal de laca.

Cuando llegué a casa de amiga y vi la cara de espanto contenido que puso, corrí al cuarto de baño a mojarme el pelo, algo que las chicas solemos hacer mucho después de ir a la pelu. El disgusto me duraba aún de vuelta a Madrid, pero poco al poco, el tiempo y la memoria, que siempre ejercen un plácido efecto benéfico, fueron transformando aquella traumática experiencia en una anécdota que he contado montones de veces.

Cumplir años fastidia, pero por suerte te ayuda a desdramatizar y a buscarle el lado positivo y cómico a todo lo que te ocurre. Por eso agradezco tanto que tres amigos míos, Quique, Hernán y Tato, hayan creado, por iniciativa propia y sin ninún tipo de subvención, una web de gags (duendestv.com) en la que desarrollan un peculiar humor absurdo, negro y surrealista. Os pongo el enlace para que os paséis un rato divertido y me déis vuestra opinión sobre su personalísimo humor.

 

# domingo, 03 de febrero de 2008 16:51

Odio comerme esto

Cuando eres pequeño tu madre te obligaba a comer un montón de cosas que "odiabas a muerte": filetes de hígado, guisantes, espinacas, pescado, queso fresco, coliflor, potajes... En mi caso, mi madre no solía consegurilo ni aunque me lo pusiese al día siguiente para desayunar, era una niña totalmente inapetente. En los comedores del colegio también se suelen pasar muchas penurias; los niños desarrollan tácticas de supervivencia avanzada para hacer desaparecer la comida: envolverla en servilletas y guardarla en los bolsillo, partirla en ciento de trozos milimétricos, dejársela en los carrillos como un hamster y luego escupirla...

Que un niño no coma resulta un martirio para sus padres. Nunca se me olvidará el día en que, como yo no quería desayunar por tercer día consecutivo, mi madre me echo el café con leche por la cabeza y me mandó así al colegio. Cuando llegué le dije a la profesora y a mis compañeros que me había caído en un charco... Lo curioso es que, una vez que eres adulto, te independizas de tus padres, dejas el colegio y nadie vigila lo que metes en tu nevera, ¡sigues comiendo cosas que no te gustan! Años soñando con mandar a tomar por saco los filetes de higado, las vísceras y otras porquerías, y ahora llenamos nuestra nevera de tofu, leche de soja, algas, pavo desgrasado, apio, alfalfa, levadura de cerveza, yogures bioactivos y otras muchas cosas que, en realidad, no nos gustan pero nuestro sentido común nos dice que tenemos que comer si queremos conservar la salud, la línea, el pelo y hasta la paz interior.

¿A qué edad se supone que vamos a poder hacer lo que nos venga en gana? Ahora que de mayor me gusta todo y tengo el apetito con el que siempre soñó mi madre, resulta que tampoco me como todo lo que me gusta porque mi conciencia me lo impide. Tampoco me privo, lo confieso, pero sí hay cosas que como porque sé que son buenas para mi cuerpo, para cuidar mi salud o para mantenerme en mi peso, pero que me como con mucha fatiguita. Por ejemplo, mis salchichas vegetarianas a base de tofu y verduras. No están del todo mal, pero cuando veo a mi novio comiéndose un bocadillo de chorizo frito mientras yo ceno mis finústicas salchicas con una ensalada de endivias y pepino, me dan ganitas de llorar. Lo mismo me pasa con las algas; me han dicho que son excelentes para el pelo y ahora me las hago en ensalada, una ensalada que me como con convencimiento pero con una cara de pena que si me viera mi madre me llevaba a un Burguer King.

¿Qué otras cosas como porque sé que son buenas para la salud pero no me gustan? La leche de soja. La de vaca me sienta mal, y ésta la tomo porque sé que es muy saludable, pero el sabor me da asquillo. Excepto un par de marcas que tolero mejor, las demás las escupiría como cuando eres pequeño y te atragantas con ese colacao que no se disuelve nunca. Tampoco me encantan los cereales biológicos sin azúcares o conservantes añadidos, pero me los tomo para desayunar porque sé que engordan menos y son más sanos. Pero, ¡ay! como me acuerdo de los Chococrispis de toda la vida.

Tengo amigas, muy naturistas ellas, que son de las que comen ajos crudos y se hacen batidos de apio y otras verduras poco apetecibles porque dicen que son buenísimos para prevenir enfermedades. Hace unos días una amiga me contó que a su novio, el homeópata le había prohibido comer casi de todo y le había prescrito una dieta a base de cereales integrales, verduras crudas y otras cosas poquísimo apetecibles para limpiar su hígado y que le hicieran más efecto las medicinas. Aunque sea buenísimo para la salud, yo a tanto no llego, me parece que renunciar al placer de comer es como morir en vida.

Sin llegar a estos extremos, o sí, ¿qué cosas coméis, aunque no os gusten nada, por vuestra salud o vuestra línea?

 

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