Algunas mascotas se han hecho casi tan famosas como sus dueños, como el cerdo de George Clooney o los perros de Mariah Carey, a los que baña con agua mineral. Los tres chihuahuas de Britney Spears tienen su propia habitación en su casa y los dos perritos pug de Jessica Alba tienen collares joya. Gloria Stefan siente tanto amor por su bulldog ingles, que lo ha hecho protagonista de dos libros infantiles.
Algunos famosos pierden un poco la perspectiva y tratan a sus animales casi mejor que a las personas que les rodean. Pero eso, creo no sólo le pasa a las celebrities, sino a muchas personas que tienen animales. Conozco gente que le da de comer a sus perros jamón ibérico, lubina, entrecotes, langostinos... cosas deliciosas que algunas personas no pueden ni permitirse comprar. O que los trata como si fueran personas, dándoles libertad para hacer lo que quieran en su casa, sentándolos incluso a la mesa cuando ellos comen. O les compran todo tipo de juguetes, accesorios y hasta modelitos.
También es cierto que hay quien tiene animales por puro capricho y, una vez que se da cuenta de las obligaciones y límites que suponen, se olvida de ellos y, desgraciadamente, los trata como a personas, pero no por los privilegios, sino por obligarles a llevar una vida tan sedentaria o insana como la suya. A una amiga mía y a sus hermanos sus padres les regalaron un precioso cachorro de galgo del que se habían encaprichado. Todos querían jugar con él pero a todos les daba pereza sacarlo a la calle. Como los padres, que muchas veces acaban cargando con las mascotas de sus hijos, trabajaban todo el día, el perro acabó por no salir y hacer sus cosas en unos periódicos en el cuarto de baño. Pronto empezó a engordar (bebía cocacola, comía pasteles y otras cosas poco recomendables) y las uñas, de no gastarlas en la calle, le habían crecido de forma alarmante (se le oía chirriar cada vez que andaba por la casa). El perro llegó a hacerse tan sedentario que hasta se tumbaba en el sofá con la abuela a ver la tele. Como imaginaréis, el pobre no tuvo un final feliz: murió por una enfermedad cardiovascular, algo impropio en un animal.
Pese a que la historia del pobre galgo os pueda parecer horrible, ni mi amiga ni su familia eran unos desalmados; adoraban a su perro. Lo que ocurre es que a veces no somos conscientes de que nuestras mascotas son animales, y eso significa que no deben ser tratados como personas. Tan negativo es no sacar a un perro a pasear a la calle como dejarle que duerma en una cama o coma merluza a la vizcaína. No es necesario tratar con tantos privilegios a un animal, ni lo aprecia ni es bueno para él.
Por supuesto, hay muchísima gente que tiene mascotas a las que adora, a las que mima en el mejor sentido de la palabra, con las que comparte su tiempo y a las que trata de una forma perfecta y adecuada. Me encanta el programa de "El encantador de perros". ¿Lo habéis visto? Es increíble el don que tiene con los animales, cómo consigue hacerles cambiar los malos hábitos que sus dueños no consiguen corregir. Estas son personas que de verdad quieren a sus animales.
Cuando era pequeña me encantaban los animales, pero no podía tener perros porque me daban alergia. Así que tenía que conformarme con tener pollitos, cobayas o tortugas, a las que incluso sacaba a pasear con una cuerda. Me siguen gustando, pero no los tengo porque vivo en un apartamento y no tengo ni tiempo ni espacio para cuidarlos. Pero reconozco que me da envidia sana cuando veo a mis amigos disfrutar con sus mascotas.
¿Consentís mucho a vuestras mascotas? ¿Cómo son vuestros animales de compañía y qué relación mantenéis con ellos?