En el comienzo de una relación el sexo lo invade todo, siempre existe deseo por ambas partes; cualquier momento, lugar o situación son perfectos para hacer el amor. La sincronía sexual suele ser tal, que si a uno le dijeran que un año después aquello se iba a convertir en poco, mal o nunca, no daría crédito. Y ocurre.
Los grandes perjudicados en materia sexual son, salvo felices excepciones, los hombres. Recuerdo que mi mejor amigo me contaba agobiado, enfadado y desilusionado que aquella expresión de que -y la adapto- "haces el amor menos que un casado", era cierta. "No lo entiendo, me decía, cuando éramos novios era una bomba sexual, y desde que nos hemnos ido a vivir juntos, nunca le apetece. Lo mismo da casados, que emparejados, la sincronía sexual se le puede desbaratar a cualquiera.
Creo que detrás de este fenómeno que tantos hombres -y también mujeres, por supuesto- padecen, hay causas fisiológicas, psicológicas y culturales. Que los hombres tienen mayores necesidades sexuales es una evidencia; no conozco a ninuna mujer que se despierte con ningún órgano sexual tieso como una vara, por lo que ya desde primera hora de la mañana nuestras necesidades son menores. Con el sexo, los hombres suelen satisfacer un deseo físico; las mujeres, muchas veces hacen realidad a través del sexo deseos psicológicos o emocionales. Una mujer suele necesitar de una situación excitante, erótica o especial para que se despierte su libido. Un hombre casi siempre está preparado para tener relaciones sexuales.
La psicología de la mujer y sus raíces culturales pueden llevarla a asociar el sexo como una forma de atraer, enamorar y hasta enganchar a su pareja, además de un modo de disfrute para ellas; una vez seguras de la entrega y compromiso de su pareja, el sexo puede pasar a un segundo plano, emergiendo otros sentimientos más fuertes, como el cariño y los deseos maternales. He observado la curiosa coincidencia de que las mujeres que sólo practican sexo cuando están enamoradas son las que suelen tener la libido más baja en la vida en pareja.
Cada mujer, cada hombre, cada pareja, son diferentes, y todas las afirmaciones que he hecho antes pueden ser absolutamente ciertas o absolutamente falsas en cada caso concreto. Pero mi propia experiencia, la de mis amigas y las mujeres y hombres que conozco, confirman esta falta de sintonía a la que llegan muchas parejas tras un largo período de convivencia. Incluso, en casos extremos, puede darse el caso contrario: que ambos lleguen a la sincronía sexual total porque tengan ambos pocas o ningunas ganas de practicarlo.
Cuando uno se enamora el sexo es la forma más intensa de conocer y estar cerca de la persona objeto de nuestros anhelos. Uno piensa que entrando físicamente dentro del otro, o dejando que alguien entre en nuestro cuerpo, conseguimos llegar hasta la otra persona, conectar con ella, poseerla incluso. El tiempo suele desmontar esta apasionada idea: se puede poseer un cuerpo pero estar a miles de kilómetros de distancia de su mente, de su espíritu. Aunque dos personas mantengan relaciones sexuales, pueden estar totalmente fuera de sintonía respecto a sus sentimientos.
Volviendo a ese maravilloso momento que es el comienzo de una relación, no creo que nadie pueda hacer una apuesta firme sobre cómo será su vida sexual en el futuro con esa persona que tanto nos satisface, que tanta iniciativa tiene, que tanto se esfuerza por proporcionarnos placer. La clave, para mí, es la convivencia; la distancia, la falta de un lugar, avivan el deseo, que se mantiene al no ser nunca satisfecho del todo. Cuando una pareja se decide a convivir, al principio el sexo es magnífico, todo son posibilidades y momentos, experimentación y recuperación del tiempo perdido.Pasado un tiempo, satisfecho el deseo y la curiosidad, la cosa empieza a decaer, normalmente por parte de ellas. El cansancio, el estrés, la pereza y la costumbre van ahogando el deseo; ya no hay tantas situaciones excitantes, inesperadas, diferentes.
Para ellos, esto suele suponer un drama, que les hace incluso dudar de los sentimientos de su pareja y hasta de su propio atractivo físico. Como me decía mi amigo, se sienten hasta pesados y absurdos pidiéndoles sexo a su pareja, mendigando, aunque sea, algo rápido. Pero todo tiene un límire, y cuando de dos o tres días en semana se pasa a sólo el fin de semana, las ganas y la libido se le quitan a cualquiera.
Esta falta de sincronía sexual, cuando sigue existiendo deseo (aunque más de uno se convierta casi en una ameba), puede hacer que él o ella acaben buscando la sintonía con otro o con otra. Esto, irónicamente y por motivos culturales, lo tenían muy bien asumido muchas de las mujeres de antes. Llegados al punto de hastío del que hemos hablado, ellos buscaban el sexo fuera y, al final, todos contentos y en sintonía: el marido y la mujer en sintonía asexual, y el marido y la amante en magnífica sincronía sexual.
Afortunadamente, para muchas parejas estos momentos de falta de sintonía sexual son naturales y pasajeros, debidos a causas externas que, una vez solucionadas, les llevan a estar en la misma onda sexual, más eufórica o más tranquila, pero la misma. Otros, una vez que desajustan sus ritmos sexuales, ya no consiguen volver a sintonizar.
¿Estás en sincronía sexual con tu pareja?