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Artículos - marzo 2008

# viernes, 28 de marzo de 2008 14:48

Historias de embarazos

El post parto de las famosas, solventado por todo tipo de especialistas en belleza, me temo que no tiene mucho qu ver con el del resto de las mortales. Durante el embarazo la cosa se vuelve más democrática. Cada mujer que ha sido madre tiene una historia diferente que contar sobre su embarazo; cada embarazada lo vive de una forma absolutamente única. Como muchas mujeres que no son madres, he oído montones de versiones sobre cómo se siente una cuando está "en cinta". La conclusión que saco es que hay muchos mitos acerca de las bondades del embarazo, y que es mucho más duro, pesado e incómodo de lo nos habían contado.

No sé si el hecho de que la mayoría de las mujeres embarazadas o madres que conozco trabajen ha convertido en más difíciles sus embarazos, pero lo que me cuentan no tiene mucho que ver con esa idea idílica que todas las jovencitas tienen acerca de ese estado de buenaesperanza en el que estás más feliz y guapa que nunca. Felices sí, y guapas según el mes, pero también con las hormonas a flor de piel, el cuerpo pesado, el sueño excesivo o imposible, la espalda rota, las piernas hinchadas, el estómago como una lavadora y el cuerpo... mejor no hablemos del cuerpo.

Varias de mis amigas madres me han dicho, sin pelos en la lengua, que el embarazo les pareció un "coñazo", interminable e incomodísimo. La escritora Lucía Etxebarria -cuyas ideas no comparto totalmente- ha sido una de las pocas en hablar claramente del embarazo, un estado vital que si la mayoría de las mujeres pudiera, se ahorrarían. Digo la mayoría porque siempre hay una minoría que te habla de su embarazo como una de las épocas más felices de su vida.

No puedo saber lo que pasa por la cabeza y por el cuerpo de una mujer embarazda porque nunca lo he estado, pero creo que no debe ser fácil, sobre todo cuando no tienes tanto dinero como para permitirte no trabajar, pasarte el día dándote masajes, haciéndote tratamientos de estética o cuidando tu línea con un entrenador personal. Duro también porque cuando por el fin llegue el feliz momento de verle la carita a tu bebé, el cansancio, la responsabilidad y el trabajo, no habrán hecho sino empezar. Además, en el momento del parto se produce de nuevo un potente cambio hormonal que hace que muchas mujeres caigan en la temida depresión post parto, cuyo origen es en gran parte fisiológico.

Recuerdo cuando fui a ver al hospital a mi amiga Sara, una de las mujeres más guapas que conoc. Durante la mayor parte de su embarazo estuvo espléndida, más guapa si cabe por haber cogido peso, tranquila y feliz. El último mes fue un horror, la pobre se hinchó como un aerostático y no pegaba ojo. El parto fue mucho peor: toda la noche en la sala de dilatación, maltratada por una enfermera siesa y maleducada -vomitó, se desmayó y se retorció de dolor sin que nadie la atendiera o la consolara- para encima acabar en una cesárea. Cuando la vi tras dar a luz no daba crédito, estaba desencajada y deformada por el dolor. Aunque ahora está feliz con su niño -un bellezón, por cierto- lo que primero que me dijo cuando entré en la habitación fue "no tengas nunca un hijo".

Evidentemente estas palabras son fruto del agotamiento, el dolor y la confusión del momento, y todo lo compensa el pequeño o la pequeña que aparecen después. Pero el embarazo y el parto no me parecen un estado demasiado apetecibles excepto por el fruto que dan. Creo que sería mejor que a las mujeres, desde pequeñas, nos hablasen con claridad sobre lo duro que puede llegar a ser estar embarazada.

Otra de mis amigas que ha dado a luz recientemente -parece que se han puesto todas de acuerdo- me contaba durante el embarazo que estaba harta, que era incomodísimo, que se sentía como una "vacaburra". Tras dar a luz me contaba que el cuerpo se le había quedado hecho un "escombro" y que encima, con la cría todo el día mamando, no tenía tiempo ni para depilarse, que digo, casi ni para ducharse. Evidentemente, lo ideal es cuidarse lo máximo posible durante el embarazo para no coger demasiado peso, tener los músculos fuertes para el parto, para que la piel no sufra en exceso y la salud no se resienta. Pero no todas las embarazadas tienen el tiempo, la voluntad o la fisiología para consegurilo.

¿Qué pensáis sobre el embarazo?

 

# martes, 25 de marzo de 2008 16:01

¿De verdad sigues la dieta mediterránea?

Vivir en España o en otro país mediterráneo no te asegura ser practicante de la dieta mediterránea, propuesta por la UE como Patrimonio de la Humanidad. De hecho nuestro país, junto con Grecia e Italia, cunas de la dieta más saludable del mundo, presentan actualmente los mayores índices de obesidad de la Unión Europea.

Aunque más caros y más contaminados, los mediterráneos tenemos la suerte de seguir teniendo a nuestra disposición una gran variedad de alimentos sanos y ricos. Pero, según dicen los expertos, ya no comemos como nuestros abuelos. Yo lo tengo claro: desde que me fui de casa de mis padres ya no como tan variado. Nuestros padres y seguramente nosotros mismos de pequeños comíamos verduras y fruta todos los días, legumbres varias veces en semana, pescado azul (sardinas, pescadilla, boquerones) por los menos tres noches. Entre las carnes, se comía mucho pollo, conejo y cerdo, normalmente ibérico. Para cocinar se empleaba aceite de oliva (el alma de la dieta mediterránea) y los dulces se hacían en casa (mmmh, qué rico el bizcocho, las natillas o la leche merengada caseras).

Me cuido, intento comer bien, pero rara vez consigo comer más de una vez por semana pescado azul o legumbres, si es que llego a una. Las verduras y frutas están en todas mis comidas porque me encantan y son fáciles de prepapar, aunque sea crudas.

Por influencia de los americanos en los 80 la dieta mediterránea empezó a cambiar a peor. Bollería industrial, bebidas azucaradas, carne roja, lácteos, maíz, soja y aceites poco saludables, alimentos que desvirtúan nuestra mnagnífica dieta y llegan a convertirla en penosa cuando entran en juego la fast food, la comida basura y los platos precocinados. Hoy en día, en los países mediterráneos son pocos los fieles a la dieta tradicional; la mayoría hacemos una extraña fusión entre alimentación mediterránea y "americanoide". También son muchas las incursiones asiáticas, por suerte, ya que se trata de la segunda dieta más aludable del mundo después de la mediterránea. La pena es que muchas veces comemos sucedáneos de la original cocina asiática, preparados, a veces con grasas poco saludables y aderezados con los indeseables potenciadores de sabor títpicos de la comida china.

Saltarse comidas, una práctica habitual hoy en día, tampoco es propio de la dieta mediterránea, que prescribe cinco ingestas diarias: un desayuno abundante que incluya proteínas (huevo, queso, pavo), algún cítrico fresco, pan con aceite y café o té con leche; una comida que incluya verduras, proteínas saludables (ternera, pollo, pescado, huevo), una pequeña ración de hidratos de carbono (pan, pasta, patatas, arroz) o legumbres, fruta o un lácteo; una cena que vuelva a incluir verduras, proteínas (preferiblemente pescado), fruta fresca; y dos tentempiés, a media mañana y a media tarde, a base de fruta fresca, un lácteo o frutos secos si hace falta energía extra.

Es más fácil de lo que parece no alimentarse bien. Tenemos poco tiempo para cocinar y hasta para pensar en lo que es o no saludables. La calle está llena de establecimientos donde venden comida poco sana pero muy, muy apetecible. Las tiendas nos tientan con montones de productos "sanos, ligeros y fáciles de preparar", como los tetrabricks: de leche, de sopa, de verduras, de gazpacho... hay tetrabricks de todo lo imaginable. Y encima los alimentos biológicos son caros, tienen peor aspecto y son más difíciles de encontrar.

¿Creéis que seguís la dieta mediterránea?

# domingo, 23 de marzo de 2008 17:57

Estrés post vacaciones

Me da la impresión de que la Semana Santa no ha sido como muchos esperaban. No sólo ha hecho mal tiempo, ha hecho más que eso: un auténtico temporal se adueñaba de la península y traía vientos, lluvias y hasta nieve a los pobres turistas. Más de uno se hubiera vuelto a casa de no haber tenido pagado un hotel, un viaje o unas vacaciones completas.

En el último momento, mis amigas y yo decidimos no irnos a la playa ante la sospecha de mal tiempo. Aunque en Madrid hemos pasado un frío espantoso -como no recordaba en estas fechas- reconfortaba la idea de no tener que estar pasando el mismo frío en la costa, mirando al mar y maldiciendo nuestra suerte. Al menos en Semana Santa y en agosto puede uno disfrutar como nunca de la tranquilidad en una gran ciudad.

Entre los amigos que se aventuraron a cogerse el coche en busca del buen tiempo, hay historias de todo tipo. Desde una amiga que se fue a Valencia con el novio y entre el mal tiempo, el aburrimiento y la imposibilidad de entenderse con los camareros -todos extranjeros-, se ha pasado las vacaciones discutiendo. Hasta el caso de mi pobre hermano, que se fue a la playa con las niñas y casi se quedan atrapados por una nevada antológica mientras una de las niñas vomitaba y la otra se congelaba. Otra de mis amigas ni siquiera se pudo ir de viaje -llevaba meses preparando esta sorpresa para su novio- porque el día anterior a la partida cayó enferma con una fiebre muy alta; y casi se ha alegrado de no ir, porque en Bruselas, su destino, todavía no ha parado de nevar.

También los hay, afortunados ellos, que han podido irse fuera de España de vacaciones, han disfrutado de buen tiempo y han vuelto descansados, renovados y hasta medio enamorados, como otra amiga mía que ha hecho uno de esos viajes con los que todo el mundo sueña: el Caribe, buena compañía, mejores planes.

Por desgracia, me temo que son muchos los que han vuelto de estas vacaciones más estresados, cansados y aburridos de lo que se fueron. Y no hay cosa que más rabia dé que gastar tiempo y dinero para nada, porque para eso se queda uno en su casa matando el tiempo gratis.

Como otros años, he vuelto a oír que en Galicia hacía un tiempo estupendo, así que habrá que ir desterrando el mito de que en el norte siempre hace malo. Pero en general me temo que, pensando también en los tremendos atascos de vuelta, complicados por el mal tiempo, son muchos los que han vuelto bastante quemados de sus vacaciones de Semana Santa. Ni las procesiones han podido salir este año "como Dios manda".

¿Habéis vuelto más estresados aún de vuestras vacaciones?

 

 

# domingo, 16 de marzo de 2008 20:15

Energías personales

La energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Y se transmite. Las personas son pura energía en movimiento, cuerpos que se cargan y se descargan, que emiten y transmiten, que pierden o recuperan esa energía. A veces no somos conscientes de cuánto afectan nuestras circunstancias a nuestros niveles de energía; y de cuánto nos afectan las energías ajenas. Hay personas con una "energy" -como diría Rafa by Fama- especial, que nos gusta tener cerca porque nos levantan el ánimo, nos contagian su fuerza y nos hacen sentir vivos; mientras otras nos chupan la propia energía, nos contagian su apatía, su tristeza o su ansiedad.

Inconscientemente, todos nos sentimos atraídos por la gente energética, nos resulta atractiva y magnética independientemente de su belleza física. Y sin saber por qué, nos alejamos o rechazamos a ciertas personas cuya simple presencia nos hace sentir incómodos, nos violenta, nos pone nerviosos o nos aburre mortalmente, gente cuya energía no nos agrada por un motivo u otro.

Todos somos susceptibles de sufrir cambios energéticos. Según los terapeutas de Reiki nuestra energía vital (una mezcla de la que tenemos nacer y la que nos recibimos del exterior) se va desgastando no sólo a lo largo del día sino de la vida misma. En nuestra mano está malgastar nuestra energía o aprender a recargarla y dosificarla. Dicen también quienes hacen Reiki que nuestro campo magnético, es decir, la capa de energía que nos envuelve, puede verse afectada cuando estamos enfermos, cuando nos someten a una cirugía, cuando nos emborrachamos o drogamos hasta perder el control, cuando sufrimos depresiones o castigamos en exceso nuestro cuerpo, nuestra mente o nuestro espíritu.

Como decía, todos tenemos días en los que estamos más bajos o más altos de energía (el amor es una buena batería); días en los que sentimos que a la gente le da cierta pereza estar con nosotros o todo lo contrario, que llamamos la atención y hacemos que quieran acercarse a nosotros. Pero hay gente que, de forma natural, tienen una energía fascinante, extraordinaria, que contagian a todo el mundo, que les convierte en personas queridas, populares, admiradas, deseadas. Pero también hay gente que transmite una energía molesta, negativa, triste, ansiosa, disonante en algún sentido.

Hay gente capaz de transmitir su energía a través de las pantallas del cine, a través de sus obras literarias o artísticas, a través de su forma de bailar. Como decía, esto es algo que tiene muy claro Rafa, uno de los profesores de Fama, que clasifica a los bailarines fundamentalmente por su "energy" al bailar. Y efectivamente, es algo que se ve inmediatamente en la danza o en cualquier aspecto de la vida, todos conocemos a gente capaz de desarrollar una actividad increíble, que contagian su fuerza y su luz, y otros que parecen no tener sangre.

Hay personas que transmiten una energía inquietante, ya sea porque sus propósitos o intenciones no son buenos, o porque no se encuentran bien. Quienes padecen algún trastorno psicológico también emiten una energía un tanto distorsionada, muy a su pesar. Esto era algo que me pasaba con una conocida que sufría una fuerte depresión. Cada vez que quedaba con ella volvía a mi casa ansiosa perdida. Aunque intentaba controlarse, su manera de hablar, sus gestos, sus movimientos y, sobre todo, su mirada, me ponían nerviosísima, me producían una inquietud, una desazón que no conseguía entender bien. Con  mucha pena, tuve que dejar de quedar con ella, tal era el estado en el que sumía su presencia.

Sin padecer ningún tipo de trastorno, hay otras personas cuyas energías me ponen especialmente nerviosas. Son aquellas que están como hiper revolucionadas, que no pueden parar quietas, que hablan sin compasión, que no son capaces de estar a lo suyo, que necesitan atención constante y cada gesto o movimiento que hacen es rápido, nervioso, descontrolado incluso. Mi antigua compañera de piso y una compañera de trabajo que tuve eran así. Ámbas eran unas bellísimas personas, pero su descontrolada energía personal ponía nervioso a todo el mundo a su alrededor; a mí me crispaban los nervios, me ponían, siendo sincera, la cabeza como un bombo y el cuerpo totalmente acelerado.

Me encanta la gente que me transmite energía positiva y, sobre todo, que sabe modularla. Me encanta la gente cuya resonancia interior se traduce en magnetismo. Pero, sobre todo, me fascina la gente que, son su sola presencia, es capaz de transmitirme calma, serenidad, equilibrio. Esa es la gente que más me atrae, que más atractiva y bella me resulta.

¿Percibís, como yo, estas energías personales?

# miércoles, 12 de marzo de 2008 20:58

Sincronía sexual

En el comienzo de una relación el sexo lo invade todo, siempre existe deseo por ambas partes; cualquier momento, lugar o situación son perfectos para hacer el amor. La sincronía sexual suele ser tal, que si a uno le dijeran que un año después aquello se iba a convertir en poco, mal o nunca, no daría crédito. Y ocurre.

Los grandes perjudicados en materia sexual son, salvo felices excepciones, los hombres. Recuerdo que mi mejor amigo me contaba agobiado, enfadado y desilusionado que aquella expresión de que -y la adapto- "haces el amor menos que un casado", era cierta. "No lo entiendo, me decía, cuando éramos novios era una bomba sexual, y desde que nos hemnos ido a vivir juntos, nunca le apetece. Lo mismo da casados, que emparejados, la sincronía sexual se le puede desbaratar a cualquiera.

Creo que detrás de este fenómeno que tantos hombres -y también mujeres, por supuesto- padecen, hay causas fisiológicas, psicológicas y culturales. Que los hombres tienen mayores necesidades sexuales es una evidencia; no conozco a ninuna mujer que se despierte con ningún órgano sexual tieso como una vara, por lo que ya desde primera hora de la mañana nuestras necesidades son menores. Con el sexo, los hombres suelen satisfacer un deseo físico; las mujeres, muchas veces hacen realidad a través del sexo deseos psicológicos o emocionales. Una mujer suele necesitar de una situación excitante, erótica o especial para que se despierte su libido. Un hombre casi siempre está preparado para tener relaciones sexuales.

La psicología de la mujer y sus raíces culturales pueden llevarla a asociar el sexo como una forma de atraer, enamorar y hasta enganchar a su pareja, además de un modo de disfrute para ellas; una vez seguras de la entrega y compromiso de su pareja, el sexo puede pasar a un segundo plano, emergiendo otros sentimientos más fuertes, como el cariño y los deseos maternales. He observado la curiosa coincidencia de que las mujeres que sólo practican sexo cuando están enamoradas son las que suelen tener la libido más baja en la vida en pareja.

Cada mujer, cada hombre, cada pareja, son diferentes, y todas las afirmaciones que he hecho antes pueden ser absolutamente ciertas o absolutamente falsas en cada caso concreto. Pero mi propia experiencia, la de mis amigas y las mujeres y hombres que conozco, confirman esta falta de sintonía a la que llegan muchas parejas tras un largo período de convivencia. Incluso, en casos extremos, puede darse el caso contrario: que ambos lleguen a la sincronía sexual total porque tengan ambos pocas o ningunas ganas de practicarlo.

Cuando uno se enamora el sexo es la forma más intensa de conocer y estar cerca de la persona objeto de nuestros anhelos. Uno piensa que entrando físicamente dentro del otro, o dejando que alguien entre en nuestro cuerpo, conseguimos llegar hasta la otra persona, conectar con ella, poseerla incluso. El tiempo suele desmontar esta apasionada idea: se puede poseer un cuerpo pero estar a miles de kilómetros de distancia de su mente, de su espíritu. Aunque dos personas mantengan relaciones sexuales, pueden estar totalmente fuera de sintonía respecto a sus sentimientos.

Volviendo a ese maravilloso momento que es el comienzo de una relación, no creo que nadie pueda hacer una apuesta firme sobre cómo será su vida sexual en el futuro con esa persona que tanto nos satisface, que tanta iniciativa tiene, que tanto se esfuerza por proporcionarnos placer. La clave, para mí, es la convivencia; la distancia, la falta de un lugar, avivan el deseo, que se mantiene al no ser nunca satisfecho del todo. Cuando una pareja se decide a convivir, al principio el sexo es magnífico, todo son posibilidades y momentos, experimentación y recuperación del tiempo perdido.Pasado un tiempo, satisfecho el deseo y la curiosidad, la cosa empieza a decaer, normalmente por parte de ellas. El cansancio, el estrés, la pereza y la costumbre van ahogando el deseo; ya no hay tantas situaciones excitantes, inesperadas, diferentes.

Para ellos, esto suele suponer un drama, que les hace incluso dudar de los sentimientos de su pareja y hasta de su propio atractivo físico. Como me decía mi amigo, se sienten hasta pesados y absurdos pidiéndoles sexo a su pareja, mendigando, aunque sea, algo rápido. Pero todo tiene un límire, y cuando de dos o tres días en semana se pasa a sólo el fin de semana, las ganas y la libido se le quitan a cualquiera.

Esta falta de sincronía sexual, cuando sigue existiendo deseo (aunque más de uno se convierta casi en una ameba), puede hacer que él o ella acaben buscando la sintonía con otro o con otra. Esto, irónicamente y por motivos culturales, lo tenían muy bien asumido muchas de las mujeres de antes. Llegados al punto de hastío del que hemos hablado, ellos buscaban el sexo fuera y, al final, todos contentos y en sintonía: el marido y la mujer en sintonía asexual, y el marido y la amante en magnífica sincronía sexual.

Afortunadamente, para muchas parejas estos momentos de falta de sintonía sexual son naturales y pasajeros, debidos a causas externas que, una vez solucionadas, les llevan a estar en la misma onda sexual, más eufórica o más tranquila, pero la misma. Otros, una vez que desajustan sus ritmos sexuales, ya no consiguen volver a sintonizar.

¿Estás en sincronía sexual con tu pareja?

 

 

# lunes, 10 de marzo de 2008 21:49

Fenómeno Fama

Me encanta. Es el único"reality" que ha conseguido engancharme. A diferencia de otros programas similares donde los concursantes son insufribles, en Fama muchos de los chicos tienen un don, como Quique, como Vicky, como Susana, como Álex o Juan Carlos. Y los espectadores pueden disfrutar de ese don cada día, ver pequeñas actuaciones a veces sólo entretenidas, a veces divertidas o emocionantes, algunas veces también malas, y otras sensacionales. La danza, el baile en muchos de sus estilos, con sólo encender la televisión.

Vivir del baile en éste o en cualquier país es francamente difícil. Muy pocos llegan, muy pocos tiene siquiera la oportunidad de formarse para llegar. Y los que lo consiguen, lo logran a base de tremendos sacrificios físicios y personale. A diferencia de otras carreras artísticas, como la de los cantantes o actores, la vida profesional del bailarín es muy corta y muy dura. Sólo los más grandes consiguen cumplir años en escena; los mejores, acaban convirtiéndose en coreórafos o directores de compañías de danza; los buenos pueden vivir del baile como profesores o reciclándose en el mundo de la danza para acabar entre bambalinas. La mayoría, consigue bailar, tal vez despuntar, pero no vivir de su vocación, de su pasión.

Fama me ha enganchado porque ha dado a conocer -y les ha otorgado credibilidad- estilos de baile conocidos y engloobados dentro del street dance: break, hip hop, popping, tecktonic... Hasta ahora, estos estilos se veían en los vídeos musicales o en la calle; también se enseñaban en algunas escuelas de baile. Pero mucha gente los desconocía, pensaba que era cosa de chavales "modernos", los consideraba poco serios o poco meritorios. Muchos excelentes bailarines ni siquiera habían probado o incluso despreciaban estas nuevas formas de bailar. Eso me gusta de Fama: exige a los chicos que dominen todos los estilos de baile, lírico, funky y street dance.

Además de las coregorafías de los chicos en pareja, individuales o grupales, del programa también enganchan las relaciones que han ido surgiendo entre los concursantes. Primero entre las propias parejas de baile (alguna ha trascendido al terreno sentimental), entre todo el grupo de alumnos y entre los chicos y los profesores. Tal es la "vidilla" que hay en la casa (imagináos, la mayoría lleva dentro de la escuela desde enero sin salir, codo a codo con sus compañeros). Hay quien, como una amiga mía, sigue el programa todo el día desde el canal digital. Mi amiga desayuna con ellos, sigue sus clases de la mañana, come con los chicos, ve las nominaciones, luchas por la inmunidad, retos, etc. y luego sigue los ensayos en la casa, sus charlas y avatares.

Yo sólo lo veo al medio día, pero reconozco que no me lo pierdo casi nunca, y es la primera vez que me pasa algo así con un programa de este tipo. Fama me gusta también por la imagen saludable que dan los chicos. Algunos, como Kiko, tiene cuerpos espectaculares; otras, como Susana han conseguido adelgazar más de diez kilos bailando y comiendo sano. Aunque la mayoría son jóvenes y lo normal es que estén estupendos, me encanta que se transmita la idea de que bailando, haciendo ejercicio, se puede tener un aspecto estupendo; sin tener que recurrir a dietas drásticas, ni a operaciones de estética, ni a carísimos tratamientos.

Aunque lo puntuaría con un notable, no todo me gusta de Fama. Aunque el casting de profesores me parece tan bueno como el de concursantes, no siempre me convence su forma de actuar (excepto Sergio, el más normal y natural de todos, en mi opinión) y las cosas que les dicen a los chicos. Aunque, por supuesto, son normas del programa y hay que captar audiencia, algunos de los comentarios que se les hacen a los concursantes me parecen excesivos, inapropiados, crueles y hasta tontos. Tanto para los chicos como para los profesores yo incluiría en el programa una asignatura de cultura general y Lengua Española, porque las más de las veces se le dan unas patadas al diccionario tremendas. ¡Ah! El estilismo de algunos profesores a veces me parece horroroso; hay alguna que no se sabe si va vestida de aeróbica, de "modérnica", o de una fusión de ambas cosas.

P.D. Otro de los motivos por los que Fama me conquistó fue que su apabullante éxito de aduencias contribuyó a que por fin desapareciera el lamentable programa del corazón que todos conocéis. 

¿Qué os parece Fama? ¿Quiénes son vuestros preferidos?

# viernes, 07 de marzo de 2008 18:46

Modelos de mujer

Y mujeres modelo que trabajan cada día dentro y fuera de casa intentando no renunciar a su vida personal pero tampoco a las oportunidades que tanto le ha costado conquistar al sexo femenino. No se puede tener todo, pero hay millones de mujeres, al igual que millones de hombres, que luchan cada día para intentar renunciar a lo menos posible en todos los ámbitos se vida; o al menos, que esa renuncia sea fruto de una libre elección.

"Modelos de mujer" es el título del primer y único libro de relatos de Almudena Grandes, publicado en 1996. Se trata de una sucesión de historias en las que se entrelazan los deseos, obsesiones, anhelos, esperanzas, sueños e ilusiones de siete mujeres. Siete relatos, siete historias protagonizadas por mujeres de diferentes edades y circunstancias. Siete modelos de mujer. Lo leí hace años; no recuerdo las historias, pero nunca olvidé el título.

"Arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo". Ésta es la definición que la Real Academia Española hace de la palabra modelo. Y éste es el concepto que quiero resaltar en este post. Mujeres inspiradoras, mujeres extraordinarias, mujeres valientes, mujeres osadas, mujeres honestas y luchadoras. Modelos de mujer dignos de imitar.

El 8 de marzo es el Día de la Mujer Trabajadora. De todas aquellas mujeres que, en todo el mundo, se ganan el pan y el de su familia trabajando duro; de todas las mujeres que dedican su esfuerzo y su cariño a cuidar de sus seres queridos; de todas esas mujeres que luchan cada día para superarse, para cumplir con sus obligaciones, para demostrar su valía.

Simone de Beauvoir, novelista, existencialista y feminista; La Pasionaria; la madre Teresa de Calcuta; Benazir Butho; la escritoa Ana María Matute; la actriz Katherine Hepburn; la baronesa y aventurera Karen Blixen y muchas otras son, para mí, mujeres modelo. Mi madre, mis amigas, arquetipos muy diferentes todas ellas, son también para mí modelos de los que aprender.

¿Quiénes son tus modelos de mujer? 

 

# miércoles, 05 de marzo de 2008 15:16

Bye bye sacrificios

Matarte de hambre para estar lo más delgada posible, ir cada día al gimnasio hasta caer rendido, pasar horas frente al espejo para disimular defectos, gastarnos una burrada en ropa para gustarle a los demás... ¿Quién no ha hecho alguna vez este tipo de sacrificios, sobre todo de joven?

A los 30 le dije adiós a las dietas, las horas y horas de gimnasio, las prohibiciones de alimentos, los tacones imposibles, los miles de preparativos antes de cualquier cita y otros sacrificios absurdos, costosísimos y, en realidad, inútiles. No era más feliz antes. Es ahora, cuando como lo que quiero, hago ejercicio de forma moderada, me visto con lo que me sienta bien y no lleno mi armario de ropa súper de moda ni mi cuarto de baño de miles de productos carísimos, cuando más a gusto me siento con mi cuerpo, cuando estoy más segura de mí y mejor me van las cosas en todos los aspectos de mi vida. Por supuesto, la experiencia me ha ayudado a prescindir de todos estos sacrificios inútiles que son, en definitiva, una falta de aceptación de uno mismo y una preocpuación excesiva por gustar a los demás.

Cuidarse es bueno y recomendable, tanto física como intelectualmente, pero cuando uno sufre sin una pizca de disfrute, no merece la pena. los sacrificios absurdos de los que os hablo no tienen nada que ver con el esfuerzo, el trabajo o la dedicación a uno mismo, a los demás o al trabajo, que producen un resultado constructivo, positivo y enriquecedor. Los sacrificios de los que os hablo son el tributo de una tiranía a la que nos sometemos nosotros mismos. La insatisfacción, la inseguridad, los complejos, la falta de autoestima y el perfeccionismo mal orientado están detrás de una persona que se castiga a sí misma hasta el punto de pasar hambre, dolor y hasta soledad.

Recuerdo como si fuera ayer una conversación que tuve con una chica extremadamente delgada que me decía la envidia que sentía al verme comer un Kit Kat. El único motivo que le impedía a ella comer dulces, chocolate e incluso alimentarse de manera normal era que a su novio le gustaban las mujeres delgadas. ¡Qué horror! ¿Cómo es posible que alguien que te quiere te obligue a pasar hambre? Y no me refiero a su novio, sino a ella misma.

Sacrificios. Son muchos los que la vida nos impone. ¿Por qué sacrificarnos nosotros aún más? Veo a gente en mi gimnasio que vive por y para su cuerpo, que pasa horas cada día entrenando sus músculos. Conozco a chicas incapaces de concederse el placer de comerse un trozo de pastel o chocolate por miedo a engordar. He conocido a hombres y mujeres incapaces de salir a la calle sin pasarse antes horas arreglándose; que incluso se quitan horas de sueño para conseguirlo. Leo revistas en las que veo a famosas y modelos extremadamente delgadas y guapas cuya belleza se consigue a base de grandísimos sacrificios. No sé si sus vidas son más felices que la mía.

Sigo arreglándome y cuidándome, sigo utilizando cremas, comprando cosas bonitas y haciendo ejercicio, pero solamente cuando hacerlo me reporta disfrute y beneficios objetivos. Leer, trabajar, escribir, viajar o estar con gente a la que quiero también me belleza y me hacen sentir mucho mejor que pasarme el día a base de ensaladas.

¿A qué sacrificios les habéis dicho por fin adiós?

 

 

# lunes, 03 de marzo de 2008 15:22

Amor a distancia

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Si antes pensaba que la distancia física y temporal era un handicap para una pareja, en vista de la cantidad de separaciones y divorcios que veo, cada vez empiezo a verla más como una ventaja. Cada vez conozco más parejas, famosas y de mi propio entorno, felices con sus relaciones de pareja, a distancia. ¿Será esta la clave para que una relación funcione?

Dicen que el roce hace el cariño, pero a veces el exceso de roce se lleva por delante el cariño, la chispa, la pasión y hasta el respeto. Ahora todos, hombres y mujeres, tenemos tantas oportunidades y tanta libertad para decidir cómo vivir nuestra vida, que las relaciones de pareja pasan muchas veces a un segundo plano e incluso se convierten en un obstáculo. Raro es el que no tiene que hacer malabarismos para conciliar vida personal y profesional. Muchos son los que se agobian por la renuncia que supone elegir entre amor o libertad, ya que, por mucho que queramos compaginar ambas cosas, es difícil que funcione.

Hay quien vive una relación a distancia por azar: conoció alguien de otra ciudad y surgió el amor. O por elección u obligación: por el motivo que sea, uno de los miembros, o ambos, se separan temporalmente por motivos laborales o incluso personales. Tengo unos amigos, él diplomático y ella cooperante de Cruz Roja, que se ven obligados a viajar mucho por sus trabajos y pueden llegar a estar varios meses sin verse sin que eso afecte negativamente a su relación. Conozo otras parejas con hijos que, también por motivos profesionales, se han visto obligados a fijar sus residencias no ya en ciudades diferentes, sino en países distintos.

También hay parejas, como la de otra de mis amigas, que desde el principio han vivido su relación en la distancia. Aunque el objetivo es vivir juntos cuando el trabajo o la vida lo permitan, están contentos con su relación y se sienten muy unidos pese a la distancia.

No tener cerca (a la distancia de una simple llamada) a tu pareja puede resultar muy duro y, si no existe confianza y voluntad, tanta libertad y falta de contacto pueden llevar al olvido, al desamor y a la ruptura. Pero las relaciones a diatancia tienen un ingrediente que uno siempre echa de menos cuando lleva mucho tiempo en pareja: la novedad. No verse aviva la pasión y convierte cada reencuentro en una primera vez. Aunque los problemas típico de pareja acaban afectando a este tipo de relaciones, llegan más tarde.

Tengo una amiga que ilustra uno de los riesos que se corren en las relaciones a distancia: no conocer realmente al otro. Esta amiga tenía un novio fantástico en Italia al que veía cada tres o cuatro meses durante dos o tres días. Todo era maravilloso y especial; él siempre resultaba educado, cariñoso, atento, divertido y apasionado. En vista de la buena marcha de la relación, decidieron vivir juntos en Madrid. Duraron cuatro meses, el tiempo que tardó ella en echarle de casa. El encantador italiano resultó ser un tipo maleducado, rácano, prepotente, egocéntrico y profundamente clasista.

Nunca he tenido una relación a distancia aparte de los típico "rollos" veraniegos que se repetían cada año cuando era adolescente. Pero confieso que siempre me han resultado interesantes dada mi necesidad de libertad. Creo que tener una relación en la distancia no debe ser el ideal de una pareja y que tampoco es una garantía de éxito; pero tampoco creo que sea un obstáculo insalvable ni un drama sino todo lo contrario: puede suponer un crecimiento individual y como pareja extraordinarios.

¿Qué pensáis sobre las relaciones a distancia? ¿Funcionan?

 

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