Si antes pensaba que la distancia física y temporal era un handicap para una pareja, en vista de la cantidad de separaciones y divorcios que veo, cada vez empiezo a verla más como una ventaja. Cada vez conozco más parejas, famosas y de mi propio entorno, felices con sus relaciones de pareja, a distancia. ¿Será esta la clave para que una relación funcione?
Dicen que el roce hace el cariño, pero a veces el exceso de roce se lleva por delante el cariño, la chispa, la pasión y hasta el respeto. Ahora todos, hombres y mujeres, tenemos tantas oportunidades y tanta libertad para decidir cómo vivir nuestra vida, que las relaciones de pareja pasan muchas veces a un segundo plano e incluso se convierten en un obstáculo. Raro es el que no tiene que hacer malabarismos para conciliar vida personal y profesional. Muchos son los que se agobian por la renuncia que supone elegir entre amor o libertad, ya que, por mucho que queramos compaginar ambas cosas, es difícil que funcione.
Hay quien vive una relación a distancia por azar: conoció alguien de otra ciudad y surgió el amor. O por elección u obligación: por el motivo que sea, uno de los miembros, o ambos, se separan temporalmente por motivos laborales o incluso personales. Tengo unos amigos, él diplomático y ella cooperante de Cruz Roja, que se ven obligados a viajar mucho por sus trabajos y pueden llegar a estar varios meses sin verse sin que eso afecte negativamente a su relación. Conozo otras parejas con hijos que, también por motivos profesionales, se han visto obligados a fijar sus residencias no ya en ciudades diferentes, sino en países distintos.
También hay parejas, como la de otra de mis amigas, que desde el principio han vivido su relación en la distancia. Aunque el objetivo es vivir juntos cuando el trabajo o la vida lo permitan, están contentos con su relación y se sienten muy unidos pese a la distancia.
No tener cerca (a la distancia de una simple llamada) a tu pareja puede resultar muy duro y, si no existe confianza y voluntad, tanta libertad y falta de contacto pueden llevar al olvido, al desamor y a la ruptura. Pero las relaciones a diatancia tienen un ingrediente que uno siempre echa de menos cuando lleva mucho tiempo en pareja: la novedad. No verse aviva la pasión y convierte cada reencuentro en una primera vez. Aunque los problemas típico de pareja acaban afectando a este tipo de relaciones, llegan más tarde.
Tengo una amiga que ilustra uno de los riesos que se corren en las relaciones a distancia: no conocer realmente al otro. Esta amiga tenía un novio fantástico en Italia al que veía cada tres o cuatro meses durante dos o tres días. Todo era maravilloso y especial; él siempre resultaba educado, cariñoso, atento, divertido y apasionado. En vista de la buena marcha de la relación, decidieron vivir juntos en Madrid. Duraron cuatro meses, el tiempo que tardó ella en echarle de casa. El encantador italiano resultó ser un tipo maleducado, rácano, prepotente, egocéntrico y profundamente clasista.
Nunca he tenido una relación a distancia aparte de los típico "rollos" veraniegos que se repetían cada año cuando era adolescente. Pero confieso que siempre me han resultado interesantes dada mi necesidad de libertad. Creo que tener una relación en la distancia no debe ser el ideal de una pareja y que tampoco es una garantía de éxito; pero tampoco creo que sea un obstáculo insalvable ni un drama sino todo lo contrario: puede suponer un crecimiento individual y como pareja extraordinarios.
¿Qué pensáis sobre las relaciones a distancia? ¿Funcionan?