La energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Y se transmite. Las personas son pura energía en movimiento, cuerpos que se cargan y se descargan, que emiten y transmiten, que pierden o recuperan esa energía. A veces no somos conscientes de cuánto afectan nuestras circunstancias a nuestros niveles de energía; y de cuánto nos afectan las energías ajenas. Hay personas con una "energy" -como diría Rafa by Fama- especial, que nos gusta tener cerca porque nos levantan el ánimo, nos contagian su fuerza y nos hacen sentir vivos; mientras otras nos chupan la propia energía, nos contagian su apatía, su tristeza o su ansiedad.
Inconscientemente, todos nos sentimos atraídos por la gente energética, nos resulta atractiva y magnética independientemente de su belleza física. Y sin saber por qué, nos alejamos o rechazamos a ciertas personas cuya simple presencia nos hace sentir incómodos, nos violenta, nos pone nerviosos o nos aburre mortalmente, gente cuya energía no nos agrada por un motivo u otro.
Todos somos susceptibles de sufrir cambios energéticos. Según los terapeutas de Reiki nuestra energía vital (una mezcla de la que tenemos nacer y la que nos recibimos del exterior) se va desgastando no sólo a lo largo del día sino de la vida misma. En nuestra mano está malgastar nuestra energía o aprender a recargarla y dosificarla. Dicen también quienes hacen Reiki que nuestro campo magnético, es decir, la capa de energía que nos envuelve, puede verse afectada cuando estamos enfermos, cuando nos someten a una cirugía, cuando nos emborrachamos o drogamos hasta perder el control, cuando sufrimos depresiones o castigamos en exceso nuestro cuerpo, nuestra mente o nuestro espíritu.
Como decía, todos tenemos días en los que estamos más bajos o más altos de energía (el amor es una buena batería); días en los que sentimos que a la gente le da cierta pereza estar con nosotros o todo lo contrario, que llamamos la atención y hacemos que quieran acercarse a nosotros. Pero hay gente que, de forma natural, tienen una energía fascinante, extraordinaria, que contagian a todo el mundo, que les convierte en personas queridas, populares, admiradas, deseadas. Pero también hay gente que transmite una energía molesta, negativa, triste, ansiosa, disonante en algún sentido.
Hay gente capaz de transmitir su energía a través de las pantallas del cine, a través de sus obras literarias o artísticas, a través de su forma de bailar. Como decía, esto es algo que tiene muy claro Rafa, uno de los profesores de Fama, que clasifica a los bailarines fundamentalmente por su "energy" al bailar. Y efectivamente, es algo que se ve inmediatamente en la danza o en cualquier aspecto de la vida, todos conocemos a gente capaz de desarrollar una actividad increíble, que contagian su fuerza y su luz, y otros que parecen no tener sangre.
Hay personas que transmiten una energía inquietante, ya sea porque sus propósitos o intenciones no son buenos, o porque no se encuentran bien. Quienes padecen algún trastorno psicológico también emiten una energía un tanto distorsionada, muy a su pesar. Esto era algo que me pasaba con una conocida que sufría una fuerte depresión. Cada vez que quedaba con ella volvía a mi casa ansiosa perdida. Aunque intentaba controlarse, su manera de hablar, sus gestos, sus movimientos y, sobre todo, su mirada, me ponían nerviosísima, me producían una inquietud, una desazón que no conseguía entender bien. Con mucha pena, tuve que dejar de quedar con ella, tal era el estado en el que sumía su presencia.
Sin padecer ningún tipo de trastorno, hay otras personas cuyas energías me ponen especialmente nerviosas. Son aquellas que están como hiper revolucionadas, que no pueden parar quietas, que hablan sin compasión, que no son capaces de estar a lo suyo, que necesitan atención constante y cada gesto o movimiento que hacen es rápido, nervioso, descontrolado incluso. Mi antigua compañera de piso y una compañera de trabajo que tuve eran así. Ámbas eran unas bellísimas personas, pero su descontrolada energía personal ponía nervioso a todo el mundo a su alrededor; a mí me crispaban los nervios, me ponían, siendo sincera, la cabeza como un bombo y el cuerpo totalmente acelerado.
Me encanta la gente que me transmite energía positiva y, sobre todo, que sabe modularla. Me encanta la gente cuya resonancia interior se traduce en magnetismo. Pero, sobre todo, me fascina la gente que, son su sola presencia, es capaz de transmitirme calma, serenidad, equilibrio. Esa es la gente que más me atrae, que más atractiva y bella me resulta.
¿Percibís, como yo, estas energías personales?