Me da la impresión de que la Semana Santa no ha sido como muchos esperaban. No sólo ha hecho mal tiempo, ha hecho más que eso: un auténtico temporal se adueñaba de la península y traía vientos, lluvias y hasta nieve a los pobres turistas. Más de uno se hubiera vuelto a casa de no haber tenido pagado un hotel, un viaje o unas vacaciones completas.
En el último momento, mis amigas y yo decidimos no irnos a la playa ante la sospecha de mal tiempo. Aunque en Madrid hemos pasado un frío espantoso -como no recordaba en estas fechas- reconfortaba la idea de no tener que estar pasando el mismo frío en la costa, mirando al mar y maldiciendo nuestra suerte. Al menos en Semana Santa y en agosto puede uno disfrutar como nunca de la tranquilidad en una gran ciudad.
Entre los amigos que se aventuraron a cogerse el coche en busca del buen tiempo, hay historias de todo tipo. Desde una amiga que se fue a Valencia con el novio y entre el mal tiempo, el aburrimiento y la imposibilidad de entenderse con los camareros -todos extranjeros-, se ha pasado las vacaciones discutiendo. Hasta el caso de mi pobre hermano, que se fue a la playa con las niñas y casi se quedan atrapados por una nevada antológica mientras una de las niñas vomitaba y la otra se congelaba. Otra de mis amigas ni siquiera se pudo ir de viaje -llevaba meses preparando esta sorpresa para su novio- porque el día anterior a la partida cayó enferma con una fiebre muy alta; y casi se ha alegrado de no ir, porque en Bruselas, su destino, todavía no ha parado de nevar.
También los hay, afortunados ellos, que han podido irse fuera de España de vacaciones, han disfrutado de buen tiempo y han vuelto descansados, renovados y hasta medio enamorados, como otra amiga mía que ha hecho uno de esos viajes con los que todo el mundo sueña: el Caribe, buena compañía, mejores planes.
Por desgracia, me temo que son muchos los que han vuelto de estas vacaciones más estresados, cansados y aburridos de lo que se fueron. Y no hay cosa que más rabia dé que gastar tiempo y dinero para nada, porque para eso se queda uno en su casa matando el tiempo gratis.
Como otros años, he vuelto a oír que en Galicia hacía un tiempo estupendo, así que habrá que ir desterrando el mito de que en el norte siempre hace malo. Pero en general me temo que, pensando también en los tremendos atascos de vuelta, complicados por el mal tiempo, son muchos los que han vuelto bastante quemados de sus vacaciones de Semana Santa. Ni las procesiones han podido salir este año "como Dios manda".
¿Habéis vuelto más estresados aún de vuestras vacaciones?