En el mundo occidental es difícil encontrar a alguien que no consuma marcas. Todos los hacemos, desde la ropa a la tecnología, pasando por cosas tan cotidianas como los productos de limpieza o la comida. Existe todo un marketing de empresa orientado precisamente a crear marcas atractivas para el cliente; las que relacionan su producto con una experiencia emocional, como Coca-cola, Nike o Sturbucks, son las qué más fidelizan al público. El problema aparece cuando consumir cosas de marcxas se convierte en algo vital, en algo que nos proporciona status, que nos da seguridad e incluso nos hace sentir alguien.
No es la primera vez que escribo sobre la adicción a las marcas, que tiene mucho que ver con las/los adict@s a las compras, una patología que actualmente afecta a muchas personas, que llegan a gastarse su sueldo, antes de cobrarlo incluso, en cosas que a veces ni siquiera llegan a utilizar. Siempree he pensado que tras esta necesidad de tener, existe un gran componente de inseguridad, de baja autoestima, de ansiedad e incluso de falta de cultura (mucha gente piensa que lo caro, que las marcas, son sinónimo de lujo, de bueno, de status y caen, sin querer, en lo ostentoso y en la vulgaridad).
He vuelto a tocar este tema, que a todos nos afecta en menor o mayor medida, porque leí una entrevista hecha a un conocido adicto a las marcas y a las compras, Neil Boorman. Este londinense se hizo famoso por quemar en una hoguera pública, en pleno centro de Londres, todas sus pertenencias de marca. Y eran muchas, ya que después de superar un problema de alcoholismo, este ejecutivo, director de una elitista revista, se enganchó al consumismo "cool": no podía llevar nada que no fuera de una marca considerada "cool", e incluso se negaba a tener en cuenta la opinión de alguien que no fuera vestido según su código "fashion".
Boorman se planteó un reto que creo muy pocos llegaríamos a alcanzar: desprenderse de TODAS sus cosas de marca. Ropa, coche, agua, cigarrillos, menaje, ropa, productos de higiene.... Lo consiguió comprando genéricos, ropa de segunda mano o sin marca comprada en Internet, ropa interior de mercadillo, recetas artesanales para hacer jabón... El resultado de su odisea es el libro "No marcas", que ha presentado recientemente en Madrid.
¿Qué había detrás de esta obsesión de Boorman por las marcas? Él mismo lo ha contado: cuando era niño, sus compañeros de colegio se burlaban de él porque sus padres se negaban a comprarle ropa de marca. Como dice este ex ejecutivo, las marcas no pueden desaparecer y la publicidad se seguirá aporvechando de nuestras debilidades para hacernos consumir. Pero sí que podemos intentar mantener una relación "sana" o al menos normal con las marcas, es decir, una relación que no nos arruine, que nos haga consumir para calmar nuestra ansiedad, que no nos haga sentir poca cosa cuando no podemos llevar o consumir cosas caras.
¿Cuál es vuestra relación con las marcas?