Ya existe un término para definir a aquellas personas que se pasan la vida a dieta: permarexia. No se trata de una patología propiamente dicha, pero sí, y eso quiero resaltarlo, de un desorden alimenticio. Porque controlar siempre lo que uno come o hacer un régimen detrás de otro, supone un comportamiento obsesivo. Detrás se esconden el estrés y la ansiedad, el miedo a engordar, la falta de aceptación de uno mismo, seguida del miedo a no ser aceptados por los demás.
¿Qué mujer no vive, em mayor o menor medida, a dieta? Aunque no sea con el objetivo de adelgazar, a cierta edad las dichosas hormonas femeninas nos obligan a controlar nuestra alimentación si queremos mantener a raya la grasa corporal, el azúcar en sangre, los triglicéridos bajos... La fisiología femenina es, en muchos casos, desagradecida; pero en otros, somos nosotras mismas quienes pretendemos, a toda costa, ir en contra de esa fisiología. Siempre hay cosas que se pueden mejorar, pero normalmente estamos bien en nuestro peso, aquel en el que tenemos un aspecto saludable.
Quienes padecen permarexia hacen de estar a dieta su forma de vida. Lo saben todo acerca de calorías, alimentos sanos, dietas o trucos para adelgazar. No son anoréxicas ni bulímicas, porque comen y no vomitan, pero no tienen una relación sana con la comida ni una relación de cariño con su cuerpo.
Se puede vivir así, e incluso para muchas personas éste sea un estilo saludable de vida. Pero puede que tengas que convivir con problemas gástricos o endocrinos de por vida. El sentimiento de privación constante puede llegar a convertirnos en personas demasiado inflexibles, con límites que pueden ir mucho más allá de la propia comida. Y lo más triste: estar siempre a dieta puede hacernos padecer, también permanentemente, el temido efecto yo-yó; es decir, que encima de privarnos de comer lo que nos apetece, no consigamos adelgazar.
Las dietas debe prescribirlas siempre un endocrino o un nutricionista. Y no hay ninguno, por humanidad sobre todo, que mantuviera a sus pacientes a dieta de por vida. Otra cosa es mantener unos hábitos alimenticios saludables, comer de forma equilibrada, moderar las cantidades y evitar aquellos alimentos poco saludables. Algo que no significa dejar de comer ni renunciar a los placeres gastronómivos. Vivir siempre a dieta es algo muy diferente.
¿Pensáis que podéis padecer permarexia?