Aunque los dermatólogos no se cansan de advertir sobre los peligros del sol, su exposición controlada es, no sólo beneficiosa, sino necesaria para todos los seres vivos, entre ellos, nosotros. Junto con Julio Iglesias, durante mucho tiempo me consideré una auténtica adicta al sol por los efectos tan placenteros que me causaba, además del favorecedor bronceado. La helioterapia o tratamiento curativo con baños de sol viene a confirmar mi permanente necesidad de sol y luz.
Una cosa es echarse Coca-cola, té, sospechosas cremas tropicales de coco y hasta aceite de oliva para "pillar bronce a toda cosa" (algo que toda adolescente de mi generación ha hecho alguna vez), y otra disfrutar de los beneficios terapéuticos del sol sobre el cuerpo y la mente, que son muchos. Tomar el sol de forma moderada durante todo el año tiene espectaculares efectos, entre ellos:
- Es un antidepresivo natural. La luz del sol resulta imprescindible en la regulación de la secrección de hormonas y neurotransmisores. Cuando el sol escasea, como en el caso de los pobres escandinavos, aumentan las posibilidades de sufrir depresiones. Incluso viviendo en un país mediterráneo la falta de luz puede provocarte problemas de insomnio y desórdenes en el estado de ánimo. En general, todo los que trabajamos en oficinas vemos demasiado la luz artificial y poco la natural. Éste es uno de los efectos por los que más me gusta tomar el sol.
- Efecto antibiótico. Muchas bacterias pierden la capacidad de reproducirse bajo la acción de los rayos ultravioleta, que limpian la atmósfera de gérmenes. Cuando nos exponemos al sol, el efecto antibiótico se produce directamente sobre la piel, aumentando también la cantidad de células inmunitarias -glóbulos blancos- en la sangre.
- Antiinflamatorio. El sol estimula la circulación sanguínea y las terminaciones nerviosas de la piel, lo que produce un efecto analgésico sobre dolores musculares e inflamaciones superficiales. Incluso se reduce la tensión arterial.
Por supuesto, todos estos beneficios se producen cuando se trata de exposiciones breves y progresivas al sol (desde 6 minutos hasta 40 sin protección solar y hasta 2 h con un fotoprotector). Tostarse al sol vuelta y vuelta sin protección y durante horas lo único que te reportará son quemaduras, ampollas, deshidratación, dolor de cabeza y, seguramente, una buena insolación. Para saber cuánto tiempo puedes exponerte al sol de forma segura y qué tipo de fotoprotector tienes que usar (por debajo de 15 no valen para nada), debes conocer tu fototipo de piel. Mi recomendación es acudir a un dermatólgo para que evalúe tu tipo de piel, además de observar manchas y lunares.
Por todos los beneficios que os he dicho, los baños de sol están recomendados en casos de anemia, trastornos digestivos (¡como el estreñimiento!), enfermedades respiratorias, osteoporosis (el sol es fundamental para que el organismo realice la síntesis de vitamina D, necesaria para fijar el calcio en los huesos), diabetes (el sol estimula el funcionamiento del metabolismo), afecciones de la piel (acné, eccema, psoriasis...), enfermedades renales y urinarias y trastornos nerviosos (depresión, falta de vitalidad, anorexia...). El sol le viene bien hasta a tus genitales: en las chicas alivia las reglas dolorosas, las infecciones por hongos, la sequedad vaginal y la insuficiencia de los ovarios; en los hombres mejora la impotencia, las erecciones débiles y las inflamaciones de la próstata. Este verano, como Dios nos trajo al mundo...
Si al sol le sumas el aire puro de la montaña, el disfrute del paisaje, el aire marino, el yodo y los iones negativos del mar, te pones hecho un adonis de belleza y bienestar. De ahí que a todo el mundo le siente tan bien la playa, el mejor balneario natural. Por supuesto, también existen contraindicaciones frente al sol: personas con fototipo I, bebés, ciertos medicamentos, hemorragias, afecciones cardiacas, fiebre, herpes labial... Para tomar el sol hay que evitar las horas centrales del día; a primera y última hora del día es un auténtico placer.
Además de emplear cremas protectoras, que tampoco son la panacea, podemos proteger nuestra piel de los efectos perjudiciales del sol (sobre todo el envejecimeinto cutáneo) mediante la alimentación. La clave son los betacarotenos, que la Naturaleza nos proporciona en dosis abundantes en primavera y verano: melocotones, zanahorias, albaricoques, mangos... Los frutos secos y semillas contienen ácidos grasos que protegen la piel. Como bebida, el agua, combinada con té verde (de gran poder antioxidante), es tu mejor aliada.
Ya no me doy en absoluto las palizas de sol de antaño, me cansan y me salen manchas. De mis tiempos del aceite tropical o la crema de zanahoria he pasado a buenas cremas de elevado índice protector, sobre todo para la cara. Tampoco soy de las que se quedan dorándose en la toalla, me encanta bañarme y moverme bajo la luz. Pero me sigue encantando tomar el sol.
¿Sois unos adict@s al sol? ¿Cómo os protegéis de sus efectos perjudiciales?