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Artículos - junio 2008

# viernes, 27 de junio de 2008 10:20

Rebajas asesinas

La crisis le ha afilado las uñas y los colmillos a los comerciantes y a los compradores. Como se ha vendido tan poco en temporada, unos y otros esperan las rebajas "como agua de mayo" para resarcirse las pérdidas unos y poderse dar unos cuantos caprichos los otros. El mal tiempo tampoco ha acompañado, así que el recién estrenado calor también ha avivado el deseo de recuperar el tiempo perdido.

Si ya de por sí la gente saca sus peores y más primitivos insitintos en rebajas, me da la imprssión de que esta camapaña va a ser especialmente dura. Como todos los años, el primer día de rebajas la gente hace cola en la puerta de El Corte Inglés, Zara o H&M para conseguir, a cualquier precio (empujones, arañazos, miradas asesinas) los mejores chollos. Que luego nunca los son, porque con eso de está más barato, te acabas comprando un montón de cosas que no sirven para nada y, en conjunto, con un precio superior al que hubieras pagado en temporada por esa prenda que de verdad te gustaba.

Recuerdo con especial cariño cómo todas las madres del bloque en el que vivía de pequeña (la típica cooperativa de propietarios) quedaban para ir juntas a las rebajas de El Corte Inglés. Allá que nos íbamos unas diez madres con los respectivos hijos a la caza y captura de los modelitos del verano. A mí me daba mucha envidia la madre de mi mejor amigo, que se recorría las siete plantas del edificio con un carro de la compra y lo iba llenando como la que va cojiendo yogures, cereales y galletas. A mi me hubiera encantado que mi madre llevase un carro de esos y lo fuese llenando de cosas para mí en lugar de hacernos bajar siempre a la sección de oportunidades. ¡Ay, las madres y las economías familiares¡

El caso es que ir a las rebajas de El Corte Inglés se convirtió para los niños y las madres de mi bloque en una auténtica tradición; luego todos nos mirábamos de reojo en la piscina para ver si los modelitos de los otros eran más chulos quew los nuestros. Estas excursiones eran, además, muy divertidas y didácticas; veía uno de todo: gente que, como en las películas, se ponía a tirar del extremo de una prenda mientras al otro lado otro furibundo "rebajista" tiraba hacia sí para conseguirla. He visto también cómo algunas madres, por no perder tiempo en ir a los probadores hacían a sus hijos probarse la ropa en cualquier sitio, con lo cual acababan los pobres desnudos mientras el hijo de otra cruel madre se probaba la ropa que el pobre desgraciado acababa de quitarse.

En las rebajas de los grandes almacenes se desarrolla mucho la picaresca. Recuerdo un día en que una señora mayor, con cara de gran bondad, se sentó a probarse un par de zapatos de un cajón de ofertas. Con toda la naturalidad y calma del mundo, se quitó sus viejos zapatos, se puso unos nuevos y dejó los anteriores en el cajón de gangas. Mi madre y yo la vimos y no dijimos ni pío, tal era la cara de felicidad con la que la mujer se iba con sus zapatos nuevos.

También estaban las que aprovechaban las rebajas para volver a comprar prendas que ya tenían y que les habían costado más caras. El truco estaba en devolver la primera, aunque estuviera ya desgastada y con pelotillas, y quedarse con la otra al precio de rebajas. Una especie que a mí me daba mucha verguenza ajena (las hay a patadas) eran las que elgían tranquilamete el traje de la boda que tuvieran ese verano sabiendo de antemano que, una vez puesto y lucido (disimulando bien la etiqueta) lo iban a devolver tan tranquilamente. Es lo que tiene El Corte Inglés, que si armas un poco de follón y llamas al encargado, te cambian hasta la partida de nacimiento con tal de no aguantar a una maruja airada y acalorada dando voces.

 

Creo que lo mejor es ir de rebajas sin un objetivo concreto, a ver qué te encuentras, porque, excepto economías apuradas, casi nadie necesita de verdad las supuestas gangas que se compra en estas época. Yo soy incapaz de irme de rebajas el primer día, mucho menos a tiendas como El Corte Inglés, Zara o H&M, donde puedes morir ahogado entre la multitud y la ropa. Lo mejor es ir a darse una vuelta los últimos de julio o de agosto, cuando quedan tallas sueltas y puedes contrar verdaderas joyas a precios increíbles.

 

¿Os gusta ir de rebajas?

 

 

# martes, 24 de junio de 2008 16:34

Drogas, dones y Amy Winehouse

La fama, como el talento, el genio, el arte y los dones "divinos", no son materia terrenal fácil. A quienes poseen alguno de estos regalos (exceptuando la fama, que es más bien una pesadilla), les cuesta mantenerse en tierra firme, lo que su "arte" les hace sentir o expresar parece tan fuerte e inexplicable que a menudo necesitan evadirse de ello. Las drogas parecen un buen recurso para conseguirlo, además de servir como incitador de la "musa" o la inspiración cuando ésta desaparece. El problema es que la droga mata, y eso le está pasando a Amy Winehouse.

Camarón, Ray Heredia, Jim Morrison, Hendrix... ni siquiera alargo la lista porque es interminable. Y no sólo en ésta, la sociedad de las drogas de diseño. Ya Baudelaire, Rimbaud y compañía abusaban de la absenta y el opio para evadirse y alcanzar la ansiada inspiración. Como decía Baudelaire, el artista es como el albatros, un pájaro torpe, del que los marineros se ríen en tierra, pero majestuoso y hermosísimo cuando alza el vuelo.

Es es precisamente lo que parecen buscar quienes están dotados de un gran talento: evasión, dispersión, hedonismo, olvido incluso. No poseeo ninguno de esos grandes talentos y nunca he buscado ese tipo de catarsis a través de las drogas, esa extraña huida de lo que es a la vez hermoso y doloroso en nosotros. Pero sí he experimentado, estoy segura de que igual que todos vosotros, momentos en los que los sentimientos, la contemplación interna de uno mismo, las emociones, eran tan potentes y profundoa, que producían una sensación de vértigo y un deseo de huida.

Como los albatros, las criaturas dotadas con un don (para mí la voz de Amy Winehouse y su forma de cantar lo son) como ella y otros muchos artistas, resultan extremadamente torpes y destructivos en tierra. Muchos de ellos no sólo pasan por desear la muerte sino que llegan a ella a través de los excesos. ¿Tan doloroso es recibir un don de ese tipo? ¿O es que, como criaturas terrenales, aunque de naturaleza divina, no estamos preparados para gestionarlo?

La fama suele convertirse en la sombra acechante de quienes poseen grandes dones y talentos; cuando aparece, les embriaga, les seduce y, finalmente, les engaña y les hace acabar perdiendo sus dones. ¿Cuántos grandes, como Elvis, Marilyn o Michael Jackson, por ceñirnos al ámbito musical, han acabado como esperpentos, como famélicas imitaciones de lo que fueron un día?

Me muero por ver a Amy Winehouse en el Rock in Rio, pero reconozco que no me decido a comprarme la entrada. Tenía dudas sobre si su afición al crack le permitirían llegar en condiciones al verano, se me incrementaron cuando vi unas fotos de ella de juerga con el inefable Pete Doherty, se convirtieron en exponenciales cuando vi su lamentable actuación en el Rock in Rio de Lisboa (¡qué pena daba¡) y se han convertido casi en una retirada tras aparecer en prensa la noticia de que padece enfisema pulmonar y probablemente tuberculosis.

¿Creéis que el genio, el talento, pueden matar?

# jueves, 19 de junio de 2008 15:02

Hombres: ¿"metro" u "ososexuales"?

"El hombre y el oso, cuanto más feo, más hermoso". No estoy de acuerdo con este dicho popular, porque me parece fatal eso de que las mujeres tengamos que ser o estar guapas y los hombres se puedan permitir el lujo de estar hechos unos zorros. Pero de ahí al prototipo de hombre metrosexual, tecnosexual o cualquier otra tontería terminada en "al", hay una grandísima diferencia. Seguramente son prejuicios, pero a mí un hombre que se arregle más que yo no me gusta.

Igual que a ellos (opinión corroborada por la mayoría de mis amigos), me gustan los hombres naturales. Limpios, correctamente vestidos (luego aclararé este punto), aseados, con el pelo en su sitio (se hacen excepciones deportivas o por problemas de vello graves en espalda, orejas o similar) y con los productos y los tratamientos estéticos justos, léase corte de pelo básico, crema hidratante, after save y colonia si les gusta. Las mechas, bronceados artificiales, manicuras (excepto uñas tipo crustáceo), cirugías, bótox (!cada vez hay más¡) y colonias a litros me repelen sobremanera. Por ejemplo, el primer tipo sería para mí un hombre tipo George Clooney y el segundo uno tipo David Beckham.

No digo que no tenga ciertos prejuicios, seguramente similares a los que ellos inconscientemente pueden sentir cuando nosotras nos inmiscuimos en sus terrenos, pero no me acostumbro a ver a los hombres esperando a mi lado, mientras hojean el Hola, en los centros de estética. Respecto al cuidado de la piel cambié de idea tras hablar con mi amiga Carmen, directora del centro de estética del Club Metropolitan Madrid. Para Carmen cuidarse la piel con un buen dermatólogo o un profesional estético es una cuestión de salud y nos va a ayudar a envejecer con dignidad, sin tener que recurrir a la cirugía. Y esto, por supuesto, es extensivo a hombres y mujeres, sobre todo si están expuestos a factores atmosféricos agresivos como el sol, el viento, el frío... (albañiles, deporistas, motoristas, marineros...).

Pero de ahí a convertirse en un espantajo hay una diferencia, porque así van algunos que veo yo por mi barrio (vivo en el centro y hay mucho "moderno"). ¿No sabéis a qué tipo de hombre me refiero? Si vivís en Madrid, id a La Latina un domingo y sentaos a ver la "pasarela": mechas ("of course"), pelo estudiadamente despeinado, gafas de espejo tipo pantalla gigante, montones de tatuajes con la ropa adecuada para enseñarlos bien, depilación integral, exceso de moreno pillado en la máquina de rayos UVA del gimnasio, colonia de marca (tipo D&G) que se huele a kilómetro, facciones algo estiradas por el bótox, muchas cadenas, anillos o pulseras caras y, sobre todo, un estilismo que ha costado varias horas preparar y que supera, muchas veces, el de la chica arregladísima que llevan al lado.

Antes de continuar con este post, hago un inciso por si alguien me quiere pegar después: todo lo que estoy escribiendo es en clave de humor y exagerado, respeto cualquier forma de ser y de vestir, y me parece genial que cada uno se cuide lo que le parezca bien. Yo soy la primera a la que le gusta cuidarse y la primera también en criticarme y reírme de mí misma cuando me dejo llevar en exceso por las "exigencias del look".

Sigamos pues, hablando desde el humor. Decía antes que el atuendo es un punto que me suele echar para atrás en los hombres excesivamente o equivocadamenbte metrosexuales. Todos los estilos son válidos a la hora de vestir siempre y cuando uno se identifique y se sienta cómodo con lo que lleva. Cuando alguien te da la impresión de ir disfrazado, es que no ha acertado o se ha arreglado en exceso. Hay personas que hasta con una maceta de claveles en la cabeza están increíbles (como Sarah Jessica Parker) y otras que, en cuanto innovan, se recargan o se salen de su estilo, rozan lo hortera, lo chabacano o lo ridículo. Porque ahí quería yo llegar, entre los que se afanan por ser metrosexuales a tope hay mucho hortera. A no ser que se tenga mucho estilo o se entienda mucho de moda y belleza, cuanto más sencillo vaya un hombre, mejor, de traje, de sport, en bañador o en chándal.

Reconozco mis prejuicios de nuevo respecto a este tema, ya que un hombre demasiado arreglado a mí, personalmente, me parece menos varonil. No me encantaría verme por la mañana compartiendo secador, cremas, ungüentos, autobronceador y demás artilugios de belleza con mi hombre. Tampoco me gustaría tener que esperar a que se arreglase y encima luego estuviera más guapo que yo. Inseguridades también las hay en este tema, lo reconozco.

Por supuesto, toda esta masculinidad, naturalidad y sencillez de la que hablo la inscribo en el terreno de la imagen. No me va nada el prototipo de hombre bruto, machista, conservador, simple y, menos aún, al que le gusta tener a una "barbie" a su lado. 

¿Cómo os gustan los hombres, "metro u ososexuales"?

# miércoles, 18 de junio de 2008 14:49

¡Qué duro estar bella!

Por tarantos y soleares, así cantaba yo el otro día mientras me hacían la depilación láser en las ingles. Tres sesiones todavía y a cada cual más dolorosa. "¿Otra vez se te ha olvidado echarte la pomada anestésica?", me decía con voz melosa la técnico en cuestión. "Pues, sí -le contesté yo-, entre las 15.542 cosas que tenía que hacer hoy antes de poder venir a que me achicharráseis los pelos, estaba la de encontrar, comprar y aplicarme la maldita pomada". "También es que tu piel es muy morena y te quema más", continuó. "Pues como me des otra pasada más te arranco la mano de un mordisco", pensé yo mientras me agarraba a la camilla y apretaba los dientes con los ojos inyectados en sangre. "Hija, para estar guapa hay que sufrir"... Lo tuvo que decir... ¿Por qué tipo de karma cósmico las mujeres estamos obligadas a sufrir para estar guapas?

Mesoterapia. Una técnica estupenda y que funciona muy bien contra la grasa localizada y la celulitis. Si no fuera porque consiste en acribillarte a pinchazos para que las sustancias activas vayan directas al "meollo" del problema. Te pinchan en la tripa o en el culo, duele y luego salen moratones. No me lo he hecho nunca pero me lo han contado amigas que lo han probado.

Pedicura y manicura. Parecen inocuas y agradables, pero no lo son... Como soy un desastre en lo que se refiere al cuidado de manos y pies (me los lavo y me echo crema como mucho; ¡ah! y estoy aprendiendo a limarme las uñas sin dejarlas como ruedas dentadas) me dejé hacer ambas cosas por la esteticista rusa de la pelu a la que menos miedo le tengo. Rusa... Sé que no váis a creer lo que os cuente, pero ocurrió. Me torturó física y psicológicamente, lo juro. Primero, y con un tinte en la cabeza, me llevó a su "guarida estética" y me hizo meter los pies en una palangana como la que usaba mi abuela para calmar los juanetes en verano. Luego sacó un paquete de cuchillas (´momento en el que mi tinte y yo nos incrustamos en el respaldo del sofá) y empezó a quitarme las durezas con un quitacallos de lo menos glamouroso, esparciéndolas además por todo el suelo y por encima de ambas. Después me retiró las cutículas con un palo, o al menos lo usó como tal porque me hizo un daño horroroso. Por la sensación que tuve, creo que los padrastros me los arrancó con los dientes. Todo esto mientras me contaba, con un inquietante español con acento ruso, la historia de su amiga, que se había juntado con un español por su dinero. "No puedes hasserr, yo le digo, no puedess hasserr, tienes que ganar dinerro porr ti". Una y otra vez me contó la historia sin piedad. Al menos sus argumentos eran buenos. Cuando me hubo puesto la cabeza como una lavadora, procedió a pintarme las uñas, saliéndose generosamente por todos los lados, dejándome los pies como si me los hubiera mordido un gato. Hecho esto, pasaríamos de nuevo al salón para hacerme las manos mientras me secaban el pelo. ¡Qué momentazo amigos...! Como no tenía las chanclas básicas que en cualquier centro medio decente de estética usan y yo no me podía poner mis zapatos hasta que se secasen las uñas, me hizo ponerme sus sandalias. Juro que no tengo prejuicios respecto al vestir de cada uno, pero eran horrorosas, tremendas, abominables, y encima me estaban tres números grandes.

Recapitulemos: tinte en la cabeza, orejas y frente negros por el susodicho tinte, que ya me escocía en la cabeza, babero de plástico, pies como si me los hubiera mordido un gato y enfundados en una sandalias horrorosas... El momento ideal para que aparezca el hombre de tu vida, vamos. Y aún me esperaba otra buena tunda. Yo quería decirle que las manos no me las hiciese ya, total, después de lo de los pies no iba a poder ni andar... Pero me dio corte y opté por hacerme la medio dormida para que por lo menos no me hablase. Lo de las manos fue mucho peor. Me tiró tanto de los padrastros que me hizo sangre en varios dedos. Me los envolvió en tiras de papel, con lo cual ya daba yo por arruinado de por vida mi sex-appeal; por lo menos una herida iba a quedar en mi orgullo. Como empecé ya manifiestamente a inquietarme, la rusa se empezó a poner nerviosa, nerviosismo que transmitió a sus movimientos y dio como resultado que el corta-padrastros se le cayese en punta y se quedara ¡clavado en mi pie! (os juro que es verdad). Después de eso yo ya quería ser fea, cateta y desaliñada, maloliente a ser posible. Tras terminar la "faena" (dos orejas y el rabo sin duda) se puso a mirarme fijamente a la cara y me dijo que me hacía falta una limpieza de cutis. "Casualmente ayer me hicieron la primera de mi vida", le dije medio llorando ya. "Da igual -me contestó impertérrita-, limpiessa de cutiss siemprre viene bien", sentenció.

Liposucción. Por suerte, nunca me he hecho ninguna, me aferro al gimnasio con uñas y dientes para que no llegue nunca ese día. Pero alguna de mis amigas sí, y se pasa canutas, por no decir una grosería. Negro. Así se te queda el cuerpo de los moratones, y encima te tienes que poner una mega faja con la que pareces el muñeco de Michelín. Sólo ir a hacer pis requiere un esfuerzo tan sobrehumano que eres capaz de no beber en todo el día con tal de no tener ganas.

Extensiones. También parecen inofensivas, pero puedes acabar con el pelo como una rata, como le pasó a una pobre amiga mía. Se las puso en una peluquería bien cara y de buena calidad, pero no se las pusieron bien. Al día siguiente aquello empezó a enmarañarse, así que volvió a la peluquería, donde le dijeron que el pelo con extensiones había que cuidárselo mucho y le encasquetaron un montón de carísimos productos para tal efecto. Nada, aquello se seguía enmarañando y mi amiga se pasaba la vida, en la compra, en el cine, de copas incluso, con el cepillo en la mano. El sumum llegó un día que nos fuimos a dar un masaje tailandés (no todo iban ser sufrimientos). Como no iba armada con todos sus productos, después de la ducha necesaria tras el unte de aceite, el pelo se le transformó en una especie de nido de cigüeñas con cría incluida. En mi vida he visto una maraña igual, ¡ni una rasta de 20 años!, aquello era todo el pelo directamente como una rasta. Le entró tal histeria que se empezó a cepillar el pelo y no paró en cuatro horas, tras lo cual se había arranacado las extensiones, y la mitad de la cabellera también.

Podría contaros muchas más historias, pero también me gustaría reírme también un poco con las vuestras. ¿Qué sufrimientos soportáis para estar bellas? Hago la pregunta extensiva a los chicos...

 

# viernes, 13 de junio de 2008 10:15

Motivos de estrés

Hoy en día parece que uno no es nadie si no sufre, de vez en cuando, un poco de estrés. Estar estresado parece sinónimo de estar ocupado, de ser requerido, de hacer muchas cosas ¿interesantes?, de ser imprescindible y hasta de ser alguien importante. En África el jefe de la tribu es como un dios y no tiene ni pizca de estrés...

En plan definición, estrés sería toda demanda física o psicológica fuera de lo habitual o bajo presión que se le haga al organismo, provocándole un estado ansioso. La mayoría de las veces llegamos al estrés debido a las excesivas demandas que le imponemos a nuestro organismo. Ciertas dosis de estrés son positivas, pues nos activan y nos ayudan a poder llegar a todo lo que nos proponemos, pero pasado cierto límite, el estrés empieza a machacarnos.

Cansancio, malestar general, nerviosismo, insomnio, dolor de cabeza, ansiedad, mal humor, pérdida o ganacia de peso, cáida del cabello, piel opaca, falta de concentración, problemas gástricos... Con el estrés el sistema inmune cae en picado y comienzan a acecharnos todo tipo de problemas de salud... que pueden derivar en el temido infarto. Sin llegar tan lejos, nuestro aspecto y nuestro ánimo se ven totalmente demacrados por esta enfermedad moderna.

Los psicólogos manejan una lista de situaciones especialmente estresantes para las personas, entre las que se encuentran: la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, una mudanza o un cambio de domicilio, perder el empleo, la falta de tiempo de la que adolecen los ciudadanos de las sociedades desarrolladas... situaciones por las que la generalidad de los humanos pasa alguna vez en su vida y consigue gestionar mejor o peor. De nuestra capacidad para solventar estas situaciones depende que caigamos en algún tipo de patología o enfermedad.

Pasar por una ruptura sentimental y una mudanza a la vez (tras haber tenido que buscar casa), como me ha pasado a mí recientemente, es un tándem atroz. Aunque tiene su parte buena, porque con el agobio de hacer cajas, maletas, recoger cosas y luego volverlas a desmontar y colocar, dejas aparcada la pena momentáneamente. Que luego vuelve abrasivamente cuando ya lo tienes todo colocado, limpio y en su sitio; entonces eres tú quien tiene que encontrar su sitio y llenar el vacio que antes habías llenado con los trastos.

No me quiero imaginar en el lugar de las personas que pasan por un divorcio con hijos, debe ser extremadamente duro, sobre todo cuando tienes que abandonar tu casa, tu economía ha caído en picado, no te puedes permitir dejar ese trabajo que tanto odias y encima tienes que explicarle a tus hijos por qué papá y mamá ya no se quieren. Ánimo a los que estéis pasando por este trance.

Aparte de estas situaciones estresantes más o menos universales, cada uno tiene sus propio factores de estrés. Conocí a una chica a la que lo que le estresaba era su aspecto físico: era incapaz de ir a la playa sin hacerse antes una exfoliación general de cuerpo y cara (¡incluidos los labios!), peinarse, ¡maquillarse! y encontrar el estilismo adecuado. Cuando llegaba a la playa, después de horas arreglándose, era más o menos para la puesta de sol. Para ella era estresante tener que estar siempre tan obsesionantemente perfecta, pero para los que compartían apartamento con ella era no ya estresante, sino agonizante. Qué estresante debe resultar ser Victoria Beckam... Para una amiga mía, como para muchas de nuestras madres, su mayor fuente de estrés era la limpieza de su casa. Súfría ostentosamente sólo con ver cómo su marido ponía un plato encima de la mesa que acaba de limpiar por enésima vez, si los cojines rosas del sofá cambiaban su posición habitual o si las toallas del baño no tenían la alinieación perfecta. Como siempre que uno tiene estrés por algo, resulta también estresante para los que le rodean, por lo que las visitas a casa de mi amiga han pasado a una o ninguna al año.

Imagino que organizar una boda debe ser también uno de los eventos más estresantes en la vida de una persona. A mí ya me estresa el mero hecho de asistir a algunas... Entre las situaciones estresantes para mí están, cómo no, el trabajo. Me encanta, disfruto mucho con todo lo que hago, pero cuando me descuido y no lo llevo al día llego a ese punto peligroso en el que el disfrute se convierte en obligación, responsabilidad y nervios por cumplir con todo. Otras cosas que me estresan son la falta de tiempo, dormir poco, las energías descontroladas de la gente, la prepotencia, la mala educación, las colas en el banco, ir a Zara y ver kilos de ropa que no sé si me gusta o no, la gente pesada o que habla sin parar... Y, como ya sabéis si leéis mi blog, las peluquerías, esos lugares abyectos donde puedes pasar horas en tensión (yo clavo hasta las uñas en los sillones) con un tinte en la cabeza cuyo color no sabes si te va a gustar, con las tijeras de la/el profesional en cuestión rozándote las orejas (¿por qué siempre te las quieren arrancar con el peine?) o achicharrándote el cerebro con un secador para hacerte un peinado que, yo por lo menos, me quito en cuanto llego a casa.

Ante situaciones duras como un duelo o una separación debemos poner todo de nuestra parte para sobrellevarlas sin que nos lleven a nosotros por delante, con dignidad y paciencia; del dolor se aprende y es algo inherente a la naturaleza humana. Ante "eventillos" y problemillas como el trabajo, ciertas personas o situaciones, lo mejor es combatir con estrés con humor y, si podéis, un poquito de ejercicio, alguna terapia relajante y otro poquito de disfrute (aprender a parar es de sabios).

¿Qué os estresa a vostr@s?

 

# martes, 10 de junio de 2008 12:33

Thinspiration

Este es uno de los términos de nuevo cuño más atroces que he oído nunca. Es el grito de guerra, el leit motiv, la palabra que define el macabro estilo de vida de las chicas y chicos que forman parte de las abominables webs pro anorexia y bulimia que inundan Internet. Para estos adolescentes -son la mayoría- existen famosos, libros, películas y hasta canciones "thinspiration". Me da miedo. Me da tanta pena...

No voy a daros el link de ninguna de estas webs, ni siquiera voy a nombrarlas, porque no quiero que las visitéis a no ser que tangáis la edad, la madurez suficiente o un motivo puramente científico para hacerlo. Son terroríficas -las fotos que exhiben algunas, de auténticos cadáveres andantes, obedecen a una visión totalmente enferma de la realidad-, pero cada día enganchan a cientos de chic@s en todo el mundo. Jóvenes que ven en la delgadez y, aún peor, en el camino de sacrificios que cuesta conseguirla, un ideal de vida. Se animan, se apoyan entre ellos, comparten su triste y distorsionada visión del cuerpo humano. Dicen no estar enfermos, aun padeciendo anorexia o bulimia crónicas.

Dudé sobre escribir o no sobre este tema, me daba miedo inducir al alguien débil a acercarse a esta basura. Pero los dos documentales que vi el fin de semana pasado en TV2 me impactaron demasiado como para dejarlo pasar. Porque es un problema que afecta a toda la sociedad, una enfermedad que algunas/os nos ha afectado directamente, que a otros les acecha, y en el que muchos caerán. Anorexia. Bulimia. pero también ortorexia, vigorexia, permarexia y otros tantos trastornos alimenticios.

Terriblemente escurridizas y traicioneras, así son estas enfermedades. Se le escapan a los familiares, a los amigos; hasta a quien nos ama. A no ser que la delgadez o el deterioro sea extremo, son perversamente fáciles de ocultar; se puede vivir toda una vida así. Y éste es precisamente el demencial objetivo de quienes promueven estas webs; dicen haber aceptado su enfermedad, convivir perfectamente con ella y haberla convertido en un deseable y satisfactorio estilo de vida.

Mentira. Pocas cosas hay más tristes, desesperantes, absurdas y monstruosas que obligarse a no comer o vomitar después. Empiezas a hacerlo para sentirte más guapa, más perfecta, más querida, para tener la sensación de que controlas tu vida. Y acabas siendo controlad@ por algo tan necesario y satisfactorio como la comida. La diferencia y el gran drama de estas enfermedades respecto a otras dependencias (coca, alcohol) es que sin comer no se puede vivir, no tienes la elección de desterrarlo para siempre de tu vida. Asi que la lucha, una vez que has caído en una de estas enfermedades puede ser, literalmente, a muerte; o tú o la enfermedad.

En el primer reportaje que vi salían niñas muy jóvenes que habían entrado a formar parte de la indesable comunidad de amigos de alguna de estas nefastas webs. Colgaban fotos de su delgadez para motivarse unos a otros, se animaban a seguir bajando de peso... Una de las chicas, de una delgadez extrema y la espalda completamente deformada por haber hecho tantos abdominales, quería alejarse de este tipo de influencias. Otra, que acababa de descubrirlas recientemente, decía que "por fin había dejado de sentirse sola..." La tercera entrevistada era la fundadora de una de estas webs, una anoréxica crónica totalmente orgullosa de su enfermedad que "ayudaba" a otras a seguir sus pasos. Daban ganas de llorar, de pena por ellas y de alegría por estar lejos de todo eso.

El segundo documental, complementario al primero, era también impresionante. En él, una joven madre, feliz con su pareja y con una satisfactoria vida laboral, accedía a hacer un peligroso experimento: seguir una dieta radical durante un mes para conseguir llegar a la "talla cero", el denigrante término de moda en EE.UU para referirse a un peso tan escaso que no se le puede adjudicar ni talla. Famosas como Mary Kate Olsen, Keira Knightley, Sarah Jessica Parker (siento decirlo) o Teri Hatcher, todas ellas "thinspiration" para las webs pro trastornos alimenticios, tienen esta talla cero.

La mujer que seguía la dieta, a base de ingerir una cantidad ridícula de calorías y matarse a hacer ejercicio con uno de los "coachers" de las estrellas de Hollywood, iba describiendo cómo se sentía a medida que bajaba de peso (usaba una 38 y el objetivo era bajar de la 34). Tenía un hambre terrible, estaba débil, irascible, deprimida, cansada, casi enferma, y se sentía fea.

El nutricionista que la controlaba (siempre animándola a dejarlo) decía que si la mayoría de las mujeres que se ponían a dieta radical supieran las consecuencias, seguramente se quedarían como están, es decir, sanas y felices. ¿Queréis saberlas? Infecciones, insomnio, pérdida de la fertilidad, ataques cardiacos, alteraciones hormonales permanentes, disfunciones irreversibles del metabolismo... ¿Sabéis lo que le pasa a las anoréxicas y a las bulímicas? Que lenta e inexorablemente destrozan sus cuerpos y sus mentes, marchitan su belleza y matan su alegría.

Porque así es como acaba una persona que padece trastornos alimenticios, fea y deprimida. Todo lo que se hacía pensando en la maravillosa vida que se iba a vivir al llegar al peso ideal, deja simplemente de existir porque se deja de vivir. En este documental entrevistaban a Mel B (la deportista de las Spice Girls), que sufrió anorexia años. Me quedo con una de las frases que dijo: "padecer una de estas enfermedades significa llevar la vida más triste que puedas imaginar".

Para ilustrar este post me he alejado todo lo posible de mujeres "thinspiration" para mostraros lo que yo llamaría, simplemente, mujeres hermosas.

Por favor, comed, bebed, amad

# domingo, 08 de junio de 2008 0:10

¿Qué nos hace felices?

Por cada 100 artículos publicados sobre la depresión sólo ve la luz uno sobre la felicidad, un estado absolutamente personal y subjetivo, pero también una auténtica necesidad evolutiva. Coca Cola ha financiado un informe realizado por expertos en psicología positiva para saber qué nos hace felices. La pregunta clave: "¿eres feliz?".

¿Lo eres? Seguramente todos hayamos pasado por una etapa, normalmente coincidente con la adolescencia, en que nos recreábamos en la tristeza y nos planteábamos todo tipo de cuestiones existencialistas que nos hacían aún más desgraciados. Con la madurez, con la evolución personal, surge la necesidad de buscar la felicidad, que, según los expertos en psicología del bienestar, tiene mucho que ver la percepción que cada uno tiene de su vida respecto a la de los demás. Las personas felices se ven igual o mejor que las de su entorno más cercano.

Esta teoría desmonta el mito de que la gente rica es más feliz. El dinero ayuda, por supuesto, decir lo contrario sería una necedad, pero una vez cubiertas holgadamente las necesidades básicas, el dinero no es un garantía de felicidad.

Cuantificar la felicidad es difícil, a todos no nos hace felices los mismo. De hecho, los científicos aún desconocen cómo es el cerebro de un ser humano positivo y feliz. Aunque sí están de acuerdo en que el optimismo y la felicidad son necesidades evolutivas. El ser humano tiende a pensar que las cosas van a ser mejores; si no fuera así, me temo, nuestra especie se habría extinguido hace mucho tiempo.

¿Cuál es el secreto de la gente feliz? Salud, dinero y amor no son la trilogía perfecta. Para la ciencia, la felicidad descansa en tres pilares: hedonismo (disfrutar del placer); fortaleza (ver la botella medio vacía o medio llena); capacidad de poner nuestras fuerzas en algo que nos trascienda. Los psicológos de la felicidad, abanderados por Martin Seligman, acetdrático de la Universidad de Pensilvania, afirman que los genes marcan un 25% de nuestra capacidad para ser felices; otro 25% lo aprendemos al ver a nuestros padres enfrentarse a la vida; el resto depende de nosotros.

Mihaly Csikszentmihalyi (os juro que no me he inventado el apellido), autor de una de las teorías más punteras sobre la felicidad, afirma que se trata de "la capacidad de concentrar toda la energía psíquica en un plan que sea de nuestra elección". Conducir, escuchar música, hacer el amor, bailar, estar con los amigos, planear un viaje... esos momentos intensos en los que pierdes la noción del tiempo.

El polifacético Eduardo Punset ha habldo muchas veces sobre la felicidad de una forma, en mi opinión, cabal y acertadísima. Punset afirma que se nace con las emociones positivas y negativas básicas, pero se aprende a gestionarlas por el camino si uno está dispuesto a aprender. "La felicidad requiere cierto control sobre la vida y, de vez en cuando, sentirse emocionado con lo que uno hace", decía recientemente en una entrevista.

Me parece un gran paso para la psicología, tan centrada en el dolor humano, ocuparse también de la felicidad. La ciencia de la felicidad, apadrinada, como os decía por Seligman ("La auténtica felicidad", "Fluir"), un alabado psicólogo, se diferencia de la autoayuda en que no da consejos ni claves.

Volviendo a Punset, este conocido pensador y presentador (Redes, en TV2), afirma que en términos evolutivos sobreviven mejor los optimistas. Dice también este abogado, economista, ex ministro, escritor y divulgador científico, una de las frases más bellas y ciertas que he oído: "a una persona feliz se la reconoce porque su capacidad de amar es mayor que su miedo".

El 62% de las personas encuestadas para el informe patrocinado por Coca Cola dijo ser feliz. Si a mí me hubieran incluido en la muestra estaría dentro de ese porcentaje. ¿Qué me hace feliz? Haber tomado conciencia de mi misma; valorar positivamente lo que tengo; tener capacidad para emocionarme; crecer junto a mi familia y mis amigos; sentir la belleza que el mundo me ofrece y la que yo misma contengo; perder el miedo a amar...

¿Sois felices? ¿Qué os hace felices?

 

# martes, 03 de junio de 2008 16:22

Quiero ser Madonna

A los 30, a los 40 y ahora, a los 50, yo quiero se Madonna. Impresionante, increíble, casi imposible, un revés para la Naturaleza y un ejemplo de todo es posible. Las piernas, la cintura, los brazos y los abdominales de Madonna son un auténtico desafío al paso del tiempo. Siempre en la cumbre sin hundirse jamás. La única rubia cuyo cuerpo, cuya fuerza y magnetismo podrían hacer sombra a la mismísima Marilyn Monroe.

Uno de los primeros post de este blog se lo dediqué a Madonna, porque el entrenamiento y los cuidados físicos que la cantante sigue para mantenerse en forma son absolutamente fascinantes. Y lo digo por el tesón y la voluntad que la ambición rubia demuestra al seguir un programa de ejercicio, una dieta y una disciplina tan estrictos y férreos. Pocos mortales serían capaces del tal sacrificio, ni aunque nuestra profesión, como en el caso de Madonna, dependiera de ello. La diva tiene a saus disposición entrenadores personales, nutricicionistas, cocineros, estilistas, especialistas en antiaging y belleza, pero nada de eso serviría sin un enorme esfuerzo, sacrificio y, me atrevería a decir, ambición tanto en su vida profesional como personal. Viéndola, el sacrificio parece merecer merece la pena.

50 años y ha vuelto a reinventarse. Hard Candy, su increíble nuevo disco, sería, sin duda, número uno en todo el mundo y música obligada en las pistas de baile. "No quiero ser definida por mi edad", ha dicho la propia Madonna al llegar la medio siglo. Imposible hacerlo; la cantante es uno de esos mitos en vida, una de esas personas cuya fuerza la hace atemporal, única y magnética. Cuánta fuerza hay, de hecho, en su frase. ¿Por qué bajar el ritmo, dejar de hacer cosas o de sentirnos bellos simplemente por cumplir años? Madona tiene una fama que mantener, una profesión que ejercer, unos hijos a quien criar, un marido con el que disfrutar y una creciente conciencia ecológica que desarrollar. Y estoy segura de que lo hará hasta el final.

"Creo que uno se ve mejor cuando le quieren", decía Madonan en una entrevista que leí recientemente. Y debe ser verdad, porque ni la cirugía, ni el ejercicio, ni estar delgada, ni los tratamientos de oxígeno a los que se ha vuelto adicta, proporcionan el brillo y la energía que tiene la reina del espectáculo. El sexo increíble que dice tener con su marido tal vez sea otra de las claves de la luz que irradia...

Todos los entrevistadores le preguntan en cada entrevista cómo consigue estar tan en forma. Madona siempre responde lo mismo: "machacándome en el gimnasio, haciendo régimen y controlándome constantemente; no bebeo mucho y ni hablar de drogas". Lo ideal para la diva sería hacer tres horas de ejercicio diario; ése sería su ideal, porque suele hacer más que eso. "Los trucos no funcionan, la disciplina, sí". Madonna confiesa haber sido así desde siempre, haberse exigido tanto desde niña.

Admiro a Madonna por su autodisciplina, su fuerza, su energía y su inteligencia para reinventarse y, más que adelantarse a las tendencias, crearlas. No creo que fuera capaz de hacer tantos sacrificios aunque la recompensa fuera tener su cuerpo a los 50; pero no me importaría, a esa edad, parecerme un poquito a ella.

¿Vosotr@s también queréis ser Madonna?

 

 

 

 

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