Hoy en día parece que uno no es nadie si no sufre, de vez en cuando, un poco de estrés. Estar estresado parece sinónimo de estar ocupado, de ser requerido, de hacer muchas cosas ¿interesantes?, de ser imprescindible y hasta de ser alguien importante. En África el jefe de la tribu es como un dios y no tiene ni pizca de estrés...
En plan definición, estrés sería toda demanda física o psicológica fuera de lo habitual o bajo presión que se le haga al organismo, provocándole un estado ansioso. La mayoría de las veces llegamos al estrés debido a las excesivas demandas que le imponemos a nuestro organismo. Ciertas dosis de estrés son positivas, pues nos activan y nos ayudan a poder llegar a todo lo que nos proponemos, pero pasado cierto límite, el estrés empieza a machacarnos.
Cansancio, malestar general, nerviosismo, insomnio, dolor de cabeza, ansiedad, mal humor, pérdida o ganacia de peso, cáida del cabello, piel opaca, falta de concentración, problemas gástricos... Con el estrés el sistema inmune cae en picado y comienzan a acecharnos todo tipo de problemas de salud... que pueden derivar en el temido infarto. Sin llegar tan lejos, nuestro aspecto y nuestro ánimo se ven totalmente demacrados por esta enfermedad moderna.
Los psicólogos manejan una lista de situaciones especialmente estresantes para las personas, entre las que se encuentran: la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental, una mudanza o un cambio de domicilio, perder el empleo, la falta de tiempo de la que adolecen los ciudadanos de las sociedades desarrolladas... situaciones por las que la generalidad de los humanos pasa alguna vez en su vida y consigue gestionar mejor o peor. De nuestra capacidad para solventar estas situaciones depende que caigamos en algún tipo de patología o enfermedad.
Pasar por una ruptura sentimental y una mudanza a la vez (tras haber tenido que buscar casa), como me ha pasado a mí recientemente, es un tándem atroz. Aunque tiene su parte buena, porque con el agobio de hacer cajas, maletas, recoger cosas y luego volverlas a desmontar y colocar, dejas aparcada la pena momentáneamente. Que luego vuelve abrasivamente cuando ya lo tienes todo colocado, limpio y en su sitio; entonces eres tú quien tiene que encontrar su sitio y llenar el vacio que antes habías llenado con los trastos.
No me quiero imaginar en el lugar de las personas que pasan por un divorcio con hijos, debe ser extremadamente duro, sobre todo cuando tienes que abandonar tu casa, tu economía ha caído en picado, no te puedes permitir dejar ese trabajo que tanto odias y encima tienes que explicarle a tus hijos por qué papá y mamá ya no se quieren. Ánimo a los que estéis pasando por este trance.
Aparte de estas situaciones estresantes más o menos universales, cada uno tiene sus propio factores de estrés. Conocí a una chica a la que lo que le estresaba era su aspecto físico: era incapaz de ir a la playa sin hacerse antes una exfoliación general de cuerpo y cara (¡incluidos los labios!), peinarse, ¡maquillarse! y encontrar el estilismo adecuado. Cuando llegaba a la playa, después de horas arreglándose, era más o menos para la puesta de sol. Para ella era estresante tener que estar siempre tan obsesionantemente perfecta, pero para los que compartían apartamento con ella era no ya estresante, sino agonizante. Qué estresante debe resultar ser Victoria Beckam... Para una amiga mía, como para muchas de nuestras madres, su mayor fuente de estrés era la limpieza de su casa. Súfría ostentosamente sólo con ver cómo su marido ponía un plato encima de la mesa que acaba de limpiar por enésima vez, si los cojines rosas del sofá cambiaban su posición habitual o si las toallas del baño no tenían la alinieación perfecta. Como siempre que uno tiene estrés por algo, resulta también estresante para los que le rodean, por lo que las visitas a casa de mi amiga han pasado a una o ninguna al año.
Imagino que organizar una boda debe ser también uno de los eventos más estresantes en la vida de una persona. A mí ya me estresa el mero hecho de asistir a algunas... Entre las situaciones estresantes para mí están, cómo no, el trabajo. Me encanta, disfruto mucho con todo lo que hago, pero cuando me descuido y no lo llevo al día llego a ese punto peligroso en el que el disfrute se convierte en obligación, responsabilidad y nervios por cumplir con todo. Otras cosas que me estresan son la falta de tiempo, dormir poco, las energías descontroladas de la gente, la prepotencia, la mala educación, las colas en el banco, ir a Zara y ver kilos de ropa que no sé si me gusta o no, la gente pesada o que habla sin parar... Y, como ya sabéis si leéis mi blog, las peluquerías, esos lugares abyectos donde puedes pasar horas en tensión (yo clavo hasta las uñas en los sillones) con un tinte en la cabeza cuyo color no sabes si te va a gustar, con las tijeras de la/el profesional en cuestión rozándote las orejas (¿por qué siempre te las quieren arrancar con el peine?) o achicharrándote el cerebro con un secador para hacerte un peinado que, yo por lo menos, me quito en cuanto llego a casa.
Ante situaciones duras como un duelo o una separación debemos poner todo de nuestra parte para sobrellevarlas sin que nos lleven a nosotros por delante, con dignidad y paciencia; del dolor se aprende y es algo inherente a la naturaleza humana. Ante "eventillos" y problemillas como el trabajo, ciertas personas o situaciones, lo mejor es combatir con estrés con humor y, si podéis, un poquito de ejercicio, alguna terapia relajante y otro poquito de disfrute (aprender a parar es de sabios).
¿Qué os estresa a vostr@s?