La fama, como el talento, el genio, el arte y los dones "divinos", no son materia terrenal fácil. A quienes poseen alguno de estos regalos (exceptuando la fama, que es más bien una pesadilla), les cuesta mantenerse en tierra firme, lo que su "arte" les hace sentir o expresar parece tan fuerte e inexplicable que a menudo necesitan evadirse de ello. Las drogas parecen un buen recurso para conseguirlo, además de servir como incitador de la "musa" o la inspiración cuando ésta desaparece. El problema es que la droga mata, y eso le está pasando a Amy Winehouse.
Camarón, Ray Heredia, Jim Morrison, Hendrix... ni siquiera alargo la lista porque es interminable. Y no sólo en ésta, la sociedad de las drogas de diseño. Ya Baudelaire, Rimbaud y compañía abusaban de la absenta y el opio para evadirse y alcanzar la ansiada inspiración. Como decía Baudelaire, el artista es como el albatros, un pájaro torpe, del que los marineros se ríen en tierra, pero majestuoso y hermosísimo cuando alza el vuelo.
Es es precisamente lo que parecen buscar quienes están dotados de un gran talento: evasión, dispersión, hedonismo, olvido incluso. No poseeo ninguno de esos grandes talentos y nunca he buscado ese tipo de catarsis a través de las drogas, esa extraña huida de lo que es a la vez hermoso y doloroso en nosotros. Pero sí he experimentado, estoy segura de que igual que todos vosotros, momentos en los que los sentimientos, la contemplación interna de uno mismo, las emociones, eran tan potentes y profundoa, que producían una sensación de vértigo y un deseo de huida.
Como los albatros, las criaturas dotadas con un don (para mí la voz de Amy Winehouse y su forma de cantar lo son) como ella y otros muchos artistas, resultan extremadamente torpes y destructivos en tierra. Muchos de ellos no sólo pasan por desear la muerte sino que llegan a ella a través de los excesos. ¿Tan doloroso es recibir un don de ese tipo? ¿O es que, como criaturas terrenales, aunque de naturaleza divina, no estamos preparados para gestionarlo?
La fama suele convertirse en la sombra acechante de quienes poseen grandes dones y talentos; cuando aparece, les embriaga, les seduce y, finalmente, les engaña y les hace acabar perdiendo sus dones. ¿Cuántos grandes, como Elvis, Marilyn o Michael Jackson, por ceñirnos al ámbito musical, han acabado como esperpentos, como famélicas imitaciones de lo que fueron un día?
Me muero por ver a Amy Winehouse en el Rock in Rio, pero reconozco que no me decido a comprarme la entrada. Tenía dudas sobre si su afición al crack le permitirían llegar en condiciones al verano, se me incrementaron cuando vi unas fotos de ella de juerga con el inefable Pete Doherty, se convirtieron en exponenciales cuando vi su lamentable actuación en el Rock in Rio de Lisboa (¡qué pena daba¡) y se han convertido casi en una retirada tras aparecer en prensa la noticia de que padece enfisema pulmonar y probablemente tuberculosis.
¿Creéis que el genio, el talento, pueden matar?