La crisis le ha afilado las uñas y los colmillos a los comerciantes y a los compradores. Como se ha vendido tan poco en temporada, unos y otros esperan las rebajas "como agua de mayo" para resarcirse las pérdidas unos y poderse dar unos cuantos caprichos los otros. El mal tiempo tampoco ha acompañado, así que el recién estrenado calor también ha avivado el deseo de recuperar el tiempo perdido.
Si ya de por sí la gente saca sus peores y más primitivos insitintos en rebajas, me da la imprssión de que esta camapaña va a ser especialmente dura. Como todos los años, el primer día de rebajas la gente hace cola en la puerta de El Corte Inglés, Zara o H&M para conseguir, a cualquier precio (empujones, arañazos, miradas asesinas) los mejores chollos. Que luego nunca los son, porque con eso de está más barato, te acabas comprando un montón de cosas que no sirven para nada y, en conjunto, con un precio superior al que hubieras pagado en temporada por esa prenda que de verdad te gustaba.
Recuerdo con especial cariño cómo todas las madres del bloque en el que vivía de pequeña (la típica cooperativa de propietarios) quedaban para ir juntas a las rebajas de El Corte Inglés. Allá que nos íbamos unas diez madres con los respectivos hijos a la caza y captura de los modelitos del verano. A mí me daba mucha envidia la madre de mi mejor amigo, que se recorría las siete plantas del edificio con un carro de la compra y lo iba llenando como la que va cojiendo yogures, cereales y galletas. A mi me hubiera encantado que mi madre llevase un carro de esos y lo fuese llenando de cosas para mí en lugar de hacernos bajar siempre a la sección de oportunidades. ¡Ay, las madres y las economías familiares¡
El caso es que ir a las rebajas de El Corte Inglés se convirtió para los niños y las madres de mi bloque en una auténtica tradición; luego todos nos mirábamos de reojo en la piscina para ver si los modelitos de los otros eran más chulos quew los nuestros. Estas excursiones eran, además, muy divertidas y didácticas; veía uno de todo: gente que, como en las películas, se ponía a tirar del extremo de una prenda mientras al otro lado otro furibundo "rebajista" tiraba hacia sí para conseguirla. He visto también cómo algunas madres, por no perder tiempo en ir a los probadores hacían a sus hijos probarse la ropa en cualquier sitio, con lo cual acababan los pobres desnudos mientras el hijo de otra cruel madre se probaba la ropa que el pobre desgraciado acababa de quitarse.
En las rebajas de los grandes almacenes se desarrolla mucho la picaresca. Recuerdo un día en que una señora mayor, con cara de gran bondad, se sentó a probarse un par de zapatos de un cajón de ofertas. Con toda la naturalidad y calma del mundo, se quitó sus viejos zapatos, se puso unos nuevos y dejó los anteriores en el cajón de gangas. Mi madre y yo la vimos y no dijimos ni pío, tal era la cara de felicidad con la que la mujer se iba con sus zapatos nuevos.
También estaban las que aprovechaban las rebajas para volver a comprar prendas que ya tenían y que les habían costado más caras. El truco estaba en devolver la primera, aunque estuviera ya desgastada y con pelotillas, y quedarse con la otra al precio de rebajas. Una especie que a mí me daba mucha verguenza ajena (las hay a patadas) eran las que elgían tranquilamete el traje de la boda que tuvieran ese verano sabiendo de antemano que, una vez puesto y lucido (disimulando bien la etiqueta) lo iban a devolver tan tranquilamente. Es lo que tiene El Corte Inglés, que si armas un poco de follón y llamas al encargado, te cambian hasta la partida de nacimiento con tal de no aguantar a una maruja airada y acalorada dando voces.
Creo que lo mejor es ir de rebajas sin un objetivo concreto, a ver qué te encuentras, porque, excepto economías apuradas, casi nadie necesita de verdad las supuestas gangas que se compra en estas época. Yo soy incapaz de irme de rebajas el primer día, mucho menos a tiendas como El Corte Inglés, Zara o H&M, donde puedes morir ahogado entre la multitud y la ropa. Lo mejor es ir a darse una vuelta los últimos de julio o de agosto, cuando quedan tallas sueltas y puedes contrar verdaderas joyas a precios increíbles.
¿Os gusta ir de rebajas?