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Artículos - julio 2008

# lunes, 28 de julio de 2008 9:25

Escenas de amor

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El otro día volví a ver Terminator, una película que en su momento me fascinó. Pero no la nombro por sus escenas de acción sino porque, viéndola, recordé la increíble escena en que Sarah Connor (Linda Hamilton) y Kyle Rees (Michael Biehn) hacen el amor por primera y única vez. Juntos en un motel, huyendo del cyborg asesino, él le dice que está enamorado de ella, y acto seguido tienen el sexo del siglo y conciben al futuro líder de la resistencia humana frente a las máquinas.

Volver a ver esta escena, para mí el súmmum del amor y la carnalidad cuando era jovencita y aún no sabía mucho de estas cosas, me ha hecho pensar en las escenas de amor que a cada uno de nosotros nos han marcado o impactado especialmente. Os diré cuáles son las que a mí me han llegado especialmente.

En los últimos tiempos, y en la línea de Terminator, en "300", la escena de amor entre Leónidas y su esposa antes de la batalla es impresionante por su fuerza, su belleza salvaje, su potencia y la camaradería que ambos, esposos y compañeros, muestran en el lecho. Una escena con un contenido erótico impresionante y que casi reemplaza a la de Terminator en mi "biblioteca" de imágenes eróticas de película.

Otra escena para mí y para media humanidad icono del romanticismo es la famosa fotografía "El beso", de Robert Doisneau. Del beso de esta pareja ante el municipio de París se han hecho millones de copias y se convirtió en una de las pocas imágenes, en mi opinión, no cursis ni empalagosas, del romanticismo a partir de los años 50.

Aunque era fácil recurrir a esta película, me sigue gustando Memorias de África y sus escenas de la sabana, entre ellas, las que protagoniza el amor maduro de Maryl Streep y Robert Redford. Me gusta también la paciente y noble relación de amor entre dos de los protagonistas de Tigre y Dragón, Li Mu Bai (Chou Yun-Fat) y Yu Shu Lien (Michelle Yeoh). Por su extraordinaria belleza, sentido estético y tempo, me encantan las escenas, casi fotogramas diría, de "Deseando amar", un regalo para los sentidos.

 

Pero sin duda, para mí, la escena de amor de los últimos tiempos nos la ha regalado la televisión. El nuevo anuncio de Dolce & Gabbana Light Blue es francamente espectacular; la quintaesencia de la belleza, el erotismo, la juventud. Y la música... La imagen de los dos cuerpos semidesnudos en una barca en el mar me resulta fascinante; el momento en el que él, el inglés David Gandy (¡no es italiano!), uno de los hombres más deseados del momento, se echa encima de ella para besarla es impactante. He usado esta colonia varias veces, y cada vez que  veo el anuncio me dan ganas de salir corriendo a comprármela otra vez para ver si alguien ¡me besa de esa manera...!

¿Cuáles son vuestras escenas de amor preferidas?

 

# sábado, 26 de julio de 2008 11:27

Lecturas de verano

Sé que muchos de vosotros aprovecháis las vacaciones para leer todo lo que no podéis durante el año. De hecho, el verano es una época fuerte para las editoriales y librerías, apoyadas por las listas de lecturas veraniengas recomendadas desde las revistas especializadas y generalistas. En la playa y en las piscinas los libros suelen formar parte del paisaje veraniego.

El verano no es la época del año en la que más leo; más bien lo contrario, no me gusta leer en la playa ni llevarme libros de vaqcaciones. Me gusta leer con cierta intimidad, y en la playa, en un apartamento con mis amigas o de turismo por alguna ciudad extranjera no suelo encontrar momentos adecuados para la lectura. Para mí es momento de otras cosas o de elegir lecturas muy ligeras, como revistas. Sin embargo, me encanta que los demás lean y me suelo fijar mucho en el tipo de lecturas que escogen; tal vez luego las elija. Por ello, me gustaría hacer con vosotros una lista de lecturas para este verano.

Pensando en la próxima temporada y los propósitos que todos nos hacemos para mantenernos tan sanos y guapos como en vacaciones, creo que es un buen momento para leer algo sobre nutrición y hábitos saludables. Me lo recomendó una amiga nutricionista y me gusto mucho "Comida sana" (Almirall Prodesfarma), de Mª José Rosselló y Manuel Torreiglesias, del famoso progama Saber Vivir. Es muy entretenidos, soluciona muchas dudas sobre nutrición y defiende, como la mejor del mundo, la dieta mediterránea.

Para los que necesitéis darle un aire nuevo a nuestra casa y, por añadidura, a vuestra vida, os recomendaría leer algo sobre Feng Shui. A veces uno no sabe por qué no acaba de estar a gusto en su casa o en ciertas habitaciones, cómo convertir el hogar en un lugar realmente desestresante, como liberarse de las energías negativas, cómo deshacerse de una vida pasada y comenzar otra en una misma casa... Sobre Feng Shui, el arte de organizar el entorno para mejorar la calidad de vida, hay montones de libros y guías. En casa tengo una que me gusta: "Guía completa del Feng Shui", de Gill Hale, publicada por la editorial Grijalbo.

No soy aficionada a los libros de autoayuda, pero entre tanta publicación oportunista y aburrida hay cosas muy buenas, sobre todo cuando son escritas por psicólogos, psiquiatras, terapeuetas o buenos expertos. No lo considero un libro de autoayuda sino de psicología fácilmente entendible y además bien escrito, y por eso me gustó mucho "En busca de los mimos perdidos", de Giulio Cesare Giacobbe. Aunque el título pueda sugerir otra cosa, se tratade un libro interesantísimo y divertido, escrito con una prosa sencillísima y un afinadísimo sentido del humor, que explica maravillosamente bien el proceso de maduración, desde el niño al progenitor, por el que todos deberíamos pasar para conseiderarnos personas maduras y felices emocionalmente, preparadas para querernos a nosotros mismos y a los demás.

Fuera de estas lecturas de contenido didáctico, mi humilde recomedación apunta más hacia la novela. Entre las cosas que he leído este año y me han gustado o impactado están: "Kafka a la orilla del mar", de Haruki Murakami, una novela a la que hay que entregarse sin cuestionamientos ni prejuicios, un "bosque", como el autor define sus novelas, en el que rige otro tempo, en el que se suceden los prodigios y en el que surge la emoción la extrañeza, la incetidumbre, al belleza, la risa, el estremecimiento, la melancolía...

Me gusta pensar que los libros nos buscan... Yo me encontré con "Tokio Blues", también de Murakami, esperando la cola para pagar algo de comida en un Open Core.  Un libro que supuso el reconocimiento definitivo de Murakami y que se convirtió en uno de esos "raros" best sellers que son también grandes obras literarias. Si lo hubiera leído con 15 años me hubiera pasado un mes llorando de melancolía; a mis 34, me conmovió por su belleza y la profundidad de los sentimientos de los personajes, tan al estilo y tempo oriental.

Para los que queráis leer actual actual y además español, os recomiendo calurosamente "Nocilla Dream", de Agustín Fernández Mallo, señalado por El Cultural de El Mundo, como uno de los diez mejores libros del año. Parte de la trilogía Proyecto Dream, es un libro totalmente innovador desde el punto de vista literario por su estructura y su forma de narrar (¿casi bloggera?), francamente original impregando de una "moderna" sensibilidad en la que se entremezclan referencias cinematográficas, sensaciones, emociones, una particular percepción de la realidad, una constante presencia del subconsciente y una sorprente inteligencia y maestría literaria. 

La novela "En tiempo de prodigios", de Marta Rivera de la Cruz y finalista del Planeta, me reconcilió un poquito con este polémico premio. Una historia fácil, tierna y de las que enganchan. "Lo bello y lo triste", de Yasunari Kawabata es una pequeña joya. "Cosmofobia", de Lucia Etxebarria, en su línea, es divertido y muy entretenido. "Hermosos y malditos", de Scott Fitgerald, muy recomendable para los amantes del refinamiento y las historias de época. De Paul Auster os lo recomiendo todo, aunque mejor no empezar por la Trilogía de Nueva York" algo enrevesada, sino por "El palacio de la luna", "Brookling follies" o "El libro de las ilusiones".

A quienes de verdad sientan pasión por la literatura y tengan mucho tiempo por delante este verano, les animo a comenzar con la titánica obra de Marcel Proust, "En busca del tiempo perdido", que consta de siete volúmenes: "Por el camino de Swan", "A la sombra de las muchachas en flor", "El mundo de Guermantes", "Sodoma y Gomorra", "La prisionera", "La fugitiva" y "El tiempo recobrado". Tras casi 14 años de lectura (comencé en la facultad), con años de intervalo entre volumen y volumen, estoy en la recta final, a pocas páginas ya de terminar "El tiempo recobrado". Mi amiga Gema siempre me dice que no entiende cómo puedo leer semejante tostón. Y no digo que no lo sea un poco, porque cada frase de Proust puede ocupar página y media y sus descripciones son largas, minuciosas e interminbles. Pero Proust, además de ser una de las cumbres literarias de todos los tiempos, sólo a la altura de Cervantes, Joyce o Shakespeare, es tal vez, quien mejor ha plasmado en palabras el comportamientos y las emociones humanas, sobre todo las amorosas. Su penetración psicológica es tal, que además de ser objeto de estudio literario, lo es de análisis sociológico y psicológico. A lo largo de todos estos años, leer a Proust me ha proporcionado muchas claves sobre la vida, ha puesto palabras a mis emociones más profundas, me ha ayudado a entender el comportamiento humano, la percepción del tiempo, a ser tolerante y paciente (qué remedio), a contemplar con benevolencia y comprensión los sentimientos ajenos.

Como asidua lectora de cómics, no puedo dejar de recomendaros Persépolis, de la iraní Marjane Satrapi. Por su contenido social, por su denuncia sobre la situación de la mujer en el mundo árabe, por su defensa de la libertad, el arte y la intelectaulidad, me parece de obligada lectura. Resulta muy instructiva y sosprendente la visión que aporta sobre un país como Irán, su gente y el conflicto permanente que vive con Israel.

¿Qué lecturas recomendaríais para este verano?

# martes, 22 de julio de 2008 14:18

Sinestesia

Siempre que estoy con mi amigo Stephane me llevo alguna conversación interesante. El momento invitaba: un chill out bajo la luna, velas iluminando una casa de campo que necesitaba ser habitada, la compañía de buenos amigos. Tu propia compañía. Una maravillosa sensación de paz, calma, serenidad; también de felicidad. Mirábamos la luna, intuyendo su relieve -"si la miras con un telescopio ves perfectamente sus cráteres", me decía Stephane-, escuchando el sonoro silencio de la noche. "Cómo sería poder identificar un color por su olor, una sensación por su sabor, un sonido por su textura...", preguntó alguien. "Hay quien puede hacerlo, se llama sinestesia", dijo Stephane.

Retóricamente, la sinestesia consiste en unir dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales: "soledad sonora (como he dicho arriba), verde chillón... Según el diccionario de la RAE, la sinestesia es la imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente. ¿Suena apetecible verdad?

Pues bien, los sinestésicos pueden, por ejemplo, oír colores, ver sonidos o percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. La sinestsia es un efecto común de determinadas drogas como el LSD o la mescalina. Los sinestésicos también perciben correspondencias entre tonos de color, tonos de sonidos e intensidades de sabores. Por ejemplo, tocar una superficie suave les puede hacer percibir un sabor dulce aún más dulce.

La sinestsia puede ocurrir cuando uno de los sentidos está dañado. La depresión tiende a aumentar este tipo de sensaciones. La sinestesia no es frecuente, pero podría serlo más de lo que pensamos, ya que las personas que la experimentan no suelen ser conscientes de que los demás no poseen esas capacidades. Creo, además, que cuando somos niños tenemos la sinestesia desarrollada y después la realidad nos la arrebata: "las nubes saben a algodón dulce", "mi oso está rico", "está persona es mala, huele a caca"...

La sinestesia es un recurso ampliamente utilizado en la literatura, a menudo en combinación con la metáfora(metáfora sinestética). Fueron los simbolistas quienes más difundieron su uso, de ahí la afuerza de la poesía de autores como Rimbaud (Le bateau ivre es absolutamente vibrante) o Rubén Dario, con sus dulces azules y otros tantos... El famoso episodio de la magdalena de Proust, que tanto he citado, vendría a ser una sinestesia. Las asociaciones sinestésicas ayudan también a memorizar conceptos abstractos.

Ver colores cuando oyes palabras, saborear sonidos, oler sensaciones, tocar imágenes... Sería maravillosos tener desarrollada la sinestesia. Las sensaciones, la percepción de los sentidos, se vería multiplicada hasta el infinito. Sin embargo, creo que esta capacidad está en todo nosotros y, según las circunstancias, nuestra sensibilidad y nuestro momento vital, aflora.

¿Cuántas veces un olor, como el del hombre antaño amado, no nos ha traído inmediatamente, al percibirlo en otra persona, los sentimientos que nuestro amante nos provocaba ? ¿Cuántas veces el tacto de la arena bajo nuestro pies no nos ha retrotraído a intensos momentos de felicidad pasada? ¿Cuántas penas han tenido sabor amargo, a tierra, a sal de mar... y al degustar, por accidente, alguno de esos amargos sabores no nos hemos sentido tristes por un momento? ¿Cuántas veces el azul de un cielo de verano no nos ha hecho sentir una profunda y real sensación de libertad? ¿Cuándo no, el tacto de otra piel nos ha hecho ver y escuchar, como si materiales fueran, las propias emociones?

Pensad... ¿qué sensaciones sinestésicas experimentáis habitualmente sin daros cuenta? ¿De cuáles os acordáis aún porque os removieron lo más profundo de vuestro ser?

 

# viernes, 18 de julio de 2008 10:52

Las españolas más sexy

Una conocida revista femenina publica este mes una lista con "Las 10 españolas más sexy" según sus lectoras. En esta lista están las caras de siempre más alguna nueva. En esta época veraniega en la que apetecen temas más ligeros, os propongo revisar esta lista y les invito a ellos a opinar. Por aquello de que hombres y mujeres tenemos visiones diferentes sobre la belleza femenina...

1. Elena Anaya. Es la española más sexy de la lista según las lectoras, y coincido en parte con esta elección, ya que Elena tiene la mezcla justa entre fuerza, dulzura, atractivo, morbo y belleza. Su talento como actriz, en mi opinión, acrecenta su atractivo personal. La actriz acaba de rodar Solo quiero caminar, de Agustín Díaz Yanes.

2. Elsa Pataky. Es una de las pocas veces que la veo en segundo lugar en una lista de mujeres sexy. Su cara y su cuerpo, bien trabajado a base de ejercicio y algún que otro arreglito (sobre todo facial) traen locos a los españoles y a gran parte del público masculino del extranjero. Me llama la atención además, que las dos pirmeras mujeres de la lista sean más bien bajitas y, al menos la Pataky, curvilíneas, nada que ver con el prototipo de modelos escuchimizadas con las que tanto se obsesionan las adolescentes.

3. Paz Vega. Otra habitual de las listas de mujeres sexy. Y se lo ha ganado a pulso, porque su cambio de cuerpo e imagen desde que empezó su carrera ha sido espectacular. Al poco de dar a luz posó para la revista ELLE cubierta tan sólo con cristales de Swarovsky, y estaba espectacular. Un buen exponente de la belleza latina, de esas mujeres de antes, carnales y exuberantes. Paz continúa su carrera en Hollywood, donde estrenará pronto Triage, en la que comparte cartel con Collin Farrell.

4. Penélope Cruz. No podía faltar en la lista, tan omnipresente es últimamente. Aunque respecto a su atractivo hay opiniones encontradas. Entre mis amigas/os hay quienes la encuentran preciosa y quienes no le ven nada de nada, ni belleza ni estilo. A mí personalmente sí me gustan tanto su imagen como su belleza; tiene algo, ese "no se qué", que muchas veces suple sus carencias interpretativas en escena.

5. Eugenia Silva. La quinta candidata de la lista es una modelo. Reconozco que es una de mis preferidas: tiene un refinado aspecto latino que transmite elegancia y exquisitez; por supuesto, es bellísima. Pero no sé si a los hombres, viendo en persona su delgadez, les resultaría tan sexy.

6. Martina Klein. Otra modelo y otra de mis preferidas. Martina tiene una frescura, una sonrisa y una luz irresistibles. Una buena elección por parte de las lectoras en la que imagino que ellos estarán de acuerdo.

7. Ariadne Artiles. Rara es la lista de bellas en la que esté Pataky, y no esté también ella. Esta belleza canaria es el último fichaje de L'Oréal para su línea Matrix. Cara y cuerpazo tiene, desde luego.

8. Paula Echevarría. Me cae especialmente simpática y me parece que tiene estilo vistiendo, pero no me resulta especialmente sexy. Pero ahí ya sois vosotros los que tenéis que opinar...

9. María Valverde. Ha sido una de las "lolitas" del cine español y tiene una belleza peculiar que a mí me recuerda a italianas como Ana Magnani. pero la veo aún muy joven como para calificarla de sexy.

10. Michelle Jenner. Al contrario que a María Valverde, aunque Michelle también es muy joven, sí que le veo el atractivo y la parte sexy. E imagino que el resto de hombres que ven Los hombres de Paco también. Michelle me parece un auténtico bombón, la "lolita" por excelencia pero con menos picardía y más dulzura.

 

 

¿Estáis de acuerdo con la lista? ¿A quién quitaríais y a quién añadiríais?

 

    

 

  

 

# martes, 15 de julio de 2008 10:28

¿Tumbing? en vacaciones

Las vacaciones son para descansar. Eso es indiscutible. Y para dormir. Eso es innegociable. Pero ambas cosas son perfectamente compatibles con la palabra "actividad". Por lo menos en mi caso. Pasarme un par de días sin hacer nada, lo que se dice nada, me puede apetecer nada más llegar, pero estar así una semana o quince días, me parece aburridísimo.

En este asunto, sobre todo hablando de sol y playa, creo que los chicos podrían decir muchas cosas. Me explico: cuando voy a la playa veo muchas veces parejitas de novios disfrutando de unas vacaciones solos... Ella tomando el sol, monísima, vuelta y vuelta, y el aburrido como una ostra leyendo el periódico; luego un bañito juntos, tal vez unas palas, él que le trae un helado, paellita en el chuiringuito... Y así una semana en la que, si los dos no están igual de "tortolitos", hay quien se come hasta las uñas de los pies para calmar los nervios.  

Porque irse de vacaciones a no hacer nada es una idea a priori muy atractiva pero que al final puede resultar aburridísima. Pero hay quien tiene una capacidad ilimitada y asombrosa para hacer "tumbing". De hecho, yo tengo amigas que me maravillan por su capacidad para mimetizarse con la arena de la playa y pasarse horas durmiendo, comiendo pipas, durmiendo, fumando, durmiendo, hablando, durmiendo, leyendo una revista, durmiendo, tomándose unas cervezas, durmiendo otra vez... Prácticamente todo el día en horizontal, si acaso incoroporándose un poco para hacer todas esas cosas que no son dormir.

Hay algunos momentos, cuando estoy de vacaciones en la playa, en el campo o incluso en otra ciudad, en los que sí me gusta hacer "tumbing". Sobre todo en la playa. Es ese instante en el que llegas a tu lugar de vacaciones, sobre todo la playa, en el que dejas todo en el suelo, te quitas la ropa, te tumbas, dejas que el sol le dé calor a tu cuerpo, cierras los ojos, y comienzas a escuchar el sonido de las olas o de la naturaleza. Ese instante en el que entras en un estado de duermevela, en el que estás a solas contigo mismo, relajándote, escuchándote, sintiéndote... Puede durar unos minutos tan solo, pero cuando te levantas, eres otra persona, tu ritmo se ha ralentizado, estás de vacaciones.

Estos momentos, muy íntimos para mí, me gusta tenerlos a menudo en vacaciones, pero no puedo pasarme el día sin hacer nada. En la playa, me parece un pecado no aprovechar el mar para bañarse, nadar, jugar con las olas, pasear y, por supuesto, hacer cualquier deporte acuático; o jugar al voley o las palas con los amigos. En el campo, me mata la idea de encerrarme en una casa rural, necesito moverme, hacer excursiones, montar a caballo... En otra ciudad, sobre todo en otro país, me fascina recorrérmela a pie, cansarme de tanto ver y andar. No qué decir, que no me gustan nada los viajes organizados ni los resorts todo incluido (para un par de días tal vez)

Entiendo las vacaciones como un momento para descansar y desconectar pero también para hacer todas aquellas cosas para las que no tienes tiempo durante el año: deportes, excursiones, salir, bailar, jugar, descubrir, conocer gente y lugares... combinar descanso con actividad te hace sentir increíblemente vivo y te permite volver con el triple de energía, además de un tipo estupendo...

¿Practicáis mucho el "tumbing" en vacaciones o sois del tipo activo?

 

# viernes, 11 de julio de 2008 9:18

Noches de verano

Pocos recuerdos son para mí tan embriagadores como los de las noches de verano. Cuando le robas horas al sueño sin reproches, cuando el ambiente y la gente se empapan de una energía nueva y misteriosa, cuando el calor llena de sensualidad el ambiente... Todos parecemos despertar de nuestro letargo personal en verano; cuando nos reencontramos con nuestro propio cuerpo y el de los demás.

El verano es vital y alegre por definición. En una noche de verano uno tiene la sensación de que puede ocurrir cualquier cosa...

Recuerdo noches de verano profundas y solitarias en Grecia; recuerdo noches bulliciosas y vibrantes en Marrakech; recuerdo noches locas y aceleradas en Madrid; recuerdo noches llenas de mar, bruma y estrellas en Cádiz; recuerdo noches llenas de exotismo en Estambul. Recuerdo con especial cariño las noches de verano de mi adolescencia en Badajoz, cuando por fin podía regresar a casa al amanecer...

El verano, el calor, la noche, la visión de nuestros cuerpos ligeros de ropa, incitan inevitablemente a la sensualidad, al deseo, al sexo; tal vez al amor. Quien está soltero, ve exaltados en verano sus deseos de vivir  una aventura; quien tiene pareja...

El verano suele ser una estación deseada, esperada, anhelada. Para muchos significa descanso y, sobre todo, disfrutar de las vacaciones más largas del año. Para otros el verano resulta penoso y largo, el calor les supone un hándicap indeseable. Pero siempre habrá alguna noche en que la brisa corra, en que el mar les adormezca con el arrullo de sus olas, en que la naturaleza les inavada con su sonoro silencio...

En una noche de verano, la duermevela y los momentos de soledad se llenan de una intensa belleza; también de anhelos, recuerdos y sensaciones que reverberan como un eco en nuestro interior. Todo el mundo debería vivir en soledad una noche de verano; todo el mundo debería reír en compañía en una noche de verano; todo el mundo debería compartir la piel de otro en una noche de verano...  

De niños, de adolescentes, el verano supone un tiempo sin tiempo, en el que el horizonte no es sino la línea que marca el ocaso de cada día. Juegos en la playa, la piscina, el campo; vacaciones en familia; las primeras juergas, los primeros amores... Sensaciones, situaciones, personas que sólo existen de verano en verano.

De adultos, el verano pierde casi por completo su pátina mágica. El tiempo existe; el cuerpo, sometido a duros ritmos, pide descanso; la mente alberga ideas, prejuicios, bloqueos... Pocos son los que pueden perderse en ese tiempo sin tiempo, en ese devenir inesperado, en esa embriagadora sensación de no tener que pensar en el mañana...

Pero a veces, ocurre. Tras una sucesión de veranos en calma, con conciencia del tiempo y la propia realidad, una noche de verano, en el que éste ha llegado por sorpresa, te descubres riendo en la calle con tus amigos sin saber qué hora es. Te maravillas en la soledad de tu habitación empapándote de la energía y la belleza del amanecer. Tomas conciencia de tu cuerpo amando a otro, aunque sea sólo durante ese instante, en un lecho improvisado...

¿Habéis vivido intensas noches de verano?

 

# martes, 08 de julio de 2008 15:04

Dancing Rock In Rio

"Yo bailé en Rock In Rio". No sé si a mis nietos, pero ésta es una frase que me encantará decir cuando tenga muchos años y recuerde lo bien que lo pasaba cuando era joven. Porque el Rock In Rio de Madrid ha sido un auténtico disfrute. Me esperaba el típico festival embarrado e imposible de gente, y me encontré, como bien se ha publicitado, con una ciudad de rock de aires futuristas, instalaciones cómodas, buen ambiente y espacio para todos (qué buena idea el césped artificial). Rock In Rio me hizo bailar como cuando tenía veintitantos años y no pensabas en la hora, ni en lo lejos que estabas de tu casa, ni en quién puede estar mirándote; tu mundo eran tus amigos y tu lema dejarte llevar y vivir el momento.

Estuve el viernes y el sábado. Y si hubiera podido, hubiera repetido el domingo. The Police me encantó -Sting no ha perdido un ápice de fuerza y atractivo- pero el cartel que más me gustó fue el del viernes: Amy Winehouse, que estaba fatal de lo suyo la pobrecita y me decepcionó mucho; Jamiroquai, con quien llegó la locura y bailamos sin parar con todo el mundo; y Shakira, que me dejó literalmente fascinada. Nunca me he comprado un cd suyo ni me ha gustado especialmente, pero he cambiado de opinión radicalmente tras verla a ella; la luz que emana y la fuerza que tiene al cantar, bailar o hablar es realmente espectacular, es imposible no dejarse seducir por su carisma, su dulzura, su profesionalidad, su generosidad y su humildad. La canción que le dedicó a Ingrid Betancourt le puso a todo el Rock In Rio los pelos de punta.

Tras los conciertos, espectaculares independientemente de quien actúa por la magnificiencia del escenario (70 m de largo y 25 de alto con un impresionante juego de luces), te podías ir a la zona de Electrónica, donde pincharon algunos de los mejores dj's del mundo, como Tiesto. Aquí no bailar era imposible. Imagináos: noche de verano, una súper pista al aire bajo las estrellas, una música que se te mete por todos los poros y gente sonriente y disfrutando por todos lados.

Bailar. De esto quería hablaros a propósito del Rock In Rio. Se trata de uno de los ejercicios más beneficiosos, placenteros y fáciles de practicar. ¿Por qué estábais tan espuendos/as a los veinte años? Uno de los motivos puede ser precisamente ése: que cuando salíais no parábaís de bailar, lo que te hace quemar muchísimas calorías, te mejora el tono muscular y te hace producir endorfinas, las hormonas de la felicidad. Bailando descargas adrenalina, liberas tensiones, te recargas de nueva energía y te sientes vivo.

El cuerpo de los bailarines suele ser ágil, resistente y estilizado, a mi entender, el ideal. Y para conseguir esto ni siquiera tienes que gastarte dinero apuntándote a una escuela de baile. Puedes hacerlo tú mismo en casa poniéndote esa música "que te mueve el piso". Además, bailar es un recurso que puedes utilizar para controlar tu peso cuando salgas de cena y fiesta; nada mejor para contrarrestar los postres y las copas.

No contenta con los bailes que "me había echado" en el Rock In Rio, acabé bailando otra vez el domingo en Chueca. No era mi intención, pero salí a dar un paseo con una amiga, pasamos por la Plaza de Chueca, escuchamos el "musicón" que había y no pudimos evitar meternos a bailar en medio de la gente. Volví a casa feliz y contenta, mucho más activa y con más ganas de empezar la semana.

¿Vostros también bailásteis como hacía tiempo en el Rock In Rio o en el Orgullo Gay?

  

 

# viernes, 04 de julio de 2008 9:23

Duros & Cia

¿Quién no ha tenido un tipo/a duro en su vida? ¿Por qué nos gustan tanto? ¿Tal vez porque son inalcanzables, porque no se rinden a nuestros pies o porque siempre quieres lo que no tienes? Muchas mujeres se pasan la vida de un extremo a otro: saliendo con tios duros que las hacen sufrir "in extremis", y, con las heridas aún recientes, buscando refugio en los típicos buenazos que las adoran... hasta el hartazgo.

Como en todo en la vida, en el término medio está la clave. Pero, cuántas veces he hablado con mis amigas de lo difícil que es encontrar a alguien que no sea un puerco (por no utilizar la palabra que todos imagináis) pero tampoco un soso. "¿Dónde están estos tíos que te hacen vibrar, que te mueven el piso, pero que no te ponen los cuernos en cuanto te das la vuelta?", dice siempre una conocida mía. "Cuando son intelectuales son un coñazo, cuando son buenos son unos aburridos, y cuando molan, son unos infieles, suele decir otra". Y me imagino que ellos podrán decir lo mismo de las mujeres.

¿Dónde están esos tipos/as que te dan una de cal y otra de arena en el buen sentido, que saben estar sin agobiar, que te divierten sin ser bufones, que se preocupan por ti sin llegar al servilismo, que te hacen vibrar sin destrozarte el sistema nervioso? Pues yo creo que esos hombres y mujeres están en la madurez, sobre todo en la nuestra propia. Creo que si uno no está maduro, si no se quiere a sí mismo, si no está a bien con los demás, si no sabe disfrutar y estar solo, ¿qué tipo de hombre o mujer espera encontrar? Seguramente aquel con el que no tenga una relación de equilibrio sino de dominación, sumisión, dependencia u obsesión.

El error está, muchas veces, en que esperamos que sea el otro el que nos haga felices, el que haga realidad nuestras fantasías infantiles, el que nos desee, el que nos dé, el que nos llene... Y si uno no está lleno, no se quiere, difícilmente podrá llenarle y quererle otra persona. En ese punto en el que no necesitas y en el que lo que te apetece es dar tú, creo que está el equilibrio y es cuando aparecen esos hombres y mujeres duros, interesantes, especiales, atractivos... pero también normales, cariñosos, divertidos, sinceros, tiernos, atentos...

De todas formas, centrándonos sólo en el físico, reconozco que me atraer más el característico de los "tipos duros", aunque luego no lo sean. Nunca me han atraído los hombres con cara de niño (o de niña...), de querubín, de facciones y cuerpos delicados o perfectos. La gente de rasgos perfectos y excesivamente guapa me atrae menos, su belleza es tan fácil que enseguida me cansa. Me atraen más los rasgos difíciles, fuertes, la presencia masculina, los ojos oscuros donde una se pueda perder. Para mí, un físico diferente requiere mayor contemplación y tiempo de asimilación, se va amando más lentamente, lo que al final supone una profunda interiorización.

Pero banalicemos un poco sobre el tema de los tipos/as duras, que también tiene que verle uno el lado divertido y ligero a las cosas. ¿Quienes serían vuestro prototipos de duros/as? Por hablar de personas que todos conocemos, para mí serían hombres como Clint Eastwood, Matt Dillon, Benicio de Toro, Javier Bardem, Clive Owen... En chicas, y hablando sin saber, me parecen de este estilo Angelina Jolie, Milla Jovovich, Mónica Bellucci, Segourney Weaver, Sharon Stone...

Aunque ya no os gusten los tipos/as duros, ¿qué "malos/as" os gustan a modo de fantasía? 

 

 

# martes, 01 de julio de 2008 10:36

Miedo y asco en la playa

La playa puede ser un lugar maravilloso... o un auténtico infierno. De ahí lo de parafrasear el título de la peli de Johnny Depp, "Miedo y asco en Las Vegas". A mí, que me fascina estar junto al mar, sentir la arena bajo el cuerpo, el sol y el agua en la piel, según donde vayas puede que lo que sientas sean otras cosas mucho menos agradables.

Entiendo que cuando vas con la familia, sobre todo con niños, tienes que elegir playas de fácil acceso, agua más o menos tranquila y cálida, chiringuitos y restaurantes cerca... Aunque creo que a veces los niños se deberían adaptar más a los padres, y no a la inversa, pero ése es otro tema. Pero si eres más o menos libre de ir donde quieras, no entiendo muy bien lo de ir a las playas donde hay que hacer cola para poner la toalla. Porque así, en mi opinión, la playa se convierte, más que en un lugar placentero y relajante, en una fuente de estrés.

Mi destino preferido de playa es Cádiz, porque por mucha gente que haya (que cada vez es más), las playas son tan grandes que siempre puedes encontrar un sitio donde estés prácticamente solo. Y si quieres compañía, te acercas a algún chiringuito, los hay con buena música, buenos cócteles, buenas vistas para la puesta de sol y la gente justa, como el Gran BabaEl Aborígena, el mítico chiringuito de El Palmar, por desgracia, cada vez ilustra mejor el título de este post: miedo y asco. De ser un sitio increíble al que acudir al final del día para ver la puesta de sol, se ha convertido en el refugio de los desfasados de la zona, en una pasarela de modelitos y, según el día, en una pocilga gracias a los cigarros, petas, copas, comida y otras porquerías varias que la gente "se deja olvidada" por la arena. Y estas cosas, suelen ir a parar al mar, que es el olvido...

Volviendo a las aglomeraciones. Cuando era pequeña fui muchas veces de vacaciones a Levante con mis padres y mis hermanos. Disfrutaba como la enana que era, pero de mayor, mi visión sobre las playas levantinas en temporada alta ha cambiado sustancialmente. Especifico en temporada alta, porque fuera de temporada Levante tiene sitios maravillosos. Las dos veces que, en los últimos años, he ido a estas playas en julio o agosto, he creído morir del agobio, no he conseguido disfrutar de ninguna de las sensaciones y propiedades relajantes y curativas que para mí tiene la playa; sino más bien todo lo contrario, he vuelto neurótica perdida con tanta gente, con el volumen de ruido tan monstruoso que puede llegar a producir una multitud de niños y bañistas a la orilla del mar, con un tremendo agobio existencial por la falta de espacio, con un pelín incluso de agresividad por tener que pelear cada mañana por poder plantar la toalla. Fuera de la playa, el exagerado bullicio, ruido y caos de restaurantes, bares o tiendas me resultaba agotador y acrecentaba por momentos mi nerviosismo.

La gente cochina en la playa también me pone de los nervios. Bañándome hace unos años en Benidorm, vinieron flotando hacia mí, sinuosa y calladamente, un zapato y una compresa, con lo cual salí del agua como alma que lleva el diablo y ya no me volví a mojar más que en las duchas de la playa y cuando estaba ya al borde de la insolación. Recuerdo que cuando era pequeña me encantaba andar por la orilla del mar con mi cubito para recoger conchas y tesoros del mar; si haces eso ahora en casi cualquier playa lo que te encuentras son colillas (odio esa costumbre de algunos fumadores de enterrar los cigarros en la arena), botes, plásticos, anillas de latas, preservativos y otras lindezas.

Cuando estoy en la playa me gusta también que la gente se adapte al contexto. Estás en la naturaleza, bajo el sol, frente al mar y sobre la arena; y lo ideal es fundirse con todo eso. Me explico, no entiendo muy bien a esas mujeres (y cada vez más hombres) que van a la playa como si fueran de fiesta. En Cerdeña me maravilló este fenómeno: las italianas iban con tacones de vértigo a la playa, con montones, de "joyones", súper maxigafas, ropa de "megamarca" y muchas, maquilladas. E ir pintada a la playa me parece una de las cosas más absurdas que existen, por muy waterproof que sea un maquillaje o una máscara de pestañas, tras varias horas bajo el sol aquello debe convertirse en mantequilla.

Siguiendo con el contexto, tampoco me gusta nada un fenómeno que se da mucho en Ibiza: el desfase en la playa. Para mí, que voy como una niña y veo la playa como prístino lugar de renovación física y espiritual, ver a gente "pedo", bebiendo sin parar o drogándose en la playa me produce una sensación de asco si cabe mayor que cuando veo la basura que las olas traen a la orilla. Si encima hay niños por ahí correteando, la sensación desagradable aumenta.

Por suerte, la moneda siempre tiene dos caras. Frente a las playas masificadas, sucias y recalcitrantes (entiendo bien a esos hombres que odian la playa si a las que van son de ese tipo) también las hay limpias, enormes y solitarias. Como las de Cádiz, Huelva o el norte. En general, para encontrar algo bueno hay que buscar y estar dispuesto a sufrir un poquito; a las calas y las playas más bonitas se suele acceder por largos y dificultosos caminos que ponen a prueba la voluntad y verdaderas intenciones del visitante.

¿Habéis sentido alguna vez estos agobios en la playa? 

 

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