Las vacaciones son para descansar. Eso es indiscutible. Y para dormir. Eso es innegociable. Pero ambas cosas son perfectamente compatibles con la palabra "actividad". Por lo menos en mi caso. Pasarme un par de días sin hacer nada, lo que se dice nada, me puede apetecer nada más llegar, pero estar así una semana o quince días, me parece aburridísimo.
En este asunto, sobre todo hablando de sol y playa, creo que los chicos podrían decir muchas cosas. Me explico: cuando voy a la playa veo muchas veces parejitas de novios disfrutando de unas vacaciones solos... Ella tomando el sol, monísima, vuelta y vuelta, y el aburrido como una ostra leyendo el periódico; luego un bañito juntos, tal vez unas palas, él que le trae un helado, paellita en el chuiringuito... Y así una semana en la que, si los dos no están igual de "tortolitos", hay quien se come hasta las uñas de los pies para calmar los nervios.
Porque irse de vacaciones a no hacer nada es una idea a priori muy atractiva pero que al final puede resultar aburridísima. Pero hay quien tiene una capacidad ilimitada y asombrosa para hacer "tumbing". De hecho, yo tengo amigas que me maravillan por su capacidad para mimetizarse con la arena de la playa y pasarse horas durmiendo, comiendo pipas, durmiendo, fumando, durmiendo, hablando, durmiendo, leyendo una revista, durmiendo, tomándose unas cervezas, durmiendo otra vez... Prácticamente todo el día en horizontal, si acaso incoroporándose un poco para hacer todas esas cosas que no son dormir.
Hay algunos momentos, cuando estoy de vacaciones en la playa, en el campo o incluso en otra ciudad, en los que sí me gusta hacer "tumbing". Sobre todo en la playa. Es ese instante en el que llegas a tu lugar de vacaciones, sobre todo la playa, en el que dejas todo en el suelo, te quitas la ropa, te tumbas, dejas que el sol le dé calor a tu cuerpo, cierras los ojos, y comienzas a escuchar el sonido de las olas o de la naturaleza. Ese instante en el que entras en un estado de duermevela, en el que estás a solas contigo mismo, relajándote, escuchándote, sintiéndote... Puede durar unos minutos tan solo, pero cuando te levantas, eres otra persona, tu ritmo se ha ralentizado, estás de vacaciones.
Estos momentos, muy íntimos para mí, me gusta tenerlos a menudo en vacaciones, pero no puedo pasarme el día sin hacer nada. En la playa, me parece un pecado no aprovechar el mar para bañarse, nadar, jugar con las olas, pasear y, por supuesto, hacer cualquier deporte acuático; o jugar al voley o las palas con los amigos. En el campo, me mata la idea de encerrarme en una casa rural, necesito moverme, hacer excursiones, montar a caballo... En otra ciudad, sobre todo en otro país, me fascina recorrérmela a pie, cansarme de tanto ver y andar. No qué decir, que no me gustan nada los viajes organizados ni los resorts todo incluido (para un par de días tal vez)
Entiendo las vacaciones como un momento para descansar y desconectar pero también para hacer todas aquellas cosas para las que no tienes tiempo durante el año: deportes, excursiones, salir, bailar, jugar, descubrir, conocer gente y lugares... combinar descanso con actividad te hace sentir increíblemente vivo y te permite volver con el triple de energía, además de un tipo estupendo...
¿Practicáis mucho el "tumbing" en vacaciones o sois del tipo activo?