Siempre que estoy con mi amigo Stephane me llevo alguna conversación interesante. El momento invitaba: un chill out bajo la luna, velas iluminando una casa de campo que necesitaba ser habitada, la compañía de buenos amigos. Tu propia compañía. Una maravillosa sensación de paz, calma, serenidad; también de felicidad. Mirábamos la luna, intuyendo su relieve -"si la miras con un telescopio ves perfectamente sus cráteres", me decía Stephane-, escuchando el sonoro silencio de la noche. "Cómo sería poder identificar un color por su olor, una sensación por su sabor, un sonido por su textura...", preguntó alguien. "Hay quien puede hacerlo, se llama sinestesia", dijo Stephane.
Retóricamente, la sinestesia consiste en unir dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales: "soledad sonora (como he dicho arriba), verde chillón... Según el diccionario de la RAE, la sinestesia es la imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente. ¿Suena apetecible verdad?
Pues bien, los sinestésicos pueden, por ejemplo, oír colores, ver sonidos o percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada. La sinestsia es un efecto común de determinadas drogas como el LSD o la mescalina. Los sinestésicos también perciben correspondencias entre tonos de color, tonos de sonidos e intensidades de sabores. Por ejemplo, tocar una superficie suave les puede hacer percibir un sabor dulce aún más dulce.
La sinestsia puede ocurrir cuando uno de los sentidos está dañado. La depresión tiende a aumentar este tipo de sensaciones. La sinestesia no es frecuente, pero podría serlo más de lo que pensamos, ya que las personas que la experimentan no suelen ser conscientes de que los demás no poseen esas capacidades. Creo, además, que cuando somos niños tenemos la sinestesia desarrollada y después la realidad nos la arrebata: "las nubes saben a algodón dulce", "mi oso está rico", "está persona es mala, huele a caca"...
La sinestesia es un recurso ampliamente utilizado en la literatura, a menudo en combinación con la metáfora(metáfora sinestética). Fueron los simbolistas quienes más difundieron su uso, de ahí la afuerza de la poesía de autores como Rimbaud (Le bateau ivre es absolutamente vibrante) o Rubén Dario, con sus dulces azules y otros tantos... El famoso episodio de la magdalena de Proust, que tanto he citado, vendría a ser una sinestesia. Las asociaciones sinestésicas ayudan también a memorizar conceptos abstractos.
Ver colores cuando oyes palabras, saborear sonidos, oler sensaciones, tocar imágenes... Sería maravillosos tener desarrollada la sinestesia. Las sensaciones, la percepción de los sentidos, se vería multiplicada hasta el infinito. Sin embargo, creo que esta capacidad está en todo nosotros y, según las circunstancias, nuestra sensibilidad y nuestro momento vital, aflora.
¿Cuántas veces un olor, como el del hombre antaño amado, no nos ha traído inmediatamente, al percibirlo en otra persona, los sentimientos que nuestro amante nos provocaba ? ¿Cuántas veces el tacto de la arena bajo nuestro pies no nos ha retrotraído a intensos momentos de felicidad pasada? ¿Cuántas penas han tenido sabor amargo, a tierra, a sal de mar... y al degustar, por accidente, alguno de esos amargos sabores no nos hemos sentido tristes por un momento? ¿Cuántas veces el azul de un cielo de verano no nos ha hecho sentir una profunda y real sensación de libertad? ¿Cuándo no, el tacto de otra piel nos ha hecho ver y escuchar, como si materiales fueran, las propias emociones?
Pensad... ¿qué sensaciones sinestésicas experimentáis habitualmente sin daros cuenta? ¿De cuáles os acordáis aún porque os removieron lo más profundo de vuestro ser?