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Artículos - agosto 2008

# miércoles, 13 de agosto de 2008 11:31

Summer affaires: un rollito de verano

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El verano es la época por excelencia de los affaires. En invierno, con el frío, el trabajo, la falta de tiempo y el "escondimiento" del cuerpo, parece que el corazón se encoje. Con el calor la vida resurge, la naturaleza explosiona, los cuerpos reaparecen, todo se llena de olores, colores y sensaciones estimulantes, la sensualidad se percibe en el aire... y pasa lo que pasa. No sé vosotr@s, pero yo he vivido mis mejores affaires e historias de amor en verano. Tal vez comenzaron a fraguarse en primavera, pero la pasión, la intensidad y la eclosión vinieron con el calor.

Qué melancolía al pensar en esos amores de los veranos adolescentes, esos que sólo vivían de verano en verano. Porque, ahora lo entiendo, tanta pasión, tanta emoción y tanta perfección nunca hubieran sobrevivido en al otoño y mucho menos al invierno. Eran los amores idealizados por definición, perfectos por estar conformados de posibilidades que normalmente no se realizaban. Un regalo que el verano nos hacía y que, me imagino, habrá quedado impreso en vuestra memoria, como en la mía, como pequeñas joyas incrustadas en la memoria.

Si estás soltero, el verano es el mejor momento para dejarse llevar, para hacer acopio de seguridad en sí mism@ y lanzarse a por el affaire. Estar en otro lugar y por un tiempo limitado hace fácil la historia, invita a vivirlo al máximo sin miedos ni presiones; no hay que esperar nada, no hay que comprometerse, no hace falta siquiera hablarlo; el fin está implícito en el affaire, y eso es lo que le da tanta intensidad.

Un affaire o un amor. Porque vivir un amor en verano tiene un plus de intensidad dada la estación. En una playa, en otra ciudad o en la propia ciudad vacía de gente, de vacaciones, sin límite de tiempo, embellecidos por el sol y la relajación, rodeados de cosas bellas, todo invita, las emociones se multiplican, el deseo no se apaga... Comenzar un amor en verano es hermoso; siempre quedará como recuerdo cuando lleguen las horas frías y la melancolía del invierno.   

El verano es también la época en la que muchas parejas rompen. Cuando el sol empieza a calentar y uno siente que la vida vuelve, si el amor está débil, es difícil controlar los impulsos. ¿Quién no quiere volver a enamorarse cuando la vida está reverberando a su alrededor? También es una época en la que las infidelidades se multiplican; tanto cuerpo semidesnudo invita demasiado a la sensualidad...

Mis mejores affaires, mis mejoras historias de amor han estado siempre enmarcadas en un verano espléndido. Esos veranos que nunca olvidas, esos amores que, aunque pasen, te dejan un gusto a felicidad, te hacen sonreír al recordarlos y te hacen sentir viva.

¿Nos contaríais alguno de vuestros affaires o amores de verano? 

# miércoles, 13 de agosto de 2008 11:30

Mi mascota preferida

Cómo me gusta observar a la gente con sus mascotas. Creo que son un buen reflejo de su personalidad y hasta de su apariencia fìsica. Hay una tira de Mafalda que siempre me ha encantado, en la que se para mirar por la calle el parecido físico entre las personas que pasan y sus perros. Entre dueño y animal hay, sin duda una relación especial que muchas vece llega al amor, sobre todo por parte de la mascota.

Querer a un animal es fácil, sobre todo a un perro, el amigo más fiel y desinteresado que se puede tener aparte de un padre (y no siempre). Hace no mucho leí una cosa curiosa sobre personas, sobre todo mujeres mayores solas, que tenían perros a los que trataban casi como si fueran sus hijos. El psicólogo afirmaba que por parte de estas inocentes viejecitas ese cariño hacia sus mascotas no era tan desinteresado y bondadoso como pudiera parecer; lo pobres perros se convierten muchas veces en el objeto de sus deseos frustrados y necesidad de compañía. En lugar, de andar correteando por la calle y divirtiéndose con otros perros, viven encerrados en casa vestidos con inefables modelitos para poder atender bien las siempre insaciable necesidades de atención de sus dueñas.

Algunos de mis amigos tienen perro y me fascina la relación que se establece entre ambos y otros miembros de la familia, sobre todo niños y mayores (no del tipo antes descrito). Mis amigos quieren a sus perros y disfrutan de ellos con verdadera pasión y esfuerzo; porque levantarse a las siete de la mañana para sacar a pasear a un perro o bajarlo al parque en pleno invierno a las once de la noche es un verdadero acto de amor. Pese a estos sacrificios, siempre me ha gustado ver a la gente pasear con sus perros o ver con cuánto cariño les reciben al llegar a casa.

Me encanta que la gente tenga mascotas, siempre y cuando las cuiden bien. Y por bien no me refiero sólo a un trato digno, sino adecuado a su condición de animales. Me explico: hay gente que distorsiona esta relación persona-animal y trata a los animales como si fueran personas, mucho mejor que a las propias personas que les rodean dirían yo. No entiendo a esa gente que le da de comer jamón serrano a sus perros, caviar o entrecotes, que les permiten que campen a sus anchas por toda la casa, haciéndose dueños de camas y sofás; que molesten alarmantemente a los invitados cuando van de visita sin que éstos puedan decir nada sin recibir una airada mirada de reproche. A un perro y a cualquier otro animal hay que tratarlos como tal, pues no se les hace ningún favor haciéndoles adoptar comportamientos humanos; todo lo contrario, se mata la misma esencia del animal.

Hay gente que tiene mascotas muy curiosas. Últimamente veo por mi barrio algunos hurones, muy graciosos, pero no sé si preparados para vivir en una gran urbe. Respeto los gustos de la gente respecto a sus mascotas, pero reconozco que no sería capaz de tener en casa serpientes ni iguanas; los hay aficionados a las tarántulas y otros bichos rarísimos.

Mi ritmo de vida y la casa donde vivo hacen muy difícil poder poder cuidar de una mascota. De pequeña hubiera dado mi vida por tener un perro, pero como era alérgica al pelo, tenía que conformarme con mascotas más pequeñas e inofensivas. Era tal mi obsesión, que probé muchas veces a sacar a pasear a mis galápagos; los paseos eran eternos, claro.

Me gustaban tanto los animales que siempre me las apañaba para que mis padres accedieran a comprarme alguna mascota. Tuve pollitos (qué trauma con uno que aplasté mientras le haía una casita con pesadas paredes de madera...), patos, cobayas, canarios, tortugas, galápagos, una paloma medio muerta que cazó mi padre y escondí varios días en el aramario de una muñeca, ataviada con un vestido de la misma... Pero la mascota a la que más cariño le tuve fue a mi periquito "Martirio". Me lo encontré en la ventana de mi habitación cuando tenía unos doce años. Inmediatamente pensé que era un regalo del cielo en respuesta a mis plegarias, pues al abrir la ventana y ofrecerle delicadamente la mano, se subió graciosamente a mi dedo y entró conmigo en casa.

Martirio estaba amaestrado y hablaba, cantaba, bailaba y hacía mil monerías que a mí me volvían loca. Era tan especial que podía estar perfectamente fuera de la jaula, en la que se metía él solo cuando quería dormir, comer o descansar. El resto del tiempo andaba por la casa viendo la televisión con nosotros, en mi hombro mientras estudiaba, en la cocina escuchando la radio con mi madre... Por las mañanas desayunaba conmigo subido al borde la tazón de cereales; en verano le encantaba bañarse en el lavabo con el chorro del grifo cayéndole como si fuera una cascada.

Os juro que todo lo que os he contado es verdad, era un animal encantador con el que to tenía una relación especial. Siempre andaba encima mío, haciéndome cosquillitas dulcemente en la cara con el pico, jamás me hizo daño. Una vez que me fui de vacaciones casi murió de inanición y de pena; nunca nadie me ha recibido tan calurosamente al volver a casa... Pero Martirio voló un día, tal vez tenía que ser así. Lo llevamos a Extremadura de vacaciones con nosotros y al entrar una visita inesperada se asustó y salió volando por la puerta. Lo busqué durante días sin resultado; me pasé días llorando su marcha; todavía me acuerdo de él. Ya no tuve más animales.

¿Cómo son vuestras mascotas?

# miércoles, 06 de agosto de 2008 11:09

Accidentes veraniegos

En vacaciones pueden pasar muchas cosas, sobre todo si uno va predispuesto: juerga con los amigos, fantásticos días de playa, excursiones y experiencias inolvidables, amores veraniegos... Pero también pueden pasar otras muchas cosas menos agradables: insolaciones, golpes de calor, caídas, mareos, quemaduras... y otros pequeños accidentes que pueden evitarse fácilmente.

En la playa, si no tomas precauciones con el sol, es fácil ponerse como un cangrejo en poco tiempo, deshidratarse o sufrir una insolación. Sobre todo si te vas a la playa a dormir la resaca, como le pasó a un amigo mío en Cádiz, que se tumbó a eso de las 2 de la tarde al sol a dormir la mona, se puso una mano en la cara y cuando se despertó la tenía perfectamente dibujada en la mejilla.

Hay varias partes del cuerpo que suelen quemarse porque siempre se nos olvida ponernos crema ahí: los empeines y las orejas. ¡Y cómo duelen luego, no te puedes poner ni las chanclas! El protector solar, mejor ponérselo en casa antes de bajar a la playa y luego ir renovándolo cada dos horas como mucho. Y no séáis como una de mis amigas, que dice que ella toma el sol con protección... 2. Por debajo de quince no sirve para nada, aunque ya estéis morenos os quemáis igual y vuestra piel recibe exceso de sol.

Otra cosa importante en vacaciones para evitar accidentes, sobre todo pensando en los chicos, es no hacerse bajo ningún concepto el machote. Porque luego pasa lo que pasa: que si me tiro al mar desde este saliente y me dejo los dientes en una roca; que si cojo un pedaló, me voy a alta mar y luego me da un calambre en los pies y me tienen que venir a rescatar; que yo aguanto bien el alcohol y me tomó treinta tintos de verano a pleno sol; que si salgo corriendo a bañarme y me tiro olímpicamente de cabeza en plena orilla; que si yo me hago 70 kilómetros en mountain bike a las 4 de la tarde y me da una pájara que pierdo hasta el conocimiento; que si yo me doy un baño aunque haya bandera roja y el socorrista me haga efusivos gestos de que me salga...

Bromas aparte, en verano hay que tener especial cuidado en la playa, en la montaña o en el lugar donde estemos de vacaciones. Hay que evitar las horas fuertes de calor cuando vamos a realizar actividades físicas, hay que hidratarse muy bien durante el día, hay que saber cuáles son las propias limitaciones al enfrentarse a deportes de riesgo o al aire libre, hay que vigilar especialmente a los niños.

Tengo un amigo francés muy divertido, Romain, que tiene lo que los franceses llaman "le carafe", es decir, gafe. En la boda de una amiga que se casó en Marruecos en pleno mes de agosto, le ocurrió de todo. De camino decidió hacer un poco de turismo de riad en riad. Debió escogerlos demasiado baratos y cogió ladillas en mala zona, con lo cual decidió raparse la susodicha zona y así quitarse de en medio el problema. Cuando llegó, calvo en su intimidad y muerto de de calor, al oasis donde se celebraba la boda, corrió a darse un baño en el apetecible lago... en el cual pisó un pez escorpión y se le puso el pie como un zapato. Tras la correspondiente visita al hospital más cercano, se pasó media boda durmiendo por el efecto de los calmantes. Ya a media noche, cuando empezó a recobrar el conocimiento, se levantó animosamente para unirse al baile. Siguiendo el ritmo de las danzas árabes, se acercó moviendo ya las caderas, sin darse cuenta de que pasaba por un cable de alta tensión poco fiable donde estaban conectados los equipos de música... Al pisarlo le dio una calambrazo tal que hubo que acostarlo otra vez hasta el día siguiente...

Yo misma, me pasé hace tres años unas vacaciones en Cádiz maravillosas y desastrosas a partes iguales. No me había cuidado demasiado bien el los últimos meses y me planté en El Palmar con una bronquitis mal curada. En lugar de pasarme un par de días tranquilita en casa, sin que me diera el sol y descansando, me lancé al mar, al chiringuito y a la juerga desde el primer día. Y a sí me puse. Llegaba a la playa tosiendo y esputando (perdón...) como un viejecito con enfermedad pulmonar, sufría calores y fríos que no me dejaban saber nunca cuál era la temperatura real, estaba morena de cuerpo y pálida de cara, no oía bien por una otitis incipiente.... Vamos, que estaba hecha unos zorros.

Lo que os he contado es absolutamente cierto. A todos nos pueden pasar cosas, pero hay gente especialmente predispuesta a ello, por lo que nunca está de más ser precavidos cuando estamos en lugares que no conocemos bien, cuando un accidente tonto puede arruinarlos las vacaciones que llevábamos todo el año esperando.

¿Algún accidente tonto os fastidó algunas vacaciones?

# martes, 05 de agosto de 2008 12:33

Parir en verano

Si queréis encargar un niño, intentad hacerlo ahora en veranito, aprovechando las vacaciones. Como mucho intentadlo hasta octubre. Pero en noviembre, Navidades y Reyes, abstinencia total o buenos preservativos, que no sabéis lo que os espera si luego os toca parir en verano.

Mi amiga Libertad dio a luz a principio de julio, mi cuñada trajo al mundo a Marta a finales de julio, mi amiga Magdalena será mamá en pleno agosto y mi amiga Laura a finales o principios de septiembre. Todas ellas han vivido y están viviendo el último mes de su embarazo en pleno verano, con unos calores que las tienen medio muertas.

Aunque el último mes siempre es duro porque es cuando más peso se coge, todas están ya cansadas tras casi nueve meses de cargar con el "bombo" y deseosas de ver las caritas de sus bebés, con el calor las molestias se multiplican. La retención de líquidos, sobre todo en las piernas hace que casi no se puedan mover, como mi amiga Laura, que de los zapatos para ir a trabajar paso a las Converse, luego a las bailarinas y al final ya casi no le caben ni las chanclas. Como ella dice, parece un buda feliz.

Si te dan la baja y te puedes pasar el día metida en una piscina o tranquilita en tu casa con el aire acondicionado, todavía, pero tanto mi cuñada como mis amigas son mujeres "currantas" que han estado hasta el último día al pie del cañón. Y si nosotros estamos con la lengua fuera cuando el termómetro sube, no me quiero imaginar a las pobres embarazadas, con una tripa de ocho meses al volante para ir a trabajar, en la oficina, haciendo la compra o atendiendo a los otros hijos, que muchas ya son mamás, con un calor de 40 grados.

Los últimos días de julio media España se los pasó sin dormir por culpa de uan masa de aire africano. Cuánto me acordé esos días, cuando daba vueltas empapada en la cama, de las pobres mujeres embarazadas o a punto de dar a luz pasando las noches en vela por las molestias del embarazo y los perjurios del calor.

Y encima atrévete a irte de vacaciones a la playa, con el calor y el gentío eres capaz de ponerte de parto en pleno chiringuito. Por eso mi amiga Laura no se viene este año de vacaciones con nosotras. Porque está a punto de dar a luz y Cádiz está demasiado lejos como para tener una emergencia. Con las costillas molidas por la presión del piececito de Paula, que se lo ha encajado entre dos de ellas, unos dolores de espalda importantes, una retención de líquidos bestial, a falta de pocos días para dar a luz y sin poder ya conducir para ir al trabajo, el médico se negaba a darle la baja. Menos mal que por fin la ha conseguido y está descansando en Toledo en la casa de sus padres. Como me ha confirmado hace un ratito por teléfono, se pasa el día entero metida en la piscina porque es la única manera de sobrellevar el calor estando embarazada. Laura, te vamos a echar de menos en Cádiz, pero va a compensar, porque a la vuelta estará Paula...

¿Váis a dar a luz o fuísteis mamás en verano? ¿Cómo lo vivísteis?

 

# martes, 05 de agosto de 2008 11:58

Los 50 años de Michelle Pfeiffer

Con Lady Halcón, Michelle Pfeiffer se convirtió en uno de los smitos eróticos de mi generación. Candidata a tres Oscar y ganadora de un Premio Bafta y un Globo de Oro, Michelle aúna belleza y talento. Tras ser una de las actrices más conocidas y solicitadas de Hollywood hasta finales de los 90, Michelle prácticamente se retiró del cine y la vida pública hasta su regreso con la divertida Hairspray, en la que compartía cartel con un travestido John Travolta.

Siempre me gustó su belleza felina y su figura estilizada, tan diferente de los cuerpos operados, siliconados y plastificados imperantes en Hollywood en las últimas décadas. Algunos de mis amigos, treintañeros cercanos a los cuarenta, piensan que Michelle es no sólo su mito erótico de juventud sino una de las mujeres más bellas que ha habido en panorama cinematográfico. Para mí Michelle Pfeiffer es una de esas mujeres con clase, elegantes de forma natural.

A su vuelta, y tal vez inevitablemente, Michelle se trajo consigo el bótox, lo que ha modificado ligeramente sus preciosos rasgos. Pero sigue conservando esa belleza refinada y distinta, ese aura de misterio en la mirada y esa boca de labios finos (menos mal que no se los ha retocado) pero muy sugerente.

Actualmente Michelle rueda sólo cuando los papeles l apetecen de verdad, prefiere disfrutar de su privacidad y su tranquila vida familiar. Todo un lujo que puede permitirse dado su extenso bagje cinematográfico, en el que destacan títulos como: Las amistades peligrosas, Lobo, Grace 2, Scarface, Batman vuelve, Íntimo y personal, La flor del mal, Mentes peligrosas...

¿Os gusta la belleza de Michelle Pfeiffer?

 

# lunes, 04 de agosto de 2008 22:38

Agosto en la ciudad

Lejos de ser un drama quedarse sin vacaciones en agosto, muchos han descubierto en ello todo un placer. Agosto es el único mes del año en el que se puede disfrutar de las ciudades no costeras. No hay tráfico, no hay colas, se puede salir a cenar sin reservar, el metro resulta cómodo y amplio, se pueden hacer trámites burocráticos en poco tiempo, el nivel de ruido desciende, la cantidad de gente en la calle es razonable...

No sé de otras ciudades, pero Madrid en agosto es una maravilla, Además, desmontando el tópico de que se trata del mes más caluroso del año, resulta mucho más llevadero que julio, cuando los días son más largos. Por fin puedes ir a los restaurantes a los que durante el año es imposible ir porque ni siquiera te dejan reservar, como Bazar. Por fin puedes ir de rebajas sin los agobios de julio, cuando todo el mundo quiere haqcerse con los modelitos playeros; además, es cuando se encuentran los verdaderos chollos. Por fin puedes pasear por la calle y entrar en el metro sin que comerte el codo de el de al lado o respirar el aliento del de detrás.

Para quienes trabajan, agosto es un mes de relajación y tranquilidad, ya que los jefes suelen estar de vacaciones y nade te presiona, te vigila o te fastidia desde primera horea de la mañana. Si los compañeros petardos tamkbién se han cogido la svacaiones en agosto, el trabajo se convierte casi en un paseo; puedes ir a tu ritmo sin que nadie te toque las narices, cosa que durante el año ocurre a menudo.

Agosto esw también un mes sin niños. Pobrecitos... pero están mucho mejor haciendo castillos de arena en la playa que berreando en los supermercados, empujándote en el metro, llorando a media noche en la habitación justamente contigua al a tuya en la casa de al lado... En mi gimnasio, en el que las chicas compartimos vestuario con los niños que van a la piscina, es una maravilla no cambiarse entre gritos (a los niños les hace mucha gracia gritar), portazos de las taquillas, olor a cacas (sí, los bebés también nadan) y barullo permanente.

A los adolescentes tampoco se les echa mucho de menos en verano. Me da pena por las ciudades o pueblos donde se vayan de vacaciones, porque estoy segura de que seuirán haciendo botellón allá donde vayan. Los perros, y no pretendo ni mucho menos incluirlos en la misma cateoría que los adolescentes, también parecen irse de vacaciones, porque, al menos en mi barrio, se ven menos cacas por la calle (por el centro no se puede caminar alegremente sin mirar alsuelo si no te quieres ir con un regalito a casa).

Las terrazas, los centros de estética, los spa, los bancos, las administraciones públicas, los supermercados... en agosto da gusto ir a cualquier sitio, sólo tienes que pensarlo y "dicho y hecho". En unos días me voy a Cádiz, y aunque estaré feliz cerca del mar, cuando vaya con mis amigas al súper de Barbate a hacer la típica compra para el apartamento, creo que me acordaré de Madrid en agosto.

¿Os gusta vuestra ciudad en agosto?

# viernes, 01 de agosto de 2008 9:35

Dietas y ejercicio en verano

Hace unos días me mandó una amiga un mail "sos": "me voy de vacaciones dentro de quince días, ¿cómo me puedo quitar la celulitis? He estado comienod fatal, pero en estos quince días hago lo que sea...". Uff, vaya papelón responder a algo así, porque en quince días no se pueden esperar resultados espectaculares. Ni siquiera, en pleno verano, es momento de ponerse a dieta.

Las operaciones biquini con las que nos bombardean todas las primaveras deben comenzarse precisamente en primavera. No sólo para que sean efectivas ("adelgazar" y "rapidez" son dos palabras que no casan bien) sino seguras para la salud. Además, el mejor momento para ponerse a dieta es la primavera o el otoño, con el cambio de estación, cuando el cuerpo y la mente piden limpiarse, renovarse y prepararse para la transformación que supondrá el verano o el invierno.

Pero en pleno julio no es momento de ponerse a hacer dieta restrictiva (en ningún momento realmente), sin el control de un profesional y con el mero objetivo de poder ponernos un micro biquini a toda costa. ¿Por qué no es recomendable hacer dieta en verano? Porque es un momento en que nuestro organismo, por las altas temperaturas, sufre una gran pérdida de sales minerales. Realizar entonces una dieta restrictiva puede poner en peligro nuestra salud, exponernos a golpes de calor, desmayos, alteraciones hormonales, mal humor... ¡Todo eso precisamente en vacaciones!

Ponerse a hacer ejercicio de forma alocada en verano para intentar adelgazar, ya sea en el gimnasio, en la ciudad, en la playa o en el campo (cuando veo a alguien corriendo por la calle a las 4 de la tarde me dan ganas de darle dos tortas...) es una mala idea. El verano es precisamente la época en la que hay que bajar el ritmo de entrenamiento, primero por el calor y después porque si llevas todo el año haciendo ejercicio las sobrecargas pueden llevarte a una lesión.

Con esto no quiero decir que si no empezaste la operación biquini en primavera, en verano tengas que tirar la toalla y ponerte hasta arriba de cervezas y paellas, y luego asentarlas bien a base de "tumbing". Puedes perfectamente controlar de forma sana tu alimentación (no tomar porquerías, no abusar del alcohol, comer ligero...) y hacer ejercicio de forma inteligente (hidratándote, a las horas de menos calor, de intensidad baja-moderada...) pero sin esperar resultados en cuatro días. Comer bien en verano y estar más activa seguramente será el paso previo a hacer ese plan dietético y de ejercicio que nunca comienzas. Te sentirás bien y tu cuerpo y tu mente te pedirán estar mejor...

¿Sois de la operación biquini tardía?

 

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