En vacaciones pueden pasar muchas cosas, sobre todo si uno va predispuesto: juerga con los amigos, fantásticos días de playa, excursiones y experiencias inolvidables, amores veraniegos... Pero también pueden pasar otras muchas cosas menos agradables: insolaciones, golpes de calor, caídas, mareos, quemaduras... y otros pequeños accidentes que pueden evitarse fácilmente.
En la playa, si no tomas precauciones con el sol, es fácil ponerse como un cangrejo en poco tiempo, deshidratarse o sufrir una insolación. Sobre todo si te vas a la playa a dormir la resaca, como le pasó a un amigo mío en Cádiz, que se tumbó a eso de las 2 de la tarde al sol a dormir la mona, se puso una mano en la cara y cuando se despertó la tenía perfectamente dibujada en la mejilla.
Hay varias partes del cuerpo que suelen quemarse porque siempre se nos olvida ponernos crema ahí: los empeines y las orejas. ¡Y cómo duelen luego, no te puedes poner ni las chanclas! El protector solar, mejor ponérselo en casa antes de bajar a la playa y luego ir renovándolo cada dos horas como mucho. Y no séáis como una de mis amigas, que dice que ella toma el sol con protección... 2. Por debajo de quince no sirve para nada, aunque ya estéis morenos os quemáis igual y vuestra piel recibe exceso de sol.
Otra cosa importante en vacaciones para evitar accidentes, sobre todo pensando en los chicos, es no hacerse bajo ningún concepto el machote. Porque luego pasa lo que pasa: que si me tiro al mar desde este saliente y me dejo los dientes en una roca; que si cojo un pedaló, me voy a alta mar y luego me da un calambre en los pies y me tienen que venir a rescatar; que yo aguanto bien el alcohol y me tomó treinta tintos de verano a pleno sol; que si salgo corriendo a bañarme y me tiro olímpicamente de cabeza en plena orilla; que si yo me hago 70 kilómetros en mountain bike a las 4 de la tarde y me da una pájara que pierdo hasta el conocimiento; que si yo me doy un baño aunque haya bandera roja y el socorrista me haga efusivos gestos de que me salga...
Bromas aparte, en verano hay que tener especial cuidado en la playa, en la montaña o en el lugar donde estemos de vacaciones. Hay que evitar las horas fuertes de calor cuando vamos a realizar actividades físicas, hay que hidratarse muy bien durante el día, hay que saber cuáles son las propias limitaciones al enfrentarse a deportes de riesgo o al aire libre, hay que vigilar especialmente a los niños.
Tengo un amigo francés muy divertido, Romain, que tiene lo que los franceses llaman "le carafe", es decir, gafe. En la boda de una amiga que se casó en Marruecos en pleno mes de agosto, le ocurrió de todo. De camino decidió hacer un poco de turismo de riad en riad. Debió escogerlos demasiado baratos y cogió ladillas en mala zona, con lo cual decidió raparse la susodicha zona y así quitarse de en medio el problema. Cuando llegó, calvo en su intimidad y muerto de de calor, al oasis donde se celebraba la boda, corrió a darse un baño en el apetecible lago... en el cual pisó un pez escorpión y se le puso el pie como un zapato. Tras la correspondiente visita al hospital más cercano, se pasó media boda durmiendo por el efecto de los calmantes. Ya a media noche, cuando empezó a recobrar el conocimiento, se levantó animosamente para unirse al baile. Siguiendo el ritmo de las danzas árabes, se acercó moviendo ya las caderas, sin darse cuenta de que pasaba por un cable de alta tensión poco fiable donde estaban conectados los equipos de música... Al pisarlo le dio una calambrazo tal que hubo que acostarlo otra vez hasta el día siguiente...
Yo misma, me pasé hace tres años unas vacaciones en Cádiz maravillosas y desastrosas a partes iguales. No me había cuidado demasiado bien el los últimos meses y me planté en El Palmar con una bronquitis mal curada. En lugar de pasarme un par de días tranquilita en casa, sin que me diera el sol y descansando, me lancé al mar, al chiringuito y a la juerga desde el primer día. Y a sí me puse. Llegaba a la playa tosiendo y esputando (perdón...) como un viejecito con enfermedad pulmonar, sufría calores y fríos que no me dejaban saber nunca cuál era la temperatura real, estaba morena de cuerpo y pálida de cara, no oía bien por una otitis incipiente.... Vamos, que estaba hecha unos zorros.
Lo que os he contado es absolutamente cierto. A todos nos pueden pasar cosas, pero hay gente especialmente predispuesta a ello, por lo que nunca está de más ser precavidos cuando estamos en lugares que no conocemos bien, cuando un accidente tonto puede arruinarlos las vacaciones que llevábamos todo el año esperando.
¿Algún accidente tonto os fastidó algunas vacaciones?