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Artículos - septiembre 2008

# martes, 30 de septiembre de 2008 14:18

Piercings, 'tatus' y demás tormentos

Colgantes, tocados, tauajes, pinturas, peinados, escarificaciones... en toda África existen desde tiempos remotos estos tipos de formas de expresión. Las mujeres, aunque también los hombres, son quienes más ornamentan sus cuerpos de diferentes formas para embellecerlos, manifestar su paso a la edad adulta o mostrar su lealtad hacia su familia. Los hombres suelen pintarse el cuerpo para el momento de la guerra o del amor, ya que es así como muestran su valentía, su atractivo sexual o su potencia reproductora.

Aguantar taconazos, embutirte en unos vaqueros que sólo te abrochan si no comes en tres días, meterte en un vestido en el que sólo puedes respirar como si estuvieras de parto, pasarse horas arreglándose el pelo o las uñas... Tonterías. Quienes de verdad le dan sentido a la frase "para estar bella hay que sufrir" son las mujeres africanas. Como las de la tribu de los muri, a las que se les perfora el labio y se les extraen los incisivos inferiores a la edad de 15 años para colocar un cilindro de madera que, en la edad adulta, puede llegar a convertirse en un disco del tamaño de un plato de postre. O las mujeres hamar, que son azotadas por sus parientes masculinos cuando llegan a la mayoría de edad para conseguir "bellas cicactrices" que luego lucirán con orgullo como prueba de lealtad a la familia.

Una práctica que me pone especialmente los pelos de punta es la escarificación, que en África consiste en levantar la piel con la espina de un arbusto, practicar una incisión con uns cuchilla y frotar la herida con ceniza hasta que forme un tejido abultado, uan cicatriz identificativa. Eso en África, porque en Occidente también hay quien se somete a este tipo de práctica, me imagino que con métodos más modernos que la espina de un arbusto, por puro gusto y deseo de llamar la atención, diría yo. No llego a comprender, si es por pura estética, la necesidad de someterse a semejante tortura. Lejos no anda tampoco alguna veces la cirugía estética respecto a lo de sufrimiento absurdo.

Hoy en día resulta casi raro encontrarse con alguien que no tenga un tatuaje o un piercing, éstos últimos sobre todo entre los adolescentes; los tatuajes han existido siempre. Me gustan, los hay espectaculares, pero yo no me haría uno a menos que para mí tuviera un significado realmente especial. Como los que lleva Angelina Jolie en el cuerpo con las fechas del nacimiento de sus hijos. Y van cinco...

Si para ti un tatuaje tiene un sentido especial, se trata de una imagen elegida por algo o realmente decora tu cuerpo y va con tu personalidad, me parece bien. Pero ir a un establecimiento de tattoos, elegir uno de un libro de dibujos estándar y marcar tu piel de por vida por ir a la moda o llamar la atención, me parece bastante absurdo. Sobre todo porque en el futuro te puedes arrepentir. Muchas modelos y actrices tienen verdaderos problemas para tapar sus tatuajes a la hora de trabajar. Aunque también las hay, como Elsa Pataky o Penélope Cruz, que los muestran orgullosas en sus tobillos, el lugar preferido por las chicas para tatuarse. Uno de los tattoos más bonitos y elegantes que he visto es el que tiene mi amiga Sara en el empeine: unas letras árabes cuyo significado sólo conoce ella. Porque ésa es otra, cuidado con tatuarse cosas en otros países sólo porque las letras sean muy bonitas...

Reconozco que hay tatuajes espectaculares, y que a ciertos hombres y mujeres les aportan atractivo, Pero hay otros francamente horrorosos o excesivamente típicos: lunas, estrellas, dragones, tribales...  Y encima duele un  montón haérselos. Igual que los piercings, que además suelen producir rechazo por parte del cuerpo y provocar importantes problemas de salud, sobre todo en boca y ombligo. Cuando era adolescente el dolor fue la razón que me disuadió de hacerme un tatuaje, ni siquiera me atreví a hacerme otro agujero en la oreja. No sabéis cuánto me alegro ahora, me encanta no tener ninguna marca en el cuerpo más que las que traía "de serie".

Volviendo la tema de los piercings, me dan especial grima, siempre me da la impresión de que la susodicha/o se lo va a enganchar con algo; y los hay puestos en muy mal sitio... Las únicas perforaciones que me gustan fuera de las orejas son las que las mujeres hindúes se hacen en la nariz para colocarse un brillantito, me resulta muy elegante y sensual.

¿Estáis tatuados o perforados? ¿Qué significan vuestros ornamentos? ¿Os gusta la gente tatuada o con piercings?

 

 

# jueves, 25 de septiembre de 2008 21:48

Hiperactivos

"Conducta caracterizada por un exceso de actividad". Ésta es la definición de la RAE para la hiperactividad. Una conducta que en día es fácil presentar a poco que uno viva en una gran ciudad. El trabajo, los hijos, la pareja, el ocio... convierten a muchos en hiperactivos de oficio, sobre todo a las mujeres, que parecen llevar el "gen de la hiperactividad en la sangre".

Este tipo de hiperactividad, obligada por la vida y la espiral de obligaciones, responsabilidades y autoexigencias que muchos nos imponemos tanto en en el terreno laboral como en el personal, trae consigo estrés, cansancio, ansiedad, mala salud y, como trasfondo, insatosfacción y sensación de frustración. A veces resulta asombrosa la cantidad de cosas que una persona puede llegar a hacer al día sin autoclonarse: solucionar unas gestiones en el banco a primera hora de la mañana, presentar un proyecto importante en el trabajo, hacer la compra al medio día, recoger a los niños deel colegio, recoger la casa, hacer la cena, adelantar trabjo para el día siguiente, intentar tener sexo, o al menos, hablar un rato con la pareja, dormir...

Cuando uno es hiperactivo por obligación acaba pagando las consecuencias. Una de las peores, en mi opinión, es tener la sensación de que la vida pasa sin tener tiempo para disfrutarla, ni tan siquiera de vivirla. Por suerte, es una sensación que he tenido pocas veces en mi vida. Soy, lo confieso, una hiperactiva vocacional.

Frente a la cantidad de cosas que el ritmo de vida diario muchas veces nos impone, están esas otras muchas cosas que decidimos hacer, simplemente, porque nos apetece. Sentirse activo, cuando es algo elegido, es increíblemente satisfactorio. Tener la posibilidad, porque en realidad todos la tenemos, de hacer diferentes cosas, de probar, de experimentar, de vivir diferentes vidas a través de nuestros actos, es una sensación tremendamente placentera.

Nunca he podido irme a casa después del trabajo para tumbarme a ver la tele. Nunca me ha gustado pasarme el fin de semana durmiendo para recuperar sueño. A no ser que esté muy cansada, prefiero no echarme la siesta. Cada año, sin darme cuenta, me busco un nuevo hobby, curso, actividad y hasta trabajo que hacer. Hasta hace poco pensaba que era una hiperactiva solitaria, pero después de conocer a la gente del Club de Buceo Narval, sé que no estoy sola (léase con humor, por favor). La gente que va a este club no sólo bucea... escala, sale al monte, hace caída libre, viaja, monta en bici, corre, sale a cenar o de juerga... todo eso sumado a su trabajo, obligaciones y responsabilidades diarias. No paran de idear planes, normalmente relacionados con el deporte.

Desde que los conozco, y sumada mi hiperactividad a la suya, me resulta difícil tener un fin de semana libre. Es ahora cuando tumbarse a ver la tele, dormir hasta tarde y no hacer nada de nada, han adquirido para mí un sentido especial. Son los dos reversos de una moneda; la acción sin el descanso no tiene sentido y viceversa.

Aunque no haya que llegar al extremo del que hablo, creo que estar ocupado, tanto de cuerpo como de mente, es no sólo deseable sino necesario. Porque, desgraciadamente, nuestra sociedad combina peligrosamente la hiperactividad con el sedentarismo. A no ser que se esté en estado meditativo, la inactividad enferma el cuerpo y la mente, nos ralentiza, nos baja el tono vital y nos potencia la tristeza.

¿Sabíais que el azúcar blanco, y todos los productos que lo contienen (como la bollería industrial), provocan hiperactividad? Una dieta basada en comida rápida, dulces y tabaco (también lleva azúcar) es una garantía segura de grandes picos de hiperactividad vs decaimiento y cansancio crónico. A este tipo de hiperactividad la calificaría como "nefastamente nutricional".

¿Sois hiperactivos por obligación o por vocación? ¿Os declaráis abiertamente sedentarios?

 

# martes, 23 de septiembre de 2008 14:16

La 'generación parche '

Parches para dejar de fumar, para no quedarse embarazada, para adelgazar, para combatir la celulitis... En el "mundo del parche" tienen cabida sorprendentes productos, como los parches energéticos con tecnología de la NASA. Que Dios, o quien sea, nos pille confesados...

Una vez estuve a punto de usar los parches anticonceptivos para evitar tener que estar siempre pendiente de tomar la pastillita diaria. Pero no me decidí, no me acababa de fiar. ¿Y si se me caía en la ducha? ¿Y si me lo quitaba sin darme cuenta al vestirme o desvestirme? ¿Y si aquello no penetraba lo suficiente en la piel y era peor el remedio que la enfermedad?

Los de nicotina para dejar de fumar no los he necesitado nunca y en los adelgazantes y anticelulíticos, francamente, no creo mucho. Los parches energéticos cuya imagen es el mismísimo Beckham me llaman la atención por su uso en el ámbito deportivo. Según promete la "nanotecnología" (ejem) en la que se basan, detectan las necesidades de energía durante la práctica deportiva y le suministran al cuerpo 'alimento" a través del agua, oxígeno y aminoácidos orgánicos que contienen. En la web de Lifewave, la empresa que los comercializa, hay un montón de estudios (de poca fiabilidad por cierto), que avalan los increíbles efectos de estos parches, señalando un aporte de entre un 20 y un 40% de energía adicional. No sé, yo creo que si me como uno de los increíbles cocidos extremeños de mi madre tres horitas antes de ir al gimnasio, me hago tres o cuatro entrenamientos seguidos del los del Beckham con parche. Los que prefiráis los parches a las legumbres, ya se pueden encontrar en España.

Los parches que me parecen realmente interesantes son los de acupuntura. Tampoco los he llevado nunca pero he visto a mucha gente con ellos en las orejas. Por supuesto, son de tamaño pequeño, no vas por ahí con las orejas vendadas o algo así. Se trata de pequeñas "semillitas" envueltas en un papel fino que se colocan en los puntos de acupuntura para calmar, relajar, aliviar el dolor o tratar otras patologías. Conozco a dos personas que los usan y puedo asegurar que están mucho más "zen" cuando los llevan puestos.

En Internet puedes encontrar muchos tipos de parches milagroso de belleza, como unos que no me extrañaría ver dentro de poco en el Teletienda: los parches antiarrugas sustitutos del botox. Los hay antiojeras, hidratantes y hasta para modelar los senos...

¿Sois de la "generación parche"? ¿Cuáles habéis probado?

 

 

# jueves, 18 de septiembre de 2008 23:50

La crisis otoñal

En otoño se cae todo. Las hojas, la luz, el pelo, el ánimo... Para mí éste es el peor cambio de estación del año. No sé lo que es el hastío primaveral; la llegada del calor me despierta y me llena de energía. La llegada del frío me encoje, me quita fuerzas y me entristece. Odio el cambio de hora, borraría del calendario el día en que, tras esos largos días de verano, de repente se hace de noche a las 6 de la tarde.

Mucha gente se activa con el frío. Y la verdad es que una vez "metidos en materia", el otoño el invierno me gustan y tienen grandes encantos. Pero la transcición la llevo fatal. Tras los intensos días de sol, mi piel acusa la falta de luz y se llena de granos. Mi color de cara va perdiendo el favorecedor tostado y se va asemejando cada vez más al tono de las lechugas, los pistachos y las aceitunas, es decir, verdoso. El pelo se me queda triste y sin vida y las capas de piel caen una tras otra llevándose mi estupendo bronceado playero. A no ser que estés forrada y te puedas hacer un montón de tratamientos estéticos regeneradores, el final de verano puede suponer tu peor momento de belleza del año.

Fea, triste y encima triste bucólica, porque la caída de las hojas y los colores del otoño son espectaculares, pero también suponen, al menos en mi caso, una caída del ánimo. Temporal pero intensa. Te pillan las primeras lluvias en tirantes, te congela el viento apurando una terraza, te encuentras más de un día mirando las botas del de al lado cuando tú llevas aún las sandalias romanas... Te sorprende un día un lágrima inesperada resbalando por tu mejilla.

El otoño es, sin embargo, una estación estéticamente bellísima. Todo invita a la contemplación, al descanso, a las tardes de cine, de abrazos con mantita en el sofá, de leche caliente y largas lecturas. Tu casa se convierte en un lugar cálido y acogedor... Si tienes quien te acompañe al cine, quien se acurruque contigo bajo la manta, quien te pida que dejes de leer y apagues la luz. Los románticos parecen reproducirse en otoño. Si no lo eres, te dan ganas de ir soltándole golpes a las parejitas que te encuentras besándose por el parque o entrando de la mano al cine.

 Por suerte y como casi todas las transiciones, la del verano al otoño es dura, pero merece la pena. Porque comienza otro ciclo, porque el cambio implica vida y continuidad, porque el paso de una estación a otra nos renueva y nos hace desear de nuevo el sol, los días largos y el calor, regalos que, de existir siempre, perderían su valor. El cambio de estación invita también a realizar cambios personales, vitales, a limpiarse y prepararse para recibir lo nuevo que está llegar.

¿Sufrís, como yo, la crisis otoñal? ¿Cómo la combatís?

 

 

 

# martes, 16 de septiembre de 2008 14:14

Adictos al azúcar

Creo que, sin ser conscientes de ello, la mayoría somos adictos al azúcar refinado. Digo esto porque no es imprescindible consumir directamente azúcar blanco para tener una exceso de esta sustancia en nuestro organismo. El azúcar refinado no sólo se emplea para hacer dulces y golosinas, sino que se añade como aditivo u mitigador de acidez a salsas, yogures, embutidos, zumos, batidos, platos precocinados y congelados, cereales, pan, comida china y fast food. Hasta el alcohol y el tabaco son prcesados mediante el azúcar para que creen más adicción en el consumidor.

¿Diríais ahora que no sois adictos al azúcar? Porque el consumo de azúcar blanca o refinada crea adicción en el organismo debido a las irónicas bajadas de glucosa que provoca. Es decir: cuando tomamos mucho azúcar el páncreas debe producir una gran cantidad de insulina para procesarlo, lo que provoca un "barrido" total en sangre de esta sustancia, quedándonos por debajo de los niveles necesarios; lo que pronto provoca de nuevo sensación de hambre y necesidad de más azúcar, lo que hace que el organismo se sumerja en un círculo vicioso muy perjudicial para la salud.

Según explica la naturópata Luisa Martín Rueda en su interesantísimo libro "Vivir sin azúcar" (Océano Ambar), el azúcar blanco o sacarosa, y tirando por tierra una creencia generalizada, no es un alimento, sino una sustancia química concentrada. No contiene ningún tipo de nutriente, solamente calorías. Aunque cueste creerlo, el azúcar blanco no le aporta nada, en términos nutricionales, a nuestro organismo, ya que durante su proceso de elaboración desparecen las vitaminas, minerales y posibles sustancias alimenticias que pudiera contener.

¿Hay que prescindir entonces por completo del azúcar? Del refinado, si es posible, sí, ya que, como explica esta experta en su libro, a nuestro organismo no sólo no le aporta nada -aparte de muchísimas calorías- sino que ataca nuestra salud. De lo que nuestro orrganismo, sobre todo el sistema nervioso y locomotor, no debe ni puede prescindir es de la glucosa, presente en la miel, el azúcar moreno o integral (no el azúcar blanco teñido con colorante), la melaza, las frutas y verduras, los frutos secos, las legumbres y otros hidratos de carbono complejos como las patatas, el arroz, el pan o la pasta, cuyo índice glúcemico es bajo o medio, es decir, que nos proporcionan niveles constantes de glúcógeno durante mucho tiempo, lo que estabiliza nuestro organismo y evita los ataques de hambre.

Según lo dicho, podemos prescindir totalmente del azúcar y los dulces, ya que todo el glucógeno que necesitamos nos lo pueden proporcionar los alimentos mencionados. De ellos, los hidratos de carbono más interesantes por su calidad nutricional y su bajo índice glucémico son las legumbres (que también contienen una importante cantidad de proteínas), las frutas y verduras. El pan, la pasta, el arroz y otros cereales deberían tomarse en sus formas integrales para reducir los niveles de glucógeno y recibir más nutrientes, ya que cualquier alimento refinado (como el pan blanco), pierde en calidad nutricional y gana en calorías vacías.

Nuestro cuerpo podría incluso prescindir de otros endulzantes altamente calóricos como la miel o la melaza si estamos bien alimentados. Pero claro, está la cuestión del placer... Comer dulce es un acto altamente placentero al que, en mi opinión, no debe renunciarse a no ser que queramos convertirnos en unos mártires o unos ascetas nutricionales. Pero sí podemos tomar dulce de forma inteligente: por ejemplo, cambiando los sobrecitos de azúcar blanco por una cucharada de miel, sirope de arce o melaza, que al menos sí contienen sustancias beneficiosas para nuestro cuerpo; tomando dulces de forma esporádica y, a ser posible en su versión integral o al menos caseros; probando a comernos una pieza de fruta o un puñado de frutos secos cuando sintamos necesidad de dulce; tomando de vez en cuando una onza de chocolate negro, de gran valor nutricional, en lugar de un bollo industrial...

¿Por qué tanta manía al azúcar blanco? Porque no sólo es una de las cuasas del sobrepeso y la obesidad (debido a su uso encubierto y abusivo en la industria alimentaria), sino que no sólo no aporta beneficios a nuestro organismo, sino que nos resta salud y es la causa de muchos de los males que padecemos: cansancio, estrés, cefaleas, problemas digestivos, nerviosismo, enlentecimiento del metabolismo, depresión, envejecimiento prematuro y hasta descalcificación. Esto es debido a que, para su procesamiento en nuestro organismo, el azúcar refinado requiere de vitaminas (sobre todo del grupo B) y calcio, que le roba impunemente a nuestro cuerpo.

¿Érais conscientes de la cantidad de azúcar refinada que tomábais sin daros cuenta? ¿Relacionáis alguno de vuestros problemas de salud, como el estrés o el sobrepeso, con su consumo?

 

# sábado, 13 de septiembre de 2008 14:59

Apuntes de seducción

Tengo dos amigos que siempre me preguntan qué hay que hacer para seducir a una mujer. Por lo que me dicen, la inseguridad e incluso perplejidad que parecen sentir ante el público femenino, les resultamos difíciles, complejas, exigentes, frías y altivas... al menos en el contexto de la seducción. Creo que por culpa de los roles que aún nos resistimos a abandonar pese a los grandísmos cambios sociales que nuestra generación ha experimentado. Porque en el fondo creo que nosotras nos sentimos igual de despistadas frente a ellos.

Cuándo me preguntan "qué hay que hacer para ligarse a una tía" (y perdón por la literalidad de la expresión), les digo que no liga más el más guapo ni el que más bueno está, sino el que más cara tiene, el que se atreve. Pese a la pose altiva que muchas adoptamos por la noche o en contextos de seducción, a todas nos apetece que alguien se nos acerque y nos haga sentir guapas y especiales (apunte 1). El problema, como dicen ellos bastante cargados de razón, es que "si no estás medianamente bien o no tienes un descapotable en la puerta, muchas tías ni te miran" e incluso se permiten ignorarte, hacerse las ofendidas, ponerte caras de asco o pasar descaradamente de ti sin molestarte en inventarse siquiera una buena excusa.

Razón tienen en parte, porque las mujeres estamos mal acostumbradas, por razones culturales, a actuar como sujetos pasivos en el juego de la seducción, al menos en la fase de acercamiento. Vamos, que son ellos quienes suelen hacer el "trabajo sucio" de acercarse y poner en práctica el "pico y pala" mientras nosotras nos hacemos las interesantes, las inaccesibles y las dignas. Por suerte, con la edad la tontería innata se va mitigando y una, que de jovencita iba de mata hari, se va dando cuanta del valor que le echa cualquiera que se acerque a hablar contigo en medio de un bar cuando tu estás rodeada de tu grupo de amigas, todas dispuestas a poner mala cara al recién llegado al mínimo desliz. A medida que una va madurando, al menos, aunque el chico en cuestión no te guste, agradeces que se haya interesado por ti, le das algo de conversación y, si no te interesa, intentas dejárselo claro de forma amable para que no pierda el tiempo contigo.

Otra cosa es el típico hombre pesado que se dedica a "tirarle los tejos a todo lo que se mueve", se acerca a ti invasivamente, no respeta las distancias (hablándote a medio milímetro), huele a alcohol o está dopado con alguna otra sustancia, se hace el gracioso sin serlo, te habla groseramente de sus intenciones o no se da por aludido cuando le dices que tienes que ir al baño urgentemente (pero al de tu casa).

El que más liga no es el más guapo sino el que más valor le echa (apunte 2). Porque si no tienes cara, ni gracia, ni seguridad en ti mismo, mejor no ir por ahí de casanova "entrándole" a toda la que pone por delante (apunte 3). Resultarás pesado y aburrido, e intentarán deshacerse de ti con cualquier excusa. Para ser el típico mujeriego y seductor hay que valer, incluso diría que es algo innato aunque, por supuesto, puede cultivarse.

Pese a que a la mayoría de los hombres les gustaría ser unos seductores natos y todas hemos caído alguna vez en las garras del típico mujeriego, lo que, en mi oponión, más seductor resulta de un hombre, es precisamente que no sea mujeriego. No hay nada más seductor que un hombre discreto, seguro de sí mismo, que mira pero no se acerca, que no se prodiga con cualquiera, que no necesita hacer alarde de nada; que cuando se acerca lo hace mirándote a los ojos, con educación y sinceridad; que es capaz de decirte algo impactante o hermoso porque de verdad lo piensa sobre ti en concreto.

La seducción es un juego fascinante al que unos juegan mejor que otros. Si no es tu punto fuerte, lo mejor es ser natural, uno mismo (apunte 4). En mi opinión es mejor dejar pasar a treinta mujeres o a treinta hombres que permitir que se escape la que/el que de verdad te interesa. Tratar de seducir a una sola persona te llena de energía, de feellling y de sensaciones fuertes; pasarte la vida tratando de seducir a todo el que se te pasa por delante sólo te resta energía y atractivo.

Don Juan Tenorio, Casanova, el Marqués de Sade; Carmen, de Mérimée, Eva (de Adán...) o la condesa de Belflor (El perro del hortelano) son algunos de los grandes seductores de la historia de la literatura. Personalidades narcisistas y egoístas por excelencia. Modelos que todos hemos imitado en algún momento de nuestra vida (a ser posible en la juventud, lo contrario sería preocupante...), pero que no son en absoluto deseables.

Educación, clase, respeto, humor, naturalidad, seguridad en sí mismo, sinceridad... son algunas de las cosas que a las mujeres nos seducen en un hombre. La mirada, en mi opinión, es el principal vehículo de la seducción. Mirar a los ojos impacta, despierta la curiosidad, seduce, penetra, enamora, emociona, acerca, conecta (apunte 5). Cuando un hombre o una mujer no te mira a los ojos, produce una tremenda sensación de desconfianza; sin duda, le resta atractivo.

Me gusta el juego de la seducción, pero no con cualquiera, sino cuando alguien me interesa de verdad. La belleza física ayuda, evidentemente, a seducir. De hecho, creo que éste es uno de los grandes handicaps de la gente bella, que muchas veces ejerce su poder sobre los otros de forma inconsciente y permanente. Pero la belleza no es en absoluto determinante para conquistar a alguien (apunte 6). Y no voy a decir que lo que importa es la belleza interior, bla, bla bla, porque la primera impresión y la información visual que recibimos es fundamental para que alguien nos atraiga. Quien más atractivo resulta es quien nos dice, con sus movimientos, sus gestos, su voz, su mirada... que se siente seguro de sí mismo, que se va a acercar a ti no para pedirte, sino para darte (apunte 7).

La atracción entre dos personas es un fenómenos extraordinariamente complejo y sencillo a la vez. En un instante, y de forma incosciente, somos capaces de procesar millones de bits de información acerca de una persona que puede producir, literalmente, una reacción química en nuestro organismo que se traduce como atracción. Una atracción que puede verse potenciada por la capacidad de seducción de la persona en cuestión; capacidad que, en mi opinión, no suele tener demasiado que ver con técnicas o estrategias, sino con la calidad, esencia y singularidad de esa persona.

Investigando en la red sobre la seducción he descubierto que existen cientos de webs y blogs dedicados a este tema. "Cómo resultar irresistible para los hombres", "cómo convertirse en un casanova", "técnicas para ligar", "cómo convertirse en un imán para las chicas"... No os recomiendo estas webs, ni ningún libro, charla o curso de este estilo. Creo que lo más efectivo para resultar seductor es cultivarse, hacer cosas para uno mismo, quererse bien... para resultar atractivo e interesante a los demás. 

¿Qué apuntes de seducción haríais? ¿Cómo os gusta que os seduzcan?

 

 

# lunes, 08 de septiembre de 2008 15:20

La rentrée al gimnasio

Terrible. Así ha sido mi vuelta al gimnasio. Dolorosísima también. Y por las caras que ponen los que dan saltos conmigo en clase de aeróbic o tiran de la barra en body pump, creo que no soy la única que está sufriendo con la vuelta al gym. ¿Cómo es posible que en sólo quince días pierdas toda la flexibilidad, fuerza y fondo que te has estado trabajando durante todo el año? No hay derecho...

Agujetas, contracturas, tirones, sobrecargas, una pierna medio coja... este es mi balance después de una semana de gimnasio. También es cierto que me he saltado todas las normas que los expertos y el sentido comun te dicen: no he empezado poco a poco, haciendo cositas suaves y descansando entre sesión y sesión; sino como una burra, metiéndome dos horas seguidas de ejercicio cada día, probando todo lo nuevo que veía en el horario y encima diciendo que sí a los planes deportivos que me proponían mis amigos. 

Da rabia pero hay que admitirlo: en quince días de vacaciones se pierde todo lo que has conseguido en un año, pero en quince días de gimnasio lo único que consigues son unas agujetas que resucitarían a un muerto... Exagero, lo sé, simplemente intento ponerle algo de humor al asunto para hacer acopio de fuerzas, ya que esta misma tarde vuelvo otra vez a la carga.

En el fondo estoy encantada con haber vuelto a mis rutinas de ejercicio, pocas cosas me hacen sentir mejor. Tanto es así, que este año me voy a lanzar a hacer yoga en serio. Ya os iré contando aventuras al respecto, porque a hacer ejercicio estoy más o menos acostumbrada, pero lo de las meditaciones, los omms, los mantras y otras parafernalias espirituales, de antemano alertan un poco a mi potente sentido del ridículo. 

Fuera bromas, os confesaré, que la rentrée del gimnasio y la vuelta al ejercicio me apetecían mucho. Es genial comprobar cómo tus formas vuelven a su sitio, lo que se había caído se levanta un poquito, ganas fuerza y resistencia, te sientes más ágil y vital. Y, sobre todo, me encanta el efecto que el ejercicio produce en mi mente y mi estado de ánimo. Si por mí fuera y tuviera tiempo, me haría karateka, boxeadora, capoerista, escaladora, buceadora, yogui, bailarina de danza del vientre, "hiphopera", surfera y hasta motera; todo ello profesional. Pero hasta que me toque la lotería me voy a conformar con mis cuatro clasecitas semanales en el gym.

¿Cómo ha sido vuestra rentrée al mundo del ejercicio? ¿Os estáis haciendo todavía los remolones?

# jueves, 04 de septiembre de 2008 23:36

Sed

Un grifo goteando supone una pérdida de entre 30 y 90 litros al día y hasta el 70% del agua potable se desperdicia por fugas en la canalización.

El agua de lluvia caída sobre el continente africano en un año equivale a la cantidad suficiente para cubrir las necesidades básicas de 9.000 millones de personas, una vez y media la población mundial.

Una de cada tres personas en el planeta vive con escasez de agua. En 2025 esa cifra aumentará hasta las dos terceras partes de la población.

Un tercio de la superficie de la tierra está amenazada por la desertificación y una de cada seis personas no dispone de agua limpia para satisfacer sus necesidades más básicas.

En 2025, si el consumo sigue creciendo al ritmo actual, el ser humano utilizará el 90% del agua dulce, dejando un 10% para el resto de las especies.

Las prácticas ilegales de captura amenazan la vida submarina y pueden provocar la extinción de miles de especies, rompiendo así la cadena alimenticia.

Sólo en Asia unos 200 millones de personas viven en constante inseguridad por las crecidas. La actividad humana y sus consecuencias sobre el cambio climático aumentan el riesgo.

Entre 3 y 5 millones de toneladas de petróleo son arrojadas al mar todos los años, poniendo en serio peligro el equilibrio de sus ecosistemas.

El 70% de la basura del planeta está en los fondos marinos, lo que repercute en daños ecológicos, económicos y sobre la salud humana.

5.000 niños mueren cada día en el mundo por enfermedades relacionadas con el agua. A esta situación está contribuyendo la contaminación acuática: alrededor del 70% de los desechos industriales son vertidos sin tratar en los países en vías de desarrollo.

Diez conocidas modelos y actrices españolas ilustraron generosamente con sus cuerpos desnudos cada una de estas afirmaciones, publicadas en un magnífico reportaje de la revista ELLE en su número del mes de julio. No he podido deshacerme de él. Tanto el texto como las fotos se han publicado muchas veces en la Red, pero quería volver a recordarlo con vosotros.

Ninguna de las fotos consigue impactar, en mi opinión, más que el texto al que acompañan. Porque son datos reales. Porque puede ocurrir. Porque está demasiado cerca.

... Esta misma noche mi amiga Ana, que acaba de volver de Etiopía, me contaba que las mujeres y las niñas caminan kilómetros con bidones atados al cuerpo para buscar agua y luego transportarla de vuelta sobre sus cuerpos. Niñas.

Tengo sed...

# lunes, 01 de septiembre de 2008 23:44

Reencuentros

Volver es reencontrarse. Con tantas cosas… Algunas veces con desgana. Otras con expectación. Con suerte, llenos de emoción. De energías y fuerzas nuevas. Muchas veces, las más veces tal vez, con cierta pena y la sensación de que la ida ha sido demasiado corta.

 

Todo depende de lo que nos espere a la vuelta. Y de lo que nos traigamos en la maleta, aparte de la ropa. Hay vacaciones maravillosas, largas y vibrantes. Y hay vacaciones frustrantes, tristes y estresantes. Hay quien desea incluso volver para poder esconderse de nuevo… de su vida.

 

Reencuentros. Con el trabajo, con los amigos, la familia, la ciudad y la casa en la que vivimos. Las cosas pueden resultar apeteciblemente familiares o tristemente conocidas. Todo depende de si retomar la rutina nos apetece o supone una vuelta al negro, como dice Amy Winehouse en una de sus canciones más conocidas (Back to black).

 

En mi opinión, la rentrée, como gustan llamar a la vuelta de las vacaciones en las revistas femeninas, es un momento clave del año. En la playa o en cualquier lugar agradable, todos fantaseamos con la idea de cambiar de vida, de dejarlo todo, de atrevernos a empezar de nuevo. Y esto no sólo puede ser posible si de verdad lo deseamos, sino que la mayoría de las veces no sería necesario romper radicalmente con nuestra vida sino modificar ciertas cosas al alcance de nuestra mano.

 

Para el Feng Shui, el arte de mejorar nuestro entorno (sobre todo nuestra casa) para ser y vivir más felices, atreverse a cambiar es no sólo aconsejable sino para renovarse y modificar el estado de ánimo. Sobre todo, y aunque parezca muy obvio, cuando algo no nos gusta, no funciona o no nos hace sentir bien hay que cambiarlo. Si al volver de vacaciones tu casa te agobia, hacer desaparecer esa sensación puede conseguirse con algo tan sencillo como cambiar la decoración.

 

Si al volver desaparece brutalmente la sensación de bienestar que te proporcionaba estar “fuera de tu vida”, creo que lo más inteligente es empezar por cambiar tú mismo. Después vendrán un trabajo mejor, una pareja mejor, una vida mejor… No hay obligaciones tan fuertes como para sacrificar toda una vida.

 

Reencuentros. Con un amante, con una pareja, con un viejo amor… El reencuentro con el objeto de nuestros anhelos y deseos es un regalo que algunos reciben al volver. Reencontrarse con alguien, cuando la separación no ha hecho sino intensificar, madurar o asentar los sentimientos, es algo que todos desearíamos al regresar.

 

Volver da sentido incluso a los amores de verano, ya que los congela como perfectos e intensos recuerdos, como historias que nos harán levantar la vista del ordenador para mirar, con melancolía, cómo caen las primeras hojas del otoño.

 

¿Cómo han sido vuestros reencuentros?

 

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