Tengo dos amigos que siempre me preguntan qué hay que hacer para seducir a una mujer. Por lo que me dicen, la inseguridad e incluso perplejidad que parecen sentir ante el público femenino, les resultamos difíciles, complejas, exigentes, frías y altivas... al menos en el contexto de la seducción. Creo que por culpa de los roles que aún nos resistimos a abandonar pese a los grandísmos cambios sociales que nuestra generación ha experimentado. Porque en el fondo creo que nosotras nos sentimos igual de despistadas frente a ellos.
Cuándo me preguntan "qué hay que hacer para ligarse a una tía" (y perdón por la literalidad de la expresión), les digo que no liga más el más guapo ni el que más bueno está, sino el que más cara tiene, el que se atreve. Pese a la pose altiva que muchas adoptamos por la noche o en contextos de seducción, a todas nos apetece que alguien se nos acerque y nos haga sentir guapas y especiales (apunte 1). El problema, como dicen ellos bastante cargados de razón, es que "si no estás medianamente bien o no tienes un descapotable en la puerta, muchas tías ni te miran" e incluso se permiten ignorarte, hacerse las ofendidas, ponerte caras de asco o pasar descaradamente de ti sin molestarte en inventarse siquiera una buena excusa.
Razón tienen en parte, porque las mujeres estamos mal acostumbradas, por razones culturales, a actuar como sujetos pasivos en el juego de la seducción, al menos en la fase de acercamiento. Vamos, que son ellos quienes suelen hacer el "trabajo sucio" de acercarse y poner en práctica el "pico y pala" mientras nosotras nos hacemos las interesantes, las inaccesibles y las dignas. Por suerte, con la edad la tontería innata se va mitigando y una, que de jovencita iba de mata hari, se va dando cuanta del valor que le echa cualquiera que se acerque a hablar contigo en medio de un bar cuando tu estás rodeada de tu grupo de amigas, todas dispuestas a poner mala cara al recién llegado al mínimo desliz. A medida que una va madurando, al menos, aunque el chico en cuestión no te guste, agradeces que se haya interesado por ti, le das algo de conversación y, si no te interesa, intentas dejárselo claro de forma amable para que no pierda el tiempo contigo.
Otra cosa es el típico hombre pesado que se dedica a "tirarle los tejos a todo lo que se mueve", se acerca a ti invasivamente, no respeta las distancias (hablándote a medio milímetro), huele a alcohol o está dopado con alguna otra sustancia, se hace el gracioso sin serlo, te habla groseramente de sus intenciones o no se da por aludido cuando le dices que tienes que ir al baño urgentemente (pero al de tu casa).
El que más liga no es el más guapo sino el que más valor le echa (apunte 2). Porque si no tienes cara, ni gracia, ni seguridad en ti mismo, mejor no ir por ahí de casanova "entrándole" a toda la que pone por delante (apunte 3). Resultarás pesado y aburrido, e intentarán deshacerse de ti con cualquier excusa. Para ser el típico mujeriego y seductor hay que valer, incluso diría que es algo innato aunque, por supuesto, puede cultivarse.
Pese a que a la mayoría de los hombres les gustaría ser unos seductores natos y todas hemos caído alguna vez en las garras del típico mujeriego, lo que, en mi oponión, más seductor resulta de un hombre, es precisamente que no sea mujeriego. No hay nada más seductor que un hombre discreto, seguro de sí mismo, que mira pero no se acerca, que no se prodiga con cualquiera, que no necesita hacer alarde de nada; que cuando se acerca lo hace mirándote a los ojos, con educación y sinceridad; que es capaz de decirte algo impactante o hermoso porque de verdad lo piensa sobre ti en concreto.
La seducción es un juego fascinante al que unos juegan mejor que otros. Si no es tu punto fuerte, lo mejor es ser natural, uno mismo (apunte 4). En mi opinión es mejor dejar pasar a treinta mujeres o a treinta hombres que permitir que se escape la que/el que de verdad te interesa. Tratar de seducir a una sola persona te llena de energía, de feellling y de sensaciones fuertes; pasarte la vida tratando de seducir a todo el que se te pasa por delante sólo te resta energía y atractivo.
Don Juan Tenorio, Casanova, el Marqués de Sade; Carmen, de Mérimée, Eva (de Adán...) o la condesa de Belflor (El perro del hortelano) son algunos de los grandes seductores de la historia de la literatura. Personalidades narcisistas y egoístas por excelencia. Modelos que todos hemos imitado en algún momento de nuestra vida (a ser posible en la juventud, lo contrario sería preocupante...), pero que no son en absoluto deseables.
Educación, clase, respeto, humor, naturalidad, seguridad en sí mismo, sinceridad... son algunas de las cosas que a las mujeres nos seducen en un hombre. La mirada, en mi opinión, es el principal vehículo de la seducción. Mirar a los ojos impacta, despierta la curiosidad, seduce, penetra, enamora, emociona, acerca, conecta (apunte 5). Cuando un hombre o una mujer no te mira a los ojos, produce una tremenda sensación de desconfianza; sin duda, le resta atractivo.
Me gusta el juego de la seducción, pero no con cualquiera, sino cuando alguien me interesa de verdad. La belleza física ayuda, evidentemente, a seducir. De hecho, creo que éste es uno de los grandes handicaps de la gente bella, que muchas veces ejerce su poder sobre los otros de forma inconsciente y permanente. Pero la belleza no es en absoluto determinante para conquistar a alguien (apunte 6). Y no voy a decir que lo que importa es la belleza interior, bla, bla bla, porque la primera impresión y la información visual que recibimos es fundamental para que alguien nos atraiga. Quien más atractivo resulta es quien nos dice, con sus movimientos, sus gestos, su voz, su mirada... que se siente seguro de sí mismo, que se va a acercar a ti no para pedirte, sino para darte (apunte 7).
La atracción entre dos personas es un fenómenos extraordinariamente complejo y sencillo a la vez. En un instante, y de forma incosciente, somos capaces de procesar millones de bits de información acerca de una persona que puede producir, literalmente, una reacción química en nuestro organismo que se traduce como atracción. Una atracción que puede verse potenciada por la capacidad de seducción de la persona en cuestión; capacidad que, en mi opinión, no suele tener demasiado que ver con técnicas o estrategias, sino con la calidad, esencia y singularidad de esa persona.
Investigando en la red sobre la seducción he descubierto que existen cientos de webs y blogs dedicados a este tema. "Cómo resultar irresistible para los hombres", "cómo convertirse en un casanova", "técnicas para ligar", "cómo convertirse en un imán para las chicas"... No os recomiendo estas webs, ni ningún libro, charla o curso de este estilo. Creo que lo más efectivo para resultar seductor es cultivarse, hacer cosas para uno mismo, quererse bien... para resultar atractivo e interesante a los demás.
¿Qué apuntes de seducción haríais? ¿Cómo os gusta que os seduzcan?