"Conducta caracterizada por un exceso de actividad". Ésta es la definición de la RAE para la hiperactividad. Una conducta que en día es fácil presentar a poco que uno viva en una gran ciudad. El trabajo, los hijos, la pareja, el ocio... convierten a muchos en hiperactivos de oficio, sobre todo a las mujeres, que parecen llevar el "gen de la hiperactividad en la sangre".
Este tipo de hiperactividad, obligada por la vida y la espiral de obligaciones, responsabilidades y autoexigencias que muchos nos imponemos tanto en en el terreno laboral como en el personal, trae consigo estrés, cansancio, ansiedad, mala salud y, como trasfondo, insatosfacción y sensación de frustración. A veces resulta asombrosa la cantidad de cosas que una persona puede llegar a hacer al día sin autoclonarse: solucionar unas gestiones en el banco a primera hora de la mañana, presentar un proyecto importante en el trabajo, hacer la compra al medio día, recoger a los niños deel colegio, recoger la casa, hacer la cena, adelantar trabjo para el día siguiente, intentar tener sexo, o al menos, hablar un rato con la pareja, dormir...
Cuando uno es hiperactivo por obligación acaba pagando las consecuencias. Una de las peores, en mi opinión, es tener la sensación de que la vida pasa sin tener tiempo para disfrutarla, ni tan siquiera de vivirla. Por suerte, es una sensación que he tenido pocas veces en mi vida. Soy, lo confieso, una hiperactiva vocacional.
Frente a la cantidad de cosas que el ritmo de vida diario muchas veces nos impone, están esas otras muchas cosas que decidimos hacer, simplemente, porque nos apetece. Sentirse activo, cuando es algo elegido, es increíblemente satisfactorio. Tener la posibilidad, porque en realidad todos la tenemos, de hacer diferentes cosas, de probar, de experimentar, de vivir diferentes vidas a través de nuestros actos, es una sensación tremendamente placentera.
Nunca he podido irme a casa después del trabajo para tumbarme a ver la tele. Nunca me ha gustado pasarme el fin de semana durmiendo para recuperar sueño. A no ser que esté muy cansada, prefiero no echarme la siesta. Cada año, sin darme cuenta, me busco un nuevo hobby, curso, actividad y hasta trabajo que hacer. Hasta hace poco pensaba que era una hiperactiva solitaria, pero después de conocer a la gente del Club de Buceo Narval, sé que no estoy sola (léase con humor, por favor). La gente que va a este club no sólo bucea... escala, sale al monte, hace caída libre, viaja, monta en bici, corre, sale a cenar o de juerga... todo eso sumado a su trabajo, obligaciones y responsabilidades diarias. No paran de idear planes, normalmente relacionados con el deporte.
Desde que los conozco, y sumada mi hiperactividad a la suya, me resulta difícil tener un fin de semana libre. Es ahora cuando tumbarse a ver la tele, dormir hasta tarde y no hacer nada de nada, han adquirido para mí un sentido especial. Son los dos reversos de una moneda; la acción sin el descanso no tiene sentido y viceversa.
Aunque no haya que llegar al extremo del que hablo, creo que estar ocupado, tanto de cuerpo como de mente, es no sólo deseable sino necesario. Porque, desgraciadamente, nuestra sociedad combina peligrosamente la hiperactividad con el sedentarismo. A no ser que se esté en estado meditativo, la inactividad enferma el cuerpo y la mente, nos ralentiza, nos baja el tono vital y nos potencia la tristeza.
¿Sabíais que el azúcar blanco, y todos los productos que lo contienen (como la bollería industrial), provocan hiperactividad? Una dieta basada en comida rápida, dulces y tabaco (también lleva azúcar) es una garantía segura de grandes picos de hiperactividad vs decaimiento y cansancio crónico. A este tipo de hiperactividad la calificaría como "nefastamente nutricional".
¿Sois hiperactivos por obligación o por vocación? ¿Os declaráis abiertamente sedentarios?