Toda mi vida he oído hablar del Yoga. Para mí resultaba algo exótico y espiritual, pero también aburrido y lento; nada que ver, nada ver con el fitness, con sudar y quemar calorías. Evidentemente, mi ritmo era otro, no estaba preparada para practicarlo y, mucho menos, para entenderlo. Pero por fin el momento del yoga ha llegado a mi vida y, como a tantos occidentales, me fascina.
Si habéis leído los típicos artículos sobre cómo se cuidan las famosas o qué ejercicio practican, habréis visto que casi todas hacen yoga. Esta disciplina milenaria es parte del duro entrenamiento de Madonna, lo practican habitualmente Uma Thurman, Jennifer Aniston o Sienna Miller; para la modelo Christy Turlington se ha convertido en un modo de vida del que incluso vive.
¿Por qué el Yoga tiene tanto éxito entre las celebrities y es practicado por millones de personas en todo el mundo? Primero, porque es un potente sistema de acondicionamiento físico: haciendo yoga te cambia el cuerpo, se moldea, se endurece, se estiliza y se rejuvenece. Al combinar un equilibrado trabajo de estiramientos y tonificación, el cuerpo gana en flexibilidad, armonía y fuerza, y se corrige la postura. Las asanas o posturas lubrifican músculos, articulaciones y órganos, mejorando el funcionamiento general del cuerpo y, por supuesto, la salud. Cada asana tiene beneficios generales y específicos: para mejorar la capacidad respiratoria o las funciones digestivas, para estimular la tiroides, para prevenir problemas de espalda, para aliviar los dolores de cabeza o menstruales, para mejorar el tono vital, combatir el estrés y hasta la tristeza...
Perto, sobre todo, porque su práctica no se queda sólo en la parte física. Yoga significa unión; de cuerpo, mente y espíritu. Las asanas son sólo una parte de este estilo de vida, cuyo objetivo es la evolución personal, el autoconocimiento, el estar conscientes. Junto con la parte física, que varía según el estilo de yoga (Hatha, Raja, Kundalini, Iyengar...), se practica la meditación y se invita a un estilo de vida más saludable que incluye una alimentación sana y natural, y una especial atención a la relajación y a la adopción de valores propios de budismo como el amor universal.
El Hatha Yoga es el estilo más practicado en occidente por su dinamismo y accesibilidad. El estilo Iyengar incide más en el estiramiento del cuerpo utilizando ayudas externas como cuerdas o bloques de madera. El Yoga Kundalini presta más atención a la meditación y la espiritualidad. El yoga Bikram de practica en una habitación calentada a 40 grados. El estilo Asthanga es un yoga acrobático digno de los mejores atletas y que deja sin argumentos a todos los que piensan que con el yoga no se hace esfuerzo ni trabajo aeróbico.
En mi opinión el Yoga no sólo te cambia el cuerpo sino el ritmo vital. Aunque al principio la meditación resulta difícil para los occidentales, al poco tiempo resulta no sólo inseparable de la práctica física sino absolutamente placentera y útil como forma de autoconocimiento, además de una magnífica herramienta para conseguir la paz, la tranquilidad y el equilibrio que tanto anhelamos hoy en día.
¿Practicáis Yoga? ¿Cuál es vuestra experiencia con esta disciplina?