Tener un bebé es una experiencia maravillosa, pero también, por lo que dicen los propios padres, muy estresante. Muchos adultos con los que he hablado dicen que la vida de uno termina cuando se es padre. Mis cuñadas, por ejemplo, dicen que han dejado prácticamente de existir como mujeres para convertirse en mamás. No hay tiempo para uno mismo, no se pueden hacer planes de adultos, no se puede improvisar, viajar es toda una odisea...
No soy madre y no puedo opinar desde la experiencia, pero sí tengo amigas que son madres y la realidad de cada una de ellas es diametralmente diferente. Mi amiga Muriel Bourquin, una de las diseñadoras de la marca Muka, fue mamá en julio, y desde entonces su bebé ha estado en Suiza (sonde vive), Madrid, el País Vasco Francés, París e Ibiza acompañándola a ella por motivos de ocio y trabajo. A Ibiza fue con su marido y su niño a la boda de la otra diseñadora de Muka, Katia Bandolowski. Con una mochilita, ella y su marido, llevaban al bebé a todas partes: a la playa, a visitar a amigos, de paseo por Ibiza, a la boda... Cuando llegaba la hora de comer de Sacha, le daba el pecho con total naturalidad, y cuando quería dormir le buscaban un lugar tranquilo.
Mi amiga Libertad, que casualmente también vive en Suiza, concretamente en Ginebra, también fue mamá en julio. Desde entonces su bebé a viajado a Madrid, El Algarbe y Nueva York. Ella y su marido viajaron en coche desde Ginebra a Portugal con todas las cosas necesarias para que Nuno estuviera cómodo. Mi amiga María, que vive en el centro de Madrid y ha sido madre hace diez días, ya pasea con su niña sujeta al pecho en plan africano con unos pañuelos.
Muriel, María, Libertad, son mujeres que siempre tuvieron claro que, cuando fueran madres, sus hijos se adaptarían, dentro de lo normal, a su vida y o al revés. Tienen claro que a un bebé, a no ser que esté malito, no le pasa nada por viajar, salir de casa, estar en la naturaleza, quedarse con personas que no sean sus padres, dormir fuera de su cuna o no tener siempre un montón de juguetes, ropa o accesorios a mano.
Ilustrando la otra parte de la historia tengo otras amigas que también han sido madres recientemente y llevan una vida diametralmente opuesta con sus bebés. Estas madres no han ido más lejos que al parque de su calle o la casa de sus madres desde que dieron a luz, hace ya unos meses. Una de ellas ni siquiera consintió en ir a cenar a casa de otra amiga del grupo. A las nueve de la noche, a 15 minutos en coche, con una habitación tranquila solo para su bebé, ofreciéndonostodos a recogerlas y dejarlas después (a ella y a su niña) en la puerta de su casa, mi amiga se negó en redondo aludiendo que a partir de las 9 de la noche su hija tenía que estar en casa.
Entre una opción y otra hay, ni mejor ni peor, por supuesto, hay otros miles de casos intermedios. Porque ser padres es, por lo que me cuenta, tal vez la tarea más difícil en la vida de un adulto. Uno no siempre tiene los medios o las ayudas para poder viajar o moverse, para disfrutar de tiempo libre; los niños no siempre duermen o se portan bien; muchas veces se ponen malitos y tienen que cumplir horarios beneficiosos para ellos. Tal vez cuando son bebés es cuando más fácil es llevarlos con nosotros.
Por los diferentes tipos de padres e hijos que observo, y pensando en el propio caso de mis padres, he llegado a la conclusión de que los niños llevan una vida parecida a la que llevaban sus padres antes de converirse en progenitores. Mis amigas las que han viajado tanto con sus bebés ya eran mujeres viajeras y tremendamente activas antes de ser mamás. Mientras que la que os contado que no quiso ni sacar a su hija de casa para ir acenar a otra casa, era una mujer poco activa, muy casera y poco amante de las aventuras o el movimiento.
Lo que sí pienso es que, aunque los niños limitan y atan mucho, también son muchos los adultos que se autoimponen límites y prohibiciones cuando son padres, lo que acarrea muchas frustaciones en ellos y, en el futuro, en sus hijos. No tengo ni idea de cómo seré si algún día soy madre, pero me gusta imaginarme con mi bebé en una mochilita, paseando, viajando o haciendo yoga con él (hay clases especiales para mamás y bebés).
¿Vuestros hijos se han adaptado a vuestra vida o al revés?