Éste era el título que una conocida revista femenina le daba a varias páginas llenas de las cosas más lujosas y glamourosas que podáis imaginaros. Hoteles "extraluxe", restaurantes con montones de estrellas Michelin, bolsos, zapatos o vestidos exclusivísimos, perfumes y cremas exquisitas y milagrosas, coches de sueño, gadgets de ultimísima tecología y diseño... Cosas atractivas, no cabe duda, pero ¿irresistibles? Por el precio que costaban, lo dudo.
Este tipo de paginas, más las que aparecen en Navidad con ideas para regalar cosas de megalujo, me han hecho reflexionar sobre lo que para mí es lujo, tentación, irresistible. Admitiendo que soy bastante sibarita con la comida y que me gustan las cosas bellas y, por qué no, vivir bien, he llegado a la conclusión de que mis deseos pertenecen a esferas menos elevadas -y cuánto me alegro- que las que nos muestran este tipo de publicaciones.
Lujo. Sobre este concepto leí también hace poco un reportaje muy interesante en otra de estas revistas femeninas. En él, algunas de las personalidades más influyentes y poderosas del momento reflexionaban sobre lo que era lujo para ellos y sobre el nuevo tipo de lujo que demandan los consumidores. Uno de ellos decía que el mayor lujo del hombre modero es el tiempo. Creo que casi todos estamos de acuerdo en esta afirmación.
El lujo y el tiempo. Entre ambos conceptos puede establecer un puente interesante, al menos para mí. Sin tiempo es imposible disfrutar, saborear la vida, sentir y "vivir" a las personas que nos rodean. La falta de tiempo es seguramente una de las sensacioes más frustrantes. ¿Para qué el dinero si no tienes tiempo de gastarlo, para qué los lujos si no tienes tiempo de disfrutarlos? E inexorablemente, el tiempo pasa, jamás espera por nada ni por nadie...
Del tiempo a las tentaciones. ¿Todo lo que nos muestran como lujoso es tentador? No debería ser así. Pensar de esta forma puede llevarnos a otro de los grandes males de nuestro tiempo: la insatisfacción. Nada es nunca suficiente para alguien insatisfecho emocional o espiritualmente; nada que se pueda comprar con dinero llega a hacer desaparecer esa sensación. Qué sabios pues, quienes encuentran lujosa su vida sea cual fuere; tentadoras las pequeñas cosas que la conforman.
Pensad si no en la cantidad de tentaciones irresistibles que están al alcance de vuestra mano cada día. Éstas on algunas de las mías: darme una ducha de agua hirviendo cuando hace mucho, mucho frío; comprarle cualquier tontería a mis sobrinas para verlas sonreír; comerme dos platos de cocido cada vez que mi madre lo prepara; hacer "performances" a mis amigas para que se rían; comerme ese segundo yogur de chocolate que me llama sibilino desde la nevera; pasar de vez en cuando por el outlet de Mango para comprarme algún trapo; los zapatos...; llenar mi despensa de delicatessen y fruta; ver cada año Excalibur cuando la ponen por Navidad; abrazarme a mi pareja cuando duerme a mi lado para que me dé calorcito...
¿Cuáles son vuestras tentaciones irresistibles? ¿Es para vosotros el lujo sinónimo de tentación?