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Artículos - enero 2009

# jueves, 29 de enero de 2009 19:08

Qué adelgaza

A casi todo el mundo le preocupa mantener su peso, aunque no siempre los consiga. A mucha gente le gustaría adelgazar, vieve obsesionada por ello o a dieta permanente. Sin caer en una actitud enfermiza, está bien querer mantenerse en un peso saludable y estético. Los asíáticos, una de las razas más longevas del mundo tienen claro que una de las claves para vivir muchos años es comer poco.

Y moverse. Porque lo que más claro tengio en cuestión de adelgazamiento es que moverse quema calorías y llevar una vida sedentaria las multiplica. Sin hablar de dietas ni de pasar hambre o hacer sacrificios apocalípticos, sí que hay un montón de cosas que en el día a día nos ayudan a mantener el peso y otras que desestabilizan la báscula.

Qué adelgaza

- Hacer ejercicio a primera hora de la mañana, nada más levantarse de la cama. Un vaso de agua tibia, un paseo, un poquito de yoga o unos cuantos estiramientos ponen nuestro metabolismo en marcha y utilizan las grasas extra de nuestro cuerpo. Y hacer ejercicio en general, por supuesto. Si puede ser, cada día (aunque sean 20 min), mejor.

- Hacer cinco comidas diarias. Está demostrado, comer cada cuatro o cinco horas también mantiene el metabolismo activo y quema muchas más calorías que comer pocas veces al día. Eso sí, las cantidades tienen que ser moderadas en cada una de ellas y los alimentos sanos. Eso de aguantarse toda la mañana o toda la tarde sin comer nada es un error mayúsculo, ya que no sólo hacemos que nuestro cuerpo guarde todo por si acaso, sino que llegamos con tanta hambre a la comida o a la cena que acabamos comiendo más de lo que necesitamos.

- Cenar poco. Es tan lógico como que después de cenar normalmente te acuestas y no quemas lo que hayas ingerido, a no ser que tus horarios sean europeos y cenes a las 7 de la tarde. Por la noche, también hay que evitar los hidratos y los dulces, más adecuados al medio día o por la mañana.

- Caminar. La gente que va a todas partes en coche, que se pasa el día sentada y que encima no hace ejercicio, tiene muchas más posibilidades de coger peso que la que usa el transporte público o camina habitualmente durante el día. Cada paso resta calorías y te mantiene activo y con energía.

- Hacer el amor. En realidad, es otra forma de hacer ejercicio, que además tonifica especialmente los músculos abdominales y te cambia el humor. Hacer el amor, sobre todo en posturas más complicadas o activas, te hace quemar muchas calorías. Y encima te lo pasas bien y te quedas relajado...

- Quitarse el azúcar blanco. Es una de las mayores fuentes de calorías vacías. Y casi todos abusamos de él consciente o inconscientemente: con el café, con los bollos, los zumos y refrescos envasados, yogures, cereales... Si se puede evitar, mejor, porque además genera una mayor necesidad de dulce. Y si es imposible reunciar al sabor dulce, mejor sustituirlo por azúcar de caña o miel, que al menos alimentan.

- Comer más bio y natural. Los alimentos demasiado procesados, precocinados o elaborados suele contener muchos azúcares y grasas encubiertas. Un incocente sandwich de embutido con mantequilla puede llegar a ser una bomba calórica. Por no hablar de las pizzas congeladas, los snacks, papatas fritas de bolsa... Los productos bio, integrales o los alimentos al natural te aseguran la menos saber lo que estás comiendo (lee las etiquetas).

- Aficionarte al sushi. O al menos al pescado, mucho menos calórico que la carne y más sano. Cuando sales a cenar fuera, ir a un japonés te asegura muchas menos calorías. En casa, un pescado a la plancha acompañado de ensalada o verduras engorda mucho menos que un filete con patatas.

- No tomar postre. Me refiero a postres dulces, tartas, bollos... Un fruta, un yogur y, si puede ser, una infusión, te ahorran muchísimas calorías. Haz la prueba durante un mes: prescinde de los postres dulces al medio día y los fines de semana (cuando más caprichos nos permitimos) y observa el resultado.

- Quitarte las copas. Son igual que el azúcar: calorías vacías. O de verdad eres el rey de la pista y te lo bailas todo, o cada vez que salgas por la noche o a tomar el aperitivo te vuelves a casa con un montón de energía extra que se convertirá en grasa.

- El amor. Tanto cuando te enamoras perdidamente, como cuando sufres un desengaño amoroso, te quedas con un tipo estupendo. Pero claro, no todos los días se enamora uno (y menos de la misma persona) o te apetece que tu pareja que diga qye se ha liado con tu mejor amiga...

¿Qué os adelgaza a vosotros?

# martes, 27 de enero de 2009 13:49

Padres solteros

Nunca imaginé que vería a un hombre guapo, joven y famoso recurrir a un vientre de alquiler para ser padre. Hablo de Ricky Martin, que recientemente presentaba orgulloso al mundo a sus dos hijos, nacidos por inseminación artificial.

La noticia me gusta y me sorprende a partes iguales. Me encanta el hecho de que un hombre manifieste abiertamente sus deseos de ser converirse en progenitor, de hacerseresponsable en solitario de dos criaturas recién nacidas. Me llama también la atención que en Ricky Martin el deseo de ser padre ha sido tan fuerte, que no ha esperado a tener pareja para hacerlo realidad.

Cada vez conozco a más mujeres que optan por la maternidad en solitario. Pero el caso del cantante es el primero que conoco protagonizado por un hombre. No sólo el modelo tradicional de familia ha saltado por los aires, sino hasta el de pareja y los roles hombres y mujer.

Que un hombre sea capaz de manifestar abiertamente sus sentimientos paternales, emociones como ternura y amor, me encanta, me parece un paso importante. Que un hombre sea capaz de reconocer y disfrutar de su lado femenino, me parece absolutamente enriquecedor para ambos sexos.

Mis dudas respecto a la paternidad o maternidad buscada en solitario (algo diferente al hecho de que muchas personas se vean obligadas a criar a sus hijos solos) van encaminadas al hecho de privar a un niño de uno de los progenitores, en este caso, la madre. No tengo una respuesta clara ni fundamentada al respecto sobre si psicológicamente puede influir negativamente ne formación de la personalidad del niño, en su evolución emocional o en su felicidad.

Miles, millones de mujeres en todo el mundo, desde los albores de la historia, han criado y educado a sus hijos solas. Aun habiendo un padre, éste muchas veces no ejercía como tal. Y no pasaba nada, se aceptaba como socialmente normal, aceptable incluso. A la inversa, que una mujer no ejerciera de madre y la responsabilidad recayese sobre el padre, era motivo de total rechazo y repudia social.

Ser padre o madre biológicos no siempre lleva implícito que uno se sienta como tal. En el caso de la mujer, gestadora y "paridora", de forma natural se crea un vínculo de amor y una necesidad de cuidado y protección. En el caso del hombre este vínculo tiene un fundamento más psicológico o emocional que biológico.

Que un hombre, en este caso Ricky Martin, haya decidido ser padre soltero por voluntad propia, me parece una noticia bonita. Me produce también muchas dudas, pero viendo las fotos del cantante con su hijos no puedo evitar sentir emoción. El amor hacia sus hijos trasciende totalmente las imágenes.

¿Os choca que un hombre quiera ser padre soltero? ¿Tomaríais esta decisión en solitario?

 

 

# jueves, 22 de enero de 2009 22:28

Belleza robada

¿Recordáis el tiempo en que la juventud hacía explotar inevitablemente vuestra belleza? ¿Esa edad en la que vosotras erais arrebatadoras ninfas y vosotros hermosos efebos?

 

Existe un increíble momento de belleza en la vida de toda persona. Ése en el que el niño comienza a ser hombre o mujer. Ése en el que el tiempo aún nos mira de lejos sin arrebatarnos nada y el futuro se percibe como algo gratamente lejano y difuso. Es ésta una belleza natural, luminosa e indescriptible, de la que todo el mundo goza y que suele ser percibida como los demás como irresistible, arrebatadora. Es una belleza canalla, salvaje, fresca, que roza la perfección y se ríe, por un momento, del tiempo.

 

Luz. En ese momento de juventud nuestra belleza emana una luz difícil de mantener en el tiempo. Es una luz que proviene de la inocencia, la ilusión, las expectativas, el ansia del vivir, de experimentar, de conocer, de sentir. No hay belleza más pura que ésta; muy poco tiene que ver con nuestro aspecto físico.

 

A lo largo de nuestra vida la belleza cambia, se transforma; con suerte, evoluciona a nuestro favor, en consonancia con el tiempo. Con la edad, la belleza suele salirse inevitablemente de los cánones establecidos. Pero también, si hemos sabido ir hacia dentro, hacia nosotros mismos, va adquiriendo un hermoso velo de profundidad y consciencia que la convierte en magnética, imperturbable y perdurable.

 

Hay personas que embellecen con los años. Otras, obsesionadas con mantener a toda costa esa belleza canalla que un día tuvieron, la pierden o la transforman en algo que dista de ser hermoso. Hay personas que son bellas a lo largo de toda su vida, como Krisnamurthi.

 

Una profesora de yoga me comentaba hace poco que quienes practican esta milenaria disciplina comienzan un proceso de autoconocimiento, de acercamiento entre cuerpo, mente y espíritu, que les hace emanar una belleza que proviene del interior y que los demás perciben inmediatamente. Es una belleza que tiene mucho que ver con la energía que transmitimos y mucho menos con nuestro aspecto físico.

 

Pasada esa arrebatadora belleza propia de la juventud, ¿os sentís hermosos en vuestra edad? ¿Qué hace que os sintáis bellos? ¿Tal vez, la mirada de otro?

 

 

# lunes, 19 de enero de 2009 21:50

Por la noche, los otros

Cae la noche. Cientos de luces se apagan. Cientos de luces se encienden. Para muchos, el letargo. Para otros, la vida comienza. Desde mi ventana veo los tejados, las antenas, la luna, los contornos de ellos y de ellas al contraluz.

 

De noche, observo. Pienso en la vida de los otros. Quienes duermen, quienes crean, quienes sufren, quienes sueñan, quienes aman.

 

El tiempo vive horas diferentes cada noche. Hacia atrás, hacia delante, rápido, despacio, según el ritmo que marca la noche.

 

Siempre, desde niña, deseé no tener que dormir para poder vivir también las horas de la noche. Cuando termina el atardecer y puede verse la luna, algo mágico, inesperado cada vez, sucede. Llega la calma, el silencio, el encuentro con uno mismo. Velar el sueño de los demás permite disponer de un tiempo y un espacio compartido e imposible en la vigilia; un espacio, un tiempo, momento único, secreto, insondable.

 

Dormir me parecía desperdiciar horas de vida. Dónde estaría la humanidad, en qué nivel evolutivo si el cuerpo humano no tuviera necesidad de desconectarse por las noches. El concepto del tiempo saltaría en mil pedazos. La sabia naturaleza nos controla a través del sueño. Nos neutraliza, nos calma, nos domina.

 

Cuando llega la hora del letargo nocturno siempre, antes, necesito mirar por la ventana el cielo, abrirla incluso para recibir en la cara la luz de la luna, el aire y la sensación de la noche.

 

Es entonces cuando pienso en la vida de los otros. Tantas y tantas vidas, que se apagan o se encienden cuando llega la oscuridad. Fiestas sin fin, horas desesperadas en busca de la musa, tiempo para el amor, insomnio, deseo de que la noche no acabe nunca o ansiedad por ver la luz del amanecer, que finalmente disipa las brumas, las sombras, la incertidumbre, el miedo.

 

Hay quien duerme acompañado y desearía dormir solo; hay quien anhela y sufre por el abrazo, por el calor de otro cuerpo en la noche. Hay quien desea y no es correspondido; hay quien le roba horas al sueño para sentir, amar y gozar.

 

Hay quien trabaja cuando la noche cae. Quien alarga las horas del día estudiando, leyendo con avidez ese libro que nos hace vivir otros tiempos, otras vidas. Madres que amamantan, padres somnolientos que mecen a sus hijos o acallan sus malos sueños. La fría luz de miles de televisores encendidos hasta el amanecer…

 

Volar, viajar de noche para llegar con las primeras luces del nuevo día a otro lugar, a otra vida. Agotar la noche en busca de una decisión que siempre está tomada de antemano…

 

¿Qué ocurre en vuestra vida cuando cae la noche?

 

 

 

 

 

 

# jueves, 08 de enero de 2009 23:01

Fetichismo

Desde los albores de la historia, el hombre ha sentido atracción especial por ciertas cosas que estimulaban su deseo. En nuestros tiempos, la lencería, los zapatos, el cuero, la lycra, son los fetiches por excelencia. El deseo no tiene por qué ser sólo sexual: Carrie Bradshaw, por ejemplo, e suna auténtica fetichista de los  "manolos".

Todos somos fetichistas a nuestra manera, tanto en nuestra vida normal como en la sexual. Y este es precisamente el ámbito que me gustaría tratar, dejando a un lado tabúes y prejuicios. Muchos hombres, por suerte, ven en la lencería femenina un objeto de fetichismo. Y digo por suerte, porque otros te la quitan como si les fuera la vida en ello sin echarle ni una mísera mirada. El fetichista es aquel que mira, observa, se recrea, toca, sborea, huele...

Los stilettos, las medias de costura atrás, los corsés, las ligas... son objetos fetichistas por excelencia. Toda la estética Dita Von Teese se enmarca dentro del fetish, como gusta a las boutiques eróticas llamar a esta estética tan de moda. Cada vez son más los juguetes eróticos, complementos, ropa y accesorios que siguen esta tendencia, tanto en las tiendas eróticas como en las tiendas de lencería y hasta en las boutiques de los grandes diseñadores.

Antifaces, esposas, plumas, perlas, espejos, seda, lycra... cada vez hay más accesorios que nos ayudan a entrar en el mundo fetish, como los glamourosos cofres de Bijoux Indiscrets, una de las marcas más conocidas de complementos eróticos que, pese a sus aires franceses, es española.

Todo lo que incite al erotismo, todo lo que provoque, todo lo que nos haga sentir sexys y sensuales, todo lo que suponga misterio y glamour, es fetichista. Hay quien se excita viendo un escote, una espalda al descubierto, unos labios pintados de rojo, unas braguitas... Hay quien necesita preparar toda una ambientación (velas, luces, aromas, música) fetiche para sentirse predispuesto al amor...

¿Cuáles son vuestros fetiches eróticos?

# jueves, 08 de enero de 2009 21:26

Todas deberíamos sentirnos... princesas

Esta es la historia de dos mujeres, de dos putas, de dos princesas. Éste es el comienzo de una de las reseña de la película que lleva el nombre que da el título al post (genial Candela Peña). Hace ya varios años que la vi, pero hoy me ha venido a la cabeza en Zara. En todos los probadores hay pegatinas contra la violencia de género, invitando a decir "no" y ofreciendo un teléfono de ayuda.

Porque todas las mujeres deberíamos ser princesas. Para nuestros padres, para nuestros hermanos, para nuestros amigos, para nuestras parejas... Ni siquiera hay que llegar a la violencia de género para encontrar mujeres infravaloradas por los demás... y por ellas mismas demasiadas veces.

No quiero hacer en este post apología del feminismo ni maltratar a los hombres. Cuántos de ellos no se sienten tampoco príncipes en su reino. Cuántos no son valorados por sus parejas ni tienen la suficiente autoestima como para valorarse ellos mismos.

Pero esta historia empezó con una princesa. No de cuento, hace mucho tiempo que las chicas dejamos de creer en príncipes azules, exasperantemente cursis, por cierto. Pero la palabra princesa me gusta; me gusta que me la digan, me gusta decírsela a mis amigas, a mis sobrinas. Te hace sentir especial; dicha por un hombre, tiene un teremendo encanto.

Lo que desearía, sin embargo, no es ser llamadas princesas, sino que nos hagan sentir como tales, sobre todo las parejas. Si tu novio, tu amante, tu marido, tu pareja, no te hace sentir como una princesa (y todas entendéis a qué me refiero), ¿para qué? Bastante complejo es llevar una relación adelante, como para que encima no nos hagan sentir bien. El reto es mutuo, por supuesto: si no estás dispuesta a hacer que tu chico se sienta como un príncipe, no tiene sentido. Si decides estar con alguien, que sea para dar, para cuidar, para querer ¿no?

Imagino que cada mujer tendrá una idea diferente de lo que para ellas significa ser tratadas como princesas. La mía significa que me hagan sentir libre, grande, única, especial, querida, cuidada. No tiene nada que ver con recibir regalos lujosos, ir a restaurantes caros o vivir en un chalet con piscina, que tampoco está nada mal. Pero aún siendo diferentes las necesidades de cada mujer, todas deberíamos ser respetadas, escuchadas, cuidadas, sentir que a la persona que está a tu lado le importas... Y si dejas de importarle, que sea lo suficientemente elegante como para decírtelo con clase y honestidad. Y que si es él quien deja de importarnos, sea capaz de devolvernos la libertad (que nunca debería habernos quitado, por cierto).

La responsabilidad de nuestra felicidad no puede nunca recaer más que en nosotras mismas. Por eso creo que si una mujer no se siente como una princesa (salvo esos días tontos que todas tenemos) nadie podrá hacérselo sentir nunca. Tanta modelo, tanta celebritie, tanta revista femenina, tanta publicidad engañosa, tantos cánones de belleza equivocados nos han hecho pensar que no merecemos ser princesas a no ser que tengamos una talla 38, un bolso de marca o menos de 40 años.

Lady Di era una princesa real y, sin embargo, durante su matrimonio con Carlos de Inglaterra se sintió la mujer más desgraciada del mundo. Da igual la condición social, la belleza o el estado civil, ninguna mujer -y ningún hombre, por supuesto- debería sentirse poca cosa frente a otra persona.

Las relaciones de pareja, que tanta felicidad deberían aportarnos, a veces se convierten en la mayor celda. Generan extraños vínculos basados en la dependencia que nos llevan a aceptar situaciones o sensaciones que jamás hubiéramos imaginado. El simple hecho de no sentirse correspondido, cuidado, deseado, debería ser motivo suficiente para abandonar una relación. Muchas mujeres se conforman con poco por miedo a estar solas. Si tu pareja no te hace sentir princesa, tal vez puedas hacértelo sentir tú misma estando sola.

¿Os sentís princesas? 

# jueves, 08 de enero de 2009 9:29

A qué huele tu vida

La primera vez que entré en Maison Parfum (Lagasca, 33, Madrid) me quedé impresionada. Sus perfumes para el hogar reproducían con una increíble exactitud los aromas que inundaban las casas en las que había vivido: las de mis padres, mis abuelos, mis tíos... Entre sus originales perfumes los hay con olor a café molido, a tostadas recién hechas (¡lo juro!), a naranjas expirmidas, a dulce tabaco de pipa, a lavanda relajante...

El olfato es, sin dudad, el sentido que más se fija en la memoria. Un olor puede desencadenar en nosotros recuerdos, emociones, sensaciones, momentos vividos, personas amadas... Es capaz de reproducir con extraordinaria excatitud la sensación que tuvimos en un preciso momento. Muchas veces he comentado el famoso episodio de la magdalena de Proust...

Los olores. Nos ayudan a sentirnos en casa, nos hacen sentir sexys, nos calman, nos inspiran, nos incitan. Mi compañera de piso cuida especialmente los los aromas en casa, es una fanática de las velas aromáticas de Zara Home, que suele enceder por la noche, cuando ella ve la televisión y yo trabajo al ordenador. El olor a vainilla, a jazmín blanco y a madera y naranja formarán ya para siempre parte del recuerdo de nuestra casa compartida a los 'treintaytantos'.

Los perfumes que escogemos para personalizar nuestro cuerpo tienen mucho que ver con nuestra forma de ser y con el mensaje que queremos transmitir a los demás. Hay quien cambia de perfume según la ocasión y hasta el momento del día. Yo soy muy fiel al mío; me costó mucho escogerlo y no he encontrado aún un buen sustituto. Cool Water Femme, la versión femenina del conocido perfume de los anuncios de torsos masculinos saliendo del agua. En ocasiones especiales, sobre todo cuando me siento con ganas de seducir, utilizo J'adore, de Dior.

Pocas cosas hay más cautivadoras y sexuales que el olor de nuestra pareja. Para mí, su aroma es el más potente afrodisíaco; cuando los olores de ambos se funden tras una noche de amor o, simplemente al dormir juntos, desearía no desprenderme nunca de ese aroma en mi cuerpo. Siempre he pensado que, para desencadear tanto el recuerdo como el deseo por otra persona, hay que tener grabado en la memoria su olor. Cuando no eres capaz de reconocer el olor de tu pareja entre otras mil, es difícil que se desencadenen en ti otro tipo de sentimientos. La mezcla de su perfume con el propio olor de su cuerpo es la fragancia más potente que existe. El olor es determinante en la química entre dos personas.

Por la mañana, me encanta el olor de las tostadas y el café recién hecho; adoro el desayuno, es mi momento preferido del día. Pone inmediatamente en funcionamiento todos mis jugos gastronómicos el olor de pan recién hecho. Me encanta el olor de la colonia de bebés, que siempre "sabe" a limpio. Me gusta el olor a limpieza e higiene que queda en una casa después de fregar los suelos. Me encanta el olor a pizza, pasta y queso fundido que despreden los restaurantes italianos. Me gusta el olor de los libros nuevos, cuando los ojeas y acaricias sus tapas en busca de la próxima elección. Me fascina el olor de la fruta madura. Me encanta el olor de la ropa recién lavada. Me emociona el olor de los bronceadores y el mar en verano.

Los malos olores nos aturden, nos enristecen, nos hacen sentir mal física y emocionalmente. Me desagrada especialmente el olor a hospital, el de los baños de los bares, el de las casas antiguas y cerradas, el de las personas que no cuidan su higiene, el de la ropa puesta demasiadas veces, el de los coches, las casas y las bocas de los fumadores, el de una nevera con alimentos mal envasados, el de los ambientadores mal escogidos o exagerados... Al entrar a una casa, su olor determina especialmente el que nos encntramos a gusto en ella. Recuerdo mi primera casa compartida. Tras la marcha de una de mis compañeras de piso, me tocó por fin su habitación, la más grande. A punto estuve de renunciar a ella por el olor a sudor que se había quedado impregando en la cama y las paredes. No es que ella no fuera limpia, pero ventilaba muy poco la habitación y le echaba poco detergente a la lavadora cuando hacía su colada...

¿A qué huele vuestra vida?

# miércoles, 07 de enero de 2009 22:33

El regalo más especial

Ya han pasado las Navidades. Las rebajas se funden irónicamente con la resaca de uno de los días más consumistas del año. Quienes no pudieron comprar todo lo que quisieron antes del 6 de enero, lo intentan ahora que los precios se tornan más amables.

Pero el regalo más especial no suele ser el que traen los Reyes Magos. Ese regalo mágico, que hace aparecer una silenciosa lágrima, que te hace enmudecer de pura emoción, que te hace saber que quien te lo ha entregado pensó en ti durante mucho tiempo... ese regalo no suele encontrarse en las tiendas ni puede comprarse con dinero.

Cuando alguien aprecia, estima, desea, ama... ofrece sus sentimientos a través del regalo. Se toma su tiempo, saborea la búsqueda, disfruta con la elaboración, escoge con mimo, busca los detalles. Siempre obtiene más placer y felicidad regalando que recibiendo.

Cuando veo a mis sobrinas abrir un regalo tras otro en Reyes, perdiendo inmediatamente el interés por el anterior, siento nostalgia de esos regalos que alguna vez he tenido el privilegio de recibir. Cuando me han llenado de cosas, valiosas muchas de ellas, pero excesivas en número y en precio, siempre he sentido una pizca de hastío, de decepción incluso. Todo lo que puede comprarse con dinero puede conseguirse, y dejar de desearse.

A lo largo de mi vida me han regalado muchas cosas bonitas, glamourosas, útiles, originales, esperadas; deseadas, caras o baratas. Pero las que más me han gustado no tenían nada que ver con ropa, accesorios u otros objetos. Los libros, por supuesto, siempre han sido bien recicibidos, sobre todo cuando he notado la búsqueda y el deseo de encontrar esa historia especial para mí. Pero los regalos que más emoción me han causado son los que hizo para mí la persona que me regaló, aquellos otros que no podían verse ni tocarse sino sentirse y disfrutarse.

Las fotos siempre emocionan, sobre todo cuando han buscado y emarcado para ti aquellas que tienen historia, que significaron algo, que te hacen vibrar una y otra vez al verlas. Tengo algunas fotos, regaladas por personas especiales, que siempre conservaré; a las que me gusta volver de vez en cuando para saber que viví y sentí, que amé, lloré y reí.

Regalar un viaje es toda una declarción de sentimientos. No hay mejor compañero que el de viajes (¿no es la vida el más hermoso de todos ellos?); querer viajar con alguien es querer amar a alguien. Hay muchas formas de llegar a conocer a otra persona, y para mí, una de ellas es perderse por las calles de una ciudad desconocida, sorprendiéndose y deseando ser besado en cada rincón, recibir una confesión en cada pequeño restaurante, abrazarse en el atardecer de un puente o mirarse a los ojos frente a una maravillosa obra de arte.

Cualquier regalo acompañado de palabras, aunque sean unas líneas, aunque sea sólo una, es siempre recibido con una emoción especial. Quien hizo la ofrenda se tomó el tiempo de buscar el mensaje que mejor explicase su intención al regalar. Viniendo de un amante o una pareja, conozco pocas sensaciones tan profundas y vibrantes; viniendo de un amigo, un familiar o alguien que empieza a formar parte de nuestra vida, las palabras crean tácitos y especiales vínculos emocionales.

Hay otros regalos que no tienen envoltorio, que no se preparan ni se entregan como tales, que tienen un efecto más potente, íntimo y personal. Son los regalos que provienen de los sentimientos de los otros hacia nosotros. Son gestos, palabras escogidas, miradas, pequeños actos que nos tocan, nos acarician, nos hacen saber especiales o queridos, privilegiados por ser objeto de tales atenciones.

También me siento afortunada receptora de tales regalos. Quien ahora camina a mi lado me ha "tocado" con alguno de ellos. Nuestro regalo de Navidad fue algo especial, decidido y entendido por ambos; no podía ser de otra manera.

Algunos de sus silencios. Cuando coge mi mano por la noche. Cuando me mira sin saber ser visto. Al calmarme cuando siento pena o miedo. Al abrazarme sin que yo lo pida. Al presentarme a una preciosa niña de ojos oscuros y profundos. Esos son regalos que perduran en el tiempo, que nos hacen sentir sentir grandes. Que, aunque el tiempo pase y llegue la distancia, perduran en el alma y, en esos días de melancolía, te hacen sonreir levemente y pensar que alguien, un día, pensó en ti con emoción.

¿Habéis recibido alguno de estos regalos especiales? 

 

 

 

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