¿Recordáis el tiempo en que la juventud hacía explotar inevitablemente vuestra belleza? ¿Esa edad en la que vosotras erais arrebatadoras ninfas y vosotros hermosos efebos?
Existe un increíble momento de belleza en la vida de toda persona. Ése en el que el niño comienza a ser hombre o mujer. Ése en el que el tiempo aún nos mira de lejos sin arrebatarnos nada y el futuro se percibe como algo gratamente lejano y difuso. Es ésta una belleza natural, luminosa e indescriptible, de la que todo el mundo goza y que suele ser percibida como los demás como irresistible, arrebatadora. Es una belleza canalla, salvaje, fresca, que roza la perfección y se ríe, por un momento, del tiempo.
Luz. En ese momento de juventud nuestra belleza emana una luz difícil de mantener en el tiempo. Es una luz que proviene de la inocencia, la ilusión, las expectativas, el ansia del vivir, de experimentar, de conocer, de sentir. No hay belleza más pura que ésta; muy poco tiene que ver con nuestro aspecto físico.
A lo largo de nuestra vida la belleza cambia, se transforma; con suerte, evoluciona a nuestro favor, en consonancia con el tiempo. Con la edad, la belleza suele salirse inevitablemente de los cánones establecidos. Pero también, si hemos sabido ir hacia dentro, hacia nosotros mismos, va adquiriendo un hermoso velo de profundidad y consciencia que la convierte en magnética, imperturbable y perdurable.
Hay personas que embellecen con los años. Otras, obsesionadas con mantener a toda costa esa belleza canalla que un día tuvieron, la pierden o la transforman en algo que dista de ser hermoso. Hay personas que son bellas a lo largo de toda su vida, como Krisnamurthi.
Una profesora de yoga me comentaba hace poco que quienes practican esta milenaria disciplina comienzan un proceso de autoconocimiento, de acercamiento entre cuerpo, mente y espíritu, que les hace emanar una belleza que proviene del interior y que los demás perciben inmediatamente. Es una belleza que tiene mucho que ver con la energía que transmitimos y mucho menos con nuestro aspecto físico.
Pasada esa arrebatadora belleza propia de la juventud, ¿os sentís hermosos en vuestra edad? ¿Qué hace que os sintáis bellos? ¿Tal vez, la mirada de otro?