¿Y te diré cómo eres? No sé si llegaré a tanto en este post pero sí puedo deciros que nuestra forma de dormir revela muchas cosas de nuestra personalidad y nuestro estado físico y emocional. Contar con una buena cama y una buena compañía ayudan, aunque hy muchas más cosas que pueden ayudarnos a dormir bien o a quitarnos el sueño.
¿No os ha ocurrido alguna vez que estáis tan cansados que no podéis dormir? La hiperactividad física y mental es mala amiga del descanso. Por eso es más que recomendable intentar estar tranquilos, huir de las cosas que nos causan estrés (si, ya sé que no puede uno salir corriendo de trabajo), alejarnos de los pensaientos obsesivos o negativos, hacer cosas que nos agraden, hacer ejercicio suave...
El ejercicio es una gran ayuda contra el imsomnio, pero no cualquier tipo y de cualquier manera. Quienes tienen habitualmente problemas para concicliar el sueño, tienen que intentar hacer ejercicio por la mañana o hasta el medio día, ya que pocas horas antes de dormir activa demasiado. También es importante elegir actividades físicas suaves (yoga, tai chi, natación, caminar...) y huir de las que nos hacen descargar adrenalina y se hacen con música alta y tipo máquina (aeróbic, spinning, fitness).
Las preocupaciones, las obsesiones y las paranoias también son malas amigas del descanso nocturno. Un pensamiento repetitivo mantiene nuestro cerebro activo y preparado para reaccionar ante lo peor. Sea cual sea el problema hay que intentar no darle demasiadas vueltas, las cosas siempre son menos importantes de lo que parecen y parecen menos a la mañana siguiente. Lo de consultar los problemas con la almohada no es una gran idea.
Las penas y tristezas, la ansiedad y la depresión, cuadros que desgraciadamente presentan muchas personas, también producen alteraciones en el sueño. Ante problemas leves, el ejercicio y los amigos se plantean como una buena solución. Cuando la cosa es más grave, la ayuda de un psicólogo puede ser clave. Una infusión relajante, un baño caliente, un rato de lectura... son buenas ideas; tomar somníferos por nuestra cuenta siempre es una mala idea.
Como he dicho antes, tener un buen colchón y una almohada que se adapten a las necesidades de nuestra espalda es básico para asegurarnos un buen descanso nocturno. Mucha gente padece frecuentes dolores de espalda, de cabeza, mal humor, cansancio crónico... por dormir en una cama inadecuada. Si en una casa tenéis que invertir en algo, hacedlo en la cama: las de látex son magníficas, ya que se adapatan a la forma y peso del cuerpo, permitiendo dormir en pareja sin que el más grande hunda al otro. Si tu colchón tiene más de diez años, ¡tíralo inmediatamente!
Las condiciones ambientales del lugar donde dormimos también son muy importantes, ya que pueden invitarnos a un plácido sueño o a una indeseable noche de insomnio. Procura que la habitación esté limpia y ventilada. Si eres alérgica o te afecta especialmente la sequedad, coloca un humidificador o un recipiente con agua, sobre todo si mantienes la calefacción o el aire acondicionado encendencidos durante la noche. Intenta que haya el menor ruido posible; si es necesario cambia tus ventanas para que sean más aislantes. Huye de los ambientadores fuertes, el calor o el frío excesivos (como en el famosos anuncio...).
Mucha gente se duerme viendo la televisión, algo que los expertos desaconsejan. Es más, ni siquiera deberíamos tener televisión en la habitación, para ver la tele está el salón. Acostumbrarte a dormir con la tele te crea dependencia respecto al aparato y te proporciona un sueño mucho menos relajante.
Dormir o no acompañado también puede influir en la calidad de sueño. Hay quien no es capaz de conciliar el sueño si su pareja no está en la cama, y quien querría mandarla a sofá para poder dormir a gusto. No existe una relación directa entre el sueño y el amor, es decir, se puede querer mucho a alguien y dormir fatal acompañado por esa persona. Por eso es importante tener una cama grande, que no se hunda y hacerle entender al otro que tras los arrumacos iniciales, necesitamos espacio para dormir.
Cenar mucho. Acostarse nada más cenar o hacer una comida demasiado copiosa suele asegurarnos una noche llena de pesadillas y turbulencias, cuando no de insomnio y dolores de estómago.
"Dime cómo duermes y te diré cómo eres". Siempre cuento la paliza que me dio una de mis amigas la primera noche que dormimos juntas. Os lo juro: se paso la noche dando dando vueltas de 365 grados en el aire, dándome puñetazos y patadas, agarrándome y empujándome, moviéndose sin parar... Ella se levantó sin acordarse de nada y yo con un dolor de cuerpo espantoso. En esa época ella era una persona extremadamente nerviosa y activa. Observar a la persona que duerme a vuestro lado puede daros una idea de cómo es o cómo se siente: la expresión de su cara, su postura, si se mueve mucho, si tiene pesadillas, si ronca...
Y los sueños. Aunque ésos somos sólo nosotros misms quiene spodemos interpretarlos, concederles o no importancia. Nuestro subconsciente se manfiesta a través de ellos y nos da información sobre cosas que no entendemos o no queremos ver. Aunque tú te empeñes en mantener una situación, una relación, un trabajo o una amistad, si tus sueños te dicen lo contrario, hazles caso... Si en tus sueños huyes de algo, quieres volar y no puedes, consigues sentirte libre y por fin haces lo que piensas y lo que deseas pero cuando te despiertas esas sensaciones no perduran, algo no va bien.
Hay quien puede dormir en cualquier sitio, en un sofá en el suelo, en una tienda de campaña, en la playa, en una habitación llena de gente... Yo tengo mal dormir, me cuesta mucho hacerlo acompañada y cualquier preocupación me altera el sueño. Pero en cuanto me monto en un coche se me empiezan a cerrar los ojos y me quedo roque, ¡soy el peor copiloto del mundo!
¿Tenéis problemas para dormir? ¿Sois peculiares durmiendo?