He aquí una nueva entrega sobre peluquerías, Hacía tiempo que estaba tranquila con este tema, pero mi última visita ha hecho revivir mis paranoias. Como sabréis los que leéis el blog desde hace tiempo, odio ir a la peluquría. A diferencia de la mayoría de la gente, a la que le relaja y le encanta, a mí me estresa y me pone los pelos (que luego habrán de cortar) de punta.
He de reconocer que llevaba una época tranquila, porque la peluquera a la que voy (la única a la que dejo que me corte), me tiene muy cogida la medida. Sabe que yo me corto un día y me echo el tinte vegetal otro, no soporto hacer las dos cosas juntas, es demasiado tiempo para mí sentada con la cabeza en manos ajenas, se me hace eterno. De peinarme, ni hablamos, odio ir por la calle con el típico pelo repeinado y que todo el mundo sepa que acabas de salir de la peluquería. Así que, con la excusa de que voy después al gym, sólo me dejo secar el pelo y luego ya me lo pongo yo a mi aire.
Volviendo al "día X". Fui, tranquila y confiada, a cortarme un poco el flequillo y las puntas. Me recibió mi peluquera de siempre, pero a la hora de lavarme el pelo... me tocó con "la rusa", la persona del que os hablé en el otro post, la que me hizo aquella manicura mortal. "Madre mía", pensé para mis adentros, hoy salgo de aquí con una lobotomía. Dicho y hecho...
"Tu sentar aquí, hay que lavarrr bien el pelo, voy a limpiar bien cuerro cabelludo". Casi me lo arranca, os lo juro. Me lavó el pelo como si le fuera la vida en ello. Con agua hirviendo para empezar y helada para terminar. Y si soltaba un "ay", encima me decía un "muy bueno para brillo pelo, aguanta, tú joven y fuerrrte". Pero lo peor fue el momento de secar y escurrir. La técnica de secado de "la rusa" consiste en sujetarte el pelo con una mano a modo de goma y tirar con todas las fuerzas de demonio con la otra para escurrírtelo. Te tienes que agarrar al asiento para no saltarte por encima del lavadero y caer en sus brazos. En esos momentos rezas para no quedarte calva, porque con la fuerza con la que tira, es casi imposible que te quede un sólo pelo en la cabeza. Y tú dile algo...
Menos mal que tras el dolorosísimo lavado volví a las manos de mi peluquera, que esta vez me convenció para que dejara peinar "como Giselle Bundchen" y, aunque el tipo no era el mimso, he de reconocer que el pelo quedó espectacular. Y para que yo lo diga... Desde luego, fue una merecida recompensa a los sufrimientos infringidos por la rusa.
¿Os gusta ir a la peluquría?