¿A quién no le da miedo? Envejecer supone muchas cosas, no sólo la pérdida de la juventud o la belleza. Significa caminar hacia un lugar en el que, tal vez, volvamos a ser como niños. La pérdida de la independencia, de la energía física, de las personas queridas, deben ser dífíciles de asumir. Y más en una sociedad que hace mucho que dejó de venerar a sus mayores.
Envejecer asusta. Pero también debe ser hermoso atesorar tanto conocimiento, tantas experiencias. Si hemos sabido elegir bien nuestro camino interior, todo ese bagaje puede llevarnos a un estado de paz, calma y equilibrio difícil de experimentar durante los arrebatos de la juventud. Seguramente toda la vida es un aprendizaje para esa última etapa.
He hablado muchas veces en el blog sobre la belleza y el efecto que el paso del tiempo causa en ella. Las mujeres en mayoría, pero también ya muchos hombres, se afanan por alargar su juventud. Botox, cirugía, carísimos tratamientos... quienes viven de su físico, como las actrices, maltratan a veces su aspecto en un intento por mantenerse bellas. Para mí uno de los casos más claros es el de Nicole Kidman, que parece ya un doble de sí misma.
Envejecer con dignidad. Es una frase que todos decimos y que pocos saben cumplir. Para mí esta frase encierra toda una filosofía de vida, porque no todos sabemos ser siempre dignos de la vida que poseemos. Cuidar el cuerpo que tenemos, tanto física como espiritualmente, debería ser una tarea de todo hombre. Una persona con arrugas pero una expresión serena en el rostro, puede resultar infinitamente más bella que una cara estirada y apenas sin expresión. Porque los retoques, a no ser que estén excepcionalmete bien hechos, que los hay, se notan, confieren a la gente una expresión extraña, una apabullante pérdida de identiad.
El paso del tiempo suele jugar en favor de los hombres, que suelen tardar más que las mujeres en alcanzar la madurez... y el cambio físico, si se cuidan, les sienta bien. Pero tanto unos como otros ganan en belleza en función de lo que transmiten con el paso de los años.
Hacer ejercicio, comer bien, cuidarse la piel y la dentadura, leer, viajar, meditar o paracticar alguna disciplina cuerpo-mente pueden suponer una diferencia abismal en la forma de envejecer de una persona. Eso es muy diferente a pasar por quirófano repetidamente, estar permanentemente a dieta, hacer ejercicio extenuante, a comprarse ropa carísima para parecer más joven o a gastarse una fortuna sólo en cuidar el cuerpo.
Me asusta el paso del tiempo tanto como a cualquiera. Por eso cada vez tengo más claro que quiero mantener mi cuerpo lo más agil y en forma posible. Por supuesto, me encantaría alargar la juventud y la belleza lo máximo posible, pero si no es así, al menos me gustaría tener un aspecto agradable para los demás y para mí misma. Y he descubierto que el yoga ayuda mucho a conseguirlo.
¿Cómo lleváis el paso del tiempo?