La mayoría de la gente adelgaza en verano. Y es lógico, si nuestra dieta se basa en los alimentos de la estación, éstos son mucho más ligeros e hidratantes. Debido al calor y la bajada de la actividad del metabolismo, el organismo necesita menos calorías y más líquidos. Sandía, gazpacho, ensaladas, zumos, agua fresca... son "básicos" en los días estivales.
Pero también hay quien engorda en verano. Las vacaciones, las siestas, los churinguitos, las cañas, las comilonas, las copas, la falta de actividad... actúan en ellos como una dieta hipercalórica. Lo peor es que mucha gente, sobre todo mujeres, pasan meses a dieta para pasar la prueba del biquini, y luego echan a perder todos sus esfuerzos en cuanto llegan a las esperadas vacaciones.
Sin hacer grandes sacrificios, es fácil adelgazar en verano. La clave, en mi opinión, está en escuchar al cuerpo de forma inteligente. Cuanto más sube la temperatura más hidratación necesita nuestro organismo. Si en lugar de quitarnos la sed a base de refrescos, zumos envasados o cervezas, lo hacemos con agua, zumos naturales o cerveza sin alcohol, nuestra línea saldrá ganando.
Las necesidades energéticas también disminuyen en verano, el tiempo por excelencia de la fruta, las ensaladas, el gazpacho, el salmorejo o las cremas frías. Apetece comer menos carne, menos guisos, menos platos fuertes y menos cantidad. Pero si a las ensaladas les añadimos salsas, quesos grasos u otros ingredientes típicos de la comida fast food, no nos servirá de nada "comer verde". Una ensalada puede ser un plato único y bajo en calorías si añadimos proteínas de calidad (atún, huevo, nueces, anchoas, queso fresco o de cabra, salmón, pollo) y la aliñamos con aceite de oliva o una salsa ligera de yogur.
Los chiringuitos son la perdición de mucha gente en verano, sobre todo hombres. Las cervezas y tapas del aperitivo, la paella, el helado y las copas del medio día, las patatas fritas con otra cerveza a media tarde, las copas de la noche... pueden doblar las calorías que ingerimos normalmente y echar al traste todos nuestros esfuerzos por mantener el peso.
Las vacaciones nos proporcionan más tiempo libre, que aprovechamos para descansar. Lo ideal es bajar el ritmo pero tampoco dejarlo a cero. Pasear, nadar, bailar, hacer algún deporte náutico o de montaña, organizar excursiones... pueden marcar la diferencia entre engordar o adelgazar en verano.
A mí el verano me adelgaza. Tengo menos hambre y más ganas de fruta, verduras, agua y cosas frescas. En la playa me gusta tomar el sol pero no aguanto mucho tumbada en la toalla, me encanta pasear por la orilla del mar, bañarme, nadar, bailar por la noche... Duermo y descanso mucho más de lo habitual, pero bajo de peso por la combinación de una dieta más ligera (la que pide el propio organismo) y el "desgaste" de la playa.
¿Adelgazáis o engordáis en verano?