Algo está cambiando en los cánones de belleza. El pasado mes de agosto, la versión americana de la revista Glamour publicaba una foto de la modelo Lizzi Miller. La novedad está en que la chica aparecía en tanga, muy sonriente, y con un con visible michelín en la tripa. Más o menos la imagen de cualquier mujer de a pie.
Las lectoras de la revista, cuyos cuerpos se identificaban mucho más con el de Lizzi que con el de la mayoría de modelos habituales, reaccionaron ante las imágenes con júbilo y emoción. De hecho, el blog de la revista recibió más de 200.000 visitas. La directora de la revista, Cindy Leivi, anunció que a partir de ahí habría más modelos de la talla 44 en Glamour USA. En mi opinión, también haría falta ver modelos de la talla 42 y 40, porque lo normal es de 38 para abajo, sobre todo en las pasarelas.
Curiosamente estoy leyendo un libro muy interesante sobre cánones estéticos: La ciencia de la belleza, de Ulrich Renz. ¡No tenía ni idea de la cantidad de estudios científicos que se han hecho sobre los cánones de belleza! Los resultados son francamente sorprendentes. En general, la mayoría de la población, aun siendo de razas o lugares diferentes, encuentra bellos los mismos tipos de rostros. Y éstos suelen ser, sobre todo en las mujeres, los que presentan rasgos más aniñados y simétricos. El autor del libro también resulta franco: la personalidad y el interior hacen real o no la belleza exterior, pero ésta no le pasa desapercibida a nadie, al menos a primera vista. Según este autor la belleza tiene algo irresistible para cualquier ser humano.
Aún estoy leyendo el libro, cuando lo termine os contaré mis conclusiones y las del autor. Volviendo al tema que nos ocupa, no creo que la belleza, ni siquiera desde el punto de vista científico, esté en los escuchimizados cuerpos de la mayoría de las modelos y actrices. Por supuesto, un cuerpo esbelto y bien formado resulta elegante y bello; por eso las modelos lucen bien las creaciones de los diseñadores. Tengo claro que las mujeres altas y delgadas (dotadas así por la naturaleza) son las adecuadas para esa profesión, pero sin caer en los excesos. Pero también tengo claro que donde esté Scarlett Johansson, todo pecho y curvas, que se quiten las demás.
Es cierto que esta chica no tiene michelines, pero sí tiene un cuerpo más que generoso, del que muchas veces las mujeres renegamos en busca de ese modelo de delgadez que se nos impone desde los medios de comunicación. ¿Y qué hay de la modelo objeto de la polémica? Lizzi Miller tiene una talla 44-46 (la media de la mujer americana), practica a menudo deporte y recibe clases de baile. Es decir, se trata de una mujer sana y activa, bella y feliz en su peso. El objetivo de la publicación al sacarla era mostrar la belleza real, como hace Dove en sus exitosas campañas publicitarias.
"He sido esa niña que mira las revistas intentando buscar a alguien que se pareciera un poco a mí. Y al no lograrlo, pensé que había algo equivocado en mi aspecto", dice Lizzy. Creo que eso es lo que nos pasa a la mayoría de las mujeres: en los medios de comunicación no vemos chicas como nosotras como ideales de belleza, lo que nos lleva a querer cambiar nuestro aspecto a toda costa. Miller afirmaba haberse emocionado con la reacción del público, y dice haberse aceptado y querer su cuerpo. En mi opinión, tiene un cuerpo precioso, que a cualquier hombre le resutaría sexy y femenino. ¿Por qué no entonces a nosotras mismas?
Menos mal que andan por ahí mujeres famosas como Beyoncé o Jennifer López para recordarnos que se puede una sentir guapa, triunfar en la vida, ser amada y válida sin tener que lucir unas medidas de modelo (con el hambre que pasan la spobrecitas...).
Según los expertos esta pequeña victoria contra la presión de ser delgadas y perfectas no va a derrumbar el ideal de belleza del mundo de la moda, pero sí es un paso hacia delante. La reacción de las lectoras americanas de Glamour también ha hecho que la dirección de la revista se replantee su enfoque y trate de mostrar mujeres más reales.
En mi opinión la cuestión de la moda es compleja y resulta fácil ser utópico y poco realista al respecto. Creo que una mujer alta y esbelta muestra mejor la ropa sobre una pasarela, porque hace que el público se fije más en el traje que en sus sinuosas curvas, y no es ese el objetivo del diseñador. Pero no creo tampoco que las mujeres deban convertirse en perchas de huesos y piel, que en mi opinión llegan a desmerecer los trajes que llevan con su aspecto enfermizo e irreal. En lo que sí creo es en la postura que ha adoptado Glamour USA: en mostrar a más mujeres reales en su publicación. Porque el mundo está lleno de mujeres gorditas, delgadas, altas, bajitas, atléticas, curvilíneas... y todas ellas tienen derecho a sentirse a gusto en su piel (precisamente el título del reportaje protagonizado por Miller).
¿Estáis de acuerdo en mostrar a más mujeres reales en el mundo de la moda?