Fast food, slow food, organic food y, ahora, comfort food. Los americanos, tan aficionados a darle nombre a las tendencias, llevan tiempo hablando de esta forma de comer. ¿A qué se refieren? A algo muy sencillo y que a muchos de nosotros se nos estaba olvidando: a los guisos de nuestras madres, a aquellos platos cuyo aroma te hace sentir bien, a esos alimentos que te reconfortan el cuerpo y la mente, a esos sabores conocidos que te "entonan" por dentro y por fuera, a la comida que te hace sentir como en casa.
La comfort food pide una vuelta a los sabores y platos tradicionales con un toque de modernidad bien entendido. Pero para que los alimentos nos reconforten tienen que satisfacer algo más que el estómago: tienen que llegar al alma. Y todos sabemos cuáles son esos platos que nos hacen decir mmh, qué rico, relamernos, relajarnos y hasta sonreír. A mí me pasa con el cocido extremeño de mi madre, con el pan recién hecho y los churros. A muchas personas este efecto tan gratificante se lo produce el chocolate, o un buen plato de pasta, o la típica sopa de su madre.
Cocina tradicional, platos preparados por nuestras madres, sopas, guisos... la confort food tiene mucho que ver con la alimentación de antes, con la de nuestros padres. Tanto alimentos light, biológico, integral, congelado o envasado, le ha quitado mucha "alma" a la comida que consumimos actualmente. Pocos son los que se pasan horas en la cocina, como mis padres, para hacer un buen guiso. Pocos son los que se toman la molestia de ir al mercado a comprar alimentos frescos y de temporada. No es lo mismo comerse un filete de pavo a la plancha o una ensalada ya comprada, que un revuelto de huevos y gambas, un buen plato de lentejas, unas albóndigas, un arroz caldoso o un buen pollo al horno con patatas y verduras.
Lo ideal sería que tuviéramos tiempo para disfrutar también del placer de preparar estos platos. Hace tiempo que vivo en casas en las que, por unos motivos u otros, no se puede cocinar. Tampoco tengo mucho tiempo. Pero uno de mis sueños para el futuro es tener una casa con una gran cocina donde reunirme con mis amigos a charlar mientras abrimos una buena botella de vino y cocinamos. Lo he visto hacer toda la vida en casa de mis padres y me da pena haber perdido esta buena costumbre.
La comfort food no se refiere solamente a esos guisos o sabores tradicionales. También alude a aquellos alimentos, como el chocolate, que nos producen placer físico y emocional al comerlos. Ese capricho que nos regalamos después de una larga semana de trabajo. Ese postre especial que nos tomamos cuando salimos a cenar. Ese desayuno largo y completo que hacemos los fines de semana. Esa bolsa de palomitas que nos tomamos viendo una película. Esa fruta madura que te comes a mordiscos porque le cuerpo te lo pide...
¿Cuál es vuestra comfort food?