Este fin de semana he asistido a un seminario de yoga con Narayani, una de las autoras del best-seller mundial El nuevo libro del Yoga (Ed. Integral). Esta inglesa se inició en la práctica y enseñanza del yoga con Swami Vishnu Devananda, del que fue su asistente personal durante quince años. Por su experiencia, Narayani es hoy en día un referente para todos aquellos que practican Hatha Yoga y cualquier otro estilo de yoga.
Había oído hablar muy bien de ella pero no la conocía personalmente. Y cumplió todas mis expecativas. Además de parecer un buda, esta señora (debe rondar los 60 años) transmitía una paz, una calidez, una luz y una humildad impresionantes. Parecía una dulce abuelita sacada de un cuento. Pero vaya con la abuelita... Llevo tiempo practicando yoga pero ningún profesor me había impactado tanto como esta dulce mujer.
Con una permanente sonrisa en la boca y una voz siempre suave y serena, nos iba apacigando a todos los presentes mientras hablaba de los orígenes del yoga, mientras nos guiaba en las meditaciones y la práctica. Pero lo que más me impresionó -y de ahí el post- fue su propia práctica.
Viéndola por la calle, moviéndose y andando de forma lenta y pausada, nadie pensaría que esta mujer pudiera hacer posturas como sirsasana, el esorpión, el pájaro y otras asanas invertidas y de gran dificultad técnica. Y las hacía de maravilla, como si fuera la cosa más natural del mundo mantenerse sobre la cabeza o los antebrazos con las piernas hacia arriba. Su cuerpo, con el aspecto exterior del de una mujer algo mayor y no precisamente delgada, resultaba absolutamente flexible, ágil y estilizado. Lo cual me hace pensar en los beneficios a largo plazo que el yoga tiene en las personas.
Ya había visto en fotos o libros a maestros del yoga como Iyengar haciendo posturas imposiles y alucinantes con 80 años. Pero nunca habái visto en directo a una persona relativamente mayor hacer demostraciones de este tipo. Por supuesto, hacía las asanas sin ningún tipo de pretensión, sólo para mostrarnos la técnica y la forma de entrar y salir de ellas. No es una mujer especialmente guapa en su aspecto exterior, pero practicando yoga, cantando mantras o meditando adquiría una belleza especial, de esas que provienen del interior.
Por eso quería escribir este post, para animaros a practicar yoga pensando en nuestra salud física y mental (por aquello de la ansiedad, el estrés, la tristeza o la falta de autoestima) y en la calidad de vida que podamos tener al hacernos mayores. Porque a veces hacemos ejercicio o vamos al gimnasio pensando casi exclusivamente en los beneficios estéticos. Pero son mucho más importantes los que el ejercicio tiene sobre nuestra salud.
Hablando hace poco con un experto del INEF perteneciente al programa Pronaf (del que os hablé en el post anterior) me sorprendí bastante con algunas de las cosas que me dijo. Por ejemplo, que en la pérdida de peso es más efectivo controlar la dieta que hacer ejercicio (por supuesto, lo mejor es la combinación de ambas cosas), pero que sobre la salud tiene un mayor efecto la actividad física. Alguien puede comer maravillosamente bien, pero si es una persona totalmente sedentaria, sus arterias y su corazón se verán gravemente amenazados, además de multiplicar el riesgo de padecer enfermedades como la diabetes o el cáncer.
Por eso me parece tan importante llegar a la vejez siendo personas activas, que tengan integrada la actividad física como un hábto imprescindible en sus vidas. Por supuesto, las personas que hacen ejercicio de forma habitual y comen de forma saludable, parecen mucho más jóvenes de lo que son.
¿Hacéis ejercicio pensando en vuestra salud?