Me duele un poco la cabeza, me tomo un Ibuprofeno. Estoy un poco resfriada, me tomo un Gelocatil. Tengo molestias estomacales, me tomo un Almax. Estoy a dieta, me tomo unas vitaminas. Quiero mejorar mi piel, voy a comprar unos nutricosméticos. Estoy un poco nerviosa, me tomo un Lexatin. Hoy no me puedo dormir, me tomo una Dormidina. Me ha dejado mi novio, me tomo un Orfidal. Me siento deprimida, necesito un Tranquimazín. ¿Cuántas personas, sobre todo mujeres, viven enganchadas a las pastillas? Una solución fácil a los problemas que puede costarnos muy cara.
El "pastilleo" se ha convertido en una práctica normal en nuestra sociedad: el 16 por ciento de la población española toma ansiolítivos o antidepresivos. Muchos de ellos, sin receta médica, aconsejados por algún amigo/a. La época en la que a todos nos daban miedo los medicamentos para los problemas psicológicos ha quedado muy lejos, hasta el Prozac está pasado de moda. Ahora, frente a cualquier problema o síntoma de ansiedad o tristeza, "pastilla al canto". No queremos sufrir, no queremos envejecer, no queremos engordar, no queremos enfrentarnos "a pelo" a nuestros sentimientos.
El Ministerio de Sanidad revelaba recientemente que en 2008 se vendieron en España más de 65 millones de envases de ansiolíticos y antidepresivos. E intuyo que, con la crisis, en 2010 estas cifras seguramente habrán aumentado. De hecho, su consumo crece a un ritmo del 7% anual. Está claro que le hemos perdido el miedo a las pastillas...
Cumplir en el trabajo, ser buena madre, estar guapa para tu pareja, divertirte con tus amigas, hacer dieta pazra no engordar... muchas mujeres caen en el abuso de las pastillas por no poder hacer frente al exceso de obligaciones y presiones que vieven diariamente. Empiezan con la Valeriana y terminan con el Orfidal, muchas veces sin pasar por la consulta del médico. Da miedo, pero impera la cultura de la felicidad y la juventud. Y si no duermes, estás fea y nerviosa al día siguiente, si no controlas la ansiedad, estás de mal humor, si no te encuentras demasiado bien, no puedes permitirte tumbarte a descansar en el sofá.
El problema del abuso de los medicamentos es que pueden dejar de hacer efecto (sobre todo en el caso de los analgésicos) y engancharnos (muy probable respecto a los ansiolíticos y antidepresivos). Por ello, los médicos insisten en evitar la automedicación y en saber distinguir entre la depresión real y las tristezas, problemas y penas propias de la vida. Caundo hay un problema real, la medicación ayuda pero no cura, por lo que siempre hay que complementarla con la terapia psicológica y un cambio en nuestros hábitos de vida. Hacer ejercicio y comer mejor, dos cosas al alcance de cualquiera, pueden cambiar nuestro estado de ánimo de forma muy significativa y ayudarnos a combatir el estrés y la ansiedad.
Pasar el duelo. Es algo natural cuando existenun problema, una pérdida, una ruptura sentimental, pero ahora mucha gente se niega a pasar por ello. ¿Tiempo o pastillas? La primera elección es la natural y sí, es dura, La segunda es más fácil, pero mucho más peligrosa, ya que podemos convertir nuestro problema en crónico. El Transilium y el Lexatin son dos de los medicamentos ansiolíticos que más dependencia crean y sólo deberían tomarse por prescripción médica y durante períodos cortos de tiempo. Aunque muchas veces es más la dependencia psicológica que la física; tener las pastillas en casa nos hace sentir seguros.
Dejar la medicación no es fácil. Si sientes que te has enganchado a las pastillas, no intentes desengancharte por tu cuenta, debe ser un proceso gradual y controlado por un especialista. Aprender técnicas de relajación y autocontrol, hacer yoga o tai chi, puede ayudarnos mucho en el proceso. Por supuesto, ante un cuadro de ansiedad y depresión importante, la medicación puede ayudarnos a salir del bache inicial, pero no debemos quedarnos ahí.
¿Practicáis el pastilleo o conocéis a alguien adict@ a las pastillas?