Y no me refiero al
desorden en la casa, que también influye en el estado mental, sino al desorden en las comidas. Esto es lo que
piensa la doctora Susana Monereo,
jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición y coordinadora de la Unidad de
Obesidad Mórbida del Hospital Universitario de Getafe. Según esta experta, picar
entre horas, saltarse comidas, ir al supermercado antes de comer o comprar sin
hacer una lista implican desorden
alimentario. Además de estos desajustes, esta doctora dice cosas muy
interesantes sobre la grasa visceral, los hidratos de carbono y las dietas sólo
a base de proteínas…
Estas conclusiones las
explicaba la doctora Monereo durante la presentación de una encuesta realizada por ICM para la GSK a
más de 12.000 personas en 22 países, entre ellos España, que revela que los
españoles son, con los italianos, los europeos que más se proponen perder peso
a principios de año. En concreto, quiere
adelgazar el 87 por ciento de la población.
Según explicaba esta doctora, la obesidad no sólo merma
la autoestima sino que aumenta 2,4 veces las posibilidades de desarrollar
diabetes tipo 2, tres veces el riesgo de hipertensión, 2,8 el de sufrir
dislipemia y 1,8 veces las opciones de tener un cáncer de mama. Además, partir
de los 40, las mujeres con problemas de
obesidad tiene 7 años menos de esperanza de vida que el resto y los hombres
5,8.
La clave, para esta experta, está en la
denominada grasa visceral, aquella que se acumula en el abdomen, entre las vísceras, y que hace aumentar
el volumen de la tripa. Esta grasa genera
sustancias tóxicas que dañan los órganos, dando lugar al conocido como síndrome metabólico, caracterizado por
la aparición de todas estas
enfermedades. Este síndrome lo sufren el 45 por ciento de los mayores de
60 años y es más frecuente en hombres, aunque a partir de los 60 los
porcentajes se igualan.
Según Monereo, aunque no
hay que abusar de productos como las grasas saturadas, el azúcar o el alcohol, las dietas
desequilibradas, en las que se dejan de consumir ciertos alimentos para
perder peso rápido, además de provocar el famoso
'efecto yo-yo', hacen que aumente la grasa abdominal.
Aunque su
acumulación tiene "un componente genético" -que afecta más a
los hombres-, aumenta con el consumo de
alimentos como el alcohol, los dulces y las grasas, sobre todo saturadas y
trans. "También las dietas pobres en fibra o calcio favorecen
la acumulación de grasa visceral", advierte esta experta
"Todos sabemos que las dietas sin hidratos de carbono, que
se conocen tanto, las dietas
proteínicas, adelgazan mucho, pero al cabo de tres, seis meses, de un año,
de dos, la mayoría ha recuperado el peso y además se les ha alterado la
conducta alimentaria y con mucha frecuencia, se produce el efecto rebote",
explica.
El efecto rebote, dice, "acaba convirtiéndose en un trastorno de
conducta y así empiezan los 'picoteos' y, con muchísima frecuencia, los atracones de hidratos de carbono, que no
has comido durante un tiempo y el cerebro necesita y pide, y nunca los pide
con orden sino de forma exigente, con ansiedad".
A su juicio, perder peso debe plantearse como una carrera de fondo
con objetivos realistas. Considera "factible" intentar perder
de medio a un kilo a la semana -lo que equivaldría a un centímetro de cintura a
la semana-, pues "cuando se pierde más lo que se reducen son otros
elementos, como agua, músculo o masa ósea".
"Perdiendo entre un cinco y un diez por
ciento de peso, se reduce un 53 por ciento el riesgo de diabetes y un 15 por
ciento las posibilidades de aumentar el colesterol", apunta esta experta,
quien propone para lograrlo dieta sana, ejercicio y la ayuda, cuando sea necesario, de fármacos para
adelgazar como 'Allí', de
GSK.
¿Sois desordenados
con la comida?