Acabo de leer un artículo que me ha dejado impresionada, sobre todo porque cualquiera puede identificarse con alguno de los nuevos trastornos o adicciones que describe, algunos realmente curioso. Después de leer este catálogo de adicciones uno no puede evitar pensar si es tan bueno vivir en una sociedad tan moderna y desarrollada, superficial por definición, que nos convierte en dependientes de todos los lujos y comodidades que nos ofrece. Os invito a hacer la prueba. ¿No os identificáis o rozáis peligrosamente alguno de estos trastornos?
Pero antes que nada, veamos la diferencia entre trastorno y adicción. Un trastorno es algo que condiciona la vida de quien los sufre, impidiéndole seguir su vida normal y haciéndole daño dicha conducta. Por ejemplo, los trastornos alimentarios. Pero hablamos de adicción si, además de todo lo anterior, existe síndrome de abstinencia. Por ejemplo, con las drogas, el alcohol o ¡el móvil! El perfil del adicto es de una persona inestable emocionalmente, impulsiva, falta de proyectos vitales, baja autoestima, frustración y dificultades sociales.
Aquí tenéis un catálogo que no me gustaría tener que compartir. Seguro que algunos ya os suenan:
Ortoréxia. Obsesión por comer sano. Afecta a 3 de cada diez personas.
Shopaholic. Es la persona adicta a las compras. Quien la sufre compra de forma compulsiva y continuamente aunque no pueda permitírselo. Pueden llegar a endeudarse para seguir comprando.
Tecnoalcoholismo. Es el abuso de las tecnologías, perdiendo el control sobre el tiempo y la inversión en dinero. Las actividades más adictivas son las relacionadas con las webs de contactos y los chats.
Smartphorexia. Dependencia del móvil, sobre todo de servicios como chats y tweets. Quien la sufre padece ansiedad si se queda sin batería o se olvida el teléfono.
Workalcoholic. Término que se refiere a los adictos al trabajo., Un trastorno que suele confundirse con el estrés y la ansiedad. Es característico de las profesiones creativas, periodistas o autónomos.
Síndrome del gourmet. Obsesión por lo exquisito, lo que lleva a gastar grandes cantidades de dinero en productos de calidad.
Drunkorexia. Supone dejar de comer para compensar las calorías del alcohol, al que no se quiere renunciar. Se da sobre todo en mujeres delgadas y bebedoras.
Sweet Tooth. Obsesión por los dulces. Se da sobre todo en mayores de 45 años.
Chocolexia. Obsesión por el chocolate. Se sigue discutiendo si es una adicción.
Algunas famosas han admitido sufrir otras adicciones. Como Jenifer Aniston, que confesó ser tanoréxica, es decir adicta al sol cuando vivía en California. Ahora usa autobronceadores para tapar las manchas que esta adicción le produjo. O Charlie Sheen y Brooke Mueller, adictos confesos a las drogas, el alcohol y el sexo. Pero la pobre Lindsay Lohan es la mayor poliadicta de todas las celebrities: a las drogas, las compras, el trabajo, la delgadez...
¿Qué adicciones confesables tenéis?