Hola!!!! bueno veo que los temas que más os gustan son los que tienen que ver sobre la lactancia. ¡No me extraña! Yo creo que cuando tienes un bebé te preocupa que coma…no que aprenda álgebra y trigonometría.
Creo que ya os comenté alguna vez que en mi etapa de editora tuve como autor a Carlos González, el pediatra autor de Mi niño no me come, Bésame mucho y Un regalo para toda la vida (guía de la lactancia) todos ellos de Temas de Hoy. (Ni qué decir tiene que los recomiendo 100%) El caso es que cuando edité el de la lactancia todo aquello me sonaba muy lejano y, aunque le puse interés no es comparable al que he puesto al releerlo. También, lo confieso, lo he llamado un par de veces para acribillarlo a preguntas (gracias Carlos, siempre tan cariñoso y con tu peculiar sentido del humor nos devuelves la autoestima como madres) El post anterior sobre lactancia lo escribí hace un par de semanas y las cosas han cambiado.
Ya lo dice González: cuando entra un biberón (de fórmula) es el principio del fin de la lactancia materna. Pero todos tranquilos que aquí no pasa nada que a veces parece que dar un biberón sea darle lejía a la criatura. Ya sabemos que es lo ideal…como también sería lo ideal jugar con nuestros hijos 8 horas al día pero salvo que tengamos las cuentas saneadísimas tenemos que trabajar (en casa y fuera de ella) Así que relax para todas las mamás que no pasa nada. Pero nada de nada, eh?
La baja de maternidad está por algo. Y si dura 16 semanas (que deberían ser más) no es para que la madre se recupere del parto, que también, porque de un parto en dos semanas ya estás bien, incluso de cesárea, sino para poder hacerte con tu bebé y viceversa y que, si se puede, se amamante bien y a demanda si es posible. Pero hay mamás, pequeño detalle sin importancia, como servidora, que no tenemos esa baja por miles de razones. El caso es que cuando, mi caso, la mamá es la que trae los ingresos a casa y no puede parar porque es autónoma y los clientes no entienden de lactancias, ni mixtas ni exclusivas, se hace lo que se puede.
Todo esto lo digo porque un amable lector el otro día me recordó que estaba mal informada y que además hacía mal lo de dar el pecho y me puso de ejemplo a su encantadora señora que, por lo visto, tiene una lactancia exitosa. Pues no sabe cómo me alegro sinceramente por ustedes y sobre todo por el bebé. Yo es que hago lo que puedo y como todas las madres me esfuerzo en darle a mi hija lo mejor. Y siento decirle una cosa que no creo que me pueda rebatir: haga como la haga seguro que el pecho lo doy mejor que usted por razones obvias. (Y entienda este comentario con una sonrisa, por favor que a veces lo escrito no se entiende con tono amable y mi tono es amable, se lo aseguro)
Sigo dándole el pecho a demanda pero, venga lo confieso, ya hay biberones en nuestras vidas (snif). Empezamos con el de la noche y poco a poco se fueron colando más (en la merienda se suele colar otro). Y claro, si entra la fórmula se va el pecho por una cuestión matemática: si Carmen se sacia con el biberón no succiona tanto y el pecho se autoregula; cuanta más leche sacas, más produces (¡ve, amable lector cómo sí que estoy informada!) Así que a punto de cumplir su segundo mes de vida sigue tomando pecho durante el día pero la toma de las 11 de la noche y la de las seis de la mañana es de biberón de 150 ml la primera y de 90 la segunda (nunca se lo toma entero). Y eso que previamente de 8 a 9 de la noche mama sin restricciones, sin prisas y ya tranquilas después del baño y con el pijama calentito y al piel hidratada después de un largo masajito de mamá. Y le doy esos biberones para poder dormir porque yo al día siguiente tengo que trabajar (desde casa) y además atenderla a ella. Esto se lo contaba el otro día a Carlos González y me dijo (cachondo él): “Bueno, si pareces una africana, sólo te falta ir a por el agua andando” Exageraciones aparte lo que quiero deciros con esto es que como mi caso hay millones. Mujeres que tienen más hijos, mujeres que tienen que seguir trabajando, que no pueden con todo. Dar el pecho requiere tiempo, dedicación, silencio, no tener prisa y no tener que hacer muchas cosas al día siguiente.
Yo al amable lector y a todos los/las que son defensores/as a ultranza de la lactancia materna exclusiva les diría que tienen razón pero que yo no puedo pasarme los noches sin dormir al menos seis horas porque tengo que trabajar (además trabajo intelectual que requiere si cabe más concentración) y si yo no trabajo Carmen no tiene ni leche materna ni artificial, ni pañales, ni ropa, ni calefacción ni techo que la cobije y que de seguir sus consejos a rajatabla pronto me vería debajo de un puente, eso sí, dándole la teta.
Una confesión reveladora: el otro día, a eso de las nueve de la mañana puse unos biberones a hervir y me tumbé en la cama a darle el pecho a Carmen. Llevaba desde las seis dándole el pecho (como era domingo me lo tomé con calma) pero se dormía y a los veinte minutos protestaba y vuelta al tema) El caso es que me quedé dormida. Y ¿adivináis que pasó? pues que me desperté con el olor a chamuscado de los biberones y del sacaleches (que cuesta una pasta) y con la cocina y el salón lleno de humo. Os podéis imaginar el susto que me llevé y el sentiminto tan terrible de culpa y de estar haciendo las cosas fatal. Todo el día con remordimientos de conciencia por si le podía haber pasado algo a mi hija por mi falta de responsabilidad. Terminé llorando y jurando en arameo, claro.
Así que aunque le sigo dando el pecho durante el día…soy consciente de que irá disminuyendo mi producción (o no) pero que no me voy a sentir culpable porque, entre otras cosas, estoy haciendo lo mejor para ella que es seguir trabajando para poder mantenerla. Y los sentimientos de culpa de las madres (que parece que vienen de serie pegados en el útero y salen con la expulsión de la placenta) vamos a intentar que sean lo menos Pepito Grillo posible porque todas lo hacemos muy bien. ¿A qué sí?
Ah y sobre los consejos de los demás: amigas, suegras, madres, tías y demás familia….pasad de todo!!! Cuando le conté a Carlos González el otro día que una buena amiga me dijo que es que le tenía que dar el pecho a Carmen cada tres horas para que se regule y aprenda a comer bien Carlos me dio una buena idea; me dijo: ¿y por qué no le dijiste que las amigas tenían que importunar sólo cada tres horas? Buena respuesta
Muchos muchos muchos besos cargados de leche (de las dos)