Lo que es la vida, yo pensaba antes de nacer Carmen, que los bebés eran unos seres humanos muy chiquitines que dormían todo el rato, comían y se volvían a dormir. Que no duermen todo el rato ya lo descubrí yo hace unas semanas (Carmen de día duerme cabezadas de veinte minutos y ya está) pero la gran sorpresa es que con un bebé se pueden hacer un montón de cosas.
Cada día que pasa ella descubre algo nuevo. Ya sabéis que es muy importante hablarles a los bebés y estimularlos. Parece que no entienden nada pero no es cierto. Nunca el cerebro humano está más receptivo que cuando uno es bebé. Cada uno de nuestros bebés tiene un potencial de inteligencia impresionante, sólo hace falta que lo estimulemos con juegos. Yo establezco con Carmen ciertas rutinas. Si bien es cierto que su baño es a las siete y media de la tarde, no pasa nada si un día no llegamos a casa a esa hora y no se puede. Se hace al día siguiente y ya está. A mí me encanta hacer pruebas con Carmen y ver hasta dónde llega su entendimiento y la verdad es que yo creo que entienden más de lo que sospechamos. Por ejemplo: A veces cuando la pongo en su hamaca encima de la mesa donde trabajo y protesta porque no le hago caso, unos quejidos muy leves mientras se agita las manos, giro mi cabeza hacia ella, le hablo, le digo cosas y hay dos reacciones: si le hablo sonriendo ella me devuelve la sonrisa. Si le hablo seria, con tono de adulto, entonces ella se queda seria mirándome a mi boca e intentando mover ella su boca imitando mis gestos. Abre la boca, la tuerce, como si quisiese hablarme. 
A Carmen, que en dos días cumplirá dos meses, no le gusta nada estar sola. Pero es cierto que no hace falta hacerle todo el rato monerías. Si tiene el estómago lleno, está cómoda y calentita y, sobre todo, está incorporada (no le gusta estar tumbada) es suficiente con tener cosas de colores a su vista para que esté entretenida. Se suele aburrir a los veinte minutos de lo que está viendo. Basta cambiar su campo de visión y entonces vuelve a empezar a analizarlo todo.
Las horas del día que son más intensas con ella son la primera de la mañana cuando se despierta y después del baño hasta que se acuesta. La primera de la mañana es a las ocho, ocho y media cuando se despierta. Lo hace con un hambre voraz y mueve la boca hacia todos los lados. Ahí es cuando la saco de su moisés y la meto en mi cama para darle el pecho. Lo hace durante una hora y luego se queda dormida. Ni qué decir tiene que ese momento del día es especial, es precioso y que me da mucha pena que pronto se termine. Además en ese momento aprovecho para acariciarle la cabecita, los mofletes (tiene unos mofletes totalmente comestibles)

El otro momento del día que me encanta es el baño y todo lo que viene después. En el medio de estos momentos aprovecho para trabajar, ir a recados, resolver el día a día y Carmen se queda feliz como una perdiz con la persona que la cuida y yo me siento culpable por separarme de ella (un horror que ya os contaré otro día). Vuelvo al baño, que ya le gusta, y le canto siempre la misma canción. Después del baño masaje con aceite y crema y ejercicios con los brazos, las piernas y la espalda. Mientras le hago masaje en los pies y las piernas le hablo, le canto canciones, le explico dónde tiene los dedos de los pies, de las manos. Ah una cosa que le encanta es que cuando le doy besitos en la planta del pie los deditos se abren y se estiran. Hacedlo con vuestros bebés y ya veréis cómo también lo hacen. Es porque están sintiendo un inmenso placer. Una cosa que le espanta (yo creo que es rematadamente vaga) es que la ponga boca abajo (son deberes de la pediatra) para que levante la cabeza y ejercite así los músculos de su espalda. Ya levanta la cabeza pero se agarra unos berrinches si la dejas más de dos minutos…no le gusta nada
Cuando ya hemos acabado el masaje y ya tiene el pijama puesto es entonces cuando toca juagar. Nos vamos al sofá y ahí llega el otro momento del día que me encanta. Me tumbo y flexiono las piernas, la coloco sobre ellas de manera que nuestras caras se queden enfrentadas y es entonces cuando empezamos los juegos. Tengo un sonajero con tres casitas de colores y se lo enseño. Le voy diciendo el color de cada una y las muevo. Ella las mira fijamente. Es más, como ya sabe que es un juguete y lo relaciona con momentos de relax y placer, en cuanto ve el sonajero de las casitas se ríe abiertamente como si quisiera decir: mami este momento me encanta. Después hago el ejercicio de moverlo lentamente sacándolo de su campo de visión para que ella se esfuerce en seguirlo con la mirada (incluso tiene que torcer el cuello cuando va detrás de su oreja)
A continuación ejercicios de lengua que son los que más me divierten. Primero sacamos la lengua, luego hacemos ohhhhhhh y luego ahhhhhhhh. La a la domina, la o es para niños mayores aunque la pobre lo intenta a tenor de cómo mueve la boca. Es muy curioso ver cómo te mira fijamente, cómo se esfuerza y como no desiste a la primera. A medida que se vaya haciendo mayor comprobaré si es una niña constante o como yo cuando era pequeña, se esfuerza lo más mínimo para conseguir algo. Lo veremos.
En fin que aquí estoy contándoos las monerías de Carmen y deseando que me contéis las vuestras porque este mundo, la verdad es que sólo lo puedes compartir con padres de niños en edades similares. De lo contrario corres el riesgo de parecer un poco boba (es lo que tiene contar las monerías de tus hijos).
Un beso muy fuerte para todos y todas
PD. Quiero recomendaros la lectura del libro El filósofo entre pañales de Alison Gopnik editado por Temas de Hoy. Da unos datos muy reveladores sobre cómo piensan los bebés.