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Al margen de cuales puedan ser las creencias religiosas o, llamémoslo, trascendentales, que cada ser humano tenga, hay unos principios que están basados en la ética y que mucha gente posee o no dependiendo de los valores que vertebran su vida. Y ya digo y repito, nada tienen que ver estos con su religión y/o ateísmo. En derecho se da muchas veces la circunstancia de que algo puede ser legal pero no moral y la valoración de esta moralidad siempre es personal. O casi siempre. Me explico: hay gente que considera que el aborto es un crimen pero lo acata dentro de la legalidad vigente. Se me ocurren otros ejemplos como la pena de muerte que es legal en algunos sitios pero que sigue existiendo gente que lo considera también un crimen con el agravante de que es el estado quién lo comete. O aquí en casa, sin ir más lejos, muchos consideramos una salvajada las corridas de toros y sin embargo son legales.

Esta reflexión la hago porque llevo dándole vueltas a la noticia de la condena a un médico de Palma porque no practicó bien un aborto a una paciente y el resultado es que el niño ha nacido y la madre (y el juez) consideran que, al haber habido mala praxis en dicha intervención, es el facultativo quien tiene que hacerse cargo de los gastos de manutención del menor. Como lo ha dictaminado un juez es legal. Pero basándonos en principios éticos que me susurran como un Pepito Grillo al oído no puedo dejar de hacerme varias preguntas acerca de la madre. Ella no quería tener a ese hijo y por eso acudió a abortar, es cierto. Y puede que su situación económica sea mala, que lo desconozco. Pongamos que sí, que sea justo que el médico tenga que ayudarla con casi 1000 euros al mes a la mujer, de acuerdo. El médico hizo mal su trabajo (cargarse al feto) y por ello ahora debe pagar. Además el juez lo ha condenado a la mujer a pagar 15.000 euros porque ella se siente, dice la sentencia, “triste, culpable y emocionalmente mal” Y yo me pregunto y le pregunto a ella: ¿por qué te sientes triste? ¿Por tener un hijo? ¿Acaso no lo quiere? Puede ser que eso suceda. No sería, por desgracia, ni la primera ni la última mujer que lo rechaza y lo da en adopción. ¿Por qué se siente culpable? ¿Porque ve la cara de su hijo e inevitablemente le hace recordar una durísima realidad que no es otra que ella quería abortar esa vida? A mí me encantaría poder decirle a esa mujer con palabras de cariño que tener un hijo nunca es una desgracia. Lo que sí es una desgracia es tener un hijo y que se enferme e ir a verlo cada día a un hospital (a mí me ha pasado y sé lo duro que eso es). Una desgracia es verlo morir sin poder hacer nada y sentir cómo se te desgarra el cuerpo por dentro. Tener un hijo es una bendición de la vida. Es duro, sí, es cierto pero da unas satisfacciones tan grandes que todo se queda en algo mínimo cuando lo ves sonreír y ser feliz. Me gustaría poder trasmitirle a esa mujer (como madre que soy) que aunque ahora no lo vea, esa mala praxis del médico le va a dar un sentido único e irrepetible a su vida. Mucho más que los 270 mil euros que se va a embolsar porque el facultativo no se cargó a su feto. Y eso no tiene precio por mucho que lo tase un juez.

Tengo la sensación de que caminamos sin remedio hacia un precipicio donde desechamos de nuestra vida todo aquello que es molesto, cuesta trabajo o nos hace sudar y tengo la intuición de que eso nos lleva a ser cada día más inhumanos. Y a veces me pregunto si esta manera de vivir y de ser no será la responsable de que cada día se consuman más antidepresivos y menos libros, más ruido y menos silencio.

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Esta es una pregunta de las que se pueden clasificar en el grupo de: PREGUNTAS DEL MILLÓN. No es porque sea gallega pero lo cierto es que la respuesta es, depende. En mi primer embarzo recuerdo con nitidez que la primera patada fue en la semana 21. Fue un leve toc, toc, a la altura de la vejiga. Tardó más de 24 horas en volver a darse y de manera progresiva empezaron a sucederse sin parar para hacerse cada vez más fuertes. Dentro de las consabidas y manidas frases aplicables al embarazo tiene, ¡cómo no! su hueco la de: en el segundo embarazo notas antes las patadas. Parece que sí, que las madres las notan antes por una cuestión muy de sentido común, ya saben, ya distinguen un movimiento del feto de un movimiento de un gas, pongamos por caso. Al principio a mí las patadas me hiceron mucha ilusión, luego te acostumbras y es como respirar. A lo que no te acostumbras, especialmente si eres una histérica como yo, es a que, de repente, dejes de notarlas durante más de un día.

Ahora estoy en la semana 14 y no puedo decir que haya notado patadas pero sí puedo decir que hay movimientos que en el embarazo de doña Tecla los identificaba como cosas del estómago y ahora noto perfectamente que es el bebé. Especialmente si me acuesto boca abajo (que aunque me da un poco de grima, lo reconozco) todavía puedo hacerlo. Los expertos dicen que las patadas se notan, efectimavemente a partir del cuarto mes, en la semana 16 para las veteranas y en la 20 las primerizas. Pues me quedan dos, según lo expertos, y yo sí noto movimiento. O a lo mejor me lo estoy imaginando yo que todo puede ser. Y, de hecho, los expertos hablan de movimientos en el segundo trimestre y de patadas propiamente dichas en el segundo. En cualquier caso las mujeres somos bastante conscientes de lo que sucede dentro de nuestro cuerpo casi siempre. Y digo casi siempre porque se han dado casos de mujeres que no han notado absolutamente nada en el embarazo y han tenido bebés sanos.

En cualquier caso, si bien es cierto que mi primer embarazo todo lo viví con más intensidad este lo vivo con menos pero con menos ansiedad también. Digamos que la experiencia, efectivamente es un grado. Y un dato curioso que no sé si estará relacionado. En este embarazo no tengo nada de insomnio, muy al contrario a las diez de la noche caigo rendida en el sofá y duermo hasta las ocho de la mañana del tirón. Increíble pero cierto.

Por cierto, viendo que el post de ayer tuvo muchas visitas quería comentaros que justamente ayer doña Tecla dijo una nueva palabra: CACA. Estaba bañándola, se tiró un pum, se empezó a reír, se tapó el culete con la mano y dijo claramente: CACA. ¿Se puede ser más mona? ¿Y se puede ser más mema que yo contándolo como si hubiese aprobado la licenciatura en Oxford? En fin.

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Esta noche la hemos tenido torera. Doña Tecla se ha despertado a las 4 de la mañana y lloraba y lloraba sin consuelo. No lo hace nunca, de hecho creo que la última mala noche que dio fue en Navidades. Medio zombi me he levantado y la he cogido en brazos para llevármela a la cama con nosotros. La verdad es que podía no haber sido tan egoísta y haberme quedado tumbada con ella en la cama (y así nos hubiéramos desvelado sólo dos en lugar de tres) pero ni lo he pensado. Primero comprobé que estaba empapada y la cambié aunque descarté que llorara por eso porque nunca le ha molestado un pañal mojado. Me la llevé a nuestra cama ys eguía llorando y llorando. Me la puse en el pecho y parecía que se iba calmando pero seguía en un puro suspiro así que intuí (que para eso soy la madre que la parió y me la sé de memoria) que no nos íbamos a dormir ninguno de los tres en un buen rato. Se quiso colocar entre los dos en su postura favorita; culo en pompa. Empezó a moverse y removerse pero cada tres minutos llanto. Así que por fin caí y le dije: ¿Quieres biberón? (sí, sí, seguimos con biberón, soy una vaga, ya lo sé) y me dijo que no. No me la creí. Así que arriba con ella y caminito a la cocina. Le preparé uno pequeño, de 180ml y glu, glu, glu, en un pis pas desapareció. ¿Qué tenía hambre? Me hubiera comido a mí por los pies si se lo hubiese puesto a tiro.

Nos hemos vuelto a dormir (su padre y yo) sobre las cinco y media. Ella a los cinco minutos estaba sobada. Y así empezando de buena mañana la semana. Al menos, hija mía, podrías decir leche. Ya no te pido que me digas, madre, tengo hambre, dame de comer, pero con un bibi sería suficiente, ¿verdad? pero no, ella sigue empeñada en no decir ni mu y así estamos, camino de los 20 meses sólo diciendo mamá, papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaáaaaaaaaa, guau guau y guagua. ¿Hay algo más frustrante que no entender a tu hijo? ¿Especialmente cuando son las cuatro de la mañana y la única neurona que se amntiene despierta no te deja abrir nada más que un ojo? Ay ese momento en el que entras en la cocina ¡descalza! y lo ves todo con un color amarillento raro y doña Tecla tan despierta como si fuesen las once de la mañana y tú sobada que no sabes ni contar las cucharaditas de la leche en polvo. Y ese momento en el que suena el despertador y te das cuenta de porqué te dolían los riñones: ¡porque tienes las piernas de la retoña incrustradas en la espalda!

Y para terminar, esta mañana, mientras yo estaba en el vestidor viene ella toda campante sollozando. Por supuesto tuve que averiguar (medio en bolas me llevó por toda la casa) hasta nuestra habitación y allí me señaló lo que quería: una piruleta gigante de plástico que habíamos escondido detrás de un mueble para ella. ¿Cómo la encontró? ahhh misterio, como no habla no me lo puede contar.

Dios mío, cuando entre en el colegio ¿hablará?

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Supongo que la pregunta del titular se la habrán hecho millones de mujeres en todo el mundo. Doña tecla va camino de los 20 meses y sí, es cierto, se mantiene reservada y no dice más que cuatro palabras que se entienden (entendemos) bien; a saber: mamá, papá (esta es siempre papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaá como si nunca más lo fuese a ver), guauuuguauuuguauuuu (aplicado a todos los seres vivos que no sean humanos) y gua gua (aplicado a todos los líquidos, especialmente al agua). ¿Se podría llamar retraso en el habla? bueeeeeno, dejémoslo en que es vaga. Pero en lo que va adelantada es en las rabietas de los dos años y en lo de "cuando no haces lo que yo quiero, lo tiro todo al suelo y por último me tiro yo y pataleo (incluyo gestos de dramatismo tipo me tapo la cara con las dos manos). El caso es que ya dejó la etapa de tirar lo que tenía en la mano para agarrar otra cosa y ahora hemos pasado a tirarlo todo cuando me cabreo. Además es en movimiento zig zag de izquierda a derecha y vuelta a empezar. ¡Tiene un genio! ni idea quién se parecerá, oiga.

¿Se puede castigar a un niño antes de los dos años? pues no parece que sea efectivo según los expertos. Más que nada porque no alcanzan a comprender porqué se les está castigando. Llamo a Carlos González y le pregunto (aunque imaginaba ya su respuesta) y me dice: ¿Tú crees que los presos se rehabilitan después de pasar por las cárceles? Difícil pregunta. Francamente creo que no. Los castigos no son efectivos. Yo sé que esto puede generar mucha controversia. Porque mucha gente es partidaria del castigo, incluido el físico. Pero ¿se consigue lo que se pretende, es decir, educar? Hay niños que dejan de hacer las cosas porque tienen miedo al castigo pero no han aprehendido (con hache) lo que se hace y lo que no se hace.¿Qué hago para que no tire las cosas? Fácil, me dice, no ponérselas a su alcance. Y si aún así lo hace intentar pararlo a tiempo cogiéndole de la mano y diciéndole que eso no se hace. ¿Pegar? no, no parece lo más adecuado y además no enseña. Mucho menos a esa edad. En algún momento dejan de hacerlo. Eso me lo creo porque hace unos meses me dijo que Carmen dejaría de tirar las cosas al suelo para coger unas nuevas. Ahora para coger algo nuevo o me lo da o lo coloca en su sitio. Ayer, sin ir más lejos, comía un gajo de mandarina y me vio con un cracker en la mano y dejó la mandarina en la mesa y me pidió sutilmente; ey, ey, ey, ey, que le diera mi pan.

¿Y si pegan qué hacemos? pues lo mismo. Se supone que somos más rápidos y podemos pararles las manos (aunque no siempre) y cuando peguen explicarles que eso no se hace y tener muuuuuuuuuuuuucha paciencia porque, se supone, algún día dejarán de pegar. ¿Qué opináis? A mí me da mucha vergüenza cuando doña Tecla atiza a otro niño pero ¿qué hago? si le pego yo va en contra de lo que le intento trasmitir, ¿no? En fin, qué difícil es esto de educar. ¿Alguna sugerencia, consejo o idea?

¡Gracias!

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El mundo actual se mueve por modas. En doce años ejerciendo periodismo he visto en las redacciones seguir los dictámenes de las mismas en prácticamente todos los ámbitos. Economía, sociedad, ciencia, cultura…y lógicamente la propia moda. Con la avalancha de las nuevas tecnologías y la proliferación de múltiples blogs (tiene usted un portátil y tiene lectura para aburrir sólo con blogs) todo se ha ido especificando mucho más y las redacciones están presentes allí donde hay una línea adsl. Encima, los blogs particulares, aquellos que no se nutren de publicidad, son más libres, no tiene porqué ser más veraces pero sí más atrevidos. No conocen la palabra censura y eso se agradece.

La maternidad, algo que atañe a tantas y tantas mujeres en el planeta desde todos los tiempos, no podía quedar atrás. Este blog es una prueba de ello. Y también la maternidad se rige por modas. Sí, sí, algo tan atávico y ancestral se rige por modas. Así, por ejemplo cuando yo nací “no se llevaba” dar el pecho y yo y mucha gente de mi generación (soy de 1974) no lo tomamos. De un tiempo a esta parte, unos cuatro o cinco años digamos, se ha puesto de moda un movimiento que propugna una crianza con apego y un modelo de maternidad que va desde dar el pecho hasta los 3 o 4 años o a que los niños duerman con los padres hasta casi la adolescencia. Y ojo, digo que se ha puesto de moda la publicidad de dar el pecho no dar el pecho que es algo tan antiguo como nuestra propia existencia. La revista Time acaba de publicar en su portada una foto polémica tratando el tema. Una mujer de 26 años le da la teta a su hijo de tres bajo el sugerente titular: “¿Es usted una madre los suficientemente buena?” Poniendo, cómo no, el dedo en la llaga.

El reportaje se hace eco de la corriente de apego que algunas mujeres defienden con uñas y dientes y otras muchas siguen sin hacer tantos alardes ni dando tantas justificaciones y sobre todo sin pelearse. Porque, creo yo en mi humilde opinión, que los padres somos los únicos que tenemos que decidir cómo queremos educarlos. Y si una madre quiere dar pecho hasta los seis años es tan libre como otra que pide pastilla en el paritorio para cortarse la leche. Y una madre, si quiere dormir con sus hijos es tan libre de hacerlo como otra que quiere tenerlos al cuidado de una salus. Ni la primera es una grandísima madre por eso ni la otra es una Cruella de Vil por lo contrario. Al menos eso es lo que yo creo.

He visto madres que practican y defienden la crianza con apego criticar modelos de educación de madres en otros ámbitos como pueden ser escoger una educación escolar diferente de las que ellas escogerían. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Somos libres o no lo somos para escoger lo que consideramos mejor para nuestros hijos? ¿Es mejor una madre que achucha todo el día y tiene todo el tiempo del mundo y da la teta y hasta la comunión y duerme con los hijos que otra que no lo hace? Pues es que hasta el planteamiento de la pregunta es absurdo. Una buena madre es aquella que cuida de sus hijos, los educa, los quiere y mira pro su beneficio independientemente de tetas, biberones, camas de colecho, castigos y colegio que haya escogido. Además, al fin y al cabo los únicos que están capacitados para juzgar a las madres son los hijos y yo creo que cuando crecemos, si hacemos un buen balance, más bien creo que tendremos en cuenta todo en sus conjunto. Yo creo que mi madre fue una fantástica madre, no me dio pecho, nunca me dejó dormir con ella y trabajaba fuera de casa

Muchas madres que dan la teta se quejan de las críticas que reciben y las entiendo perfectamente. Tiene que ser un hartazgo dar explicaciones. Yo no las daría. pero también entiendo a las que se quejan de las llamadas "talibanas de la leche" (que las hay) que critican a las del biberón. Ambas posturas extremas e irreconciliables me dan mucha pereza. Que cada mujer eduque y cuide a su hijo como le dé la real gana. En definitiva, seamos un poco más solidarias y apoyemos a las madres en las decisiones que tomen. Todas no podemos ser iguales. De la misma manera que no todas votamos al mismo partido ni trabajamos en lo mismo, no educamos igual. Lo que nos hace grandes es querer lo mejor para nuestros hijos. Con teta o sin ella.

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Durante la semana nos vamos de casa a las 9 y no solemos regresar hasta las ocho y media. Un par de veces a la semana yo intento trabajar desde casa pero no siempre es posible. El caso es que esta semana no hemos ido ni un solo día a comer a casa y, lo que es peor, hemos llegado dos días cuando doña Tecla estaba ya durmiendo. Intento descargar mi conciencia pensando que no me ha quedado más remedio porque las dos veces ha sido por trabajo y es más, en una de ellas ha salido un nuevo cliente. Ni con ésas me sosiego. El caso es que, entre que la divina de las rabietas ya se está oliendo lo del nuevo miembro de la familia y que hemos estado menos con ella esta semana, siento que nos hace chantaje emocional. Lleva dos mañanas mirándome con displicencia y por encima del hombro (es un decir, obviamente) y se niega a darme besos cuando antes, al menos por las mañanas, me daba unos cuantos. Intuyo que me está “castigando” por no hacerle el caso al que ella está habituada. Pero, ¿cómo explicarle a una niña de 19 meses que lo hago porque no hay otro remedio?

Puede ser por lo que estoy relatando o porque se acerca a los temibles dos años (mira, hablar no habla pero las rabietas ya las tiene desde hace dos o tres meses). Se tira al suelo, se tapa la cara con las manos, patalea, me mira de reojo y si ve que no la estoy mirando llora con más fuerza...por un lado me hace reír su teatralidad pero luego me conmueve cuando pienso que puede estar sufriendo de verdad y entonces me debato entre ser "dura supernanny" o agacharme y ser mami blanda. Dilemas todo el rato, por Dios.

A veces tengo la sensación de que me entiende, otras de que hablo con la pared. Qué ganas de que llegue mañana para disfrutarla ya desde la hora de comer. Y en este caso no puedo hablar de maldita conciliación porque yo no tengo ningún jefe que me marque los horarios, soy yo mi propia jefa y quizás por eso no es tan fácil escaquearse. Y no, no me quejo de trabajar. Hoy en día quejarse de eso sería un pecado viendo el panorama. Además, aunque no hubiese crisis, a mí me gusta mi trabajo, no me sentiría feliz quedándome en casa sin trabajar. Aunque pudiese, no lo haría pero, los remordimientos algunos días son para mandarlos a paseo. También es cierto que si dejo de lado las obligaciones laborales tengo otro tipo de remordimientos. Qué dilema, ¿verdad? ¿Le pasa a todas las madres? ¿y a los padres? No sé, no sé, hoy estoy un poco maripupas… ¿Cuánto queda para las vacaciones de verano? Ahhhh porca miseria, ¡un montón!

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En esta vida las cosas hay que procurar mirarlas con distancia. Es difícil, es verdad, pero es más práctico. Acaba de salir un informe que valora a los países y sus políticas a la hora de facilitar a las mujeres su labor como madres. Ayer leí varios artículos de opinión sobre el tema, varias tertulias trataron el tema y después de darle muchas vueltas yo también quiero hoy dar mi opinión.

En un informe que elabora anualmente la ONG Save the children hemos bajado cuatro puestos en el ranking de los 198 países que conforman el planeta. España está ahora mismo en el puesto 16. Antes estábamos en el 12. Supongo que a la hora de establecer los baremos de tales valoraciones se tienen en cuenta muchos factores tales como el PIB, las ayudas a las familias, la educación, la sanidad…Y, en el caso de España, recordar que se perdió el año pasado el cheque bebé.

Viendo estas valoraciones mi opinión es que estamos en una posición fantástica. Sí, es cierto, podríamos mejorar. La conciliación nos trae a todas por la calle de la amargura pero eso no es lo único que deberíamos valorar. Mucha gente pone como ejemplo los países nórdicos y olvida, por ejemplo, la excelente atención sanitaria que tenemos en este país y en este punto no hay duda: es la mejor del mundo y es pública. Porque incluso con las nuevas reformas la atención pediátrica seguirá existiendo para todo el mundo. Esto es, a mi modo de ver, lo más importante a la hora de valorarlo. La posibilidad de que tu hijo se muera en el parto (o una misma) está a años luz de lo que sucede en Afganistán o en Nigeria. Y estos son factores que nos situarían más arriba en el ranking de no ser por otros, como por ejemplo, nuestra difícil situación económica.

El informe valora también las ayudas a la maternidad. Y aquí yo he de confesar mi desacuerdo absoluto. Nunca he entendido que la gente dé por hecho que el Estado te tiene que dar subvenciones por tener hijos. Sólo entiendo que alguien te pague por trabajar pero ¿dinero por hijos? ¿Por qué? ¿Y a las personas que no tienen hijos en concepto de qué se les dan ayudas? ¿Por qué esa discriminación? Tener un hijo es una decisión personal en la que el Estado no tiene que intervenir. Entiendo, eso sí,(y apoyo de forma privada con donaciones a ONG) las ayudas a las familias más desfavorecidas pero establecer ayudas porque sí, no me parece normal. Además, en el caso de España están muy mal pensadas. Cuando existía el cheque bebé, las mujeres, incluidas las que tienen rentas superiores a los 100 mil euros al año, los percibían. ¿De verdad es necesario que una mujer con ese nivel salarial tenga una ayuda? ¿Por qué? O es el caso de los 100 euros mensuales que percibimos las madres trabajadoras durante los tres primeros años de la vida de nuestros hijos. ¿No debería ser por tramo de renta? ¿De verdad la presidenta de una multinacional con un sueldo anual de 120 mil euros necesita que el Estado la ayude con 100 euros al mes? Eso es derrochar (siento irme por el lado político pero me enerva el “café para todos”) Digo yo que lo lógico es dar ayudas a quienes de verdad lo necesitan. Familias con hijos con ambos en el paro o sin ningún tipo de ayuda…y en lugar de darles 100, darles un poco más.

Otro aspecto que valora Save the children es el tema de la lactancia. Dando por hecho que la lactancia es una condición sine qua non para tener una vida de madre más feliz. Yo soy 100% partidaria de dar el pecho. A mi hija se lo di 5 meses y a la que espero me gustaría dárselo incluso más pero entiendo y respeto que una mujer no pueda o no quiera. Propugnan una lactancia exclusiva durante el primer año para proteger a las madres y a los hijos y es cierto, la leche materna es el mejor alimento para un bebé. Eso es indiscutible. Pero hay más factores y de hecho sólo hace falta ver el siguiente ejemplo: Una madre nigeriana seguro que da el pecho a sus hijos durante más de un año y dos, es más, es probable que a veces sea el único alimento del que dispone pero la esperanza de vida de los mismos es infinitamente inferior a la de España. Lo que quiero decir es que siendo cierto lo que dicen manipulan y hacen demagogia. Lactancia materna sí, cuanto más mejor, también pero que puntúen para echarnos a puestos más bajos resulta, cuando menos, sospechoso. En países como los citados no hay ni de lejos las condiciones médicas, de salud y de higiene de las que disponemos en España. Por eso digo también que ojo cuando nos quejamos. Sí, sí, ya sé que mal de muchos es consuelo de tontos, pero es que ¡estamos a años luz de ser un mal país para ser madre! Disponemos de una atención privilegiada en el embarazo, en el parto, en la atención pediátrica, en la educación de los niños. Todo ello público. ¿No se puede conciliar? es cierto, ahí tenemos que seguir luchando pero tenemos lo más importante, lo más valioso.

Y por último y ya a título personalísimo, me llama la atención que una ONG que se llama Salvar a los niños, no haga mención al número de abortos que se producen anualmente en España (113.000 en el 2012, el 98% de ellos en clínicas privadas) cuando eso es, a todas luces, un gran fracaso para la maternidad. Y bastante más trágico que no poder dar el pecho tanto como quieres o no poder disfrutar de tu hijo tanto como deseas porque tienes que trabajar. Ése es el verdadero fracaso de las mujeres como madres y ahí sí que deberían existir más ayudas para que las mujeres que se ven “obligadas” a abortar por cuestiones económicas, tuvieran otras opciones. Por cierto, os dejo un enlace de una ONG que ayuda a ese tipo de mujeres, red madre. Esta asociación ofrece ayuda económica y social a las madres que desean continuar adelante con los embarazos y no disponen apenas de recursos. También puedes aportar dinero y ayudar a salvar vidas. Una de mis lectoras de este blog, Yanira Colon, fiel desde el principio me escribió ayer un mensaje lleno de emoción recordándome la alegría de que vivamos en un país como el nuestro y podamos alegrarnos de gestar sólo niñas (mi caso hasta la fecha con una niña y otra en camino) y que no suceda como en el país donde ella vive, la India, donde tener hijas es una desgracia por la carga monetaria que eso implica. Es más, muchas mujeres desean saber el sexo cuanto antes para poder abortar si son niñas. ¿No es eso una salvajada al más puro estilo nazi? Sin embargo nadie protesta cuando la gente hace un aborto porque espera un hijo con síndrome de down. A veces pienso que los humanos somos peores que los animales comportándonos así. En fin.

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En el embarazo de doña Tecla tuve la "suerte" de saber pronto, muy pronto, cuál era su sexo. La colocación del bebé, la ecógrafa que se quiso arriesgar a decírmelo tan pronto o lo que fuera, hizo que en la semana 12 de gestación supiera que iba a ser una niña. Bien es verdad que se curó en salud y me dijo: "eso es lo que yo creo pero hay un mínimo margen de error". Yo ya me agarré a esa posibilidad porque era lo que quería. Conmigo ni en este ni en el anterior embarazo han funcionado las intuiciones. Nunca he sabido qué esperaba. Pero ni remotamente. Y si en algún momento lo he pensado era para inclinarme por varón. Pero nada de intuiciones seguras. La primera vez quería una niña. Ahora también. Los motivos son varios pero básicamente por Doña Tecla. Sabiendo que se van a llevar dos años y dos meses me parece más útil para su futuro que tenga una hermana que un hermano. Sí, sí, puede ser una tontería lo que digo pero las hermanas, me da a mí en la nariz que se hacen más compañía, son más cómplices. Por sexo, por afinidad, no sé. De la misma manera que si hubiera tenido un niño la primera vez ahora también preferiría otro niño. Por supuesto luego la vida da muchas vueltas pero en principio si se llevan bien (que eso espero y deseo) se tendrán la una a la otra cuando su padre y yo no estemos en este mundo. Al margen de las familias que puedan formar el día de mañana, una hermana siempre es un apoyo.

Luego vienen las cuestiones prácticas. Si tienes dos hijas la ropa se hereda, pueden compartir habitación juntas más tiempo, juegan durante más años juntas (cuando yo era pequeña si quería jugar con mi hermano tenía que acceder yo a jugar a coches y nunca él a mis juegos). El caso es que le veo múltiples ventajas a repetir sexo. Luego están las preferencias y a mí siempre me han gustado más las niñas que los niños, básicamente porque me rechiflan sus maneras femeninas. Eso no significa que no me gusten los niños, que también, pero puestos a escoger, me quedo con chicas.

Y he querido dejar para el final lo que ya imagino que habréis supuesto. Que todo está en orden. Y digo que habréis supuesto porque cuando alguien da importancia a contar el sexo del bebé es porque, por descontado, todo lo demás está en orden. No me imagino a ninguna madre, francamente, dando saltos de alegría por tener el sexo que esperaba y con una mala noticia en lo demás. Ya sabéis que la ecografía de la semana 12 es muy importante ya que en ella se valoran los marcadores cromosomáticos. Si son negativos es que todo está bien. También ese día se hacen un análisis de sangre que completan todos estos indicios.

En fin que tenía muchas ganas de contaros todo esto y también de deciros que se llamará Rocío, en honor a una de sus bisabuelas paternas. Nada más. Estamos inmensamente felices porque todo lo que nos está regalando la vida es maravilloso.

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Cuando empecé a escribir un blog sobre ser madre, hace dos años y pico (cuando me quedé embarazada de doña Tecla) me lo tomé a medias entre experiencia periodística y de casi mamá. En el diario que colaboro desde hace 8 años me habían pedido varias veces escribir un blog pero no encontraba un tema que me gustase así que nunca planteé ninguno. Así que preferí seguir con mis columnas de opinión (que viene a ser casi lo mismo que un blog pero no lo es) Cuando se me ocurrió la idea de un blog sobre madre no imaginé que pudiera haber tantos por la red. Lo que no había era muchos blogs en los medios de comunicación tradicionales salvando dos o tres como el siempre fantástico e hilarante de papas & de mamas del País, escrito por periodistas del diario (100% recomendable) El caso es que buscando, buscando llegas a encontrar auténticas delicias de blogs, de madres, padres o sobre la maternidad escritos por gente que bien podría ganarse la vida con ello por su contenido narrativo y, lo que es más importante, por su capacidad para llegar al corazón de sus lectores que es, en definitiva, lo que la gente busca y por lo que algunos blogs funcionan y otros, no. El éxito del mío (a veces llega a las 50 mil visitas) lo atribuyo al gran portal que tengo como plataforma que es Terra que tiene 8 millones de visitas al mes, poca broma) Es un blog oficial lo que significa que a veces salgo en la portada disparando la curva de Nielsen que da gusto.

La deformación profesional, 12 años siendo periodista, 4 años editora en Planeta, transformada ahora en agente literaria (me he pasado al otro lado de la lucha), hace que cuando leo un blog, sea de quién sea, enseguida me fije si ese autor podría escribir un libro. Sobra decir que a lo largo de mi carrera he tenido estrepitosos fracasos pero también aciertos que se convirtieron en superventas (algunos libros contratados por mí se tradujeron a muchas lenguas y vendieron millones de ejemplares y de eso me gusta presumir como de un hijo listo) El caso es que hace más de un año me puse en contacto con la autora del blog cómo no ser una drama mamá para decirle que me encantaba su forma de escribir y que podría escribir un blog. Me rechazó amablemente…porque ya Planeta se lo había propuesto. ¡Bien por ella! Sí, sí, se me había escapado viva pero al menos mi olfato sigue intacto.

El libro recoge las 100 frases/consejos que has heredado de tu madre y que juraste nunca repetir. Piensa en alguna frase de tu madre y verás cómo ya se la has soltado a alguno de tus retoños. Este blog me gusta por muchísimos motivos. Para empezar tiene un sentido del humor increíble. Es verdad que no es madre pero tiene un sentido del humor increíble en todo lo que se refiere a que las madres decimos. Cuando ella sea madre probablemente repita esas palabras. Otra así es la de la periodista que escribe mi vida con hijos (una sola pega, escribe poco) y que me resulta tronchante por lo práctica que es. Me gusta también porque es a las madres lo mismo que los del club de la comedia a los ciudadanos: comenta experiencias que tú también has pasado que pensabas que sólo a ti se te sucedían por tener esa mente tan "rara" Y, sobre todo me gusta porque escapa de ese tipo de madre que se empezó a poner de moda hace unos años que parece que disfrutan de una maternidad que toooooooodo lo ocupa y no deja espacio a nada más (no hay pareja, no hay trabajo, no hay amigas, no hay mundo). Vamos que las lees y más de una vez te quedas con cara de agilipollada pensando que, encima, eres una mala madre porque ni te sabes como un ginecólogo y pediatra todo lo que ellas se saben ni conoces al dedillo todas y cada una de las marcas de, a saber: pañales, texturas de los mismos, geles, biberones, tetinas, ropa, chupetes, libros juegos, películas, autores, corrientes pediátricas, educacionales, formas de parto...¿¿¿¿de dónde sacan el tiempo???? para mi entender son demasiado perfectas einalcanzables. Por un lado las admiro muchísimo pero por otro no puedo dejar de pensar que no pueden ser reales. Yo me siento a años luz de ser así. Por eso me siento más identificada con las imperfectas, como esta de la que hoy os hablo.

Así que este post de hoy es para felicitar a Amaya Ascunce, la autora del blog cómo no ser una drama mamá (ya el título es genial) y por supuesto para felicitarla por el magnífico libro que acaba de publicar (habrá segunda edición, ¿os apostáis algo?)

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De un tiempo a esta parte parece que doña Tecla empieza a entender todo lo que le decimos. Os cuento porqué lo digo. Reconozco que el mal tiempo me quita las ganas de trabajar. O al menos de hacerlo en la oficina. Ayer tarde se puso todo oscuro y gris y a eso de las cinco y media decidí cerrar el chiringuito y marcharme a casa para estar con mi doña Tecla. Es una de las pocas ventajas de ser autónoma, la de no tener jefe. Antes me pasé por Opencor con un único objetivo, comprar un DVD de Disney y empezar la colección que ya va siendo hora. Debería aprender a pegarme en la manita y no ser tan gastona. Al menos conmigo he dejado de serlo pero cuando se trata de doña Tecla…ahí como que me perdono…el caso es que finalmente piqué con las ofertas, vales descuentos y me hice con tres. ¡Qué caras son! Me consuela pensar que durarán muchos años, nos proporcionarán muchos momentos fantásticos y las disfrutaremos los cuatro, doña Tecla, el bicho, J y yo.

Llegué a casa y enseguida apareció mi ex calvita sin dientes moviendo las piernas como trotando de la alegría de verme (así da gusto llegar a un sitio). Solté las bolsas, me agache y me la comí a mordiscos literalmente (¿cómo puede ser tan comestible?) Le dije: ¡Mira lo que te he comprado! Y enseguida metió la naricilla en la bolsa. Nos fuimos al salón, nos sentamos en el sofá y saqué las tres pelis. Le fui explicando: Mira, este es Dumbo, fíjate qué orejas tan grandes tiene…y ella se tocaba la suya. Este es Bambi, es un cervatillo…y comenzó con su sempiterno guau guau que aplica a todos los animales con cuatro patas. A continuación le enseñé el Rey león y parece que le sorprendió porque dijo algo parecido a un ohhhhhhhhhhh. Le pregunté cuál quería ver y señaló sin dudas el Rey león. Aguantó cerca de 40 minutos sin pestañear. Cada animal nuevo que salía señalaba con el dedo y me lo contaba y, algo que me llamó mucho la atención, cuando llegó el momento en que Simba corre delante los ñus, empezó a llorar, no sé si por el teatro que yo le puse animándolo para que corriera más, si por la música o por qué pero se puso a llorar previo puchero de angustia. Me dio mucha pena pero enseguida se le pasó en cuanto aparecieron Pumba y Timón.

Por las noches siempre en la cena le leo la Bella Durmiente y algo va entendiendo porque cuando ve a Maléfica la señala y dice ohohohoho. Luego encuentra a Aurora y se pasa la mano por su cara: significa, guaaaapa (ya le estoy trasmitiendo que pelo largo y rubio es de princesa y de guapa, cachis en la mar) y en cuanto ve la ardilla se pone como loca y me hace el gesto imitando el movimiento de los dientes que, se supone, hacen las ardillas.

Es verdad, no habla. Pero todo indica que ya entiende muchas cosas, muchísimas. Y todo parece haberse acelerado en el último mes. Bueno, pues después de haber babeado todo y más os dejo. Un beso a todas

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El domingo por la tarde, en ese plácido momento donde por fin me relajo leí con atención un reportaje en un dominical que recogía los pensamientoss de una autora de best seller norteamericana que llega a una conclusión: Las madres francesas tiene más cintura para educar a los niños que las norteamericanas.Y no, esta vez no es chauvinismo francés,  Pamela Druckerman es norteamericana, vive en París y allí han nacido sus tres retoños. Después de años de observación acaba de publicar el libro Brin Up Baby (educar a un bebé) y en él reconoce varias cosas, cuando menos, curiosas. Estando un día en un restaurante la periodista se dio cuenta de sus hijos eran los únicos que tiraban las cosas al suelo mientras que los demás niños no lo hacían. Y no sólo eso, los niños franceses comían tranquilamente ¡hasta verdura!. Así que a raíz de eso comenzó a interrogar a sus amigas, francesas y norteamericanas y llegó a muchas conclusiones recogidas en el libro. Una de ellas es que los niños franceses aprenden a tener paciencia, a esperar y a saber que no son el centro del universo ni siquiera para sus padres.Desde luego el libro está levantado todo tipo de polémicas puesto que enfrenta dos mundos, el anglosajón frente al francés, poniendo en solfa al primero en beneficio del segundo.

El reportaje también dice cosas muy interesantes como que todos los padres tendemos a educar muy bien...a los hijos de los demás. No le falta razón y eso se demuestra cuando delegamos la educación de nuestros hijos (o al menos buena parte de ella) en los profesores de los colegios. Personas, no sólo preparadas para tal fin (por ejemplo, enseñar a leer) sino que se comportarán de una manera menos emocional con nuestros retoños. Vamos que sus lágrimas no les convencerán como a las madres.

Es curioso el tema. Yo no sé de qué lado ponerme, francamente. En algunas cosas estoy de acuerdo, en otras no tanto. Por ejemplo, es verdad que la etapa más infantil, digamos la que va de los 0 a los 6 años, es la más "dura" ya que muchas veces puedes correr el riesgo de creerte Cruella de Vil si corriges demasiado pero por otro lado si no lo haces bien puedes estar "educando" monstruos. ¿Verdad? Yo recuerdo hace ya años con horror comidas con una conocida cuyos hijos estaban terriblemente maleducados (ya casi adolescentes) y allí ni se comía, ni se charlaba con ellos ni con la madre, dejaban la mesa hecha un asco, pedían las cosas de forma maleducada a los camareros y tenías suerte si alguno de aquellos encantadores niños no te insultaba. Si eso sucedía la madre se disculpaba con un "hija, es que le caes mal" Claro que si la madre no se disculpaba mucho menos lo iban a hacer los hijos.Y también recuerdo otra amiga cuyos hijos son un modelo de exquisita educación, tanta que hasta te sentías gritona por hablar un poquito más alto que ellos. Lo cierto es que la realidad suele ser más intermedia y ni todos los niños son como los primeros (afortunadamente) ni todos son como los segundo (desafortunadamente) ¿Cómo consiguió la segunda madre ese resultado? Se lo he preguntado muchas veces y siempre me contesta con una escueto: "Estando siempre ahí" Pero no me convence del todo; hay madres que siempre están ahí y otras que no están tanto y obtienen ese resultado.

Desde luego educar un hijo es difícil, entre otras cosas porque no siempre idéntica educación obtiene los mismos resultados. Yo hubiera preferido haber tenido más disciplina de la que recibí pero no todos los niños funcioann de la misma manera con la misma disciplina y órdenes férreas. Otros responden mejor a unos patrones de educación más basados en la persuasión. Conmigo funciona mejor la disciplina e incluso hoy día agrdezco más y funcione mejor si tengo un jefe que amrca bien las aputas que uno que me deja a mi libre albedrío.Se habla también del tono de voz. De sobra es sabido que en España levantamos más la voz que en otras partes. Pero, como siempre, esto son generalidades. Hay gente que habla casi en susurro...y es española. Yo diría que nuestro carácter mediterráneo nos hace más "expansivos" y eso se aplica en lo bueno y en lo malo. De amnera que nos alegramos de forma más espontánea...y nos cabreamos también más efusivamente. A mí me encantaría decirle las cosas a Carmen siempre en tono suave pero reconozco que hay días que primero va un Carmen, luego un Caaaaarmennnnnnn y finalmente un CAAAAAARRRRRRRRRRRMEEEEEEEEEEEEEEENNNNNNNNNNN. ¿Consigo algo? sí, que haga pucheros y se asuste. Definitivamente mis modos no son nada franceses. ¡Qué le vamos a hacer!. Porque, en definitva, el libro proclama: educar en el razonamiento y no en la autoridad.

Niños en restaurantes. Temita espinoso donde los haya. Por un lado están las madres defensoras a capa y espada de la infancia. Son las que consideran que los niños tienen que expandir su yo infantil caiga quién caiga y si molestan en un restaurante no es un tema que preocupe demasiado. Echan pestes contra el resto de adultos que dedican miradas asesinas a sus retoños. En el lado opuesto están las que habiendo sido madres no pasan ni una al resto y no so`portan un ser humano menos de 16 años a menos de 100 km de distancia. Pues ni tanto ni tan calvo...eso pienso yo. Ni niños maleducados que corren y gritan todo el rato ni adultos inamovibles que no pasan ni una. Y también hay que valorar una cosa: no es lo mismo que llore un bebé que un enano de 8 años decida hacer lanzamiento de pértiga con las migas de pan a otra mesa. Hay gente que piensa que los niños no deben ir a resturantes hasta ue no se sepan comportar como adultos (claro que también hay adultos que se las traen) y otras personas que consideran que los niños tienen que estar con los adultos desde el principio precisamente porque es la mejor forma de aprender. Yo estoy más con la segunda opción. Pero siempre con matices. No es lo mismo un restaurante un domingo al mediodía que otro un martes por la noche...los niños por la noche, al tener sueño, suelen estar más inquietos. Lógico y normal.

En fin que lo que sí tengo claro es que siempre me fijo en las mujeres cuyos hijos están bien educados para poder tomar nota, así que voy a ver si me hago con ese libro y descubro las maravillas de las madres francesas...o los defectos...Y vosotras, ¿qué opináis?

Me suelo levantar a las ocho. Mientras J se ducha yo desayuno y en el camino hacia el salón para deleitarme con la comida que más me gusta del día, el desayuno, me cuelo en la habitación de doña Tecla para comprobar que todo está bien. Me asomo a la cuna, le toco el culo en pompa (¿cómo se puede dormir así?) y suelo carraspear para provocar que se despierte. Sí, sí, lo reconozco, soy una egoísta pero cuando te vas de casa a las 9 de la mañana y no vuelves hasta doce horas más tarde se hacen esas cosas (además, se acuesta a las 9 de la noche y duerme dos horas de siesta). Sólo con mi carraspeo se mueve, primero el culo de un lado para otro, después estira un brazo, se da cuenta de que no lleva chupete, se lo pone, busca a su osita Tesy, la abraza y ya por fin se da la vuelta, me medio mira en la penumbra y estira los brazos para que la coja. La cojo, se acurruca como cuando era un bebé y me da unas palmaditas en la espalda (eso me hace muchísima gracia) En el trayecto al salón por el pasillo y siempre ella sin soltar a Osita Tesy,  aprovecho que está todavía medio sopa y la achucho, le mordisqueo las orejitas, me doy besitos en el cuello y ¡me deja!. Cuando está despierta totalmente es misión imposible. Nos sentamos en un sofá orejero y mientras me tomo mi zumo y mi café ella sigue acurrucada. No suelen durar más de diez minutos ese instante de felicidad pero juro por lo más sagrado que son los más placenteros del día. Es el momento en el que al oído le digo lo mucho que la quiero, lo mucho que me importa y lo linda que es. Yo creo que me escucha y le gusta. ¡Cómo no va a gustarle! Pero enseguida pasa ese tiempo y ya se despierta del todo y entonces deje de ser bebé y vuelve a ser niña y ya ni se deja achuchar, ni besar ni nada de nada. Y empieza a revolverse para bajar al suelo y empezar a enredar.

Los fines de semana, los domingos y lunes por la mañana, amanece en nuestra cama. Una excusa perfecta que me he buscado para volver a colarla es que no descanso igual de bien si sé que está durmiendo sola (el resto de la semana duerme en la misma habitación con la cuidadora) Y me ha salido de perlas porque mi chico, en su afán porque descanse yo bien no pone ninguna objeción (y en el fondo también a él le gusta que doña Tecla duerma con nosotros) El caso es que los despertares con ella en la cama son memorables. Duran poquísimo, algo más de cinco minutos y son, como relojes, a las ocho y cuarto, más o menos, pero no me importa por muy domingo que sea. Esos besos (con chupete incluido) que me da, esos abrazos y esa miradita que Mami, cómo te quiero, no tienen precio.

¡Ay qué gustazo tener bebés en casa! ¿Cuánto le durará ese amor que me tiene aunque sea sólo mañanero y recién despertada? Menos mal que viene otro en camino y podré alargar esto al menos unos dos o tres años más.

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Hay días como hoy que tengo que destinar toda la mañana a resolver gestiones ajenas a mi trabajo pero ineludibles para mí porque atañen a mi faceta de madre y ama de casa. Así que hoy he dedicado toda la mañana a estas gestiones. En todas ellas he aprovechado para que me acompañe doña Tecla y así estoy más con ella. Ya al final de la mañana hemos ido a hacer la compra, pero de esas grandes, grandes, como para llenar la despensa durante tres meses, esas compras de productos imperecederos que tan necesarios son siempre en las casas y de las que ya apenas me quedaban existencias. En el hipermercado, estando en la cola de la pescadería se ha puesto a mi lado una señora mayor, le calculé cerca de 80 años pero bien resuelta, con la espalda erguida, con una buenísima planta. Al poco apareció una chica joven con un niño que tendría la edad de Carmen (más o menos). Doña Tecla enseguida se ha puesto alerta y ha empezado a hacerle cucamonas para llamar la atención y el niño se ha quedado quieto, pensativo, como si no se fiara de ella (normal) La señora bien puesta ha decidido intevenir entonces y ha comenzado a hablar con Carmen. Le ha dicho, ¿quieres jugar con él? ¿no te hace caso? y doña Tecla ha asentido llena de razón. Luego se ha medio agachado (¡a su edad y tan flexible!) y ha intentado mediar entre ambos niños. Mientras, nos ha preguntado a las dos madres lo típico, que si cuántos meses tenían, que cómo se llamaban....yo he contestado a todo y la señora me daba charleta pero la otra madre, inexplicablemente, no ha dicho ni mu y no sólo eso, ha puesto cara de fastidio y sin mediar palabra ha dado un empujón al carro y se ha ido al otro lado de la cola. Las dos nos hemos quedado medio muertas con la reacción y la buena señora me ha empezado a contar su historia.

Tiene 94 años, siete hijos, 15 nietos y no sé cuántos biznietos me ha dicho. Vivió toda su vida dedicada a los niños, a los suyos y a los ajenos porque, según me explicó, siempre fue profesora de párvulos (me hizo gracia el término proque hacía mucho que no se lo escuchaba a nadie ya que ahora se llama enseñanaza infantil). "He vivido toda mi vida dedicada a los niños, siempre han sido mi pasión, son siempre iguales en cualquier parte del mundo, sean quienes sean sus padres y esa señora, que probablemente cree estar haciendo un gran bien a su hijo se equivoca de cabo a rabo y te lo digo yo que soy muy vieja y por eso me puedo permitir hablar ya desde la experiencia". La verdad es que sus palabras me sonaron llenas de razón, de sentido común y me di cuenta de que esa reacción es bastante más normal de lo que pensamos en la sociedad de hoy en día, enferma e incapaz de entablar conversación con otro ser humano sólo porque consideramos que puede ser peligroso, que se mete en nuestras vidas, que no tiene ni idea. No recuerdo cuándo ni dónde pero sí recuerdo haber leído alguna madre en un blog quejarse (y además amargamente) de la gente que le habla a sus hijos y no lo soporta. Yo siempre he sentido orgullo en contar cosas de mi hija, es más a veces hasta me da pena cuando ella hace una monería a algún adulto y este pasa de ella (que lo entiendo porque no a todo el mundo le gustan los niños) . ¿Qué tiene de malo que un adulto hable con un hijo nuestro? Siempre y cuando nosotros estemos presentes, claro. ¿No no estaremos pasando en desconfianza hacia los iguales? ¿Es necesario que paguen justos por pecadores?

Continué hablando con la señora que me hablaba de lo mucho que había cambiado el mundo, que la gente había perdido la sensibilidad, la manera de comunicarse: "Ahora se comunican sin problema por twitter y facebook y cuentan todo pero no dan ni los buenos días en el ascensor" La acompañé caminando al siguiente puesto y me dio mucha envidia pensar en las nietas de esa señora y en el gran tesoro que tienen a su lado. Y me acordé de los momentos tan divertidos que pasé junto a la mía cuando, siendo niña, me iba con ella a la compra y me hablaban las señoras. Y si no contestaba me decía: "contesta que te están hablando, no seas maleducada". Ciertamente la señora tenía razón, hemos cambiado muchísimo. La dejé en la sección de congelados, "voy a comprar estas pizzas que son las que le gustan a los biznietos" y me alejé hacia la caja pensativa y reflexionando cuánto nos queda por aprender en una, espero, larga y fructuosa vida como la de ella. De reojo vi a la madre antipática pagar en la caja de al lado y me dio pena su rictus serio sin apenas sonrisa enfadada con el mundo y muy segura, probablemente, de que protege a sus hijos de miradas y conversaciones de extraños. En fin

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Dentro de las revisiones rutinarias que se le hacen a la mujer embarazada es tomarle la tensión arterial en cada consulta. No es cuestión baladí.

La hipertensión es un asunto muy serio siempre que se padezca y en el embarazo, también. Si sucede, hay que controlarla. Durante el embarazo es una de las complicaciones más frecuentes ya que se presenta del 7 al 10% de todas las mujeres gestantes.

Cuando existe este cuadro durante este período se la denomina enfermedad hipertensiva del embarazo e incluye una gran diversidad de procesos que tienen como factor común la presencia de hipertensión arterial durante la gestación.

Es causa de otras complicaciones tanto en la madre como en el bebé, ya que puede provocar retraso en el crecimiento intrauterino, parto prematuro, muerte intrauterina, o secuelas posnatales.

Se considera tensión arterial normal cuando la presión sistólica sea menor de 120 mm de mercurio y la diastólica de 80 mm la diastólica. Cuando la diastólica es igual o mayor de 90 y la sistólica de 140 se dice que existe hipertensión arterial. (Esto te lo puede explicar tu farmacéutico).

 

Existen cuatro clasificaciones de la presión arterial durante el embarazo:

• Hipertensión arterial crónica o previa al embarazo.

Es la hipertensión que aparece (como mínimo) 20 semanas antes de la gestación.

• Hipertensión arterial inducida por el embarazo o preeclampsia

Se desarrolla como consecuencia del embarazo y en general desaparece después del parto.

• Hipertensión arterial crónica sobre la cual se agrega una preeclampsia

Es la hipertensión que apareció 20 semanas antes de la gestación y que luego se complica con la hipertensión inducida por el embarazo o preeclampsia.

• Hipertensión arterial transitoria o gestacional

La hipertensión arterial transitoria, también denominada hipertensión gestacional, es la que aparece generalmente tardíamente en el embarazo. Es leve o moderada, sin proteinuria y desaparece después del parto.

CONSECUENCIAS (NEGATIVAS) DE NO TRATAR LA HIPERTENSIÓN

En el feto se puede producir un retraso de crecimiento por alteraciones en la placenta y sufrimiento fetal derivado de ello.

En la madre la tensión elevada afecta a la capa más interna de los vasos, el endotelio, de diversos órganos además de producirse vasoconstricción.

En el riñón se pueden producir lesiones en los glomérulos (los filtros de la sangre) disminuyendo su función, la filtración glomerular. Puede durar tiempo después del parto.

Las plaquetas se pueden adherir al endotelio disminuyendo su número en la circulación. Además se pueden asociar alteraciones de la coagulación por consumo de sus factores.

En la retina la patología endotelial se manifiesta como pequeñas hemorragias y edema.

En el cerebro se puede inducir también edema con riesgo de convulsiones (a lo que se llama eclampsia) aunque la TA no sea muy alta.

Cuando la preeclampsia es severa también puede afectar al hígado elevándose los enzimas y con riesgo de hemorragia subcapsular y necrosis periportal (la muerte de las células de esa zona del hígado).

 

Pero, ¡todas tranquilas! Se puede (y se debe) tratar. ¿Cómo?

No difiere mucho de los tratamientos utilizados para la hipertensión arterial inducida por el embarazo. Una forma eficaz de controlarla de una mujer en este estado es que se la tome periódicamente en su casa. De esta forma, se evita la confusión que pueda derivarse de la habilidad de la TA (tensión arterial) y que puede elevarse al llegar a la consulta del médico. Esto también permite saber cuál debe ser la actividad física que puede hacer la madre para controlar adecuadamente la TA. La mujer debe presentar los datos recogidos de la TA cada vez que acude a la visita prenatal para control del embarazo. Debe valorarse la necesidad de tratamiento farmacológico porque no siempre es necesario hacerlo durante todo el embarazo. A mitad del embarazo se reduce levemente la TA y puede ser una TA adecuada pudiéndose evitar la medicación.

A diferencia del tratamiento de la hipertensión arterial fuera del embarazo, la mujer no debe hacer excesivo ejercicio físico. Por el contrario, se beneficia de hacer reposo relativo, reduciendo su actividad física y descansando más tiempo. Así mejora la perfusión sanguínea (la llegada de sangre y, por lo tanto, de nutrientes) a la placenta y al feto. No se debe reducir la sal de la dieta. Esto se recomienda sólo cuando antes del embarazo se sabía que la TA era especialmente sensible a la restricción de sal. Entonces, y cuando existe alteración en la función del riñón, puede ser beneficioso disminuir la cantidad de sal la dieta.

Son claramente perjudiciales el alcohol y el tabaco.

Cuando el reposo no es suficiente para el control adecuado de la TA  y persiste igual o mayor de 100 debe iniciarse el tratamiento farmacológico para evitar complicaciones vasculares y preeclampsia. Es dudoso el beneficio del tratamiento a ultranza de la TA especialmente cuando no llega a 100 porque al reducirse ésta, también disminuye la llegada de sangre a la placenta y puede ser perjudicial. El fármaco más utilizado por no tener efectos adversos para el feto ni la madre es la a-metildopa. Otro fármaco con su misma acción, en el sistema nervioso central, es la clonidina, también usada en el embarazo. Con mecanismos de acción distintos están el labetalol, la nifedipina y la hidralacina. Los inhibidores del enzima de conversión (IECAs) que se utilizan con frecuencia y son eficaces fuera del embarazo, no deben utilizarse durante éste. No son adecuados los diuréticos.

Existen muchas razones por las que una mujer embarazada pueda padecer hipertensión pero un factor importante es el exceso de peso. Por ello es tan importante cuidarse en el embarazo. No se trata de hacer dieta sino de comer bien, de manera sana y equilibrada, esto es olvidarse de los fritos, bollería industrial, dulces, exceso de carnes rojas, siempre mejor plancha y carnes blancas, mucha fruta, verdura, hidratos de carbono fundamentales ¡a diario! (son la gasolina del cuerpo) y siempre, siempre, mucha agua (sí, ya sé que se va todo el rato al baño pero es fantástico hacer trabajar así al riñón).           

Estos datos los he recogido de la página oficial de la Clínica Universitaria de Navarra (por si deseas ampliar información)

¡Que tengas un buen día!

 

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De siempre se ha dicho que ningún emabrazo es igual. Algo que, por lógica, tiene que ser así ya que ningún ser humano es idéntico y su vida (hasta que la ciencia demuestre lo contrario) comienza en el instante de la concepción. El caso es que, siendo una realidad que yo siempre he aceptado, ahora la estoy viviendo en mis propias carnes. La primera diferencia más notable es que no me acuerdo a todas horas de mi estado como en el anterior. La novedad ya no es la misma y, sintiéndome igual por volver a ser madre, ya no es idéntica sensación de la anterior vez. Los primeros días y semanas del embarazo de Carmen sentí un gran vértigo. Esa fue la sensación que más predominó. El miedo a lo desconocido, el no saber exactamente qué torrente de emociones vendrían y se generarían por la nueva vida me tenía altamente desconcertada. El ser humano necesita para su tranquilidad saber lo que va a suceder (los niños se sienten más cómodos viendo siempre la misma película porque saben lo que va a pasar a continuación) Ahora sé cómo es un embarazo y por eso tengo una seguridad, tranquila seguridad, que antes no me pasaba.

Hay algo nuevo en el plano emocional en este embarazo. Lo vivo compartido, con el padre del bebé y eso proporciona alegría, más seguridad, una cálida complacencia. Las dudas van entre dos, las angustias se dividen y las alegrías se suman. La noticia del primer embarazo fue totalmente inesperada. El segundo era buscado y (aunque nos soprendió que lo lográsemos a la primera) no fue un shock. Y aclaro por si algún día doña tecla lee esto (que espero que sí) que la noticia de su incipiente llegada fue un shock emocional por mi situación personal, laboral, económica...pero siempre quise que viniera, jamás me planteé lo contrario. Que quede muy claro.

Los miedos a que algo vaya a salir mal o pueda torcerse están en este embarazo siendo más acusados que en el primero. Curiosamente. O puede que se deba a la mala experiencia que tuve cuando nació doña Tecla. El caso es que cuando me toca revisión, horas antes empiezo a sentirme angustiada (de forma leve, es verdad) por llegar y que me den una mala noticia. Supongo que son pensamientos inevitables. ¡Ay la cabeza!, ya lo dijo Santa Teresa, es la loca de la casa. Envidio a las madres repanchas que jamás piensan en esa cosas. Yo siempre voy por la vida de ceniza pensando en cosas malas. Y es un handicap, os lo aseguro.

No me ha venido en serio la duda sobre si querré lo mismo al bicho (así lo llama su padre y me gusta, la verdad) que a Carmen. Sé que sí. A  lo mejor más adelante tengo dudas pero de momento no han aparecido. Yo misma estoy comprabando que querer a J (mi pareja) no resta amor hacia doña Tecla por muy distintos que sean los amores. Tampoco (supongo porque es demasiado pronto) me he planteado la que tanta gente siempre dice de las preferencias por los hijos que estoy segura que se dan en muchos casos pero no porque quieras más a uno que a otro sino por afinidades.

Lo que sí que tengo muy claro es que le voy a hacer el mejor regalo del mundo a mi hija. Yo tenía un hermano que desgraciadamente falleció y tengo una hermana, por parte de padre, con la que apenas tengo relación (en parte proque las personas adultas encargadas de que nos viésemos lo suficiente cuando tocaba, es decir, de pequeñas, prefirieron que no consiguiendo lo que actualmente tenemos: casi nula relación) Así que le daré a mi hija lo que yo no tengo por desgracia: hermano/a. En la vida, cuando te quedas sin padres (yo los tengo gracias a Dios vivitos y coleando) sientes una sensación de orfandad que no conozco pero que intuyo que te ponen en la escalera de la edad adulta de una forma abrupta. Tener hermanos imagino que es el mejor consuelo. Por desgracia los amigos pueden fallarte, los hermanos normalmente, no. Y eso que yo no puedo presumir de ellos, ya digo, por desgracia. Ya sé que tendrá celos, que se pelearán, se dirán las mayores barbaridades pero sé que también se querrán y el día que ni yo ni su padre estemos tendrán un vínculo familar fuerte, estable. O eso al menos es lo que intentaremos trasmitirles. Por lo tanto este embarazo tiene esa implicación también tan gratificante de saber que estoy gestando un hermano/a para Carmen y que así cuando nosotros tengamos que irmos se sientan menos solos/as. ¡Y ojalá podamos repetir con un tercero pero eso ya lo veremos en un par de años!

Os dejo, que tengáis un feliz día y muchísimas gracias por los em mensajes que me habéis dejado aquí, en facebook y en twitter. Me han emocionado muchísimo