Que el arte Pop vive una segunda época dorada es un hecho evidente,
para bien o para mal. Y la vive, casi como una profecía de una parte de
sus formuladores, una vez ha traspasado las puertas de los museos y se
ha instalado en las tiendas de decoración, de ropa, en las etiquetas de
los productos, y en mil artículos de consumo en forma de un diseño
vistoso y colorista. Sin duda ayudado también por un determinado gusto
retro con la mirada puesta en los años ochenta y finales de los
setenta, y por la importancia capital y ascendiente del estilismo y el
aspecto en nuestros días.
Gracias a este fenómeno, ilustraciones como las de Jordi Labanda, o estampados como los de Custo son
ejemplos centrales de una determinada estética de raíz totalmente Pop
que viene a reformular manidos conceptos como "Glamour", "Beautiful
People", etc, en el marco de un cierto culto a la belleza de la vida y
a la belleza como vida. Independientemente del gusto estético, es
innegable que ambos estilos han hecho fortuna entre un amplio público,
hasta el punto de haber llenado las estanterías de toda clase de
tiendas con productos que se sirven de su imagen, desde camisetas a
cuadernos, y desde paraguas a ropa interior.
En el Salón de
Barcelona de 2003, Nissan planteó en su stand un interesante concurso
de pintura sobre los entonces nuevos Nissan Micra, del que hablaré en
otro momento. Probablemente animados por la buena acogida de la
iniciativa, en 2005 el stand de Nissan acogía como visitante una
curiosa edición del Micra (que, hasta donde sé, no ha llegado a ningún
concesionario), decorada por Jordi Labanda. La intervención sobre el
vehículo estaba destinada, desde el presupuesto inicial, a "feminizar"
el coche (un vehículo que además, desde sus primeros bocetos, Nissan
había concebido como esencialmente dirigido al público femenino), por
lo cual hubo una selección sobre los materiales y colores del interior
y el exterior. La idea, como delata un pequeño apartado en la web de
Labanda, es la de añadir el glamour que, al parecer, se desprende de
sus propios diseños, al coche, mediante la elección de determinados
elementos, colores y texturas. El toque final a la edición de salón lo
puso una decoración con brillantes sintéticos adheridos a la carrocería
formando dos dibujos en los laterales del coche, distintos a cada lado.
El resultado es francamente decepcionante, lejos de la potencia
plástica de otras intervenciones y de los propios dibujos de Labanda, y
con el aspecto de haber sido algo improvisado en poco tiempo.
No
es casual, como digo más arriba, que la preparación se hiciese sobre un
Nissan Micra, vehículo que tenía como claro objetivo al público
femenino, y cuyas formas de diseño desde luego abundan en una estética
un tanto "Pop" dentro del diseño de carrocerías. Los grandes y elevados
faros delanteros del Micra, y su abultada y redondeada carrocería se
adaptan mejor a los mundos de Labanda que los dibujos del diseñador a
la carrocería del coche. Por otra parte, los coches del segmento A (los
pequeños del mercado) y concretamente algunos diseños, como el Micra,
forman parte ya de la iconografía de una determinada visión de la
modernidad vinculada a la juventud, la importancia del diseño en todas
sus manifestaciones, y como oposición al coche grande como gran totem
de otros momentos y propuestas sociales.
Probablemente el Micra
Labanda fue una ocasión perdida para haber realizado un interesante
experimento integrando realmente esta particular y popular estética Pop
sobre una ya de por sí elaborada carrocería.