Audi, mediante su Proyecto Attitudes,
lleva algunos años iniciando acciones destinadas a promover el civismo
y el sentido común en el tráfico y en la vida en general. Y lo hace,
ciertamente, desde una óptica más constructiva que destructiva, y en
una línea atada al buen gusto, la elegancia y la evocación.
Probablemente recordamos aquella campaña con la simpática y cívica
corredora urbana, que tiraba su botellín de refresco vacío a la
papelera, y al fallar se daba la vuelta para meterlo dentro
La última campaña de Attitudes, "Ojala algún día no tengamos que prohibir",
de nuevo nos trae un spot de estética hipnótica, repleto de bellas
imágenes, y con un hermoso fondo musical. Una fórmula que probablemente
está cada vez más gastada y decadente en el mundo de la publicidad
televisiva del automóvil, pero indudablemente eficaz e incluso bella.
Lo que le sucede a esta última campaña de Audi/Attitudes, es que, por
mucho que la justificación de la misma sea la de concienciar para que
haya civismo, y la concienciación en la educación, y todo eso...
resulta un revolucionario mensaje en el fondo del visionado del spot.
La
prohibición como concepto es a la vez una constante en la historia de
la humanidad, y un fracaso de la sociedad desarrollada. Una barrera
aparentemente invariable pero que todos aspiramos a superar. Un oscuro
objeto de deseo. Un policía de la mente. De ahí aquel precioso
contraeslogan que rezaba "Prohibido prohibir". Y, francamente, eso es
lo que yo no puedo dejar de ver en el spot de Attitudes por más veces
que lo vea.
Y no deja de ser un hermosísimo envoltorio para una hermosísima idea..."Prohibido Prohibir. Audi"