Bien sabéis los lectores habituales y esporádicos de este blog que su
visión respecto al automóvil y a los museos tiene un enfoque específico
que atiende a las cualidades artísticas de aquellas creaciones
mecánicas y las circunstancias que les rodean. Desde ese punto de
vista, tengo una mayor inclinación a observar las historias
relacionadas con "coches en museos", más que las de los "museos de
coches". Sin embargo, para este planteamiento es preciso estar atento a
todos aquellos museos relacionados con la automoción, de forma
particular o pública. Para inaugurar la sección Museos de automoción, me veo obligado a realizar un ejercicio de localismo cultural, proyectado a lo internacional, eso si.
El pasado 1 de Abril, se inauguró en la localidad de Utebo (Zaragoza), en la que resido, el primer museo dedicado íntegramente a la marca de motos Ossa, siendo su madrina Miss España (en serio).
La marca (Orfeo Sincrónica S.A., nada que ver con plantígrados) surgió
en 1924 en el campo de la proyección cinematográfica, con una serie de
mecanismos que permitían las proyecciones sonoras. En 1943 comenzaron
su aventura en el mundo de la motocicleta, para iniciar una larga
carrera que duró hasta 1983, con la desaparición de la marca.
Ossa
es una de las marcas míticas del motociclismo español, con nombres de
resonancia nostálgica para los que hemos tenido algo que ver con el
mundillo, como la Phantom de cross, la Explorer, integrante de esa
premonitoria categoría de las "trial excursión", o la preciosa MAR de
trial, llegada en la época dorada del trial español para competir con
las Montesa Cota o Bultaco Sherpa.
Ahora, el nuevo museo abierto
en Utebo, con 1200 m2, muestra una serie de motos de la marca, así como
algunos documentos interesantísimos sobre el desarrollo, diseño y
distribución de las máquinas.
El municipio de Utebo así incluye
en su amplia oferta cultural un museo de la técnica que se suma a la
colección con el legado del pintor José Orús, o a los simposium de escultura o concursos de pintura organizados por el área de cultura.
Eso
sí, la entrada cuesta unos desorbitados 9 euros. Para que se hagan una
idea, entrar al Museo de la Automoción de Salamanca cuesta 3 €, al Museo de Toyota en Nagoya cuesta 1000 yenes (unos 7 €), al Museo del Prado cuesta 6 €, al Guggenheim de Bilbao cuesta 10'5 €, y entrar al Metropolitan de Nueva York
cuesta 15 dólares (unos 12'5 €). Seguro que ese es un grave
inconveniente para conseguir el fin último de cualquier museo, que es
la difusión de su legado.