Espacio publicitario
terra.es Blogs Oficiales

Artículos - febrero 2007

# miércoles, 28 de febrero de 2007 12:27

Paleohistoria del automóvil: Herón de Alejandría

Archivado en:

Si en el anterior post comentábamos el lejano origen de un elemento tan importante para la historia del automóvil como la junta Cardan, inventada por el polifacético matemático Girólamo Cardano, el personaje que nos ocupa hoy no es menos fascinante, y su invento es, si cabe, mucho más importante.


Probablemente habrán oído hablar de la Biblioteca de Alejandría. Fundada en la ciudad egipcia por el rey egipcio Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno, y puesta en verdadero funcionamiento por su sucesor Ptolomeo II Filadelfo gracias a la colaboración, entre otros, del poeta griego Calístenes. A Calístenes, entre otras genialidades, se le debe el hallazgo del término "Metafísica", al colocar los tratados filosóficos de Aristóteles en una estantería "Más allá de la sección de Física" (Meta ta Physycá). La Biblioteca de Alejandría (recientemente resucitada) se encontraba en el puerto de la ciudad fundada por Alejandro, junto al templo de las musas (Museoon), y en ella se acumularon docenas de millares de volúmenes con todo el saber del mundo hasta la fecha. La labor de recopilación de aquellos bibliotecarios fue árdua pero al tiempo apasionante, y por ella pasaron desde Aristóteles a Galeno para consultar muchos de los tesoros que contenía. Era tal el amor de aquellos rectores por la literatura y la sabiduría, que en una ocasión pidieron prestado a los atenienses un ejemplar de sus clásicos del teatro, que sabían que tenía anotaciones al margen de autores relevantes, con el fin de hacer una copia. Los atenienses pidieron como fianza 30 talentos de oro (una auténtica fortuna que da idea del valor del libro para sus poseedores). Los alejandrinos, después de haber copiado el libro, devolvieron la copia a los atenienses quedándose con el original, y no reclamaron la devolución de la fianza. La biblioteca tuvo una historia repleta de avatares, y destrucciones parciales. Una de ellas tuvo lugar cuando, en plena guerra entre César y Marco Antonio, éste refugió sus naves en el puerto de Alejandría, y César, furioso, ordenó quemarlas. El incendio se propagó por parte de la ciudad, destruyendo una parte sustancial de la biblioteca. Por último, y para no aburrir, creo que es también fascinante (especialmente en clave de actualidad) la historia del general musulman Amr Ibn Alas, que capitaneó la expansión del Islam por el norte de Africa. Cuando Amr llegó a Alejandría, se encontro una fabulosa cantidad de libros todavía en la biblioteca. Amr, que era un militar pero a la vez un tipo culto de raíz grecorromana y con un gran respeto por el libro y la sabiduría, mandó una misiva a Utmam, el tercero de los Califas Electivos, preguntándole qué hacía con los libros. Y Utmam, que era probablemente un exaltado con mucho menos mundo que Amr, le ordenó que los quemase, porque si decían lo mismo que el Corán eran supérfluos, y se decían algo distinto eran heréticos.

Pues bien, en el marco de la Biblioteca de Alejandría hubo otro personaje fascinante, ingeniero y filósofo, que pudo haber cambiado el curso de la historia. Este era Herón de Alejandría. Herón, a partir de los tratados de Arquímedes, y de su propia experiencia testada en diversos experimentos, llegó a fabricar varias máquinas autómatas, como la Aeolípile, que se movían a sí mismas usando el principio de la máquina de vapor. Es decir, Herón estuvo a las puertas de inventar la máquina de vapor (que luego dió lugar a nuestros motores de explosión), dieciocho siglos antes que Watt. La trascendencia de este invento, si se hubiese llegado a aplicar tal y como luego sabemos que se hizo, hubiese cambiado totalmente la historia de la humanidad, produciendo un desarrollo tecnológico que es imposible imaginar dónde hubiese conducido.

Herón experimentó con los efectos del vapor de agua y su poder de desplazar masas, y con ello diseñó algunos autómatas que no sabemos si se llegaron a llevar a cabo. Lo que sí sabemos es que el tratado de Neumática de Herón causó fascinación durante siglos, y probablemente fue recogido en la gran Bayt al Hikma (casa de la sabiduría) del culto califa Harun as Raschid (el de las "Mil y una noches"), en la Bagdad del siglo IX. Entre tanto, el emperador bizantino Teófilo (829 - 842), se mandó construír un trono con unos autómatas destinados a impresionar a los que se plantasen ante él.

El invento de Herón no pasó en la época de ser una atracción de feria, y un divertimento para especuladores de la física. Por qué no tuvo más implantación es algo fácil de entender en clave de antigüedad: en un mundo movido por la única fuerza motriz de los animales y los esclavos, a nadie le preocupaba ahorrar esfuerzos ni crear máquinas que pudieran trasladar a una persona con mayor rapidez que un caballo. Lo importante era la representación, o incluso cuántas personas llevan la silla de mano del emperador, pero no tanto el desarrollo mecánico. No obstante, no deja de ser fascinante la historia de Herón, y resulta un ejercicio tan ficticio como sugerente pensar qué hubiera sucedido si en el siglo I d.C. alguien hubiese desarrollado la máquina de vapor y la hubiese aplicado al mundo del transporte.

Quizá si hay una cuarta parte de "Regreso al Futuro", Zemeckis deba plantearse incluir a Herón en la historia...

* La foto es un grabado de la Aeolipile de Herón según una edición de su tratado del siglo XVI
# martes, 27 de febrero de 2007 23:24

Un astrólogo en tu transmisión: Girólamo Cardano

Archivado en:

El invento del automóvil, y toda su historia hasta nuestros días, esta repleto de intersecciones con personajes y situaciones cuya importancia trasciende con mucho al mero hecho de la tecnología en el transporte. El hecho de que un automóvil diseñado por un ingeniero alemán para favorecer el avance del ejército en su invasión de Rusia, diese lugar con los años a un icono del pacifismo (Hablo del Beetle de Ferry Porsche, por supuesto) no deja de ser un ejemplo claro de que en torno a la historia del automóvil hay algo más que una historia de evoluciones técnicas, y que no es posible hacer historia del automóvil solo a base de la historia de las características de las máquinas.


Pero además existe, como no, una prehistoria del automòvil, o, si se me permite, una paleohistoria. Una historia del automóvil antes de que este surgiese este, dicho de otra manera. El otro día, hablando con Plácido acerca de la influencia del automóvil en las ciudades, le comentaba que en realidad esta existió desde mucho antes del invento del automóvil, y que ya los urbanistas del siglo XV y XVI, como Alberti, Palladio o Filarete, se planteaban que las ciudades debían tener calles por las que pudiesen discurrir con holgura los carruajes. Esto llegó hasta el punto de las amargas quejas de muchos escritores y viajeros sobre la densidad de los carruajes en las calles de las ciudades españolas del siglo XVII y XVIII. Pero además, cuando el automóvil se inventó (o el largo proceso que lo dió en inventar) se sirvió de la reconversión de algunos mecanismos ya existentes que llevaban siglos entre nosotros.

Pues bien, entre las piezas que llevan todos o casi todos nuestros automóviles de hoy en día, hay una cuyo origen hunde sus raíces en un fascinante personaje del Renacimiento italiano. Se trata de la Junta Cardan, pieza clave de las transmisiones de los automóviles, y que permite convertir un movimiento circular en un lineal entre ejes con diferente altura o variación de posición. Y su inventor, es eso que algunos llaman huecamente "hombre del renacimiento" (¿¡¿de cuando si no, si vivió en el siglo XVI?!?), el matemático Girolamo Cardano. Cardano es un ejemplo perfecto de la magnífica y erudita heterodoxia que envolvía a los magníficos científicos del renacimiento que la inercia y la imprecisión ha convertido en ejemplos de una "razón" monolítica y de cuño moderno. Como médico, Cardano tiene como célebre logro haber sanado al Arzobispo de Saint Andrews del asma que le acuciaba durante una década. Como matemático, su célebre disputa con Tartaglia acerca de la resolución de las ecuaciones de tercer y cuarto grado es uno de los más recordados episodios de la matemática del Renacimiento. Sin embargo, Cardano, como cualquier matemático de la época, era además un reputado astrólogo, y un buen conocedor de las muchas materias ocultas que hoy llamaríamos Esoterismo. Tanto Tartaglia como Cardano habían crecido intelectualmente influidos, entre otros, por la gran obra del fraile Luca Pacioli sobre las matemáticas y la geometría de tradición euclidiana, y particularmente por esa fabulosa obra dedicada a la Divina Proporción. Esto es, matemáticas en clave de filosofía e historia. Por ello Cardano calculó con un máximo afán de precisión el horóscopo de Jesucristo (seguro que James Cameron sabría hacer un documental con esto...) y se dotó con una fabulosa biblioteca de temática astrológica. Como todos los astrólogos de la época, incluso algunos de los que luego han pasado a la historia como precursores de la ciencia moderna, como Kepler, Cardano se dedicaba igualmente a resolver complejos asuntos matemáticos o a la investigación científica, como a la astrología prognóstica o a realizar cartas astrales. Hasta tal punto encontró una utilidad a sus conocimientos, que, una vez arruinado por las intrigas de uno de sus hijos, se dedicó a los juegos de cartas aplicando el cálculo probabilístico a los mismos, con gran éxito al parecer.

Cardano, cuya vida es una auténtica novela, inventó, en sus investigaciónes ingenieriles y técnicas, animadas, por supuesto, por sus conocimientos matemáticos, la que hoy llamamos Junta Cardan, y que se explica perfectamente en este gráfico.

De Cardano se dice que acertó la fecha de su propia muerte, aunque sus detractores afirman que lo consiguió suicidándose, que es hacer un poco de trampa. No obstante, su figura como matemático y la aplicación de sus conocimientos le destacan como figura fundamental en el panteón de los sabios.

Así que la próxima vez que os metáis por debajo de vuestro coche y tropecéis con el Cardan, mejor que le tratéis como a un venerable anciano.

* La foto pertenece a la primera edición de su obra Ars Magna, Nüremberg, 1545
** Este post está especialmente dedicado a Alejandro y Plácido
# martes, 20 de febrero de 2007 17:17

Tucker. Un Jedi y su sueño en Alderaán

Archivado en:

Hace unos días volví a ver en un canal de televisión la última entrega (Episodio III) de Star Wars. No puedo ocultarme, soy fan. No fan de los de tener un disfraz de soldado clon o de Vader, pero me siento muy fascinado por todo el universo (¿o debería decir universos?) que aparecen en las seis películas, y particularmente en las tres rodadas en primer lugar.


El caso es que en la secuencia en la que Yoda lucha con Palpatine en el Senado, ví algo que me hizo dar un respingo. Yoda sale del senado, y allí le espera el senador Bail Organa (Jimmy Smits) con su nave, en la que el pequeño jedi verde pronuncia esa lacónica frase "Al exilio me veo abocado, fracasado he", digna de Góngora. Pero al grano, el respingo lo dí cuando ví el pequeño vehículo en el que Organa recoge a Yoda. "'¿¡¿¿Es un Tucker?!?".

Dado que aún no tengo en DVD la trilogía, me lancé al ordenador y comencé a devorar páginas buscando la cosa con la ayuda de Toni, hasta que al fín, dí con el misterio. Efectivamente el senador Bail Organa se pasea desde su casa al Senado por los cielos de Coruscant en un deslizador descapotable que es ¡¡¡un declarado homenaje al famoso Tucker!!!.

Aquel coche, proyectado por el emprendedor empresario Preston Tucker, nunca llegó a producirse más allá de 50 unidades de preserie. Pero alcanzó recientemente gran fama debido a la película "Tucker, a man and his dream", inmortalizó la historia de este automóvil que incorporaba algunos avances técnicos que luego se han demostrado relevantes, como el habitáculo de protección de los pasajeros, la refrigeración por agua, una transmisión de grandes aspiraciones aunque nunca desarrollada debidamente, y detalles como el faro central giratorio para mejorar la visión en curvas o el parabrisas de seguridad que evitaba daños a los pasajeros en caso de choque. Aunque estos avances estaban poco desarrollados y muchos cayeron en el olvido hasta hace poco, hablan bien del caracter emprendedor de Preston Tucker.

El mundo de Lucas en Star Wars es tan extenso que es impensable que en las seis películas, en las que aparecen cientos de artefactos tecnológicos, no haya docenas de referencias de este tipo. El mismo aerodeslizador de Anakin en el Episodio II parece también un homenaje a los coches americanos de los años 50, y esas marcadas colas que terminan en los pilotos traseros y su color amarillo hasta recuerda a algún antiguo taxi Yellow Cab. A día de hoy ignoro si hay más homenajes de un nivel tan claro como el del Tucker de Bail Organa, aunque lo investigaré. Pero si resulta destacable que Lucas, tan dado a los cameos de todo tipo, haya escogido precisamente al Tucker, un coche muy señalado por la sociedad y el cine, pero del que solo se produjeron 51 ejemplares de los cuales se conservan sólo 47.

Claro, que con ese característico faro en el centro del frontal, y la variante de techo abierto, el aerodeslizador Tucker debía de ser igual de cómodo para las saturadas calles de Coruscant que para las exóticas playas de Alderaan. Pena que la Estrella de la Muerte socarrase el Tucker, Alderaán y sus playas...

PD: aparte de la sorpresa, la fascinación y hasta la nostalgia que puede producir esta fugaz aparición del homenajeado Tucker en Star Wars, quizá, conociendo a Lucas, explique más cosas el hecho de que él mismo fue productor ejecutivo de la película "Tucker, un hombre y su sueño".

*Foto vía Jurgen Fauth.com

Hace ya algún tiempo, el gran Carlos me dió noticia de un preparador de Hollywood que era el padre de muchos de los chismes rodantes más estrafalarios que se veían en muchas películas y series. En medio de una conversación en la que fuimos sin orden ni sentido desde el Sheriff Lobo hasta los cilones de Galáctica, de momento la cosa quedó laminada por tanto mundo "freak". Pero con la vuelta al mundo de la adsl, he rescatado del abismo de la memoria aquella noticia.


El loco en cuestión se llama George Barris, y desde luego se pueden decir muchas cosas de su persona y sus creaciones, pero jamás que no sea un tipo creativo. Si tienes entre 30 y 40 años, aquí van algunos modelos que te pondrán tierno. El coche de la familia Monster, el Batmovil de Adam West, el coche de Banacek, el General Lee de los Dukes de Hazzard, Kitt, el alucinante coche de los Cazafantasmas... ¡¡¡hasta el fabuloso coche que aparecía en el inicio de La Pantera Rosa!!!

La saga de la familia Barris ha creado docenas de coches únicos para series, programas, publicidad, etc. Otra de las líneas de trabajo de Barris ha sido la recreación de coches de los dibujos animados en la realidad, algo que más de uno quisimos haber podido hacer de pequeños... Barris es todo un personaje, como muestra su galería de fotografías con personajes famosos, como Billy Bob Thornton o Paris Hilton, y con ancianos como este, cuyo nombre probablemente te suena: Carroll Shelby

Y si, por un lado, la excentricidad del propio personaje se ve en su caótica página web, de la que sin embargo hay que recorrer hasta el último rincón, por otro lado nos muestra cómo el automóvil se ha incorporado desde hace tiempo al cine no sólo con categoría de atrezzo, sino como un actor con sus propias características.

Algunos de estos coches se han subastado recientemente, como han recogido nuestros compañeros de Motorpasión, entre ellos el coche de los cazafantasmas y el Batmovil de Adam West.

Un clásico que es mucho más que una excentricidad

Hace poco, a través de un comment en un magnífico post en Motorpasión, he conocido un blog que me había pasado inadvertido hasta ahora, Historias del Motor. Y en él (internet es una mina) he dado con una de las historias más extrañas y a la vez sugerentes que he conocido en torno a un coche, la historia del coche enterrado de Tulsa.


Hace cincuenta años, con motivo de la celebración de los 50 años de la ciudad, el consejo de Tulsa decidió dejar un mensaje a los habitantes de la ciudad del futuro. En 1957, el mundo, y particularmente los Estados Unidos, vivían envueltos en una nube de especulaciones fabulosas acerca del futuro. La carrera espacial, el presunto incidente de Roswell en 1946 que tanto despertó la imaginación, o la literatura de Asimov o Bradbury (magníficas "Crónicas Marcianas", 1946 y "Farenheit 451", 1953) fechas como el año 2000 resultaban exóticas y excitantes. Un futuro en el que los coches no tendrían ruedas, o en el que las ciudades estarían en la luna (el metro cuadrado de vivienda en algunas ciudades ya casi lo está, ahi no fallaron mucho...) Este tiempo, en el que también los coches comenzaron a sufrir la influencia estética de las grandes máquinas voladoras que lanzaban al espacio los pequeños y primitivos satélites, pero sobre todo de los comic y de la ciencia ficción, con sus grandes colas traseras, morros con aspecto de turbina, etc.

Pues bien, la idea fue enterrar un coche, repleto de información y referencias a la ciudad de 1957, para ser desenterrado con motivo del centenario de la ciudad... en 2007. Incluso el coche fue dejado con gasolina en el depósito, y algunos mapas de viaje de la época. El modelo elegido fue un Plymouth Belvedere, lo cual para los habitantes de la ciudad en aquel momento fue probablemente una pena (un precioso Belvedere dorado y blanco). Pero para nosotros, eso significa un poco más. Porque fue precisamente un Plymouth Belvedere el modelo elegido por Stephen King para su relato de 1983 sobre un coche endemoniado asesino "Christine", llevado al cine por John Carpenter ese mismo año. Dice Stephen King que la idea de escribir Christine le vino cuando una noche vió exactamente el momento en el que el cuentakilómetros de su coche pasaba de 9999,9 millas a 10000, y pensó qué pasaría con una historia en la que el cuentakilómetros de un coche descontase en vez de contar. Sin embargo, me resulta difícil creer que King no conociese la historia del coche enterrado de Tulsa, y que fuese una casualidad la elección de este modelo. Por cierto, que uno de esos Belvedere usados en la película fue subastado no hace mucho en Ebay, como dejaron visto nuestros compañeros de Motorpasión

Así que en el coche enterrado de Tulsa, se juntan historias que tienen que ver con la fantasía del futuro, con los mensajes ocultos, con los regresos al futuro, y también con los coches zombis que salen de sus agujeros para cometer sus diabólicas fechorías... Toda una mina de temas muy interesantes en torno a la historia de un automóvil... enterrada algunos metros bajo tierra.

Ah, la exhumación del Belvedere tendrá lugar en Junio de este año

* Vía Historias del Motor

Addenda: Poco después de escribir este post, me he enterado de que en el Centennial Park de Tulsa hay además enterrado otro coche, un Plymouth/Chrysler Prowler, que será desenterrado en 2048. Curiosas tradiciones las de Tulsa...

Los fabricantes de automóviles hace tiempo que comprendieron, como se ve en este blog y en muchos otros lugares, que en el tiempo presente era tan importante hacer comprender que el automóvil era un objeto de diseño, como convencer de sus cualidades utilitarias. Por ello, desde hace tiempo, pero últimamente de manera más sistemática, se rodean de diseñadores, arquitectos, diseñadores gráficos y artistas que arropen y faciliten que todas sus creaciones se retroalimenten mutuamente. En este sentido, como veremos detalladamente en las próximas semanas en este blog, los museos de cada una de las marcas, así como sus colecciones de arte, son un valor más allá del patrimonio, que tiene que ver con la imagen de marca y con la valoración de sus productos en niveles superiores. Así, el museo de Mercedes-Benz en Stuttgart, una fabulosa obra de UN Studio, o el Audi Forum de Ingolstadt, de Gunter Henn (Autores también de obras para otras marcas como Bugatti y Volskwagen) son dos buenos ejemplos de esta tendencia. Espacios arquitectónicos con un alto valor por si mismos, con unos contenidos que van más allá de una colección de coches.


Dentro de estos contenidos, los gestores de los museos proyectan ciclos de actividades, como exposiciones, o ciclos de cine. Es el caso de Audi, cuyo interés por el cine se ha manifestado repetidamente en algunas campañas de publicidad, como la que ya mencionamos aquí dirigida por Wim Wenders, o con creaciones como el Audi RSQ, para "I Robot". Ahora, desde el 25 de Enero hasta el 7 de Marzo, el Audi Forum Ingolstadt proyecta un ciclo de cine con películas que van desde "Scoop", o "Los Fantasmas de Goya", hasta proyecciones de Operas como La Traviata o Tannhäuser, en colaboración con el teatro de Ingolstadt. Ciertamente la selección de películas no es precisamente el Festival de Sundance, pero no deja de ser interesante el hecho de que un museo de automóviles albergue un ciclo de cine como actividad habitual.

Quizá porque un museo de coches haya dejado de ser un garaje mugriento, para ser, de verdad, un museo.

Hace ya algunos meses, los chicos de Motorpasión, publicaron un interesante post sobre la portada de la revista Winding Road septiembre, creada por Camilo Pardo, un interesante personaje.

La portada en cuestión es en realidad un gran lienzo pintado por Pardo, quien, en el ámbito del mundo del automóvil, puede ser conocido por haber sido el diseñador que se empeñó en recrear el mítico Ford GT-40 en el nuevo concepto Ford GT. Pardo, jefe de diseño de Ford, ha sido siempre un apasionado de los GT-40, y tras varios años dándo vueltas al concepto estético, fue autorizado por Ford para llevar a cabo un Concept Car en 1999 que se ha convertido en ese magnífico coche capaz de emocionar a cualquiera menos a Jeremy Clarkson.

Pero Pardo es en realidad un ejemplo
perfecto de lo cerca que están en muchas ocasiones el arte, el diseño y los automóviles. Este diseñador, venido del mundo de las bellas artes, ha desarrollado sus intereses en diferentes campos, siempre gravitando en torno al mundo del automóvil de una manera u otra. Diseños de moda, pintura, diseño de objetos utilitarios o muebles, Pardo ha transmitido a todos ellos aspectos relacionados con cualquiera de los demás campos de su creación, y ha dejado sus huellas en museos como el Detroit Arts Institute.

Sus diseños de moda, no demasiado originales, sí que estan, sin embargo, impregnados del mundo de la automoción, con colores, combinaciones, materiales y texturas que recuerdan carrocerías, piezas o las frecuentes y sugerentes recreaciones femenindas de los monos de los pilotos. Pardo se suma a la reformulación de la constante "chicas y coches", pero sin dejar de aprovecharse del componente sensual y hasta erótico, más cerca de la emoción de un anuncio de televisión que de la sutileza de un modelo de pasarela como otros vistos en este blog.

Por otra parte, los lienzos de Pardo no dejan de estar en la línea más o menos convencional de las pinturas relacionadas con el mundo de la automoción. Lienzos figurativos, más o menos sueltos en su pincelada para sugerir dinamismo, coloristas por la propia inspiración cromática de las carreras, y atractivos para cualquier aficionado a las carreras... pero corrientes para cualquier aficionado al arte. Tengo que decir que esta opinión viene marcada por el hecho de que este tipo de pintura rara vez me produce emocion, porque creo que la idea "automóvil + arte" puede dar mucho más de si, como demostró Giacomo Balla en 1913

El campo del diseño de muebles ha conocido también las incursiones de Pardo, junto con Michael Checuti, con una línea de muebles de aluminio inspirados en las piezas del GT.

Si la actividad de Pardo es interesante por tener sus pilares en mundos tan aparentemente distantes, no es menos interesante el vídeo que ha motivado este post. Los muchachos de Winding Road, decidieron hacer un vídeo del "Making of" de la portada de su número de septiembre. Del vídeo se encargó James P. Morse, actor (La delgada línea roja, La hija del General, Windtalkers...) vinculado al mundo de la producción, y que creó una interesante pieza de la cual puede verse un buen y atractivo resumen en Youtube. El vídeo de Morse rescata con toda franqueza las ya vistas actuaciones de los artistas delante de las cámaras de otros que les pudiesen fotografiar o filmar en pleno acto creativo, como ya sucedió desde las vanguardias históricas (impagable la foto de Hugo Ball en el Cabaret Voltaire en plena juerga con sus amigotes del Dada) pasando por Picasso, y popularizado a mediados de siglo con la expansión de los medios audiovisuales tan rápidamente interpretados por, por ejemplo, Warhol. En el vídeo Pardo reflexiona de forma breve pero interesante sobre el proceso de creación del lienzo y el del propio Ford GT, y la forma en que se le ve crear su cuadro (a partir de una proyección de una foto sobre la tela) no deja de resultar interesante pese a ser largamente conocida (desde la cámara oscura de Canaletto). Los lienzos son luego reproducidos e imprimidos digitalmente sobre tela de nuevo, debidamente numerados y autentificados.

Jalopnik se pregunta si Pardo será el Warhol de los coches. Yo en cambio afirmo que Pardo es un ejemplo magnífico de que la creación artística no conoce barreras, y que las expresiones plásticas más tradicionales, como la pintura, no se encuentran tan lejos del diseño de objetos, de los cuales el más emblemático de todos los inventados desde el siglo XIX, es sin duda el automóvil. Y es que no es dificil percibir que en una estilizada carrocería de Ford GT hay algo más que unas chapas dobladas

Una de las claves más comunes en las que se codifica la conexión entre automóvil y cultura popular es el estilo rocker. La música de los 50 y 60, los tupés, las cazadoras vaqueras, Grease, y todas sus secuelas y consecuencias, es algo indisolublemente ligado a la imagen de grandes coches americanos, y de nombres con especial musicalidad, como Chevrolet o, cómo no, Cadillac. Dicho en pocas palabras, cuando uno habla de automóvil y música, casi con cualquiera al que se le pregunte, las dos primera respuestas son casi unánimemente, el tuning y el Bakalao, y los grandes coches americanos y el rock.

Hace algún tiempo, había propuesto a Marcelino, hacer un artículo conjuntamente sobre los coches y la música de la segunda mitad del siglo XX, desde dos puntos de vista: los coches en las canciones (letras, inspiraciones, referencias...), y los coches en las portadas y encartes de los discos. Es evidente que la influencia de este objeto de diseño fundamental del siglo XX ha sido grande sobre muchas creaciones musicales de otro de los iconos culturales clave del siglo XX, la música Rock y Pop. Desde la Harley con la que el cantante de Motorhead se sube al escenario a montar su numerito, hasta el Cadillac de Chuck Berry, o el Eliminator de Billy F. Gibbons, de ZZ-Top, o con canciones emblemáticas como el himno que compuso Loquillo bajo el melancólico signo de un Cadillac solitario.

Pues el sábado, pasado, Ignacio López Palacios, periodista, se nos adelantó. Bajo el título “Portadas a cuatro ruedas”, un buen artículo en El País del 3 de Febrero (página 20, suplemento de Motor). La selección de veinte portadas de la historia de la música del siglo XX servía a López para trabar un rápido pero preciso panorama de la presencia de los coches en las portadas de los discos. Una rápida revisión iniciando en la tendencia de los grandes astros del blues a retratarse con sus cochazos recién adquiridos, símbolo de prosperidad (algo que imitan, conscientemente o no, muchos de los astros, o lo que sean, del Hip Hop y el Rap), para ir hasta los coches como elemento opresor, como en el disco debut en solitario de Peter Gabriel, en 1977. Portadas magníficas, como la de Donald Byrd en A new perspective con su Jaguar E, otras influidas claramente por el arte Pop, como la de Be Here Now, de Oasis (1997), y otras de discos fabulosamente influyentes como la de Autobahn, de los míticos Kraftwerk, o de músicos incalificables en discos contundentes, como el Eliminator de ZZ-Top (1983) en el que aparece retratado el Ford Hot Rod de 1934 del propio cantante. Por último, la foto que ilustra el artículo, es la ilustración de Stanley Donwood (alias de Dan Rickwood) para el single "No surprises" del maravilloso "OK computer" de los potentes Radiohead.

Evidentemente, la lista podría ser interminable. De mi cosecha aporto un par más. El Alfa 164 en el que se apoya Geike Arnaert, la vocalista de Hooverphonic en Hooverphonic presents Jackie Cane, con un Porsche 911 al fondo, y el magnífico dibujo de una furgoneta en medio de un amanecer en La canción de Juan Perro, de Radio Futura, uno de los mejores discos de la historia de la música española. Como el arte no conoce barreras, conviene conocer que este dibujo es obra del arquitecto y pintor Juan Navarro Baldeweg uno de los nombres fundamentales de la pintura y arquitectura española del último tercio del siglo XX. En torno a esta obra de Radio Futura hubo también una interesante colaboración con el dibujante de cómic Max (un clásico de El Víbora), que hizo un muy buen relato inspirado en El canto del gallo, la canción que cierra el disco.

Y la lista podría ser interminable si acudimos a las letras de las canciones. Pero eso será ya otra historia, y seguro que Marcelino nos ilustra debidamente. De momento, me parece magnífico que el artículo de Ignacio López ocupase una doble página a color un sábado en un diario de tirada nacional e internacional como El País. Los encuentros entre el arte y el automóvil no son producto de una alucinación de unos pocos, y si lo son, bien merecen ser, como diría Franz Cumont, estudiados.

Este Blog

Síguenos en Facebook y en Twitter

Ahora también puedes seguir las actualizaciones de ¿Dónde está el depósito...? en Facebook y en Twitter, y disfrutar de contenidos exclusivos en cada una de esas redes sociales:

- Síguenos en Facebook

- Síguenos en Twitter


Recomendaciones

Publicidad


Buscar