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Artículos - mayo 2007

En la obra de Ray Bradbury hay una perpetua y característica dicotomía acerca del futuro, la sociedad y la técnica. Por un lado, en sus sociedades futuristas, el automóvil es un símbolo primordial de la deshumanización del mundo, en el que estos coches son máquinas de matar; por otro lado, hay una constante fascinación por una tecnología imaginada cuya principal cualidad es producir emociones. Hace poco tropecé con un relato bello, profundo y sugerente, llamado "Canto el cuerpo eléctrico", (título homenaje a un poema de Walt Whitman y que inspiró un episodio de la mítica serie Twilight Zone en 1962) dentro del exótico Fantasmas de lo nuevo, y en el que aparece una hermosa oda a la máquina en los párrafos que traigo hoy aqui, y que considero tan relevantes:

"- Me dáis cosas que os doy a vosotros. No sé que doy, pero sigo dando. ¿Me preguntáis qué soy? Bueno, una máquina. Pero a pesar de esta respuesta sabemos, ¿no es cierto? más que una máquina. Soy todas las personas que pensaron en mi, y me planearon, y me construyeron, y me hicieron funcionar. De modo que soy persona. Soy todas las cosas que ellos quisieron que fuera, y que quizá no podían ser, por eso construyeron un niño grande, un juguete portentoso que representara estas cosas.

- Es extraño - dijo papá - Cuando yo era niño había muchas protestas contra las máquinas. Las máquinas eran malas, dañinas, deshumanizadas...

- Algunas máquinas si. Todo depende de la manera en que se las usa. Una trampa para osos es una simple máquina que atrapa, retiene y desgarra. Un rifle es una máquina que hiere y mata. Bueno, no soy una trampa para osos, no soy un rifle. Soy una máquina abuela, es decir, más que una máquina.

- ¿Cómo puedes ser más de lo que pareces?

- No hay hombre tan grande como sus propias ideas. En consecuencia, cualquier máquina que encarne una idea es más grande que el hombre que la hizo. ¿Y qué hay de malo en eso?

- Me he quedado atrás y estoy perdido - dijo Timothy - ¿me lo repites?

-Ay - dijo la abuela - como destesto las discusiones filosóficas y las incursiones en la estética. Lo explicaré así. Los hombres proyectan enormes sombras en el césped, ¿no es cierto?. Entonces, durante toda la vida tratan de correr para adecuarse a las sombras. Pero las sombras son siempre más largas. Sólo a mediodía puede el hombre ajustarse a sus zapatos, a su mejor traje, unos breves minutos. Pero ahora estamos en una nueva era, en la que podemos concebir una Gran Idea y echarla a andar en una máquina. Eso hace que la máquina sea más que una máquina, ¿no es asi?

- Hasta ahora va bien - dijo Tim - me parece

- Bueno. ¿Una cámara de cine y un proyector no son más que una máquina? Es algo que sueña ¿verdad? a veces sueños felices, a veces pesadillas. Pero llamarlos una máquina y despreciarlos es ridículo.

- Ahora lo veo - dijo Tim, y al verlo se rió.

- Entonces - dijo papá - quien te construyó amaba a las máquinas y odiaba a quienes decía que todas las máquinas son malas o dañinas.

- Exactamente - dijo abuela - Guido Fantoccini, que era su verdadero nombre, creció entre las máquinas, y no podía seguir soportando los clichés.

- ¿Los clichés?

- Sí, esas mentiras que la gente dice pretendiendo que son verdades absolutas. El hombre nunca volará. Esa fue una verdad cliché durante miles y miles de años y al fin fue una mentira hace solo unos pocos años. La tierra es plana, te caerás al borde, los dragones te comerán; la gran mentira que se contaba y que Colón socavó. Bueno, ¿y cuántas veces habéis oido hablar de lo inhumanas que son las máquinas? ¿A cuantas personas excelentes y brillantes les habéis oido soltar las mismas fatigadas verdades que son en realidad mentiras: que todas las máquinas destruyen, que todas las máquinas son frías, sin pensamiento y temibles?
> Hay en eso un fondo de verdad. Pero sólo un fondo. Guido Fantoccini lo sabía. Y esto, como a la mayoría de los hombres de su especie, lo volvía loco. Y pudo seguir loco y loco para siempre, pero en cambio hizo lo que tenía que hacer: empezó a inventar máquinas que desmintieran la antigua verdad mentirosa. Sabía que la mayoría de las máquinas eran amorales, ni malas ni buenas. Pero del modo como uno las construyera o modelara, se modelaba a la vez a hombres, mujeres o niños para que fueran buenos o malos."

Para quienes les parezca vacío, no busquen nada mas; a quienes les haya sugerido algo, no precisan de más explicaciones. Para todos, cualquiera de esos días en los que sientan que las emociones se van deteniendo en ellos lentamente como el torno de un alfarero, bajen corriendo a su biblioteca más cercana y lean este relato...
Desde el punto de vista de la interacción entre la industria del automóvil y la expresión artística, BMW es probablemente la marca que más ejemplos y más interesantes ha dejado en los últimos 30 años. Desde los años 70, con el inicio de la interesante serie de Art Cars, ya mencionados aqui en muchas ocasiones, hasta la reciente y magnífica serie de cortos "The Hire", pasando por campañas de publicidad que han supuesto un hito en la construcción del lenguaje comercial audiovisual, llevándolo a la categoría de poema visual. Por ello, en Munich saben que el arte, y particularmente el arte de calidad y vanguardia, es algo muy ligado a su idiosincrasia, y que procuran cultivar al calor sol de su mecenazgo.

El Z4 Coupé es probablemente uno de los coches más plásticos de los últimos años. Su desarrollo no se limitó a realizar un mero Z4 descapotable con un techo metálico. El coche es nuevo en parte de su estructura, pero el resultado final, con rasgos que recuerdan en parte a aquel ejercicio de estilo llamado CS1, al igual que en el Serie 1, tiene mucha potencia plástica, sobre todo en la parte trasera. Esas aristas curvilíneas recorriendo la cintura y su elegante coda tronca al estilo de los clásicos coupés de los años 50 y 60 como los diseñados por Zagato o Scaglietti, son un sello de identidad que lo hacen un vehículo impecable en lo estético. Pero el Z4 Coupé tiene un valor añadido.

En 2006, en la fase final del diseño del Z4, Adrian Van Hoydoonk, director de diseño de BMW, entró en contacto con un artista esencial en el mundo del arte por ordenador, Joshua Davis. El objetivo era añadir un plus al lanzamiento del vehículo, que le revistiese de un aire distinto, arropándolo con algunas obras de arte. Davis, uno de los pioneros en el uso de Macromedia Flash para fines artísticos, es un auténtico referente en materia de diseño de páginas web y desarrollo de expresión plástica por ordenador, y creador de algunos portales y campañas publicitarias de relevancia, la última una relativamente conocida para Motorola. Las obras de Davis se caracterizan por un interesantísimo uso del ordenador para generar imágenes únicas que son imprimidas como piezas únicas. El ordenador en este caso, actúa como un caleidoscopio matemático, diseñando ritmos a partir de las reglas matemáticas de las formas originales, para que luego Joshua las recomponga, edite, discrimine y elabore para acabar creando las piezas únicas. A pesar de que pueden parecer similares, el planteamiento está alejado y es más complejo que el reciente experimento del calendario creado por Karl Lagerfeld para Audi basándose en el R8. Por este elaborado y complejo procedimiento, Davis ha creado piezas de gran interés que han sido expuestas en museos de todo el mundo, desde la Tate Gallery al MOMA, pasando por el Pompidou.

En el caso de la colaboración entre BMW y el artista, Adrian Van Hoydoonk, jefe de diseño de BMW, entró en contacto con Davis cuando el proceso de creación del Z4 Coupé estaba en su fase final, para que, trabajando a partir de las formas de la carrocería del vehículo y de los ritmos matemáticos por los que se generan, pudiese crear una serie de imágenes, todas originales, con las que incorporar un valor añadido al lanzamiento del vehículo. Las obras resultan muy interesantes, con una potencia plástica que incorpora el interés de la repetición, y que lleva en si misma la elegancia de la proporción creada desde un patrón geométrico y matemático bien escogido. En cierta manera, el planteamiento de las obras de JD, en el que unas formas plásticas extraídas de la carrocería de un automóvil se reinterpretan para ser convertidas, manteniendo su esencia, en otras en un soporte distinto, recuerda a aquel relato de Stanislaw Lem en el que las grandes obras de la literatura universal se transformaban en esculturas abstractas, después de analizar sus cualidades en clave de sólido.

Las obras de Davis, desde el punto de vista de la historia del arte, resulta extremadamente interesantes por su proceso creativo. El hecho de utilizar herramientas como el ordenador y el plotter no deja de ser una circunstancia necesaria, igual al uso del punzón y el tórculo en la creación de grabados, que no le merma ni un ápice de valor artístico. Ahora bien el uso de la informática para manipular de ritmos matemáticos resulta una interesante aportación que si determina estéticamente la estructura de la obra. No es casual en absoluto, que algunas de las obras de JD recuerden tremendamente a las series rítmicas de Kandinsky en los inicios de la abstracción, poniendo así un pie en los fundamentos teóricos y estéticos planteados por este artista al cual homenajea también el título de este artículo. En el mismo sentido en el que ya hablamos de las obras de Camilo Pardo, en la web dedicada al proyecto se puede ver un pequeño vídeo en el que el propio Davis habla sobre las obras, además de que éstas se han expuesto en diferentes lugares por toda Europa, añadiendo valor a la creación.

Y, sin ser plenamente original, no deja de traer al frente un interesante hecho acerca de la creación artística: que las matemáticas rigen, casi por completo, las creaciones artísticas más dispares, de manera que los ritmos matemáticos que animan una serie de soportes verticales en la fachada de un templo del barroco, interpretados en clave de paleta de color pueden convertirse en una elegante sucesión de anaranjados en un Rothko, o en una pieza musical de vanguardia. Sin ir más lejos, recientemente el Gobierno de Aragón ha apadrinado un proyecto destinado a transformar en música los ritmos matemáticos que conforman la decoración de las torres mudéjares.

Una vez más, la Historia del Arte muestra su implacable avance. Lejos de las visiones catastrofistas o descreídas, el arte sigue reinventándose cada día, sobre las mismas estructuras estéticas y creativas básicas sobre las que se construyó el Arte Románico, por ejemplo. Y muestra de nuevo que la creación plástica tiene un componente científico relevante, lejos de visiones románticas en las que la inspiración tiene todo el protagonismo. Recordando aquella frase a la entrada del Liceo de Platón "No entre aquí quien no sepa geometría".
Hace ya algún tiempo, dimos a conocer en este blog algunas interesante iniciativas artísticas relacionadas con modelos anteriores del Opel Corsa, a nivel internacional, como con el modelo de 2000, y a nivel local con una curiosa propuesta, como la exposición realizada en Zaragoza en 1995.

Para el lanzamiento de su último modelo de Corsa, Opel, una marca generalista cuyos productos son interesantes pero cuya imagen general es más bien discreta e incluso anodina, ha vuelto a recurrir al arte de vanguardia. En esta ocasión, a través de los muñecos de un artista urbano afincado en Barcelona llamado Boris Hoppek. Este artista alemán, se ha dado a conocer en los ambientes de vanguardia de Barcelona mediante sus graffitis en la calle, entre otras de las muchas acciones muy interesantes en torno al arte y la cultura contemporánea que se desarrollan en esta ciudad.

Los muñecos c'mon, forman parte de su creación, como un complemento de los graffiti, y un ejemplo muy interesante de arte urbano. Opel, en el intento de reforzar para su Corsa la idea de un coche juvenil, urbano y atrevido, se sirvió, como un acierto, de estos muñecos creados por el artista alemán. Y a la vez, a Hoppek, a su vez, la campaña le ha supuesto un enorme salto cuantitativo en la difusión de su obra, hasta el punto de haber creado una propia web. Y hasta el punto, asi de potente es el mercado, de que, según me cuenta Toni, en una atractiva tienda de Zaragoza, La ventana indiscreta, han causado furor los muñecos vendiendose incluso más que los de los personajes de Tim Burton o de Star Wars. Los c'mon surgieron como unos seres un tanto macarras, que hasta tienen su propio sitio en Myspace, pero parecen haberse suavizado al contacto con la gran corporacion multicapitalista que es una gran marca de automóviles, y ahora hay todo un merchandising en torno a ellos. Si hasta el Che sirve para hacer camisetas...

Las intervenciones promovidas por Opel para las campañas de sus Corsa han sido interesantes y esta última lo es. A estas alturas el arte urbano no tiene que ser presentado como una realidad, porque ya lo es, pero no está de más que se incorpore a la cultura de masas. El arte urbano es el arte de nuestro tiempo, y no deberíamos verlo como una amenaza o algo ajeno porque también nosotros formamos parte de él como creadores y espectadores. Nos guste o no, el graffiti, el videoarte, o las expresiones plásticas de lo marginal, son reflejo de nuestra cultura. Como también refleja espléndidamente el Ayuntamiento de Zaragoza desde hace unos años en el atrevido ciclo En La Frontera, que se presenta ya como una cita consolidada, y detrás del cual hay creadores e investigadores jóvenes que aportan una visión nueva y fresca (y a veces polémica) al panorama artístico. Ahi está el trabajo de Victor y Marisa, entre muchos otros.

Una curiosa historia, la de Boris Hoppek y el Corsa. Ahora bien, ¿Por qué si los muñequitos tienen sexo, como una decisión intencionada del artista, en el anuncio no lo presentan? Quizá aún quedan muchas cosas por cambiar, a pesar de todo...

* Gracias a Toni y Carlos por sus informaciones para hacer este artículo

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