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Artículos - noviembre 2007

Los temas que animan a las exposiciones temporales son la clave, muchas veces, del éxito de la misma. Los aniversarios, los hallazgos, o a veces la mera excusa de reunir obras dispersas por museos de todo el mundo o simplemente ocultas en colecciones particulares, son motivo suficiente para organizar una muestra de este tipo. Desde los años 70, los museos, tanto los de arte contemporáneo como los de Bellas Artes, comenzaron a acoger exposiciones que no se limitaban al clásico patrón "arquitectura - escultura - pintura", sino que se fueron abriendo a nuevos discursos transversales, o a incorporar muestras de arte y cultura popular no convencionales. El concepto de los "Centro de Cultura" desplazó al de "Museo" tradicional, y así espacios como el Pompidou iniciaron nuevos caminos en los que estamos inmersos hoy. Esta redefinición del concepto de "Museo" y de "Exposición Temporal" permitió que, particularmente a partir de los años 90 estos sagrados templos del arte abriesen sus puertas a nuevas ideas. Y dentro de esta corriente, llegarían al museo las portadas de los discos, la moda, el cine... o el automóvil.

Objetivamente, en el sentido en el que entendemos una exposición de arte en un museo, probablemente la primera muestra sea "Eight Automobiles", realizada en el MOMA de Nueva York entre el 28 de agosto y el 11 de noviembre de 1951, y en la que ya aparecía en un contexto académico el término "escultura rodante". En ella se exponían un puñado de diseños contemporáneos de coches de producción y ejercicios de estilo para el futuro que definían las líneas del diseño contemporáneo. Sin embargo, para esperar a una exposición en el sentido moderno, hay que acercarse más en el tiempo. Según recuerda Darcy Kuronen, el propio MOMA no ha dejado de incluír al automóvil en sus exposiciones, pero hay que referirse seguramente a "Moving Beauty", en el Museo de Bellas Artes de Montreal, en 1995, para encontrar una exposición que, en un sentido amplio y sistemático, analice el automóvil en términos de arte.

- Moving Beauty. A century in automotive design (11 de mayo - 15 de octubre de 1995, Montreal Museum of Fine Arts)

"Moving Beauty" planteó ya en 1995 el tema del diseño de automóviles como un reflejo de la evolución no sólo de la técnica, sino también del diseño de todo el siglo XX. Y en cuanto esta técnica y este diseño estan incardinadas en una sociedad concreta, esta exposición abre, en la época reciente, el enfoque del automóvil como ejemplo del arte contemporáneo. Esto es posible contemplado tanto en términos genéricos, por su influencia directa sobre las artes que lo rodean (diseño gráfico, cartelería, escultura...) como en cuanto a algunos coches individuales por su rareza o exclusividad en la construcción. La galería de automóviles era bien extensa, desde el triciclo de Benz al "coche gota" Rumpler Tropfenwagen, pasando por el Bugatti T57 Coupé Atlantic comprado por Ralph Lauren en 1988. Este coche sería años más tarde el protagonista de otras dos exposiciones en Cleveland y Boston. "Moving Beauty" sin duda abrió un camino en la museología reciente en el cual el automóvil no sólo tiene cabida sino que es una muestra esencial de la cultura, y a menudo el arte más refinado, del siglo XX, del cual ha sido con frecuencia actor y protagonista más allá de donde podamos imaginar.

- Bugatti (18 de julio - 19 de septiembre de 1999, Cleveland Museum of Art. Comisario Henry Hawley, patrocinada por  Park-Ohio)

La exposición "Bugatti" fue una muestra dedicada a la obra de tres personas de dos generaciones diferentes de la familia Bugatti. Los muebles del patriarca Carlo, las esculturas del joven Rembrandt y los automóviles de Ettore. Esta visión transversal permitió apreciar la importante influencia del arte y el diseño en la formación del jóven Ettore, cuyo paso por la Escuela de Bellas Artes de Milán le abrió la puerta a una sensibilidad y conocimiento de las artes que volcaría sobre sus creaciones automovilísticas. La muestra se sirvió de piezas pertenecientes a la colección permanente del museo y de otras cedidas para la ocasión. La estrella de la exposición fue, de nuevo, el celebrado Bugatti T57 Atlantic de Ralph Lauren, uno de los coches más bellos jamás fabricados. La temática Bugatti es ciertamente atractiva para cualquier exposición destinada a ser acogida en un Museo de Bellas Artes, por la presencia de un diseñador de muebles "Art Nouveau", un escultor, y un estudiantes de Bellas Artes que acaba diseñando coches. Pero aún así es encomiable la decisión del Museo de Cleveland de programar y desarrollar una muestra así, y de algún modo no ha dejado de tener seguidores, como la recentísima exposición de la Allan Stone Gallery, una galería de arte contemporáneo de Nueva York, con un Bugatti T57 como estrella.

 - Different Roads. Automobiles for the next century (22 de julio - 21 de septiembre de 1999, Museum Of Modern Art, Nueva York; comisario Christopher Mount)

"Different Roads" fue una exposición terriblemente interesante en su concepto, por cuanto su propio discurso central no tenía que ver específicamente con planteamientos artísticos o estéticos. La muestra planteaba una interesante reflexión acerca del automóvil como producto comercial e industrial (y por tanto social y cultural) del siglo XX, y sobre el concepto de "coche del futuro" a lo largo de la segunda mitad del siglo y, particularmente, en el momento en el que se celebró la exposición. Con interesantes textos escritos por Christopher Mount y Benjamin Lima, los nuevos conceptos de sostenibilidad energética, ecologismo, combustibles alternativos o modularidad llegaron al MOMA. Los vehículos mostrados se agruparon en dos bloques: "Power Plants", dedicada a las nuevas alternativas energéticas alejadas del petróleo, en la que se mostraban una versión híbrida del Fiat Múltipla (salido al mercado en 1998), y los GM EV1Honda VV y Toyota Prius (homónimo del destinado al mercado europeo pero en diferente carrocería y también con motor híbrido); y "New Structures, new materials", fijada en las alternativas espaciales y estructurales para la definición del automóvil del futuro, en la que podían verse el Smart, el prototipo Audi AL2 (convertido en el Audi A2 el mismo 1999), un Ford Ka, el interesantísimo concepto Chrysler CCV (de alguna manera antepasado directo del reciente Citroën Cactus) y el estudio de estilo para el nuevo Mini de BMW. La exposición trajo a un museo de arte el muy interesante concepto de "coche del futuro", en un momento y en un país en el que el futuro ya no eran coches que circulasen por la luna, como en los años 50 sino coches que no destruyesen la tierra para siempre.

- Garaje. Imágenes del automóvil en la pintura española del siglo XX (28 de noviembre - 31 de diciembre de 2000 [15 de enero - 25 de febrero de 2001 en CGAC], Fundación Carlos de Amberes - Fundación Barreiros; comisario: Jaime Brihuega)

"Garaje" fue, entre 2000 y 2001, una pionera y sugerente iniciativa de las Fundaciones Carlos de Amberes y Barreiros con el objetivo de mostrar y analizar la aparición del automóvil en la pintura del siglo XX en el contexto español. La nueva "máquina de desplazarse" había causado sensación entre los artistas de las dos primeras décadas del siglo XX, y tanto los pintores de tendencia cinética, los cubistas, los estilistas del Arte Nouveau, o incluso los expresionistas habían quedado fascinados por estos nuevos monstruos rugientes símbolo del progreso. En un denso viaje de ida y vuelta, la imágen del automóvil en la pintura, andado el tiempo, ha vuelto a inspirar a los pintores, diseñadores y propios ingenieros creadores de automóviles, cerrando un viaje que dura todo el siglo XX y que se realiza a caballo de las carreteras y los museos. La muestra dejó un magnífico catálogo no fácil de encontrar pero de gran valor en sus contenidos.

- Autobodies. Speed, sport, transport (29 de junio - 16 de septiembre de 2002, Museum of Modern Art, Nueva York; comisario: Peter Reed. Patrocinada por: Merrill Lynch, Pinifarina, Road&Track y BNP Paribas) 

Después de la experiencia de "Different Roads", el MOMA de Nueva York volvió a abordar el mundo del automóvil en 2002, en esta ocasión desde un punto de vista más vinculado al diseño y al arte. "Autobodies" es una muestra en la que el museo neoyorquino pudo exhibir orgullosamente los seis coches que forman parte de sus fondos permanentes como muestras del diseño funcional pero tremendamente estético y artístico del siglo XX. Un hermoso Cisitalia regalado por Pininfarina abría la muestra, en la que estaban también un Jeep Willys, junto con el Land Rover probablemente el coche más reconocible del mundo en cualquier lugar; un VW Beetle, icono del siglo XX hasta tan lejos como se quiera llegar; un Jaguar E-Type, uno de los coches más estilosos fabricados nunca; el Ferrari 641/2 de 1990 conducido por Alain Prost, el máximo en cuanto a coches de competición; y el popular, y en mi opinión sobrevalorado a nivel de concepto automovilístico, pero magnífico como objeto de diseño, Smart. La exposición fue una auténtica consagración del automóvil como objeto de diseño digno de ser musealizado al nivel de cualquier otra obra de arte seriado del siglo XX, y la última, hasta el día de hoy, que el MOMA ha dedicado al mundo del automóvil de forma monográfica.

- La Bella Macchina: The Art of Ferrari (13 de abril - 20 de julio de 2003, Chrysler Museum of Fine Arts, Norfolk, Virginia)

Una de las exposiciones que acumulan elementos más pintorescos en torno al mundo del automóvil y el arte, fue "La Bella Macchina". El museo Chrysler de Norfolk es una institución privada con participación pública fundada por Walter P. Chrysler Jr., hijo del fundador de la marca, y que en la actualidad sigue siendo participada por la empresa. Como ya conté hace unos meses, este museo tiene entre sus colecciones obras de Goya o Velázquez, por hacerse una idea de la calidad de sus colecciones pese a ser una modesta institución. Sin embargo, en primavera - verano de 2003 acogió una atípica exposición con una docena de Ferrari que merece ser reseñada en este repertorio. "La Bella Macchina" reunió a unas cuantas piezas auténticamente destacadas, como el Alfa Romeo 8C 2300 Monza hecho por Enzo Ferrari antes de fundar su propia marca, el Ferrari 375 "Indy" de 1952, un 250 GTO de 1962 (no por más conocido es menos raro ver uno en vivo uno de los sólo treinta y seis construidos), o rarezas como el 275 NART Spyder de 1967 y el 330 P de 1963. La exposición estuvo acompañada de una larga y variopinta lista de actividades, entre las que estuvo un pequeño ciclo de cine con la proyección de algunos documentales, y la película "Grand Prix", de John Frankenheimer, la única en la que se ha dado permiso para rodar planos en el interior de la factoría de Maranello. Al mismo tiempo, acompañaban a los coches una selección de fotografías de competición del histórico fotografo Louis Klemantaski. La muestra no deja de hacer patente el mucho interés despertado en Estados Unidos por la marca Ferrari, particularmente a partir de los años 60, pero en esta ocasión mostrado de una manera muy especial en el marco de un museo de bellas artes propiedad de un fabricante de coches.

- Speed, Style and Beauty. Cars from the Ralph Lauren collection (6 de marzo - 3 de julio de 2005, Museum of Fine Arts, Boston; comisario: Darcy Kuronen) 

La última gran exposición realizada por un museo de Bellas Artes destinada monográficamente al automóvil es, probablemente, también la más interesante. Speed Style and Beauty surgió con la idea de mostrar la magnífica colección de coches acumulada por Ralph Lauren, principalmente en los años 80. Sin embargo, la forma en la que las piezas fueron encajadas la convierten en algo especial. Uno de los modistos más influyentes en el mundo en los últimos años, propietario de una marca de gran éxito como Polo, no parece un candidato firme para acumular una gran colección de coches. Sin embargo, no sólo la posee, sino que en ella hay nombres absolutamente míticos y mareantes, como Bentley Blower, Mercedes SSK "Count Trossi" o 300 SL Gullwing, Ferrai 250 GTO y LM, o 250 GT SWB Scaglietti, y sobre todo el maravilloso y fascinante Bugatti T57 Atlantic que ya fue estrella de la exposición de Montreal y del Cleveland Museum of Art. La presencia del Bugatti en la muestra establece un puente con la fabulosa y densa historia en torno al arte de la marca italiana, hasta el punto de que el Atlantic fue la imagen corporativa de la exposición, ocupando también la portada del catálogo. La edición, una preciosidad bibliográfica que se encuentra junto a mi mientras escribo este artículo, contenía textos de Beverly Rae Kimes y Winston Goodfellow, entre ellos una interesante entrevista con el propio Lauren, y fue editado e imprimido por Mondadori en sus talleres italianos, cerrando así el círculo. Esta exposición ha sido, de las realizadas hasta ahora en torno al automóvil en los museos, la que eleva la calidad artística del diseño de los mismos al máximo nivel, y sin duda podemos decir que es aquella en la que el museo y el automóvil se encuentran de la forma más natural y armónica tanto en concepto como en ejecución.

- Formula One. The Great Design Race (1 de julio - 29 de octubre de 2006, London Design Museum

La última gran exposición dedicada al mundo del automóvil no tuvo lugar en un museo de Bellas Artes como tal, sino en el Museo de Diseño de Londres. La evolución del diseño de los bólidos de Fórmula 1 desde los años 50, cuando se creó el campeonato como tal, hasta nuestros días, sirve como un viaje a lo largo de la historia, la moda y la sociedad de la segunda mitad del siglo XX. La muestra abarca, por tanto, un interesantísimo tracto en el que los automóviles han evolucionado en su diseño desde los primitivos coches de los años 50 y 60 (inmortalizados por la monumental "Grand Prix" de John Frankenheimer, en 1966) hasta los modernos y futuristas Fórmula 1 de nuestro tiempo. El evento fue acompañado de una serie de actividades didácticas y su página web incluye un curioso salvapantallas y unos jugosos vídeos acerca del diseño y desarrollo de los vehículos de competición, concretamente del Renault R25 con el que Fernando Alonso fue campeón del mundo por primera vez. Esta exposición fue premiada por el mejor diseño de exposición temporal de 2006 en los premios anuales de la Semana del Diseño. No obstante el magnífico planteamiento el museo focalizó el discurso expositivo más en los aspectos funcionales y técnicos del diseño que en las inlfuencias y retroalimentaciones con las artes y la cultura popular del contexto de cada momento.

Aparte de este manojo de interesantes productos museísticos en torno al automóvil, desde el punto de vista del concepto sería justo incluír en el listado dos muestras realizadas en grandes museos pero cuyo protagnista no fueron los coches sino la motocicleta. Por un lado, Amazing Bikes. Two centuries in two wheels (11 de septiembre de 1999 - 30 de enero de 2000, Oakland Museum of California), dedicada, desde planteamientos similares a los de las exposiciones aqui mostradas, a la historia de la motocicleta y la bicicleta motorizada. En esta ocasión se recurrió también a un abundante repertorio de cartelería y diseños publicitarios en torno a la moto, muchos de ellos buenos ejemplos de "Art Nouveau". El arte de la motocicleta (24 de noviembre de 1999 - 3 de septiembre de 2000, Guggenheim Bilbao; patrocinada por BMW), una exposición que, desde un punto de vista muy amplio, tenía en cuenta la importancia de la motocicleta dentro del contexto del diseño industrial del siglo XX, pero al tiempo de la sociedad, economía y cultura popular.

Todas ellas demuestran cómo, al menos en los últimos doce años, los grandes museos del mundo han puesto sus ojos sobre un fenómenos cultural de gran potencia y primer orden, el automóvil. Los factores relacionados con el diseño, la economía, la moda, la música, y también la relación directa entre artistas y creadores de automóviles, en uno y otro sentido de transmisión, han recibido una nueva y más digna reinterpretación que convierte al coche en un catalizador cultural tan poderoso que los museos no pueden resistirse a su análisis.

De la misma manera, esto incluye un nuevo elemento en el circuito de las grandes exposiciones temporales, que son el gran producto museístico de consumo de nuestro tiempo. La gente que nunca va a los museos a ver las colecciones permanentes, si que se acerca en cambio si se presenta una gran (y debidamente publicitada) exposición temporal. El márketing que las rodea alcanza desde los medios a la edición de catálogos o la venta de souvenirs, lo cual las convierte a menudo en rentables actuaciones culturales. De alguna manera se puede afirmar, en los tiempos de la mercadotecnia omnipresente, que las exposiciones relacionadas con el automóvil son una ocasión apetecible para los museos de captar público no habitual en estas instituciones, lo cual siempre es interesante, y no sólo por el incremento de visitantes sino por los posibles "feed-back" que se puedan establecer. Y por supuesto una magnífica ocasión para los aficionados al automóvil que no frecuenten los museos, para descubrir que hay al menos tanta vida en el arte como arte en nuestras vidas.

# jueves, 08 de noviembre de 2007 10:43

Bugatti. El arte del automóvil.

Cuando habitualmente nos referimos a un coche como "una obra de arte", a pesar de expresar un grado de excelencia estética o técnica, nos servimos en realidad de una frase hecha, al igual que cuando decimos que ha sido "una obra de arte" un regate de Robinho. Reflexionar aquí sobre la naturaleza de la obra de arte sería, además de denso y probablemente farragoso, inadecuado. Pero se puede acordar que, recorriendo el camino inverso, en función de sus especiales características y concepto, algunos automóviles pueden ser considerados "obras de arte" en cuanto equiparables a muchas de las que vemos en los grandes museos. Y si hay una marca en la historia del automóvil en la que el término "arte" aparece insisitente y recurrentemente, esa es Bugatti. Posiblemente la marca más mítica del siglo XX, quizá por haber tenido la "suerte", como con los actores y rockeros nihilistas, de morir jóven y dejar un recuerdo imborrable, y que en los últimos años ha vuelto a la vida gracias al grupo VW. Bugatti es hoy símbolo de exclusividad y estilo, a pesar de que la actividad de la marca quedó prácticamente detenida después de la Segunda Guerra Mundial. Y la vuelta a la vida de la marca no ha decepcionado, con el Veyron 16.4, el coche más exclusivo y distinto del planeta, que lleva como nombre el del más importante piloto de carreras de la marca, Pierre Veyron.

Los Bugatti han sido siempre definidos, por su escasez en número y elegante diseño, como "Obras de Arte". Pero quizá no es tan conocido el entorno artístico tan determinante en el que vivió el jóven Ettore Bugatti, y que probablemente determinó su relación con las máquinas desde un punto de vista profundamente estético y visionario, y tampoco las repercusiones artísticas y sociales de tales relaciones. Este es un modesto viaje a la importancia del Arte en el mismo centro de la leyenda automovilística, Bugatti.

Carlo Bugatti era un diseñador de muebles. En realidad un diseñador, alguien que, en el revolucionario siglo XIX, probablemente influído por William Morris y la doctrina "Arts and Crafts" decidió que se podían crear muebles inspirados en la nueva estética que, por aquel tiempo, imponía la aparición de los nuevos materiales, como los metales y el hierro, y las nuevas propuestas en el arte, como el impresionismo incipiente. En 1888, Carlo expuso por primera vez su obra en la Feria de Bellas Artes de Milán, y en el mismo año en la Feria Italiana en Londres. Probablemente sus amigos Giaccomo Puccini o el pintor realista italiano Giovanni Segantini, que terminó casándose con la hermana de Bugatti, le influyeron y favorecieron el contacto con las tendencias artísticas de toda Europa, completando una más amplia visión del arte. En la actualidad, puede verse expuesta obra de Carlo Bugatti en el Museo de Orsay, que además le dedicó una exposición monográfica en 2001.

Carlo tuvo dos hijos, Ettore, y Rembrandt, y una hija, Deanice. Ettore acabaría fundando la marca de automóviles tras estudiar ingeniería y moverse en los círculos relacionados con la vanguardia técnica (que era una suerte de vanguardia filantrópico - técnica en las dos primeras décadas del siglo XX). Rembrandt, en cambio, encontró su camino en el arte, al igual que su padre, y se decantó por la escultura. Nacido en 1884, Rembrandt cuyo nombre es un excéntrico homenaje al maestro flamenco, desarrolló su faceta artística en el entorno plástico del Art Nouveau, del que conoció directamente su vertiente francesa al instalarse en 1904 en Paris con el resto de su familia. Sus esculturas pueden encontrarse en el Museo de Orsay, pero también, por ejemplo, en el Cleveland Art Museum, que dedicó una exposición monográfica a la marca en 1999. Se trata principalmente de motivos animales, con una potente estética inevitablemente influída por Rodin, pero también en ocasiones delicados retratos o desnudos tanto femeninos como masculinos que apuntan más claramente a la reinvención de la figura propuesta y desarrollada durante la renovación del "Nuevo Estilo" en la Europa de inicios de siglo. Alistado en servicios médicos durante la Primera Guerra Mundial, Rembrandt se suicidó en 1916 victima de una profunda depresión. El estilo de Rembrandt caminaba entonces probablemente hacia la fascinante estética cubista, pero quedó detenido para siempre a los 32 años. No obstante, de las relaciones artísticas de los hermanos Bugatti, queda un maravilloso y simbólico recuerdo: el elefante rampante que adornaba el morro de los descomunales Type 41 "Royale", diseñado y esculpido por Rembrandt.

Ettore, nacido en 1881, no tuvo que ver directamente con el mundo del arte, pero sin duda la experiencia de su padre y su fascinante círculo de amistades, y la de su propio hermano, determinaron en él una sensibilidad especial para la estética. No obstante, al igual que su hermano Rembrandt, estudió en la escuela de Bellas Artes de Milán, y trabajó en el taller de su padre, lo cual si le proporcionó una formación que llevada al campo del automóvil daría a sus creaciones un aire inconfundible. Los diseños de Bugatti siempre estuvieron revestidos, aparte de un nivel técnico envidiable con la máxima "el peso es el enemigo", de una estética diferente, elegante y avanzada, que los hizo piezas de museo. El Bugatti Atlántico fue considerado el coche más bello del siglo XX, y la unidad comprada en 1988 por el diseñador de moda Ralph Lauren, fue el motivo principal de la exposición que tuvo lugar en 2005 en el Museum Of Fine Arts de Boston, llamada Speed, Style and Beauty Quizá el propio Castillo de St. Jean en Dorlisheim junto a la planta de producción en Moslheim, que es un precioso un edificio de 1857 donde vivía la familia y recientemente rehabilitado por Henn Architekten, fueron también inspiradores para las maravillosas esculturas rodantes de la marca. Ettore anduvo toda su vida rodeado de arte, sin embargo la suerte de la marca no tuvo el desarrollo en el tiempo que hubiese merecido. La trágica muerte de su hijo Jean en 1939 y la Segunda Guerra Mundial fueron dificultades insuperables para una empresa tan personalista, que terminó por cerrar de facto en 1956.

Sin embargo, la huella de los Bugatti es eterna. Incluso aunque Ferdinand Piech no hubiese emprendido el reto personal de reflotar la marca con una creación tan exhuberante como el Veyron, Bugatti seguiría siendo sinónimo de estilo y de leyenda. El arte en el sentido más amplio, y el azar más trágico, han traído a su vez dos historias asociadas a los bólidos de Moslheim.

La muerte de Isadora Duncan es un suceso que mucha gente conoce incluso sin conocer a la actriz y bailarina. Su larguísimo foulard, como los que ella siempre llevaba, se enganchó en los radios de la rueda del coche en el que paseaba con un hombre e14 de Septiembre de 1927, desnucándola. Aparte de que la imagen de tal ahorcamiento dio pie a Gertrude Stein para hacer el mordaz comentario "lo aparatoso puede ser peligroso", siempre se asoció el accidente con un Bugatti. Sin embargo, parece más bien que el coche en cuestion era un Amilcar apodado "Bugatti" por su dueño. La leyenda del Bugatti encaja en cambio mejor con el glamouroso estilo y vida de la protagonista, así que en la memoria colectiva, la muerte de la glamourosa Isadora tuvo lugar con el enredo de un glamouroso foulard en un glamouroso Bugatti

En el otro extremo, una de las imágenes más conocidas del arte contemporáneo en nuestros días, es el magnífico cuadro de Tamara Gorska "Tamara de Lempicka" en el que aparece un Bugatti. Su "Autorretrato en el Bugatti verde" (1925, Colección Particular) es, aparte de uno de los cuadros más estilosos de todos los tiempos, una magnífica muestra de la evolución del arte europeo en el periodo de entreguerras y su capacidad para crear iconos de gran potencia plástica. Lempicka, inmortalizada para siempre en su Bugatti verde, se convierte en el icono de una época. La época en la que los automóviles todavía eran coches de caballos sin caballos, máquinas fascinantes en la misma punta de lanza de la imaginación de la humanidad, y la época en la que era posible que un diseñador de muebles, un músico, un pintor y un escultor estuvieran en el origen mismo de una leyenda del automovilismo, y del propio siglo XX, Bugatti.

* Este artículo hace el número 100 de ¿Dónde está el depósito...? Muchas gracias a todos los que, desde el primer día o desde hoy mismo, habéis visitado y apoyado este blog y a mi mismo.

Gracias

Luis Miguel 


Las campañas publicitarias de los automóviles no se reducen a los spots en televisión. De hecho, como ya vimos en el artículo "DDB, VW y el origen de la publicidad moderna", el lenguaje de la publicidad en prensa gráfica se desarrolló mucho antes y el televisivo le debe parte de sus recursos. En ocasiones, las campañas de publicidad televisiva son las que determinan a las de prensa gráfica, que se limitan a una mera imagen de recuerdo de la otra, pero en casos curiosos como el del Nissan Qashqai, se dan campañas muy diferentes y, como veremos, con resultados muy diversos.

TBWA diseñó para Nissan la campaña de lanzamiento del Nissan Qashqai, bajo el lema Urbanproof. Para la campaña televisiva, se pensó en la idea de un skater patinando por la ciudad sobre el coche, y en definitiva en una idea que llevase a la imagen el concepto de nuevo coche urbano, relacionado con la cultura urbana más contemporánea. El resultado inicial, un spot de impecable ejecución visual, el ya célebre de unos pies enormes usando un Qashqai como tabla de skate por una ciudad. Digo de impecable ejecución visual, porque a mi parecer el resultado final desde el punto de vista de la calidad artística es bastante plano. Capaz de captar la atención, que es el fin último de cualquier campaña de publicidad, pero un tanto frío, de colorido apagado, y en el que parece que el motivo principal es antes mostrar una imagen impactante generada por ordenador, que llegar a un resultado plástico brillante, como sucede demasiado a menudo en el cine en los últimos años: recursos técnicos que desplazan a las ideas frescas. Recuerda en cierto modo a otros intentos de planteamiento idéntico, como dos para Opel, el del Astra Twin Top y el inspirado en "Escuela de Sirenas", spots cuya factura técnica está tan sometida a los avances de la electrónica que su fecha de caducidad es muy breve. Siendo muy popular, francamente la campaña no me parece que vaya a pasar a la historia de la publicidad.

Sin embargo, los de TBWA, para pasar la idea a las campañas de prensa gráfica recurrieron a una plástica bien diferente, cuyo motivo central no son los coches sino uno de los elementos más importantes y reconocibles de la cultura urbana: los graffitis. Bajo los mismos directores artísticos que la campaña de televisión Bjoern Ruehmann y Joakim Reveman, la acción para prensa gráfica se basó en la magnífica, personalisima y muy crítica obra de "Dran", un grafitero de Toulouse al que podemos ver en esta interesante entrevista. Los dibujos de "Dran", revestidos de  una tremenda carga de crítica social y de una gran potencia visual, tienen algo de recuerdo de las obras de Terry Gilliam, o de Bill Plympton, aunque a veces tan siniestras que parecen pasadas por el filtro de H.R. Giger. Para la campaña de Nissan, los motivos son graffitis con escenas urbanas, policias, obras, perros, ladrones, etc pintados sobre paredes de calles aparentemente desmañadas, como ubicadas en deprimidas zonas industriales o similar. Personalmente me parece mucho más interesante y acertado el resultado del conjunto Qashqai - "Dran", que la propuesta del spot frente a la imagen en el spot de tv, y con seguridad el efecto conseguido es mucho más acercado al inicial, que es el de transmitir la idea de alternativa urbana, fresca, jóven y dinámica.

Pero lo que hace curiosa esta iniciativa, es que se rodó un segundo spot con los dibujos de "Dran" persiguiendo al Qashqai por la ciudad, en una auténtica apoteosis de colorido, frescura, estética interesante, dinamismo e incluso mensaje social. Los más observadores recordarán haber visto este spot en España, del que dejo aqui un enlace a la versión larga, de algo más de cuatro minutos, que vale la pena ver completo. Desconozco por qué razón definitivamente Nissan o TBWA se decantaron por el spot "skater", y sólo se me ocurre que en el ilustrado por "Dran" el coche queda muy en segundo plano frente a la exhuberante galería maravillosa de personajes que aparecen a lo largo del spot. Y es que al final la publicidad tiene una finalidad comercial, aun cuando el resultado plástico sea tan fascinante como en este caso.

Pero como las experiencias artísticas trascienden las fronteras cada vez más, pasear por un Qashqai por las calles de Zaragoza es como vivir en la campaña de TBWA. En 2006, el ciclo "Segundo Asalto", dentro de "En la frontera", trajo a la ciudad a "Dran", entre otros artístas del graffiti. El francés dejó entonces interesantes actuaciones urbanas por la ciudad, como las del solar de la calle Galo Ponte, tras el Palacio de los Luna, actual Audiencia. Zaragoza sin duda no es Nueva York, ni quizá tenga la tradición de arte urbano de Paris, pero gracias a actuaciones como este Segundo Asalto, el paisaje urbano de la ciudad va cambiando e incorporando nuevas experiencias y propuestas plásticas. Dran es un gran dibujante urbano, y no deja de ser un pequeño regalo el fino hilo que une a Zaragoza con esta campaña publicitaria del Nissan Qashqai a través de unas obras que fueron protagonistas de una muy buena campaña de publicidad en prensa gráfica y un magnífico, aunque fugaz, spot.

* Muchas gracias a Jaime y Victor, gracias a los cuales tuve conocimiento de la presencia de "Dran" en Zaragoza en "En La Frontera" 

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