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# domingo, 30 de diciembre de 2007 21:43

El Pontiac enterrado de Morille, Salamanca.

Hace algunos meses, atendimos con bastante interés a una asombrosa y sugerente historia en torno a un Plymouth Belvedere enterrado en Tulsa en 1957, para ser desenterrado en Junio de 2007. Una auténtica historia de ciencia ficción, futurismo, sociología y espectáculo a la americana. Lo que yo no sabía por entonces es que mucho más cerca, y con una historia mucho más interesante aún, hay otro coche enterrado. Cerca de tu casa, en España, en Castilla y León. Es el Pontiac Grand Prix enterrado en el Cementerio de Arte de Morille, en Salamanca.

El Cementerio de Arte de Morille es una de esas iniciativas relacionadas con el arte, en las que lo lúdico, lo social y lo conceptual se dan un abrazo de forma natural y espontánea, para crear algo que es realmente interesante, crítico y creativo a la vez en el mundo del arte contemporáneo, donde a veces parece que todos los caminos están ya recorridos, e incluso a menudo demasiado transitados.

Domingo Sánchez Blanco, artista salmantino inclasificable, con un curriculum repleto de interesantes actuaciones, performances y, en general un lúdico pero denso sentido del arte contemporáneo, pensó hace ya unos años, en una actuación crítica y a la vez creativa en torno al arte contemporáneo. La idea era simple y compleja a la vez: crear un cementerio de arte en el que enterrar piezas con un aparatoso ceremonial, para reflejar así la condición efímera de mucho del arte contemporáneo actual, y a la vez lo aséptico, inmóvil y a veces funerario de los museos de arte contemporáneo, aprovechando la proximidad fonética (que no semántica) entre "Museo" y "Mausoleo". El ayuntamiento de Morille se prestó a la instalación del cementerio, y en Diciembre de 2005 se llevó a cabo el entierro inaugural del mismo. Las primeras piezas que se enterraron fueron un Pontiac Grand Prix de 1972 del que había sido propietario el arquitecto y poeta Javier Utray, y las cenizas del escritor y pintor Pierre Klossowski, hermano de Balthus, colaborador en la polémica "Saló o las 120 jornadas de Sodoma" y revisor de la filosofía y la historia del erotismo.

El Pontiac Grand Prix de 1972, fue enterrado en un hoyo de hormigón en el suelo, en grave ceremonia que daba lugar a la inauguración del cementerio. El bonito americano había servido de inspiración para Javier Utray en algunas de sus obras, y era un coche vinculado a la vanguardia y al arte de algún modo. Sobre su lápida, un epitafio: "P.I.P. on TIAK. La grand prix. En escribir una lápida se le va media vida a uno. Duro marmolillo" Las cenizas de Klossowski, conseguidas por Sanchez Blanco a través de las últimas voluntades del escritor, descansan poco más allá. Pero el entierro del Pontiac, una belleza de dos puertas tan representativa de los iconos de la cultura moderna, tuvo sin duda una mayor parafernalia. Como el entierro de un gigante, o el de un dragón. Con una grúa descendiendo lentamente sobre el hoyo, de la cual colgaba el cuerpo inerte de la criatura fabulosa, camino de su descanso legendario. Y con una mezcla de algarabía y escenografía fúnebre tan española, tan clásica, y tan moderna. Las crónicas del sepelio, así lo cuentan con rigurosa jácara.

Desde 2005, el cementerio de arte no ha hecho sino crecer, arropado por otra serie de actividades como la semana de la poesía de Morille. Y desde luego, esta actuación tan atrevida, ha colocado a este pequeño pueblo Salmantino en el mapa, y ha acercado un poco más el arte contemporáneo al medio rural, lejos siempre de los grandes y un tanto airosos museos urbanos y metropolitanos.

Pero yo no puedo contar nada más, ni nada mejor, que lo que cuenta el excelente documental de Jesús Alonso para "La aventura del saber", el magnífico programa de La2, que se emitió el Jueves 13 de diciembre, y que podéis ver en la web del programa:

El cementerio de arte de Morille

Respecto al Pontiac, dicen que algunas noches todavía sale con los faros apagados, conducido por Klossowski, a buscar aventuras, tabernas e inspiración por las carreteras de Salamanca, y que el amanecer le ha cogido alguna vez volviendo de Madrid, con una postal en la guantera donde aparece un Plymouth Belvedere dorado...

* Gracias a Chemi por avisarme del reportaje en TVE que me dió a conocer la historia del Cementerio de Arte de Morille

Comentarios

# Fernando Malo ha opinado el jueves, 03 de enero de 2008 7:43
re: El Pontiac enterrado de Morille, Salamanca.

Genial Luís Miguel, gracias por este descubrimiento.

# Luis_Miguel ha opinado el jueves, 03 de enero de 2008 22:14
re: El Pontiac enterrado de Morille, Salamanca.

Muchas gracias Fernando, por la implacable fidelidad con la que lees cada nuevo artículo de este blog, con la rocosa densidad que tienen muchos de ellos.

De paso, Feliz año nuevo.

Luis Miguel

# neretva ha opinado el miércoles, 17 de diciembre de 2008 12:36
re: El Pontiac enterrado de Morille, Salamanca.

Hay que ser gilip... para enterrar un clásico en tan perfectísimo estado como ese Pontiac... cómo se nota que en España nos sobra mucho el dinero y nos damos el lujo de enterrar coches en fosos que se inundarán por la humedad del terreno convirtiendo un magnífico coche en una bola de óxido. En fin, cada día entiendo menos el "arte".

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